(ca) Tierra y Libertad! La Insurrección de los Pueblos frente al Colonialismo y los Impérios - Resoluciones del VII Congreso de União Popular Anarquista - UNIPA I. (1/3)(pt)

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Dom Ago 2 11:50:23 CEST 2020


Presentación ---- El Brasil y el mundo están en un momento clave para la lucha de clases y para la profundización de una política 
revolucionaria y anarquista. Estamos experimentando, de lo local a lo global, cambios de paradigmas en las relaciones de poder y explotación 
dentro del sistema mundial capitalista, directamente influenciados por las insurgencias y las luchas proletarias y de liberación nacional 
desde la década de 1970 y que también influyen en las relaciones capital-trabajo y Estado-sociedad en actualidad. ---- En este siglo XXI, 
más específicamente desde su segunda década (post crisis de 2008), una serie de rebeliones populares y nuevas formas de acción y 
organización por parte de la clase trabajadora han sacudido la estabilidad de las estructuras imperialistas, colonialistas y monopolistas 
dentro del sistema mundial. El auge y la caída de los gobiernos "progresistas" en América Latina (Bolivia, Uruguay, Brasil, Venezuela, 
Argentina, Paraguay, entre otros) fueron expresiones de estos cambios en las relaciones de poder, de lo global a lo local.

Para comprender nuestra realidad nacional e internacional, además de simplemente describir los hechos, nuestra organización presenta una 
contribución teórica bakuninista sobre el imperialismo y el colonialismo, así como sobre la distinción entre las estructuras del 
neocolonialismo y el colonialismo interno que hoy en día expresan diferentes relaciones de poder en América Latina. A partir de esto, 
identificamos los cambios en el sistema mundial capitalista desde la década de 1980 que inauguran un nuevo período de la experiencia 
imperial-colonial, el neoimperialismo, que conduce a una nueva ola de colonización a escala mundial desde la década de 2000, siendo su 
expresión más evidente la intensificación de la competencia interimperialista por tierras-territorios, recursos energéticos y 
regiones/países de influencia.

En Brasil, las Jornadas de Junio de 2013 significaron una ruptura insurgente de la clase trabajadora brasileña, especialmente del 
proletariado marginal, con el proyecto neodesarrollista y subimperialista de los gobiernos del PT. A esto se suma la posterior caída global 
de los precios del petróleo, el aumento de las huelgas, la caída de las tasas de ganancias y la política imperialista de los Estados Unidos 
de imponer gobiernos de "sangre pura" en América Latina. Estos elementos son esenciales para comprender la crisis política que se desarrolla 
con la destitución de Dilma Roussef y la profundización de la agenda liberal-conservadora, clerical y militarista actualmente bajo la 
dirección del gobierno de Bolsonaro/Mourão.

Sin embargo, a diferencia de las narrativas elitistas, socialdemócratas o conservadoras, que niegan la agencia autónoma del pueblo y que, 
por lo tanto, temen la revuelta popular y la autoorganización, entendemos que esta agenda liberal-conservadora, clerical y militarista no se 
presenta como un desarrollo de las jornadas de junio, sino como su negación, es decir, como un proyecto contrainsurgente de 
contrarrevolución preventiva. El proyecto genocida y neoliberal en curso en el gobierno federal actual, sus relaciones con el imperialismo 
contemporáneo y el colonialismo, así como las consecuencias para la línea política y de masas, forman el centro de los debates y 
deliberaciones del VII Congreso Nacional de la Unión Popular Anarquista.

La Unión Popular Anarquista, un grupo político nacional (GPN) bakuninista, enfrenta el momento político actual con la misma seriedad y 
compromiso que ha mantenido durante todos estos años de existencia. Sabemos que cometimos errores, tuvimos derrotas y reflujos. También 
sabemos que los avances, aunque muy importantes, aún están lejos de los objetivos históricos que busca nuestra organización. Sabemos que si 
no avanzarmos más allá, este trabajo puede perderse en la historia.

Pero lo fundamental es que UNIPA logró avanzar cualitativa y cuantitativamente en su línea política, teórica y de masas. Aunque 
humildemente, contribuimos a abrir nuevos espacios de diálogo y construcción a nivel nacional e internacional para la organización 
anarquista, para la teoría anarquista y, principalmente, para nuestro brazo de masas. Hoy la tarea no es ser el liderazgo hegemónico del 
movimiento de masas, sino construir la GPN bakuninista y su brazo de masas, embriones de organizaciones que podrán luchar por el liderazgo y 
la reorganización estratégica del proletariado y los pueblos.

Somos conscientes de los desafíos y sacrificios que nos esperan en la construcción de la revolución social en Brasil, y para eso nos 
preparamos y nos educamos. Buscamos superar nuestras propias limitaciones, ya que no aceptamos que los anarquistas y revolucionarios sean 
nuevamente "víctimas de la historia". Asumimos la responsabilidad histórica de los caminos que elegimos, con sus errores y éxitos, y estamos 
decididos a ganar nuestras batallas. Queremos la victoria revolucionaria del pueblo, la construcción del autogobierno (Congreso del Pueblo) 
basado en un programa socialista, anticolonial y antipatriarcal. Por lo tanto, nos dedicamos a conocernos a nosotros mismos y a nuestros 
enemigos. A continuación presentamos los análisis y las resoluciones políticas del VII Congreso Nacional de nuestra organización, celebrado 
en noviembre de 2019, con la intención de que contribuyan a comprender mejor nuestra realidad y, con este conocimiento, construirmos las 
formas de liberación de las masas populares de Brasil.

Este texto, publicado el 28 de mayo de 2020, sistematiza el conjunto de resoluciones del VII Congreso Nacional de la Unión Popular 
Anarquista, celebrado en noviembre de 2019. Después de esta instancia, la situación se volvió significativamente más compleja debido a la 
pandemia de Covid-19. Para el análisis de este nuevo momento, ver Comunicados Nacionales nº 67, 68, 69 y otros al respecto.

1. Imperialismo y colonialismo: un enfoque anarquista y revolucionario
Los conceptos de imperialismo y colonialismo son indispensables para analizar, desde un punto de vista anarquista y revolucionario, el 
sistema mundial capitalista en el siglo XXI. El imperialismo y el colonialismo, como experiencia histórica concreta de las sociedades, no 
desaparecieron frente a las tendencias políticas, económicas y culturales actuales en el sistema mundial, sino que adquirieron nuevas 
expresiones y mecanismos de dominación y explotación.

Para revitalizar la teoría del imperialismo y el colonialismo, es necesario depurar los enfoques economicistas y eurocéntricos, que eran 
típicos de los análisis marxistas, y los enfoques culturalistas, liberales y genéricos conceptualmente. Además, es esencial criticar el 
papel de los enfoques (principalmente socialdemócratas y liberales) que negaron la existencia del imperialismo y el colonialismo en el siglo 
XXI, y convergieron de diferentes maneras con las discursividades dominantes de las organizaciones multilaterales, los Estados centrales y 
las empresas. El debate sobre el concepto de "globalización", aunque ha tenido contribuciones, apoyó la mistificación de las relaciones 
mundiales de poder.

