(ca) Gargantas Libertarias: Carta de Carlos Marx sobre Simon Bolivar (1858)

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Sab Nov 17 06:00:46 CET 2018


(Notas de Editor: El siguiente Artículo publicado en el tomo III de The New American 
Cyclopedia. Escrito en enero de 1858. Apareció en la edición alemana de MEW, t. XIV, pp. 
217-231, fue escrito por Carlos Marx. estaba en la lista de articulos por publicar, nos 
parece interesante por varias razones, porque desde hace muchos años muchos marxistas 
leninistas en su mayoria stalinistas como es la linea del PCV que castiga duramente a 
quien cuestione a Marx, pero a la vez ofrecian o vendian a un Bolivar que podria ser 
afecto o al menos no contrario a sus ideas, sin duda con esta carta de Marx se cae eso, y 
por eso su poca difusion en espacios marxistas con esta linea, en el libro "el Bolivar de 
Marx" de Ines Quintero y Vladimir Acosta, que recomendamos leer, quedan muy mal ambos 
personajes historicos el Venezolano porque reconocen que el pensamiento de Bolivar puede 
ser usado, como creemos que fue y es usado, para amparar cualquier idea contemporanea, lo 
vemos en la actualidad como desde caudillos de siglo pasado, pasando por adecos, copeyanos 
y chaviztas cada uno lo utilizan a su manera y para sus propositos, y el Aleman porque le 
atribuyen una gran desinformacion y hasta mediano interes economico que le generaria 
publicar el articulo, quien puede creer que quien vende a la teoria de marx como una 
ciencia, y como un hombre visionario, estuviera tan desinformado, pero a la vez tan creido 
capacitado para lanzarse semejante articulo? para lxs anarquistas no nos extrañaria que 
marx haga un juicio errado los hizo con todxs nuestrxs compañerxs en la primera 
internacional, se canso de inventar mentiras sobre Bakunin, quien discutia las ideas 
economicas de marx pero que se opuso con fiereza a sus teorias de organizacion politica, y 
que la historia ha demostrado la razon a Bakunin, ya que llevadas a los hechos las ideas 
politicas marxistas han llevado a la opresion y explotacion tan igual o peor que los 
sistemas que dice combatir, Lxs Anarquistas Venezolanxs sabemos que somos adiestradxs 
desde niñxs en un culto a Bolivar, hasta en las universidades Autonomas es dificil 
encontrar libros, textos, y ensayos que exponga otra vision de bolivar, aunque existen 
algunas pocas, sabemos o debemos saber que nuestras historia esta basada en gran parte por 
biografias o autobiografias, donde se exalta a los caudillos militares y se menciona 
fugazmente a figuras civiles, cientificas, etc, y sin embargo el texto de Marx es una oda 
al Eurocentrismo.)

BOLÍVAR Y PONTE, Simón, el "Libertador" de Colombia, nació el 24 de julio de 1783 en 
Caracas y murió en San Pedro, cerca de Santa Marta, el 17 de diciembre de 1830. Descendía 
de una de las familias mantuanas, que en la época de la dominación española constituían la 
nobleza criolla en Venezuela. Con arreglo a la costumbre de los americanos acaudalados de 
la época, se le envió Europa a la temprana edad de 14 años. De España pasó Francia y 
residió por espacio de algunos años en París. En 1802 se casó en Madrid y regresó a 
Venezuela, donde su esposa falleció repentinamente de fiebre amarilla. Luego de este 
suceso se trasladó por segunda vez a Europa y asistió en 1804 a la coronación de Napoleón 
como empe rador, hallándose presente, asimismo, cuando Bonaparte se ciñó la corona de 
hierro de Lombardía. En 1809 volvió a su patria y, pese a las instancias de su primo José 
Félix Ribas, rehusó adherirse a la revolución que estalló en Caracas el 19 de abril de 
1810. Pero, con posterioridad a ese acontecimiento, aceptó la misión de ir a Londres para 
comprar armas y gestionar la protección del gobierno británico. El marqués de Wellesley, a 
la sazón ministro de relaciones exteriores, en apariencia le dio buena acogida. pero 
Bolívar no obtuvo más que la autorización de exportar armas abonándolas al contado y 
pagando fuertes derechos. A su regreso de Londres se retiró a la vida privada, 
nuevarnente, hasta que en setiembre de 1811 el general Miranda, por entonces comandante en 
jefe de las fuerzas rectas de mar y tierra, lo persuadió de que aceptara el rango de 
teniente coronel en el estado mayor y el mando de Puerto Cabello, la principal plaza 
fuerte de Venezuela.

