(ca) Sollas.cnt.cat: MÁS ALLÁ DE LA REPRESIÓN BIOPOLÍTICA -- Sara Pierallini

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Dom Mar 22 08:19:57 CET 2020


La primera vez que escuché hablar de COVID 19 no me acuerdo si estaba en la montaña, o en la biblioteca o en un espacio okupado, donde el 
deseo se libera vibrante y anómalo construyendo nuevos imaginarios. La primera vez debió ser por teléfono. Seguramente una llamada 
internacional de mi madre que, preocupada, me pide prestar atención, porque esta vez no es una falsa alarma. ---- La segunda vez lo escuché 
de mis amigas, compañeras feministas, que me hablaban de cómo la gente estaba empezando a discutir de ‘responsabilidad civil' y lo asociaba 
a quedarse en casa, pero sí, que el 8M no se había de parar, que no se podía parar la lucha. ---- La tercera vez, el 4 de Marzo, en Italia 
publican un decreto que limita la movilidad y los encuentros, en espacios públicos y privados. La tercera vez se cancelan festivales, 
manifestaciones políticas y artísticas. La tercera vez el espacio público es militarizado. Vaciado.

Angela Balzano, una investigadora feminista de Bolonia escribe ‘Han cerrado las escuelas y las universidades, y cerrado también los lugares 
donde se hace arte, donde se crea. Han cerrado los locales y los bares. Estamos todas invitadas a la autodenuncia si entramos en contacto 
con una persona sospechosa. Estamos confusos entre elegir si ir al presidio médico o al de la autoridad policial. Las reglas a seguir 
aumentan junto con la ansiedad' y en el día a día se normaliza la presencia de los militares. Estamos en una situación de biocontrol 
facilitada por parte de dispositivos médico-militares.

En Barcelona, y poco antes en otras partes de España, ha empezado a pasar lo mismo.

Solo que la cuarentena, el aislamiento forzado está dirigido a la población blanca, europea y norteamericana, ¿qué pasa con lxs marginadxs? 
Despidos masivos, horarios reducidos en los comedores sociales y el cierre de algunos de éstos. No podemos circular por el espacio 
‘público', y quien vive en la calle está siendo expulsado por parte de la autoridad.

Todo por nuestra seguridad.

Seguridad, palabra a menudo escuchada, repetida por parte de poderes estatales.

Seguridad y prevención utilizados para justificar procesos de territorialización y producción de márgenes. Es decir, fortalecen el signo de 
la frontera imaginaria (poco imaginaria) entre la exclusión y la inclusión. Las territorializaciones de la práctica de seguridad adquieren 
la forma de marginación de los derechos de movilidad y acceso a los comunes urbanos. En otras palabras, los marginados resultantes de la 
práctica de políticas de seguridad tienen una materialidad hecha de fracturas - en especial, de clase, de raza, de género etc.: los márgenes 
y límites deben ser rígidos para algunxs y fluidos para otrxs porque, como desarrolla Foucault, el (necesario) mantenimiento del orden no 
puede terminar obstaculizando el libre flujo de capital. El lugar (público y privado, hoy en día siempre más controlado) es, entonces, un

dispositivo funcional del poder para disciplinar y organizar un espacio analítico. En particular, las políticas de seguridad urbana 
criminalizan la pobreza y la migración. Se utilizan los cuerpos infectos para difundir un miedo que llega a discriminar a sujetos políticos 
no privilegiados. Nos encerramos y nos aislamos en nuestras casas.

El espacio privado se convierte, erróneamente, en un espacio seguro. Recordamos que el espacio doméstico, el hogar, es vivido por parte de 
géneros diferentes del masculino, niñxs, personas mayores y con discapacidades físicas y mentales, como un espacio de refugio y 
simultáneamente como uno de encarcelamiento, el mismo donde estadísticamente sufren más abusos.