Tales enfoques subestimaron la tendencia del sistema capitalista a establecer nuevas jerarquías y relaciones de dominación y minimizaron los 
impactos de la Guerra Fría, representada por guerras irregulares internas y externas. La guerra de Vietnam y las intervenciones de las 
Naciones Unidas, Inglaterra y Francia en Asia y África a lo largo de las décadas de 1950 y 1970, así como el desarrollo de dictaduras 
militares y la política de contrainsurgencia en América Latina, mostraron que el militarismo y el expansionismo de los países capitalistas 
centrales no se manifestaron solo en forma de colonialismo "clásico" y guerras totales entre potencias.

La mayoría de las teorías críticas del imperialismo y el colonialismo durante el siglo XX estaban limitadas por los contextos particulares 
de su elaboración. Dichas teorías se constituyeron en el diálogo y/o como parte de las luchas anticoloniales y los movimientos de creación 
de los Nuevos Estados, lo que las hizo asimilar varios rasgos de la ideología nacionalista y la idea de la inevitabilidad del desarrollo 
capitalista, dando un toque eurocéntrico y estatista a sus formulaciones críticas. Así, las críticas al imperialismo resultaron, en mayor o 
menor medida, en la defensa de las políticas desarrollistas (en sus variantes nacionalistas y marxistas) o en las políticas de 
modernización, como expansión de la democracia liberal y del mercado mundial (en sus versiones liberales y socialdemócratas).

La teoría crítica del imperialismo que fue más relevante en el siglo XX fue la teoría leninista. Lenin inauguró una amplia tradición teórica 
en la que el imperialismo sería sinónimo de capital monopolista. La característica principal de este enfoque es el énfasis en la expansión 
de la acumulación de capital, el proceso de integración del mercado mundial y las estructuras productivas. Clasificamos este enfoque como 
economista, ya que no tuvo en cuenta las determinaciones de las instituciones políticas (de los Estados y del sistema interestatal) y 
socioculturales en las experiencias imperial-coloniales bajo el sistema capitalista.

Como resultado de la política comunista soviética hacia América Latina, persistió durante casi todo el siglo XX la asociación entre el 
concepto de "acumulación primitiva" en Marx y la teoría leninista del imperialismo. El enfoque marxista concibió los procesos de 
colonización, la expropiación de tierras y bienes naturales y los regímenes de trabajo servil, familiar y esclavo como primitivos y 
antecedentes del capitalismo. Se debatió en torno a una cuestión dogmática: si estas relaciones existieran, entonces la economía sería 
feudal o semifeudal, y si, por el contrario, vivimos bajo el capitalismo, estas relaciones colonialistas y "extraeconómicas" no existen.

Este enfoque mistificó un tipo ideal de capitalismo (europeo, inglés), con dominio "absoluto" de las relaciones laborales salariales, 
industriales, urbanas, que ni siquiera existió. No explicaba la cuestión central: cómo el propio sistema capitalista reproduce 
constantemente las formas coloniales de dominación y explotación, especialmente en la periferia y semiperiferia del sistema. Este enfoque 
eurocéntrico y estapista condujo, en varios casos, a la defensa de las políticas desarrollistas y la conciliación de clases con la ilusión 
de eliminar los "remanentes precapitalistas".

Las teorías y políticas socialdemócratas y liberales, por otro lado, consideran el imperialismo como un fenómeno opcional para el 
capitalismo, que se asocia con él por diferentes razones. El centro de la tesis socialdemócrata es que el imperialismo es una política que 
podría modificarse mediante reformas en las estructuras económicas, estatales y culturales. La tesis liberal, por otro lado, defiende que el 
imperialismo es una patología pre-capitalista, irracional, que el capitalismo no pudo eliminar y que la eliminación del imperialismo 
dependería de la expansión de los procesos de modernización (institucionales, culturales y tecnológicos).

La idea de progreso y, actualmente, de desarrollo es una síntesis de la pretensión de dominación de la naturaleza, un eje fundamental tanto 
del liberalismo como del marxismo. Dentro de estos paradigmas centralistas (antropocentristas, tecnocentristas, etapistas), el modelo 
hegemónico de desarrollo técnico (de la relación de la sociedad con la naturaleza y, por lo tanto, entre la sociedad misma) no fue 
cuestionado, sino su desigualdad. El horizonte ilusorio era que el tipo de desarrollo del centro se expandiera a países periféricos.

Lo que debemos considerar es que la ideología desarrollista está asociada con la modernidad, que a su vez es incomprensible sin el elemento 
de la expansión del colonialismo. Modernizar es, siempre, expandir una cierta idea de progreso y, con ello, de colonización de pueblos y de 
la naturaleza. Por lo tanto, la evolución de la tecnología bajo el sistema mundial capitalista no debe abordarse solo como una relación 
entre la sociedad y la naturaleza. La acción del capital para controlar la naturaleza presupone el control del trabajador mismo y de sus 
cuerpos. Por lo tanto, los cambios tecnológicos, más que los cambios puramente "técnicos", implican cambios en las relaciones de poder. Las 
consecuencias ecológicas de esta racionalidad del desarrollo se observan hoy en día con crisis de agua, expansión descontrolada de 
enfermedades (pandemias), extinción de especies animales y vegetales, crisis migratorias, etc.

Por lo tanto, es esencial volver a las críticas del anarquismo al centralismo (político, económico y epistemológico). El antropocentrismo, 
el tecnocentrismo y el cientificismo son expresiones de los poderes de dominación del conocimiento de la sociedad sobre la naturaleza, lo 
que siempre implica la dominación entre los seres humanos. Bakunin declaró en el siglo XIX que no existe un centro organizador absoluto para 
el mundo natural y social y que cualquier intento de establecerlo da como resultado la institución de relaciones de poder asimétricas.

Por lo tanto, la teoría anarquista aporta contribuciones al tema del colonialismo y del desarrollismo asociada con un nuevo paradigma 
emancipador anti-centralista e integral. Un ejemplo de esto fue la influencia del anarquismo en la reformulación teórica del Partido de los 
Trabajadores del Kurdistán (PKK) y su defensa de un programa anticapitalista, antiestatista, ecológico y feminista.

Así, desde la teoría bakuninista, consideramos que el imperialismo, el colonialismo, el estatismo y el monopolio son cuatro tendencias y 
procesos históricos globales, que no pueden reducirse a fenómenos exclusivamente económicos, políticos o culturales, ya que son 
multidimensionales. Estos son fenómenos históricos de larga duración, que han sido resignificados por la aparición del sistema mundial 
capitalista y por las transformaciones en los diferentes regímenes de acumulación y de acuerdo con cada contexto geográfico.

La experiencia imperial-colonial es de larga duración, ha existido desde la antigüedad, atravesando el período medieval y llegando al 
capitalismo moderno, y no es una forma exclusivamente europea. Esta observación requiere cuidados para evitar el anacronismo y el 
presentismo, que ignora las raíces históricas de los procesos contemporáneos, asumiendo que solo aparecen en el presente como algo 
"innovador y singular".

Bakunin y Proudhon hicieron una contribución fundamental a la relación multicausal entre el centralismo económico, político y 
epistemológico. Este enfoque gana materialidad en la tendencia global de los Estados hacia el expansionismo y la formación de Imperios y 
procesos de colonización, así como la tendencia del capital al monopolio y la estratificación territorial y social de los regímenes de 
explotación, tanto a escala nacional como internacional, lo que genera sobreexplotación del trabajo y la formación de un proletariado y 
campesinado marginados y una aristocracia obrera (y "pequeña burguesía rural") dentro de la clase trabajadora.