Cuando los prisioneros de guerra españoles, que Miranda enviaba regularmente a Puerto 
Cabello para mantenerlos encerrados en la ciudadela, lograron atacar por sorpresa la 
guardia y la dominaron, apoderándose de la ciudadela, Bolívar, aunque los españoles 
estaban desarmados, mientras que él disponía de una fuerte guarnición y de un gran 
arsenal, se embarcó precipitadamente por la noche con ocho de sus oficiales, sin poner al 
tanto de lo ocurría ni a sus propias tropas, arribó al amanecer a Guaira y se retiró a su 
hacienda de San Mateo. Cuando la guarnición se enteró de la huida de su comandante, 
abandonó en buen orden la plaza, a la que ocupade inmediato los españoles al mando de 
Monteverde. Este acontecimiento inclinó la balanza a favor de España y forzó a Miranda a 
suscribir, el 26 de julio de 1812, por encargo del congreso, el tratado de La Victoria, 
que sometió nuevamente a Venezuela al dominio español. El 30 de julio llegó Miranda a La 
Guaira, con la intención embarcarse en una nave inglesa. Mientras visitaba al coronel 
Manuel María Casas, comandante de la plaza, se encontró con un grupo numeroso, en el que 
se contaban don Miguel Peña y Simón Bolívar, que lo convencieron de que se quedara, por lo 
menos úna noche, en la residencia de Casas. A las dos de la madrugada, encontrándose 
Miranda profundamente dormido, Casas, Peña y Bolívar se introdujeron en su habitación con 
cuatro soldados armados, se apoderaron precavidamente de su espada y su pistola, lo 
despertaron y con rudeza le ordenaron que se levantara y vistiera, tras lo cual lo 
engrillaron y entregaron a Monteverde. El jefe español lo remitió a Cádiz, donde Miranda, 
encadenado, murió después de varios años de cautiverio. Ese acto, para cuya justificación 
se recurrió al pretexto de que Miranda había traicionado a su país la capitulación de La 
Victoria, valió a Bolívar el especial favor de Monteverde, a tal punto que cuando el 
primero le solicitó su pasaporte, el jefe español declaró: "Debe satisfacerse el pedido 
del coronel Bolívar, como recompensa al servicio prestado al rey de España con la entrega 
de Miranda".

Se autorizó así a Bolívar a que se embarcara con destino a Curazao, donde permaneció seis 
semanas. En cornpañía de su primo Ribas se trasladó luego a la pequeña república de 
Cartagena. Ya antes de su arribo habían huido a Cartagena gran cantidad de soldados, ex 
combatientes a las órdenes del general Miranda. Ribas les propuso emprender una expedición 
contra los españoles en Venezuela y reconocer a Bolívar como comandante en jefe. La 
primera propuesta recibió una acogida entusiasta; la segunda fue resistida, aunque 
finalmente accedieron, a condición de que Ribas fuera el lugarteniente de Bolívar. Manuel 
Rodríguez Torices, el presidente de la república de Cartagena, agregó a los 300 soldados 
así reclutados para Bolívar otros 500 hombres al mando de su primo Manuel Castillo. La 
expedición partió a comienzos de enero de 1813. Habiéndose producido rozamientos entre 
Bolívar y Castillo respecto a quién tenía el mando supremo, el segundo se retiró 
súbitamente con sus granaderos. Bolívar, por su parte, propuso seguir el ejemplo de 
Castillo y regresar a Cartagena, pero al final Ribas pudo persuadirlo de que al menos 
prosiguiera en su ruta hasta Bogotá, en donde a la sazón tenía su sede el Congreso de 
Nueva Granada. Fueron allí muy bien acogidos, se les apoyó de mil maneras y el congreso 
los ascendió al rango de generales. Luego de dividir su pequeño ejército en dos columnas, 
marcharon por distintos caminos hacia Caracas. Cuanto más avanzaban, tanto más refuerzos 
recibían; los crueles excesos de los españoles hacían las veces, en todas partes, de 
reclutadores para el ejército independentista. La capacidad de resistencia de los 
españoles estaba quebrantada, de un lado porque las tres cuartas partes de su ejército se 
componían de nativos, que en cada encuentro se pasaban al enemigo; del otro debido a la 
cobardía de generales tales como Tízcar, Cajigal y Fierro, que a la menor oportunidad 
abandonaban a sus propias tropas. De tal suerte ocurrió que Santiago Mariño, un joven sin 
formación, logró expulsar de las provincias de Cumaná y Barcelona a los españoles, al 
mismo tiempo que Bolívar ganaba terreno en las provincias occidentales. La única sistencia 
seria la opusieron los españoles a la columna de Ribas, quien no obstante derrotó al 
general Monteverde en Los Taguanes y lo obligó a encerrarse en Puerto Cabello el resto de 
sus tropas.

