(ca) Federación Anarquista de Rosario: ANTE LA PANDEMIA CAPITALISTA, APOYO MUTUO Y SOLIDARIDAD DE LAS Y LOS DE ABAJO (en)

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Mar Mar 24 07:13:01 CET 2020


Vivimos un momento que parece constituir una bisagra histórica, una nueva cepa de un virus de la gripe, el SARS-CoV-2, que conmociona al 
mundo entero, cerrando fronteras, golpeando fuertemente la economía global y causando la muerte de miles de personas. Nos parece importante, 
desde el anarquismo organizado, ir elaborando -aunque sea preliminarmente- algunos análisis y líneas de acción sobre los efectos que está 
teniendo y puede tener esta crisis en el campo social-político. ---- La aparición y propagación del virus pone al descubierto, una vez más, 
el rotundo fracaso del sistema capitalista, mostrando sus facetas más crueles, inhumanas y peligrosas para la clase oprimida. En primer 
lugar pone de relieve que los avances tecnológicos en el ámbito de la salud, no han podido prevenir ni contrarrestar este fenómeno, dando 
cuenta que los billonarios recursos sociales que administran las empresas farmacéuticas y de salud no están puestos en mejorar la calidad de 
vida de los habitantes y prevenir enfermedades sino en maximizar sus ganancias, aquí no hay más que sentido común capitalista, pero que 
tiene sus efectos en la crisis de salud que se está viviendo en el mundo entero.
Por otro lado, hasta ahora vemos que en aquellos países donde los sistema de salud pública han sido desguazados por las reformas 
neoliberales, el virus avanza con efectos más dañinos. En nuestro país, aunque ineficiente y golpeada por los distintos gobiernos, nuestra 
fortaleza está en un sistema de salud pública que persiste gracias a la resistencia de sus trabajadores y usuarios.
Por otro lado no es menor el dato de que el coronavirus tiene efectos devastadores sobre la población más golpeada de los últimos años, los 
ancianos. Esto tanto en términos de salud, a partir de la falta de vacunas, el incremento en los medicamentos, el abandono de una parte 
importante de tratamientos, así como también en el sistema previsional, donde ha sido el sector históricamente más castigado, teniendo como 
referencia inmediata la antipopular reforma jubilatoria de Macri de 2017, y su modificación durante el actual Gobierno. El campo popular 
debería, en este sentido, buscar que se juzguen como criminales algunas de las reformas más recientes, así resuena la eliminación del 
Ministerio de Salud por el anterior gobierno como un crimen contra la salud pública, que tuvo como consecuencia inmediata el rebrote de 
sarampión una enfermedad que había sido extinguida en Latinoamerica. A las claras, nuestros viejos son la población "sobrante" de un sistema 
social que viene colapsando. Con todo lo hasta aquí expuesto, queda en claro que la vida y la salud son un negocio, más que un derecho.
En consonancia con esta idea, la historia nos ha mostrado que en más de una oportunidad, las enfermedades y el control sobre nuestros 
cuerpos, ha sido utilizado por los distintos Estados como arma en función de sus intereses imperialistas. Además de los conocidos 
experimentos del nazismo, en nuestra región tuvimos casos emblemáticos como la inoculación de sífilis en la población guatemalteca por parte 
del Ejército estadounidense. Semejantes aberraciones solo son posibles en un orden social capitalista, y que hace a más de uno dudar sobre 
el origen particular de este virus, en el seno de una de las potencias imperialistas que viene disputando el orden mundial.
El impacto social y económico de la rápida propagación del coronavirus está quedando en evidencia. Por un lado sabemos que el freno de la 
economía mundial lo pagaremos los de abajo. Ya en los países donde el virus está más esparcido, se han producidos despidos y reducción de 
salarios, y ni que hablar de los efectos arrasadores que está teniendo en los sectores desocupados y precarizados. En nuestro país, a la 
fragilidad producto de la deuda pública, y la intención del gobierno de pagarla a costa del pueblo, se le sumará el daño que genera esta 
pandemia, que expresa la debilidad de un orden económico que tiene a casi el 50% de la población en la pobreza, y una tasa altísima de 
trabajadores precarizados.
Por otro lado, la restricción de derechos políticos y mecanismos de control social más agresivos avanzan, ganando consenso social como única 
forma de garantizar el freno de la pandemia. Todo esto dentro del marco de una supuesta democracia, que fácilmente se modula hacia estados 
de excepción, imitando las técnicas de control de la tan cuestionada dictadura del PC Chino. Sabemos que estos dispositivos de control 
social se van a llenar de recursos y experiencia, y que habrá que ver si son deshabilitados una vez terminada la pandemia. Estimamos que 
salvo se pongan en marcha otras formas solidarias y desde abajo para contener la propagación del virus, el control y la represión servirán 
como mecanismo para "contener" también el posible descontento que generen los efectos de esta crisis y que persistirán una vez terminada. 
Mientras tanto el despliegue de las fuerzas represivas por todo el territorio, está dejando indefenso al grueso de las organizaciones de los 
sectores populares. Frente a este panorama nos hacemos la alarmante pregunta sobre qué sucederá cuando sea un pobre el que no cumpla la 
cuarentena y no alguien que viene de vacacionar en Europa o EEUU. En los hechos, ya tuvimos un adelanto, con la represión desatada por 
Rodríguez Larreta contra los manteros, que devino en la muerte de la emprendedora Beatriz Mechato, y la posterior detención de Juan Grabois 
y 12 militantes más de la CTEP.
Para completar esta caracterización, a nivel cultural también se manifiestan efectos, con el refuerzo del individualismo, el peligro del 
"otro" y la cultura del "sálvese quien pueda", sumado que se busca hacer de cada "ciudadano" un potencial vigilante. En este marco no 
sorprende la tendencia de la población, que está en capacidad económica, al acopio de alimentos y víveres, ¿no está basado el sistema 
capitalista en el acaparamiento de bienes más que en su distribución equitativa?
Pero expresiones de resistencia ya se vienen dando. En Europa se han manifestado cacerolazos en el marco de la cuarentena, y huelgas en 
sectores donde se impone la continuidad del trabajo a costa de la salud de los trabajadores. En Argentina ya se han expresado los 
mercantiles, reclamando el cierre de los shoppings, así como en otros ámbitos laborales se discuten medidas de protección de la salud.
Creemos que para lo que se viene es importante tener en cuenta algunas líneas de acción, como la lucha contra despidos, suspensiones y 
reducciones de salarios, reclamo de subsidios económicos para precarizados y desocupados así como la garantía de acceso a alimentos y 
elementos de primera necesidad, defensa del sistema de salud pública exigiendo mayor presupuesto para el sector como así también mejoras en 
las condiciones laborales de sus trabajadores, garantizar que el sistema de salud privada se ponga al servicio de las necesidades populares, 
sin lucro, y apelar a la solidaridad entre los y las de abajo para contener la propagación del virus evitando el avance del control social.
La pandemia y sus efectos no surgen de la naturaleza sino de un determinado sistema que hace posible estas crisis a costa de la salud y el 
bienestar de la mayoría de la población mundial, urge resistir esta situación desde una perspectiva revolucionaria, articulando las luchas 
del hoy con la sociedad que soñamos.

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