Así, para la teoría bakuninista, el imperialismo es el proceso y la política mediante el cual ciertas sociedades estatales subordinan y 
abarcan otras sociedades y territorios, constituyendo así los imperios, como la parte superior de una jerarquía regional o mundial. El 
imperialismo se genera por la tendencia de los Estados a luchar entre ellos y constituir una relación y sistema de poder asimétrico.

El imperialismo contemporáneo, engendrado por el sistema capitalista mundial, fue la síntesis contradictoria de las tendencias inherentes 
del estatismo (de expandirse y conquistar por la guerra), reforzada y relativamente subordinada por la tendencia monopolística (de 
acumulación de capital y el control de los factores de producción y circulación) típico del capitalismo.

Por lo tanto, un sistema capitalista sin imperialismo es imposible, porque incluso si la economía capitalista no tuviera esta tendencia 
monopolista, las presiones hacia el imperialismo no son solo económicas, sino que provienen del propio estatismo. Finalmente, estas 
tendencias convergen en el colonialismo, que es un fenómeno global y multidimensional en el que ciertas sociedades y territorios se 
transforman en colonias de Estados e Imperios.

El imperialismo contemporáneo, como fenómeno global, es un proceso y sistema multidimensional (social, político, económico y 
cultural-simbólico) que cruza múltiples jerarquías. Podemos decir que estas jerarquías operan a nivel externo e interno, internacional y 
nacional/local. Destacamos aquí las principales jerarquías del imperialismo-colonialismo que atravesa la dinámica global/local:

1) Jerarquías políticas: la diferenciación centro-periferia y la existencia de poderes tutelares sobre pueblos y territorios. Dicha 
jerarquía comprende diferentes formas de regímenes de gobierno, siendo una forma de gestión de territorios y poblaciones centrada en la 
existencia de un centro de poder de decisión que establece (o intenta) los niveles de libertad y participación de los gobernados en la 
estructura política, preservando para sí mismo la capacidad de tomar decisiones estratégicas en nombre de una misión civilizadora.

2) Jerarquías económicas: las relaciones centro-periferia, a nivel económico, se manifiestan no solo en la distinción entre países 
desarrollados/subdesarrollados (diferentes niveles de capacidad productiva, comercial, tecnológica, de inversión), sino en la existencia de 
un doble mercado de trabajo internacional y nacional. Estas jerarquías también se expresan en el acceso desigual a los recursos naturales 
(territoriales, hídricos, forestales, etc.) y en la tendencia a sobreexplotar el trabajo y la naturaleza.

3) Jerarquías sociales y simbólico-culturales: se expresan en un sistema de clases y en un sistema de estratificación étnico-cultural y de 
género, en el que los grupos sociales se jerarquizan de acuerdo con identidades y grupos diferenciados Las jerarquías económicas y políticas 
suponen la existencia de grupos sociales organizados jerárquicamente. Estas jerarquías producen discursividades y formas de violencia 
simbólica (racismo, etnocentrismo, machismo, proyecto de dominación de la naturaleza), así como formas de organización social que atribuyen 
a los grupos sociales posiciones en la jerarquía económica y política, o incluso las justificando por medio de discursos ideológicos de 
legitimación

Por lo tanto, estas jerarquías se entrelazan entre sí en un sistema global de dominación y explotación, de modo que es imposible establecer 
un límite rígido y absoluto entre ellas. Esto es importante para combatir las desviaciones del particularismo absoluto en los enfoques 
posmodernos y del universalismo centralista absoluto en los enfoques marxistas. Además, existe un enfoque "interseccional" que tampoco 
rompió con el análisis de bloques rígidos de "opresión" y se convirtió, en la mayoría de los casos, en una política de jerarquización, 
clasificación y división entre los oprimidos.

La colonización, a su vez, es el proceso de ocupación territorial de sociedades "X" por una sociedad "Y" (fuera de esos territorios). Así, 
la colonización es un proceso histórico de territorialización. La colonización es el embrión del colonialismo. Para la teoría anarquista, la 
característica principal del colonialismo es la centralización global del poder:

1) del poder político, que genera la centralización de las funciones de gobierno y representación en grupos y clases exteriores a los 
territorios ocupados;

2) del poder económico, a través de la concentración de recursos y de la explotación o subordinación del trabajo, generando el monopolismo;

3) del poder simbólico (social y cultural), que produce solo identidades negativas, genéricas, que agrupan a la población colonizada en 
función de la visión e intereses del colonizador, lo que genera el etnocentrismo.

Los procesos de colonización actuales no pueden entenderse en el sentido atribuido por el marxismo al concepto de "acumulación primitiva", 
según el cual estos procesos crearían las condiciones previas del capitalismo. Esto se debe a que no representan transiciones entre modos de 
producción. En muchos casos tienen muy poco que ver con la agricultura en sí, y la expropiación de tierras en algunos casos ocurre a favor 
del desarrollo no agrícola.

Por lo tanto, los procesos de colonización no reflejan una etapa inicial del capitalismo, sino los reclamos capitalistas avanzados de 
tierras, recursos naturales y energéticos adoptan una variedad de formas específicas - como represas, carreteras, minas, plantas 
siderúrgicas, zonas económicas especiales o proyectos de vivienda. La colonización debe entenderse, por lo tanto, mediante un nuevo enfoque: 
la cuestión no es su función en la transición al capitalismo, sino en el sistema capitalista mismo.

Esta expropiación de la tierra (ya sea a través de la compra, el arrendamiento, el acaparamiento de tierras, el saqueo, pero siempre con la 
imposición de la propiedad privada como una relación y un estatus superior a otras formas de ocupación de la tierra y relaciones con la 
naturaleza) se acompaña del proceso mundial de incorporación de otras esferas de la naturaleza para el mercado (patentes de material 
genético a partir de semillas, de conocimientos ecológicos, etc.). Las políticas neoliberales para la privatización de los servicios 
públicos (educación, salud, seguridad, etc.) también son otra forma de imponer la lógica mercantilista para liberar un conjunto de activos 
en los que el capital sobre acumulado encuentra medios rentables para invertir.

Este elemento es esencial para comprender la relación entre el colonialismo contemporáneo y el imperialismo, con la imposición de políticas 
neoliberales que expanden la privatización y la mercantilización de bienes colectivos/públicos que no se integraron previamente en las 
cadenas mercantiles y los procesos de acumulación ultramonopolistas.

1.1 Las transformaciones del imperialismo y colonialismo modernos

El imperialismo se transforma profundamente en el siglo XX, por lo que podemos diferenciar dos situaciones históricas: la del imperialismo 
capitalista clásico (1890-1980) y la que vivimos actualmente, la que podemos llamar neoimperialismo (1980-2019). Podemos decir que el cambio 
principal será el ascenso y la caída del colonialismo internacional en la periferia y semiperiferia global, seguido de la generalización de 
la dependencia como forma de dominación en el sistema mundial.