Cuando el gobernador de Caracas, general Fierro, tuvo noticias de que se acercaba Bolívar, 
le envió parlamentarios para ofrecerle una capitulación, la que se firmó en La Victoria. 
Pero Fierro, invadido por un pánico repentino y sin aguardar el regreso de sus propios 
emisarios, huyó secretamente por la noche y dejó a más de 1.500 españoles librados a la 
merced del enemigo. A Bolívar se le tributó entonces una entrada apoteótica. De pie, en un 
carro de triunfo, al que arrastraban doce damiselas vestidas de blanco y ataviadas con los 
colores nacionales, elegidas todas ellas entre las mejores familias caraqueñas, Bolívar, 
la cabeza descubierta y agitando un bastoncillo en la man, fue llevado en una media hora 
desde la entrada la ciudad hasta su residencia. Se proclamó "Dictador y Libertador de las 
Provincias Occidentales de Venezuela" --Mariño había adoptado el título de "Dictador de 
las Provincias Orientales"--, creó la "Orden del Libertador", formó un cuerpo de tropas 
escogidas a las que denominó guardia de corps y se rodeó de la pompa propia de una corte. 
Pero, como la mayoría de sus compatriotas, era incapaz de todo esfuerzo de largo aliento y 
su dictadura degeneró pronto en una anarquía militar, en la cual asuntos más importantes 
quedaban en manos de favoritos que arruinaban las finanzas públicas y luego recurrían a 
medios odiosos para reorganizarlas. De este modo el novel entusiasmo popular se transformó 
en descontento, y las dispersas fuerzas del enemigo dispusieron de tiempo para rehacerse. 
Mientras que a comienzos de agosto de 1813 Monteverde estaba encerrado en la fortalede 
Puerto Cabello y al ejército español sólo le quedaba una angosta faja de tierra en el 
noroeste de Venezuela, apenas tres meses después el Libertador había perdido su prestigio 
y Caracas se hallaba amenazada por la súbita aparición en sus cercanías de los españoles 
victoriosos, al mando de Boves. Para fortalecer su poder tambaleante Bolívar reunió, el 
1de enero de 1814, una junta constituida por los vecinos caraqueños más influyentes y les 
manifestó que no deseaba soportar más tiempo el fardo de la dictadura. Hurtado de Mendoza, 
por su parte, fundamentó en un prolongado discurso "la necesidad de que el poder supremo 
se mantuviese en las manos del general Bolívar hasta que el Congreso de Nueva Granada 
pudiera reunirse y Venezuela unificarse bajo un solo gobierno". Se aprobó esta propuesta 
y, de tal modo, la dictadura recibió una sanción legal.

