(ca) CGT-LKN Euskal Herria: El dilema: el dinero o la vida (Por Octavio Alberola)

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Mar Ago 11 08:37:16 CEST 2020


Cuando en estos comienzos del mes de agosto vemos cómo los brotes activos, de la COVID-19, vuelven a hacer estragos en casi todos los 
continentes, y cuando los contagios confirmados en el mundo son ya más de 18 millones y las muertes más de 700.000, ¿cómo no inquietarse por 
la ineficacia de las estrategias utilizadas para hacer frente a esta pandemia? Pues, aunque alguna haya sido finalmente más o menos eficaz 
en el plano sanitario local/nacional, todas han fracasado en el plano internacional, además de provocar una crisis económica y social, la 
más devastadora de los últimos 100 años. ---- Desde el principio fue evidente que se sabía muy poco del coronavirus y de la enfermedad que 
provocaba. Pero, lo que sí se supo y pudo verse muy rápidamente fue su potencialidad expansiva en las sociedades del mundo globalizado. Por 
lo que el enfoque correcto, en esos momentos, era asumir el riesgo de lo peor y actuar pronto: tanto para conseguir una detección temprana 
del sistema de contacto, a través del rastreo, como para poder controlar - nacional y mundialmente - a los «supertransmisores» y las 
situaciones y eventos públicos más propicios para la «supertransmisión».

Tras lo ocurrido en estos cinco meses de pandemia, es obligado constatar el errático proceder de las autoridades para asumir este enfoque, 
como también sus vacilaciones y tardanzas en cerrar los lugares donde se produce más fácilmente la transmisión, que es la medida más eficaz 
hasta tener el virus controlado o disponer de una vacuna...

Sin embargo, no es éste el enfoque adoptado por los gobiernos; pues hasta el chino tardó en asumir el riesgo de lo peor y decidirse a actuar 
en consecuencia para cortar la transmisión del virus.

La verdad es que, salvo en Taiwán, esa fue la tónica general de los gobiernos frente a una amenaza que era cada día más real y mundial, y 
más difícil de evitar. Una inconsciencia paradójica y muy significativa del modo de funcionar del mundo globalizado. Y no por la inepcia de 
éste o aquél jefe de Estado; pues la realidad es que todos los gobiernos, fuesen o no tan negacionistas como los dirigidos por Donald Trump, 
Boris Johnson o Bolsonaro, actuaron a destiempo y sin ninguna concertación supranacional. No solo por razones ideológicas - la primacía de 
la actividad económica sobre toda otra consideración - sino también por el modo de funcionar de los gobiernos en el mundo de hoy, al ser su 
principal preocupación y ocupación la gestión del día a día con vistas a la próxima elección.

En tales condiciones, ¿cómo esperar de estos aparatos burocráticos una respuesta lucida y racional a una pandemia, de una magnitud nunca 
vista, como la que estamos padeciendo? Y más sabiendo que su responsabilidad es muy concreta, dada su dependencia - con los otros poderes - 
en el marco institucional, y que su misión, se trate de gobiernos competentes o incompetentes, más o menos progresistas, es mantener el 
actual sistema de convivencia basado en la competición y en la acumulación del capital. Un sistema que mantiene permanentemente a las 
personas  ante el dilema del dinero o la vida.

¿Cómo, pues, esperar otro comportamiento, de los Gobiernos y los poderes fácticos, para enfrentar el dilema en el que nos han metido con su 
irresponsable y lamentable gestión de la pandemia y la precipitada vuelta a la normalidad, pese a seguir el virus paseándose por el mundo? Y 
más ahora, cuando esa vuelta a la normalidad no para de provocar nuevos rebrotes por todo el planeta, sumiendo  a la humanidad en una 
ansiedad paralizante, de más en más tanatofóbica, frente a la incertidumbre de su futuro.

Es obvio pues que en tales circunstancias no nos queda otra alternativa, a las simples personas, que la de decidir lo prioritario en ese 
dilema; pues, más que nunca, de ello depende lo que será nuestro porvenir y el de las generaciones que nos van a suceder

Así pues. ¿el dinero o la vida? O sea, ¿seguir como hasta ahora dando prioridad al dinero, pese a la siniestra realidad del presente y del 
apocalíptico futuro que eso implica, o darla a la vida para que el dinero no acabe con ella.

Así de clara es la opción: o resignarnos a seguir viviendo en la actual ansiedad tanatofóbica del imperio del dinero o resistir y luchar 
para preservar la vida y la humanidad de un final tan inconsciente e indigno de la condición humana.

De nosotros y nosotras depende que el mundo de mañana sea un calco - aún más trágico y funesto - del presente o el comienzo de ese otro 
mundo posible por el que la parte más consciente y solidaria de la humanidad lleva tantos años luchando.

Octavio Alberola

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