La experiencia imperial-colonial engendrada por el sistema mundial capitalista puede subdividirse en dos grandes períodos:

1º) el ciclo de conquista de América, la construcción del primer Sistema Colonial interoceánico (1500-1800), que fue seguido por el primer 
ciclo de descolonización con la destrucción del sistema colonial en el siglo XIX y la construcción de la primera ola de Nuevos Estados en 
América Latina;

2) el ciclo de construcción del Sistema Colonial (1820-1910), con el desmembramiento de Asia y África, motivado por la expansión del 
capitalismo monopolista y las disputas por la hegemonía en el sistema interestatal, seguido por la descolonización del período 1945-1970 y 
el segundo ola de creación de "Nuevos Estados".

Como procesos históricos modernos, podemos distinguir tres tipos de colonialismo: colonialismo internacional (típico del siglo XVI al siglo 
XX), y el colonialismo interno y neocolonialismo que serían variaciones históricas de las relaciones de dependencia que siguieron a los 
procesos de descolonización latinoamericanos, africanos y asiáticos.

Sin corresponder a etapas o períodos históricos posteriores (típicos de una interpretación lineal y evolutiva), estas formas de colonialismo 
son el resultado de la dinámica concreta del imperialismo capitalista, así como de las resistencias, insurgencias y revoluciones. Por lo 
tanto, no es sorprendente que los aspectos del colonialismo clásico y las relaciones actuales de dependencia se interpenetran y se 
superpongan de acuerdo con diferentes tiempos y geografías.

Además, el efecto de la descolonización (ya sea por revoluciones o reformas) no puede pasarse por alto como simples procesos "formales", ya 
que han significado cambios profundos en las relaciones de poder en cada país y en el sistema mundial capitalista e interestatal.

De esta forma, el imperialismo contemporáneo, en forma de dependencia, genera procesos de colonización centrados en el establecimiento del 
control sobre las parcelas de tierra-territorio y bienes públicos y naturales, con la consiguiente tendencia 
estatista-monopolista-etnocéntrica que acompaña a los procesos de colonización. Pero esto no sucede (al menos no hegemónicamente) a través 
de la ocupación militar extranjera, típica del período del colonialismo internacional "clásico".

Para comprender la experiencia colonial actual, marcada por las relaciones de dependencia, consideramos que se manifiesta en América Latina 
en forma de neocolonialismo y colonialismo interno. A pesar de las limitaciones derivadas de diferentes enfoques, las reflexiones sobre el 
colonialismo interno tuvieron el gran mérito de destacar las relaciones desiguales, étnico-culturales y de clase dentro de los Estados 
independientes, así como las relaciones de dependencia externa, engendradas por el imperialismo, que condicionan las desigualdades 
regionales y sectoriales en los países periféricos. Esto implicaba una relación entre los "Nuevos Estados" y las clases dominantes locales 
con sus poblaciones campesinas, indígenas y negras que reproduce muchas de las características de la relación metrópoli-colonia.

El concepto de colonialismo interno sirve para describir una situación histórica particular en la que los Nuevos Estados tienen burguesías 
relativamente fuertes, es decir, que han acumulado capital local y nacional en asociación con el capital extranjero. Los Nuevos Estados 
están dotados de una autonomía gubernamental mucho mayor, en la que las clases dominantes nacionales tienen un gran poder y protagonismo. La 
figura del colonizador extranjero desaparece y luego aparece una nueva categoría social, una burguesía mestiza o eurodescendiente que 
pretende ser la materialización de la "Nación", o más bien, del Estado-Nación.

Este proceso tuvo lugar en varios países latinoamericanos con la aparición de las figuras del Ladino y del Criollo, o con burguesías 
eurodescendientes (como en Brasil, Chile y Argentina). Los procesos de colonización comenzaron a ser liderados por esta clase. Las 
identidades y las relaciones sociales del antiguo colonizador són incorporadas a las identidades de jefe-propietario y gobernante nacional 
(ahora eurodescendiente o mestizo) y las de lo antiguo colonizado en las de proletario-campesino y gobernado.

El neocolonialismo es una situación histórica en la que la burguesía local es débil y la política de los Nuevos Estados permanece 
determinada desde el exterior. En la dimensión nacional, supone una clase dominante con poco capital. Además, estas clases dominantes son 
generalmente de grupos étnicos que establecieron relaciones privilegiadas en el antiguo sistema colonial. La relativa debilidad del Estado y 
del capital local requiere la presencia de capital extranjero, que asume la dirección de los procesos de colonización y sus rumbos políticos.

El neocolonialismo no es una mera extensión del colonialismo internacional "clásico", ya que aun que la burguesía nacional sea relativamente 
débil, todavía aparece como la parte superior de la jerarquía social en los Nuevos Estados, y no el "colonizador extranjero". De esta 
manera, el conflicto colonizador/colonizado da lugar a un conflicto interétnico interno. Además, la relativa autonomía local pluraliza la 
inversión extranjera, diversificando las formas de colonización internacional en cada país. Por lo tanto, las contradicciones sociales y de 
clase, bajo el neocolonialismo, cambian sustancialmente.

El imperialismo en América Latina, basado en estructuras de colonialismo interno y neocolonialismo, reproduce específicamente el 
etnocentrismo-racismo como instrumento de poder-saber. El hecho principal es que las nuevas burguesías mestizas o blancas, minoritarias en 
el interior del país, no buscan la supremacía y la explotación de las poblaciones fuera del territorio nacional, sino que se ven forzadas a 
relaciones conflictivas de dominación-resistencia con su propia población nacional, mayoritariamente indígena, negra o mestiza.

La inserción dependiente de estas burguesías dentro de las relaciones asimétricas del poder mundial no garantiza la posibilidad de un 
"estado de bienestar" generalizado (esto solo fue posible para los países capitalistas europeos, incluso en los regímenes fascistas, gracias 
a su posición central en el sistema imperial-colonial). Así, en América Latina, la cuestión nacional y el nacionalismo como política (del 
dominante o dominado) es estructuralmente diferente de los modelos europeos y, en consecuencia, las formas en que se expresa la 
contrarrevolución burguesa (particularmente relevante en el debate actual sobre el fascismo o dictadura) y las tareas anticoloniales y 
antiimperialistas de la revolución brasileña.

1.2 Neoimperialismo y la nueva ola global de colonización: las contradicciones actuales en el sistema mundial capitalista

Los procesos de descolonización de América Latina, África y Asia tuvieron un profundo impacto en las jerarquías económicas, políticas y 
culturales en diferentes escalas, desde la global hasta la local. Sin embargo, las relaciones de poder asimétricas en el sistema mundial 
capitalista se han mantenido. Por lo tanto, desde la década de 1980, estamos experimentando las características del neoimperialismo en todo 
el mundo.

El neoimperialismo es el resultado de cambios en las relaciones de poder globales, presentando nuevos aspectos relacionados con las 
instituciones políticas, económicas y las ideologías legitimadoras de la misión civilizadora del capital. Estas nuevas relaciones de poder 
imperialistas están directamente relacionadas con las relaciones de producción macro y microeconómicas propias del ultramonopolismo. Esto se 
reflejará en una reorganización de organizaciones internacionales, empresas y estados.