Durante algún tiempo se prosiguió la guerra contra los españoles, bajo la forma de 
escaramuzas, sin que ninguno de los contrincantes obtuviera ventajas decisivas. En junio 
de 1814 Boves, tras concentrar sus tropas, marchó de Calabozo hasta La Puerta, donde los 
dos dictadores, Bolívar y Mariño, habían combinado sus fuerzas. Boves las encontró allí y 
ordenó a sus unidades que las atacaran sin dilación. Tras una breve resistencia, Bolívar 
huyó a Caracas, mientras que Mariño se escabullía hacia Cumaná. Puerto Cabello y Valencia 
cayeron en las manos de Boves, que destacó dos columnas (una de ellas al mando del coronel 
González) rumbo a Caracas, por distintas rutas. Ribas intentó en vano contener el avance 
de González. Luego de la rendición de Caracas a este jefe, Bolívar evacuó a La Guaira, 
ordenó a los barcos surtos en el puerto que zarparan para Cumaná y se retiró con el resto 
de sus tropas hacia Barcelona. Tras la derrota que Boves infligió a los insurrectos en 
Arguita, el 8 de agosto de 1814, Bolívar abandonó furtivamente a sus tropas, esa misma 
noche, para dirigirse apresuradamente y por atajos hacia Cumaná, donde pese a las airadas 
protestas de Ribas se embarcó de inmediato en el "Bianchi", junto con Mariño y otros 
oficiales. Si Ribas, Páez y los demás generales hubieran seguido a los dictadores en su 
fuga, todo se habría perdido. Tratados como desertores a su arribo a Juan Griego, isla 
Margarita, por el general Arismendi, quien les exigió que partieran, levaron anclas 
nuevamente hacia Carúpano, donde, habiéndolos recibido de manera análoga el coronel 
Bermúdez, se hicieron a la mar rumbo a Cartagena. Allí a fin de cohonestar su huida, 
publicaron una memoria de justificación, henchida de frases altisonantes.

Habiéndose sumado Bolívar a una conspiración para derrocar al gobierno de Cartagena, tuvo 
que abandonar esa pequeña república y seguir viaje hacia Tunja, donde etaba reunido el 
Congreso de la República Federal de Nueva Granada. La provincia de Cundinamarca, en ese 
entonces, estaba a la cabeza de las provincias independientes que se negaban a suscribir 
el acuerdo federal neogranadino, mientras que Quito, Pasto, Santa Marta y otras provincias 
todavía se hallaban en manos de los españoles. Bolívar, que llegó el 22 de noviembre de 
1814 a Tunja, designado por el congreso comandante en jefe de las fuerzas armadas 
federales y recibió la doble misión de obligar al presidente de la provincia de 
Cundinamarca a reconociera la autoridad del congreso y de marchar luego sobre Santa Marta, 
el único puerto de mar fortificado granadino aún en manos de los españoles. No presentó 
dificultades el cumplimiento del primer cometido, puesto que Bogotá, la capital de la 
provincia desafecta, carecía de fortificaciones. Aunque la ciudad había capitulado, 
Bolívar permitió a sus soldados que durante 48 horas la saquearan. En Santa Marta el 
general español Montalvo, disponía tan sólo de una débil guarnición de 200 hombres y de 
una plaza fuerte en pésimas condiciones defensivas, tenía apalabrado ya un barco francés 
para asegurar su propia huida; los vecinos, por su parte, enviaron un mensaje a Bolívar 
participándole que, no bien apareciera, abrirían las puertas de la ciudad y expulsarían a 
la guarnición. Pero en vez de marchar contra los españoles de Santa Marta, tal como se lo 
había ordenado el congreso, Bolívar se dejó arrastrar por su encono contra Castillo, el 
comandante de Cartagena, y actuando por su propia cuenta condujo sus tropas contra esta 
última ciudad, parte integral de la República Federal. Rechazado, acampó en Popa, un cerro 
situado aproximadamente a tiro de cañon de Cartagena. Por toda batería emplazó un pequeño 
cañón, contra una fortaleza artillada con unas 80 piezas. Pasó luego del asedio al 
bloqueo, que duró hasta comienzos de mayo, sin más resultado que la disminución de sus 
efectivos, por deserción o enfermedad, de 2.400 a 700 hombres. En el ínterin una gran 
expedición española comandada por el general Morillo y procedente de Cádiz había arribado 
a la isla Margarita, el 25 de marzo de 1815. Morillo destacó de inmediato poderosos 
refuerzos a Santa Marta y poco después sus fuerzas se adueñaron de Cartagena. Previamente, 
empero, el 10 de mayo 1815, Bolívar se había embarcado con una docena de oficiales en un 
bergantín artillado, de bandera británica, rumbo a Jamaica. Una vez llegado a este punto 
de refugio publicó una nueva proclama, en la que se presentaba como la víctima de alguna 
facción o enemigo secreto y defendía su fuga ante los españoles como si se tratara una 
renuncia al mando, efectuada en aras de la paz pública.