‘La guerra global permanente es biológica porque es racista y clasista. Los virus son monstruos para matar, no importa si en la guerra 
contra el virus algunas poblaciones humanas, algunos grupos particulares de individuos sucumben. Es mejor cerrar las fronteras, y así 
llegamos al punto donde es difícil incluso entender qué Estado cierra las fronteras a qué nacionalidad, todos cierran sus puertas en la cara 
de alguien', dice Angela Balzano. (1)

Vivimos en una época altamente capaz de reproducir pobreza, desplazadxs, exiliadxs y abundantes categorías aplicadas para contener los 
movimientos de transformación. El poder produce aún más de lo que reprime y su producción más importante son las subjetividades. Somos 
sujetos y dispositivos al mismo tiempo. Nuestros cuerpos son atravesados por relaciones de poder y nuestras existencias están conducidas por 
los medios con los cuales nos oponemos a este poder o acompañamos sus flujos. La construcción del Yo siempre ha sido una cuestión colectiva, 
de injerencia, resistencia, de distribución y división de tareas y competencias. Todos los parámetros que absorbemos sin dificultad son el 
resultado de una negociación social a la cual no siempre estamos invitadxs a participar. Pero igualmente, en estos días, hablamos de 
responsabilidad civil. Cuando, la civilización misma es el primero dispositivo del biopoder, del control de nuestros cuerpos gracias a 
verdades políticas.

La difusión del covid19 es un peligro y es una responsabilidad primero personal y luego colectiva, organizarnos y tomar medidas de 
contención de la infección. Aceptar, sin embargo, el aislamiento, es una falta de responsabilidad dejando sujetos víctimas de violencias en 
un aislamiento donde el riesgo es la vida, el riesgo creado por el sistema mismo en el cual vivimos, el heteropatriarcado, que todavía 
provoca más víctimas que muchas infecciones pandémicas.

Si la responsabilidad civil invoca al aislamiento y la militarización del espacio público, la responsabilidad colectiva llama al poder de la 
relación, de sus conexiones y de la autoorganización, y por lo tanto a la transformación. El espacio-tiempo se transforma continuamente con 
las relaciones de los sujetos que lo atraviesan, por eso, su control es esencial para el funcionamiento del paradigma económico actual y su 
construcción se inscribe en los cuerpos que lo cruzan, disciplina el movimiento en una relación de 
docilidad-utilidadprocediendo,antetodo,alareparticióndelosindividuos en el espacio-tiempo.

Cuerpos confinados.

Relaciones confinadas en el espacio cibernético.

Mueren los marginados en su visibilidad.

No lo hablamos.

Cuerpos reprimidos.

Nos olvidamos de nuestras necesidades materiales. El cuerpo es espacio y medio a través del cual se construye la escena política y, en 
consecuencia, es objeto de políticas y biopolíticas. Un cuerpo en el espacio público, en la calle, en la plaza, tiene un valor que va más 
allá de la presencia numérica que manifiesta: es una señal incorporada de protesta y de la posibilidad de una alternativa política. En este 
sentido, la plaza es política porque el cuerpo es político.

Entonces estamos despolitizando las plazas, olvidando el material, que sigue existiendo. Los privilegiados llaman a la revolución en el 
espacio cibernético, una revolución en la cual no pueden participar lxs marginadxs. Que siguen allí, en la rotura de la coherencia legal, en 
la fractura que hay entre el espacio público y privado rompiendo con su binarismo ideológico. Público y privado se convierten en 
dispositivos de biopolíticas y en biopolítica para el control de estos cuerpos insurgentes para los cuales no hay ley, ya que viven al 
margen de esta. Estoy hablando de personas sin papeles, de refugiadxs, de pobres. Estoy volviendo a hablar de política al margen de la 
responsabilidad civil.

La posición activa en el espacio crea lo posible y la alternativa de que no sean entendidos como manera de oponerse al mundo social 
convencional.

Con esto no quiero decir que haya que volver a la vida normal. Además, no podemos. Me refiero a no olvidarnos de resistir, creando redes 
materiales y no solo cibernéticas. Si hay violencia doméstica, machista, racista, volver a tomar el significado de la relación en presencia. 
Tendremos que enfrentarnos a despidos masivos, al no trabajo y al no llegar al final de mes.

Seamos entonces irresponsables civilmente, organicémonos, luchemos, y responsabilicémonos personalmente y colectivamente. La resistencia no 
es individual y la solidaridad es colectiva. La lucha sindical, la lucha de vivienda no parará si continuamos ahora que hay más necesidad. 
Respondamos al aislamiento con redes que rompan con la militarización, la racionalización y la normativización del espacio público y privado 
y hagamos ver la potencia y el potencial de la colectivización imprevista de nuevas cotidianidades.

NOTES

[1]Dinamopress.it

https://lasoli.cnt.cat/2020/03/17/opinio-mes-enlla-de-la-repressio-biopolitica


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