Esta nueva situación está relacionada con un proceso de descentralización y desconcentración (relativa) del poder en la década de 1980. En 
América Latina, este proceso ocurrió con la ola de redemocratización burguesa (fin de las dictaduras, políticas participativas, etc.), y en 
África y Asia con los procesos de descolonización. También en Europa, influenciada por el Mayo de 1968 francés, surgem nuevas demandas 
sociales, políticas y ecológicas que influyen en las relaciones mundiales de poder. Al contrario de lo que dice el elitismo epistemológico, 
las insurgencias populares en el centro y en la periferia del sistema capitalista fueron y son fuerzas agentes en la historia.

Pero estos procesos son, en gran medida, asimilados sistémicamente, es decir, reciben como respuesta una contra-estrategia burguesa-imperial 
para el mantenimiento de relaciones de poder asimétricas basadas en la instrumentalización de las nuevas discursividades y demandas que 
surgen de reclamos feministas, ambientalistas, anticoloniales, democrático, pacifista, antidiscriminatorio, etc.

Así, las principales enunciados y narrativas que marcan el neoimperialismo son el ambientalismo, el multiculturalismo y el democratismo. 
Estas narrativas se convirtieron en los criterios para la validación/legitimación global, el fetiche a través del cual el imperialismo 
concibió su misión civilizadora y comenzó a condicionar los regímenes discursivos de los Estados nacionales, sus formas de control 
territorial y de población y de las instituciones económicas.

La "democracia" como ideología legitimadora, por ejemplo, aparece vinculada a los discursos liberales tanto en el ámbito social y político, 
a través de referéndums y constituyentes, así como en la economía, con las tecnologías de cogestión y emprendimiento y, en términos 
culturales, con el multiculturalismo. El régimen discursivo del neoimperialismo es sustancialmente diferente del imperialismo clásico y 
contiene ambigüedades y contradicciones específicas.

En el período de desarrollo del neoimperialismo, desde la década de 1980 hasta la década de 2000, estas discursividades se establecieron de 
manera contradictoria, especialmente a través de la integración sistémica de movimientos anticoloniales, sindicales, populares, 
ambientalistas y la incorporación de luchas antidiscriminatorias en las instituciones gubernamentales y empresas.

Otro aspecto que surgió desde la década de 1980 es la reterritorialización de ciertas colectividades o incluso la reanudación del control 
estatal y "nacional" sobre las tierras y los territorios. Esto se puede ver más claramente con los procesos de descolonización africana en 
los que la dominación imperialista tuvo que adoptar una nueva apariencia, pero también visible en otras políticas para la demarcación de 
reservas ambientales, indígenas y de reforma agraria.

La nueva estructuración del sistema mundial capitalista, bajo el neoimperialismo, no hizo desaparecer las relaciones de dominación 
internacional, sino que las transformó significativamente. Las resistencias anticoloniales, anti-dictatoriales y ambientalistas a escala 
global crearon un nuevo equilibrio de fuerzas y poder.

A partir de la década de 2000 y principalmente después de la crisis de 2008, junto con una serie de factores (como la Nueva Guerra Fría y el 
boom de las commodities agro-minerales y energéticas), surge como una agenda para las clases y Estados dominantes la necesidad de retomar 
los territorios "perdidos", por medio de la (re)apropiación de la tierra y los recursos naturales y energéticos, principalmente en la 
periferia y semiperiferia global. De esta demanda, característica de la tendencia expansionista-monopolista de los Estados y el capital, 
emerge una nueva ola global de colonización.

Varias líneas teóricas y políticas han debatido la nueva ola (o ciclo) de apropiación de tierras y territorios a escala global desde la 
década de 2000, principalmente bajo las nociones de land grabbing o, en el caso latinoamericano, de neoextractivismo. Sin embargo, es 
importante caracterizar este proceso como una nueva ola de colonización, con el fin de comprender la disputa actual y la apropiación de 
tierras y territorios dentro de una teoría general del imperialismo y colonialismo contemporáneo, y no con un enfoque meramente descriptivo 
y/o economista típico de organizaciones internacionales y académicas.

Es esencial enfatizar que la nueva ola colonialista global emerge dentro de las relaciones de poder del neoimperialismo. Sin embargo, su 
tendencia contradictoria es erosionar gradualmente sus estructuras políticas, económicas y discursivas. El impulso colonialista global, 
combinado con la intensificación geopolítica de la nueva guerra fría, ha llevado al cuestionamiento sistemático de los supuestos 
neoimperiales, organismos multilaterales, democratismo, ambientalismo, etc. Este es un proceso que conlleva en sí el refuerzo general del 
principio de autoridad sobre el principio de la libertad.

Las guerras de ocupación en Afganistán (2001), Irak (2003) y, a partir de la segunda década de este siglo, los procesos políticos en el 
norte de África y Oriente Medio (con énfasis en Libia y Siria en 2011) condujeron a la construcción de un sistema de colonialismo 
internacional muy cercano al del período del imperialismo clásico. Sin embargo, esta forma de colonialismo no demostró ser hegemónica, ya 
que en Brasil y América Latina el colonialismo se expresó, desde el siglo XXI, a través de estructuras de colonialismo interno y 
neocolonialismo. En Brasil, por ejemplo, el proyecto neodesarrollista implementado por el bloque en el poder desde 2003 fue la expresión 
política de este proceso.

Caracterizando mejor la nueva ola de colonización, según datos de Grain (2016), entre 2006 y 2016, se mapearon más de 491 casos de 
apropiación internacional de tierras, en los que se apropiaron al menos 30 millones de hectáreas en 78 países. Esta carrera mundial por la 
tierra, el agua, los minerales y la energía fue impulsada en gran medida por el llamado "boom de las commodities", es decir, una fuerte 
demanda mundial y un aumento significativo de los precios de los productos agro-minerales y energéticos en el mercado internacional.

Con respecto a África, un año después de la crisis de 2008, la FAO y el Banco Mundial publicaron una encuesta titulada "Despertar al gigante 
dormido de África: perspectivas para la agricultura comercial en la zona de sabana de Guinea y más allá", según la cual, la región de la 
sabana de Guinea, donde se encuentran 25 estados nacionales, tendría un potencial agrícola de 400 millones de hectáreas cultivables, de las 
cuales solo el 10% se estavan explotando, es decir, insertos en las cadenas mercantiles capitalistas. El mismo estudio indicó que el modelo 
"exitoso" de explotación agrícola adoptado en el cerrado brasileño en las últimas décadas debería usarse como el ejemplo a seguir en África. 
Así, Brasil, así como China, Estados Unidos y otras potencias imperiales, serán los protagonistas de la ofensiva colonialista en África de 
diferentes maneras.

El colonialismo y el imperialismo están integrados y respaldados por las estructuras del poder patriarcal y lanzan sus garras de dominación 
y explotación sobre los cuerpos de las mujeres del pueblo. Los cuerpos femeninos son "territorios" para ser controlados y comercializados en 
las nuevas estructuras del poder imperial-colonial. Este proceso no se limita a la venta de la fuerza laboral de las mujeres, aun que esta 
sea central. El control y la comercialización de los cuerpos femeninos también se debe a la imposición de una lógica comercial en las 
prácticas naturales y culturales que antes no se incorporaban a las cadenas de acumulación capitalista, como la lactancia materna, la 
menstruación, la reproducción, el placer sexual, la fecundación, el embarazo, el parto y la educación de los hijos, entre otros, que se 
convierten en nuevos nichos de mercado y objetivos de control y "planificación" estatal.