Durante su estada de ocho meses en Kingston, los genrales que había dejado en Venezuela y 
el general Arismendi en la isla Margarita presentaron una tenaz resistencia las armas 
españolas. Pero después que Ribas, a quién Bolívar debía su renombre, cayera fusilado por 
los españoles tras la toma de Maturín, ocupó su lugar un hombre de condiciones militares 
aun más relevantes. No pudiendo desempeñar, por su calidad de extranjero, un papel 
autónomo en la revolución sudamericana, este hombre decidió entrar al servicio de Bolívar. 
Se trataba de Luis Brion. Para prestar auxilios a los revolucionarios se había hecho a la 
mar en Londres, rumbo a Cartagena, con una corbeta de 24 cañones, equipada en gran parte a 
sus propias expensas y cargada con 14.000 fusiles y una gran cantidad de otros pertrechos. 
Habiendo llegado demasiado tarde y no pudiendo ser útil a los rebeldes, puso proa hacia 
Cayos, en Haití, adonde muchos emigrados patriotas habían huido tras la capitulación de 
Cartagena. Entretanto Bolívar se había trasladado también a Puerto Príncipe donde, a 
cambio de su promesa de liberar a los esclavos, el presidente haitiano Pétion le ofreció 
un cuantioso apoyo material para una nueva expedición contra los españoles de Venezuela. 
En Los Cayos se encontró con Brion y los otros emigrados y en una junta general se propuso 
a sí mismo como jefe de la nueva expedición, bajo la condición de que, hasta la 
convocatoria de un cóngreso general, él reuniría en sus manos los poderes civil y militar. 
Habiendo aceptado la mayoría esa condición, los expedicionarios se hicieron a la mar el 16 
de abril de 1816 con Bolívar como comandante y Brion en calidad de almirante. En 
Margarita, Bolívar logró ganar para su causa a Arismendi, el comandante de la isla, quien 
había rechazado a los españoles a tal punto que a éstos sólo les restaba un único punto de 
apoyo, Pampatar. Con la formal promesa de Bolívar de convocar un congreso nacional en 
Venezuela no bien se hubiera hecho dueño del país, Arismendi hizo reunir una junta en la 
catedral de Villa del Norte y proclamó públicamente a Bolívar jefe supremo de las 
repúblicas de Venezuela y Nueva Granada. El 31 de mayo de 1816 desembarcó Bolívar en 
Carúpano, pero no se atrevió a impedir que Mariño y Piar se apartaran de él y efectuaran, 
por su propia cuenta, una campaña contra Cumaná. Debilitado por esta separación y 
siguiendo los consejos de Brion se hizo a la vela rumbo a Ocumare[de la Costa], adonde 
arribó el 3 de julio de 1816 con 13 barcos, de los cuales sólo 7 estaban artillados. Su 
ejército se componía tan sólo de 650 hombres, que aumentaron a 800 por el reclutamiento de 
negros, cuya liberación había proclamado. En Ocumare difundió un nuevo manifiesto, en el 
que prometía "exterminar a los tiranos" y "convocar al pueblo para que designe sus 
diputados al congreso. Al avanzar en dirección a Valencia, se topó, no lejos de Ocumare, 
con el general español Morales, a la cabeza de unos 200 soldados y 100 milicianos. Cuando 
los cazadores de Morales dispersaron la vanguardia de Bolívar, éste, según un testigo 
ocular, perdió "toda presencia de ánimo y sin pronunciar palabra, en un santiamén volvió 
grupas y huyó a rienda suelta hacia Ocumare, atravesó el pueblo a toda carrera, llegó a la 
bahía cercana, saltó del caballo, se introdujo en un bote y subió a bordo del «Diana», 
dando orden a toda la escuadra de que lo siguiera a la pequeña isla de Bonaire y dejando a 
todos sus compañeros privados del menor auxilio". Los reproches y exhortaciones de Brion 
lo indujeron a reunirse a los demás jefes en la costa de Cumaná; no obstante, como lo 
recibieron inamistosamente y Piar lo amenazó con someterlo a un consejo de guerra por 
deserción y cobardía, sin tardanza volvió a partir rumbo a Los Cayos. Tras meses y meses 
de esfuerzos, Brion logró finalmente persuadir a la mayoría de los jefes militares 
venezolanos -que sentían la necesidad de que hubiera un centro, aunque simplemente fuese 
nominal- de que llamaran una vez más a Bolívar como comandante en jefe, bajo la condición 
expresa de que convocaría al congreso y no se inmiscuiría en la administración civil. El 
31 de diciembre de 1816 Bolívar arribó a Barcelona con las armas, municiones y pertrechos 
proporcionados por Pétion. El 2 de enero de 1817 se le sumó Arismendi, y el día 4 Bolívar 
proclamó la ley marcial y anunció que todos los poderes estaban en sus manos. Pero 5 días 
después Arismendi sufrió un descalabro en una emboscada que le tendieran los españoles, y 
el dictador huyó a Barcelona. Las tropas se concentraron nuevamente en esa localidad, 
adonde Brion le envió tanto armas como nuevos refuerzos, de tal suerte que pronto Bolívar 
dispuso de una nueva fuerza de 1.100 hombres. El 5 de abril los españoles tomaron la 
ciudad de Barcelona, y las tropas de los patriotas se replegaron hacia la Casa de la 
Misericordia, un edificio sito en las afueras. Por orden de Bolívar se cavaron algunas 
trincheras, pero de manera inapropiada para defender contra un ataque serio una guarnición 
de 1.000 hombres. Bolívar abandonó la posición en la noche del 5 de abril, tras comunicar 
al coronel Freites, en quien delegó el mando, que buscaría tropas de refresco y volvería a 
la brevedad. Freites rechazó un ofrecimiento de capitulación, confiado en la promesa, y 
después del asalto fue degollado por los españoles, al igual que toda la guarnición.