La expropiación de las diversas prácticas, territorios y saberes femeninos y sociales de la reproducción de las condiciones de existencia y, 
por lo tanto, de las relaciones con la naturaleza, para la imposición (desde arriba y desde afuera) de una relación única de poder dominante 
y explotador, es una de las marcas del colonialismo. Así, la ofensiva patriarcal se integra sistémicamente con las tendencias 
etnocéntricas-racistas, monopolistas y estatistas contemporáneas.

Como se indicó en el VI Conunipa, este proceso de dominación se está profundizando hoy bajo la forma tanto de la reacción conservadora como 
bajo un feminismo pequeñoburgués y posmoderno y un feminismo imperial. Todos confluyen para las políticas de mercantilización y control del 
Estado y del Mercado sobre las mujeres, a veces en nombre de la "liberación" y a veces de la "tradición". La ideología imperial de expanción 
de la "democracia occidental" en Asia, África y América Latina es el principal rostro etnocéntrico-racista de estos "tipos" de feminismo. 
Pero, inherente a la contradicción entre dominación y resistencia, emerge en las luchas proletarias y campesinas un feminismo clasista y 
revolucionario que es necesario desarrollarse como parte inseparable de las luchas revolucionarias de los pueblos.

La nueva ola de colonización también es impulsada por la intensificación de políticas y narrativas de guerra al narcotráfico y al 
terrorismo, especialmente después del 11 de septiembre de 2001. Las víctimas de estas políticas son las poblaciones campesinas, originarias 
y marginadas de los centros urbanos y su objetivo fue la desarticulación de sistemas de poder locales y nacionales con miras a expandir la 
apropiación de parcelas de tierras-territorios y recursos energéticos por parte del capital. Estas guerras no destruyeron el narcotráfico, 
los paramilitares o el terrorismo y, por el contrario, crearon nuevos vínculos con ellos, de acuerdo con los intereses imperial-coloniales 
involucrados (el caso de las "milicias" en Brasil es emblemático).

Esta política de guerra interna o externa por parte de los Estados es el colonialismo, y apunta no solo a controlar los factores de 
producción y circulación, sino también a las propias poblaciones y sus resistencias. Profundiza las narrativas etnocéntricas-racistas, como 
la islamofobia y la supremacía blanca, que fueron y son instrumentos fundamentales de la contrainsurgencia. Alrededor de enunciados como 
"democracia en peligro", se han practicado y todavia se pratica los saqueos modernos, la tortura, el encarcelamiento, la mercantilización, 
privatización de recursos y territorios y el genocidio.

Con la intensificación de la lucha de clases a nivel internacional y las disputas interimperialistas, en América Latina hay una 
profundización de las políticas e ideologías de la guerra contra el narcotráfico o el terrorismo, como en Brasil (ley antiterrorista de 
2016, paquete contra el crimen en 2019) y Chile (creación de leyes antibarricadas y antisaqueos en 2020, y particularmente la política 
"antiterrorista" contra los mapuche).

Finalmente, la nueva ola global de colonización bajo el régimen de acumulación ultramonopolística está impulsada por profundos cambios 
tecnológicos, no solo en las relaciones de producción y distribución, sino también en las tecnologías militares, legales y de comunicación. 
Todos ellos, integrados en el sistema mundial capitalista, implican la profundización de las relaciones de dominación y explotación sobre 
los pueblos y la naturaleza.

En la escala macro, por ejemplo, vemos tecnologías de teledetección cada vez más sofisticadas, como imágenes de satélite y dispositivos de 
ubicación, que se aplican al militarismo y al control social y representan una inmensa asimetría de conocimiento-poder sobre los 
territorios. En la microescala, podemos destacar los campos de la genética, biofísica, nanotecnología, física nuclear y robótica, penetrando 
cada vez más en el núcleo y alcanzando niveles absurdos de fragmentación de la materia.

La minería y la agricultura capitalista, por ejemplo, se han visto profundamente afectadas por las nuevas tecnologías. El conocimiento 
científico e industrial "de vanguardia", con escalas nano, micro, moleculares y atómicas, ha aislado y trabajado con sustancias químicas 
"puras", permitiendo usos "multifuncionales", haciendo con que la misma sustancia química sea utilizada desde la producción de alimentos a 
la fabricación de aleaciones metálicas. El avance de las semillas transgénicas y agrotoxicos han aumentado el número de enfermedades, la 
destrucción de los suelos y la dependencia del campesinado al paquete tecnológico. Por lo tanto, el descubrimiento acelerado de nuevos 
materiales (y nuevos usos para los antiguos) en territorios que anteriormente estaban marginados y sin interés para el capital (y donde 
muchos pueblos se han refugiado de los procesos de expropiación anteriores) ahora están bajo el foco del colonialismo.

Otra cuestión clave es el futuro del trabajo y los trabajadores con la industria 4.0. La expectativa de la agencia Ernst & Young es que, 
pronto, uno de cada tres puestos de trabajo debe ser reemplazado por tecnología inteligente. La consultora McKinsey & Company dice que 800 
millones de trabajadores pueden perder sus empleos hasta 2030 debido a cambios tecnológicos. Por lo tanto, un tercio de los trabajos 
actuales se pueden automatizar, como los cajeros de supermercados, telemarketing, cajeros bancarios y otros.

En el centro del capitalismo, EE.UU. y Alemania tienden a tener del 23% al 24% de los empleos directamente afectados por la automatización. 
En Japón, puede alcanzar el 26%. En la periferia, esta tendencia no se acentuaría tanto: en India el impacto sería del 9% y en Brasil del 
15%. Hay una tendencia a reducir el porcentaje de trabajadores en estas profesiones y un aumento en la demanda de trabajadores en las 
profesiones de tecnología de la información, relacionadas con el crecimiento de la informalidad. Hoy, alrededor de 2 mil millones - el 61% 
de la fuerza laboral mundial - viven del trabajo informal (en general, mujeres, jóvenes, inmigrantes, negros e indígenas).

1.3 La profundización de la nueva guerra fría y la crisis de la hegemonía estadounidense

La crisis internacional de 2008 produjo la desarticulación de los arreglos políticos nacionales en todo el mundo, lo que condujo al 
surgimiento de un nuevo ciclo mundial de luchas sociales, expandiendo las disputas interimperialistas y, al mismo tiempo, colocando a la 
extrema derecha como una fuerza ascendente. El trasfondo general de este proceso es la ofensiva para la apropiación de tierras, energía y 
recursos minerales, es decir, la nueva ola mundial de colonización. En Brasil, los efectos de la crisis de 2008 se sintieron inicialmente 
como un impulso para el proyecto neoextractivo y neodesarrollista, con grandes inversiones de capital extranjero.

La disolución de la URSS y el "bloque socialista" en la década de 1990 es parte de las nuevas relaciones de poder instituidas por el 
neoimperialismo. En ese momento, la hegemonía estadounidense alcanzó su punto máximo, garantizando una década de poder unilateral, bajo el 
signo imperial-colonial de la "Pax Americana". Este período, sin embargo, comenzará a cambiar, evolucionando hacia lo que caracterizamos 
como una Nueva Guerra Fría, expresada en la polarización EUA-U.E X Rusia-China, intensificada por la nueva ola de colonización mundial. A 
pesar de la costumbre de analizar ideológicamente la actual guerra fría (con anacronismos que reproducen "capitalismo x socialismo"), no 
tiene esta característica. Representa la disputa por dos modelos distintos del desarrollo del capitalismo y poder imperial.

En 2017, bajo la administración Trump, Estados Unidos lanzó un documento llamado Nueva Estrategia de Seguridad Nacional. En esto, definen 
sus intereses nacionales y objetivos estratégicos. Entre los puntos tratados, reconocen que sus valores nacionales no son universales y 
renuncian a la conversión mesiánica de los pueblos a los llamados "valores occidentales". Renunciar a la universalidad moral no significa 
renunciar a su poder global sostenido por su imperio militar. Este cambio les permite un mayor pragmatismo en las negociaciones globales, 
teniendo sus "intereses nacionales" como la única brújula, pudiendo negociar cualquier cosa, con cualquier miembro del sistema, siempre en 
función de sus intereses y una "posición de fuerza".

Esta reorientación política del imperialismo estadounidense está vinculada al surgimiento de una nueva extrema derecha en Occidente 
(Ucrania, Grecia, Estados Unidos, Brasil, Italia y otros), como resultado de las recientes crisis de capital y tambien de los enunciados 
civilizatorios del neoimperialismo. Aunque el surgimiento de la extrema derecha está influenciado por el desarrollo y las crisis del sistema 
mundial capitalista, no puede explicarse solo en esta escala sin caer en un centralismo epistemológico.

Las condiciones históricas de la lucha de clases en cada país, el papel de las burguesías locales, así como las fuerzas colectivas del 
proletariado, son fundamentales para comprender este aumento. Sin esto, los entendimientos reproducen fácilmente una interpretación 
mistificadora del "imperialismo" o de las "fuerzas globales", manipulada en las narrativas socialdemócratas y reformistas, como se ha hecho 
en Brasil.

Otro elemento sobre el surgimiento de la extrema derecha y el neofascismo en Occidente es que tiene características distintas que 
obstaculizan una alianza orgánica entre sí. Citaremos dos contradicciones principales: 1) la contradicción entre el antisemitismo de la 
extrema derecha europea y el sionismo/neopentecostalismo de la extrema derecha de los Estados Unidos y América Latina; 2) El programa 
"antineoliberal" y de "estado de bienestar" (solo para los "nacionales") de la extrema derecha europea basado en la reanudación de una 
política internacional expansionista y colonial, contrasta con el programa de extrema derecha de los países periférica, basada en la 
privatización, subordinada a la división internacional del trabajo y por esta misma razón, tiene poco que ofrecer a la clase trabajadora 
nacional. Sin embargo, estas contradicciones morales y de posición en el sistema mundial no han impedido el acercamiento, el intercambio y 
el fortalecimiento de las posiciones entre la extrema derecha.

Por lo tanto, frente a la nueva guerra fría y la nueva ola de colonización, el imperialismo estadounidense ha estado abdicando gradualmente 
de los supuestos universalistas del neoimperialismo (multiculturalismo, democratismo, ambientalismo, elementos ampliamente identificados 
como "globalismo") para adoptar una postura cada vez más pragmático en términos "nacionales". Esto se debe a que la hegemonía estadounidense 
tiende a disminuir en el sistema mundial. Este declive es lo que impulsa la nueva estrategia, más agresiva en términos imperial-coloniales, 
para combatir el surgimiento del bloque chino-ruso.

La hegemonía estadounidense y el sistema-mundo construido a su alrededor están en declive, y su caída es posible e incluso probable. Sin 
embargo, este no es un camino lineal. Depende de nosotros analizar cuáles son los aspectos principales de esta transformación, y si 
realmente dará como resultado un nuevo orden mundial o la extensión más o menos extensa de una situación de caos sistémico, guerras, 
dictaduras y, como dicen Arrighi y Silver (2011) "destrucción mutua de civilizaciones mundiales". Las posibilidades de construir 
alternativas, desde un punto de vista proletario y revolucionario, dependen de la expansión y articulación de las herramientas organizativas 
y políticas que enfrenten (desde el local al global) la crisis del capital y los Estados, y las transformen en una transformación 
revolucionaria.

Por lo tanto, para comprender la situación internacional, es esencial comprender el papel desempeñado por China. Más específicamente, la 
revolución industrial y tecnológica china, el surgimiento de las tecnologías del poder político y económico del modelo de capitalismo de 
Estado minimalista y la política estratégica de integración euroasiática (Asia + Europa). El hecho es que la crisis hegemónica del sistema 
mundial centrado en los Estados Unidos y Europa occidental no ocurre por sí sola. Se acompaña del avance del proyecto imperial del bloque 
chino-ruso.

El "proyecto" imperial de China y Rusia tiene raíces antiguas, así como la resistencia de los pueblos a este proyecto. Desde el final de la 
Primera Guerra Fría, podemos decir que este proyecto se ha desarrollado en paralelo con las estructuras discursivas e institucionales del 
neoimperialismo bajo la hegemonía estadounidense y europea. Tanto China como Rusia nunca han asumido completamente los supuestos de 
poder-saber del neoimperialismo (democratismo, ambientalismo, multiculturalismo), aún que se han insertado completamente en la economía 
mundial capitalista para fortalecer su poder regional y mundial.

Esta particularidad del modelo de desarrollo del capitalismo de Estado minimalista, de otras discursividades y enunciados civilizatórios, 
así como de tecnologías de poder político particularmente autoritarios, se ha utilizado sistemáticamente a favor del bloque China-Rusia. 
Así, la crisis actual de la hegemonía norteamericana ha alcanzado este bloque de manera muy diferente. Se ha presentado como una oportunidad 
para penetrar su "modelo" en cada región y, en un escenario futuro, como un posible reorganizador del sistema mundial 
capitalista-imperialista. Pero esto no sucederá sin conflicto.

La nueva guerra fría y la nueva ola global de colonización plantean una situación de equilibrio (relativo) de poder entre las potencias 
imperialistas (ya sea EE. UU.-UE o China-Rusia) y la necesidad de intensificar disputas irregulares, indirectas o híbridas, en términos 
político-militares o por recursos naturales y mano de obra. Esto ha intensificado la disputa sobre las regiones de América Latina, Oriente 
Medio y Europa. Todas estas regiones están bajo una fuerte presión de los dos bloques, liderados por Estados Unidos y China. Para 
profundizar su poder, los bloques deben operar mecanismos de destrucción-creación de arreglos políticos locales y regionales.

La Unión Europea es un ejemplo, ya que ha estado bajo una fuerte presión, hacia su desmantelamiento, de ambos bloques imperialistas. Han 
estado estimulando políticas básicamente de dos maneras: 1º) para apoyar partidos/movimientos "anti-UE" y de extrema derecha/conservadores; 
2º) disputar la influencia económica y energética en los poderes de la UE, especialmente Alemania. Con respecto al segundo punto, un 
proyecto estratégico es la construcción del gasoducto "Nord Stream 2" en el Mar Báltico, que duplicará el volumen de gas natural desde Rusia 
a Alemania, expandiendo el poder de ambos países en Europa.