Piar, un hombre de color, originario de Curazao, concibió y puso en práctica la conquista 
de la Guayana, a cuyo efecto el almirante Brion lo apoyó con sus cañoneras. El 20 de 
julio, ya liberado de los españoles todo el territorio, Piar, Brion, Zea, Mariño, 
Arismendi y otros convocaron en Angostura un congreso de las provincias y pusieron al 
frente del Ejecutivo un triunvirato; Brion, que detestaba a Piar y se interesaba 
profundamente por Bolívar, ya que en el éxito del mismo había puesto en juego su gran 
fortuna personal, logró que se designase al último como miembro del triunvirato, pese a 
que no se hallaba presente. Al enterarse de ello Bolívar, abandonó su refugio y se 
presentó en Angostura, donde, alentado por Brion, disolvió el congreso y el triunvirato y 
los remplazó por un "Consejo Supremo de la Nación", del que se nombró jefe, mientras que 
Brion y Francisco Antonio Zea quedaron al frente, el primero de la sección militar y el 
segundo de la sección política. Sin embargo Piar, el conquistador de Guayana, que otrora 
había amenazado con someter a Bolívar ante un consejo de guerra por deserción, no 
escatimaba sarcasmos contra el "Napoleón de las retiradas", y Bolívar aprobó por ello un 
plan para eliminarlo. Bajo las falsas imputaciones de haber conspirado contra los blancos, 
atentado contra la vida de Bolívar y aspirado al poder supremo, Piar fue llevado ante un 
consejo de guerra presidido por Brion y, condenado a muerte, se le fusiló el 16 de octubre 
de 1817. Su muerte llenó a Mariño de pavor. Plenamente consciente de su propia 
insignificancia al hallarse privado del concurso de Piar, Mariño, en una carta 
abyectísima, calumnió públicamente a su amigo victimado, se dolió de su propia rivalidad 
con el Libertador y apeló a la inagotable magnanimidad de Bolívar.