La periferia y la semiperiferia del capitalismo también se han convertido en objetivos centrales de las disputas imperialistas, que se 
traducen en diferentes políticas neocoloniales, colonialismo interno y, en menos casos, ocupación militar extranjera. Esto ha llevado a la 
reactivación de la ideología de contrainsurgencia en los estados latinoamericanos y a golpes/desestabilizaciones políticas en la región (ver 
el caso de Honduras, Paraguay, Venezuela, Haití, Chile y otros).

Por lo tanto, existe un vínculo sistémico entre los recursos energéticos en disputa en el Medio Oriente y América Latina, ya que Venezuela 
(la reserva de petróleo más grande del mundo) y Brasil (especialmente después del descubrimiento del Pre-Sal) podrían garantizar una 
apropiación del petróleo por parte de los Estados Unidos menos costosa que el modelo actual de ocupación colonial en Irak y Afganistán. Es 
cierto que un escenario de retracción de la presencia norteamericana en el Medio Oriente conduciría a una presión "total" inevitable sobre 
América Latina (reforzando el "América para los estadounidenses").

Además, las funciones de las bases militares estadounidenses en Oriente Medio van más allá del robo de recursos energéticos, ya que también 
es una estrategia geopolítica para combatir permanentemente el proyecto imperial chino-ruso en la región (el asesinato del líder militar de 
Irán, Qasem Soleimani, en enero de 2019 es un ejemplo), que toma la decisión de retirar las tropas impregnadas de presiones y 
contradicciones dentro del Estados Unidos mismo.

En el Medio Oriente, China y Rusia juegan roles diferentes pero complementarios. Rusia tiene una presencia más significativa en las 
articulaciones militares y geopolíticas (diplomacia oficial y oculta) con los estados (Irán, Siria, Turquía, etc.) y las fuerzas 
político-militares del partido, como Hezbolá. Además, ha profundizado su asociación con Turquía (aunque inestable debido a la posición de 
Erdogan contra Bashar Al Assad), con la oferta de apoyo militar ruso contra la revolución social en Rojava y la construcción de un mega 
oleoducto "TurkStream" que une Rusia- Turquía e integrando otros países (Bulgaria, Serbia, Hungría, etc.). China, por otro lado, tiene un 
papel más centrado en la construcción de bases económicas (infraestructura, integración, energía, tecnología, etc.) en Asia y en todo el mundo.

China y Rusia convergen en el proyecto estratégico imperial-colonial de integración política, económica y social euroasiática. La 
articulación de dicho proyecto es la Iniciativa Belt and Road, presentada en 2013 por China, y llamada la "nueva ruta de la seda". El nombre 
lleva todo un simbolismo histórico, de una época en que China fue el centro de la economía de Eurasia durante más de 2000 años. Reanudar 
esta noción implica reactivar una narrativa del "sueño (imperial) chino", de su misión civilizatoria. La nueva ruta de la seda ya está en 
marcha, y la fecha límite para la finalización del gobierno chino es 2049, el año del centenario de la revolución china y, según la 
narrativa del imperialismo chino, el comienzo de una "nueva fase en la historia".

La inversión china en el mundo ha crecido considerablemente en los últimos años. Entre 2005 y 2018, China estuvo presente en los cinco 
continentes e invirtió alrededor de US $ 1,9 billones. Esto es 13 veces el valor del Plan Marshall durante la Primera Guerra Fría. Como 
parte estratégica de estas inversiones, la nueva ruta de la seda consiste en un plan integrado en las áreas de transporte, infraestructura y 
energía, lo que implica el desarrollo colonial-capitalista de la explotación y dominación de las poblaciones locales, la tierra, el agua y 
otros recursos naturales.

Estas inversiones capitalistas son tanto terrestres, conectando Europa, Asia y África (regiones de extrema importancia geopolítica) como 
marítimas, pasando por el Océano Pacífico, cruzando el Océano Índico y llegando al Mar Mediterráneo. Además, presupone la articulación con 
otros planes regionales, como IIRSA en América del Sur.

Aunque las nuevas rutas de la seda son fundamentales, el plan de expansión colonialista-imperialista chino-ruso es aún mayor. Moscú y Pekín 
llegaron a la conclusión de que el eje estratégico hegemónico del imperialismo estadounidense solo puede romperse mediante las acciones de 
un amplio plan coordinado: la Iniciativa Belt and Road, la Unión Económica Euroasiática, la Organización de Cooperación de Shanghai, BRICS, 
el Nuevo Banco de Desarrollo del BRICS y el Asian Infrastructure Investment Bank.

El actual sector dominante de la política imperialista en los Estados Unidos, orientado a abandonar ciertas enunciados del neoimperialismo 
en un intento de reaccionar ante el declive de su hegemonía, es plenamente consciente de la amenaza del proyecto imperial chino-ruso. La CIA 
reconoció en 2019 que China es la mayor amenaza para su poder en toda la historia (más grande que la URSS).

Así, considerando la situación internacional y basada en la teoría bakuninista del imperialismo y el colonialismo, uno de los escenarios 
posibles en la Nueva Guerra Fría es el declive más o menos violento y prolongado de la hegemonía estadounidense (con la destrucción de las 
relaciones hegemónicas de poder-saber del neoimperialismo), como la transición de un patrón civilizatorio inaugurado por el sistema colonial 
desde el siglo XVI con una característica eurocéntrica occidental, basada en cadenas mercantiles basadas en el interoceánico marítimo 
(principalmente del Atlántico) y el control territorial (principalmente del Atlántico) a un nuevo patrón civilizatório euroasiático, con 
centralidad oriental, basada en cadenas mercantiles e integración hegemonicamiente terrestres.

Lejos de un futuro mejor para nuestro pueblo, lo que se anuncia con la intensificación de las disputas imperial-coloniales es la 
profundización del desempleo, la miseria, la sobreexplotación, las desigualdades, la destrucción de la naturaleza, la expropiación masiva de 
campesinos y pueblos originarios. Una serie de eventos, especialmente las crisis de capital y las insurgencias populares (como el 
levantamiento de Irak en 2019), serán fuerzas clave que pueden acelerar, retrasar o incluso frustrar los intereses imperial-coloniales en juego.

A los bakuninistas es necessario reafirmar una posición de intransigencia de clase, radicalmente anticapitalista, anticolonial y 
antiimperialista (ya sea el chino-ruso, estadounidense o incluso el subimperialismo brasileño). Esto no solo sirve para "demarcar 
principios" de una manera abstracta y sectaria, sino que debe convertirse en una línea política y de masas de construcción de una 
alternativa real, clasista e internacionalista, de reorganización del proletariado y los pueblos oprimidos.

2. De la insurgencia a la revolución: los desafíos y contradicciones de la lucha de clases en América Latina y Brasil
A principios del siglo XXI, surge una nueva extractivismo (o neoextractivismo) en América Latina. Esta nueva configuración del capital 
extractivo estuvo impregnada de continuidades y cambios en relación con el extractivismo "clásico" y materializó regionalmente el proceso 
global de la nueva ola de colonización. El neoextractivismo tiene las siguientes características:

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