La conquista de la Guayana por Piar había dado un vuelco total a la situación, en favor de 
los patriotas, pues esta provincia sola les proporcionaba más recursos que las otras siete 
provincias venezolanas juntas. De ahí que todo el mundo confiara en que la nueva campaña 
anunciada por Bolívar en una flamante proclama conduciría a la expulsión définitiva de los 
españoles. Ese primer boletín, según el cual unas pequeñas partidas españolas que 
forrajeaban al retirarse de Calabozo eran "ejércitos que huían ante núestras tropas 
victoriosas", no tenía por objetivo disipar tales esperanzas. Para hacer frente a 4.000 
españoles, que Morillo aún no había podido concentrar, disponía Bolívar de más de 9.000 
hombres, bien armados y equipados, abundantemente provistos con todo lo necesario para la 
guerra. No obstante, a fines de mayo de 1818 Bolívar había perdido unas doce batallas y 
todas las provincias situadas al norte del Orinoco. Como dispersaba sus fuerzas, 
numéricamente superiores, éstas siempre eran batidas por separado. Bolívar dejó la 
dirección de la guerra en manos de Páez y sus demás subordinados y se retiró a Angostura. 
A una defección seguía la otra, y todo parecía encaminarse a un descalabro total. En ese 
momento extremadamente crítico, una conjunción de sucesos afortunados modificó nuevamente 
el curso de las cosas. En Angostura Bolívar encontró a Santander, natural de Nueva 
Granada, quien le solicitó elementos para una invasión a ese territorio, ya que la 
población local estaba pronta para alzarse en masa contra los españoles. Bolívar satisfizo 
hasta cierto punto esa petición. En el ínterin, llegó de Inglaterra una fuerte ayuda bajo 
la forma de hombres, buques y municiones, y oficiales ingleses, franceses, alemanes y 
polacos afluyeron de todas partes a Angostura. Finalmente, el doctor[Juan]Germán Roscio, 
consternado por la estrella declinante de la revolución sudamericana, hizo su entrada en 
escena, logró el valimiento de Bolívar y lo indujo a convocar, para el 15 de febrero de 
1819, un congreso nacional, cuya sola mención demostró ser suficientemente poderosa para 
poner en pie un nuevo ejército de aproxi madamente 14.000 hombres, con lo cual Bolívar 
pudo pasar nuevamente a la ofensiva.

Los oficiales extranjeros le aconsejaron diera a entender que proyectaba un ataque contra 
Caracas para liberar a Venezuela del yugo español, induciendo así a Morillo a retirar sus 
fuerzas de Nueva Granada y concentrarlas para la defensa de aquel país, tras lo cual 
Bolívar debía volverse súbitamente hacia el oeste, unirse a las guerrillas de Santander y 
marchar sobre Bogotá. Para ejecutar ese plan, Bolívar salió el 24 de febrero de 1819 de 
Angostura, después de designar a Zea presidente del congreso y vicepresidente de la 
república durante su ausencia. Gracias a las maniobras de Páez, los revolucionarios 
batieron a Morillo y La Torre en Achaguas, y los habrían aniquilado completamente si 
Bolívar hubiese sumado sus tropas a las de Páez y Mariño. De todos modos, las victorias de 
Páez dieron por resultado la ocupación de la provincia de Barinas, quedando expedita así 
la ruta hacia Nueva Granada. Como aquí todo estaba preparado por Santander, las tropas 
extranjeras, compuestas fundamentalmente por ingleses, decidieron el destino de Nueva 
Granada merced a las victorias sucesivas alcanzadas el 1 y 23 de julio y el 7 de agosto en 
la provincia de Tunja. El 12 de agosto Bolívar entró triunfalmente a Bogotá, mientras que 
los españoles, contra los cuales se habían sublevado todas las provincias de Nueva 
Granada, se atrincheraban en la ciudad fortificada de Mompós.

Luego de dejar en funciones al congreso granadino y al general Santander como comandante 
en jefe Bolívar marchó hacia Pamplona, donde paso mas de dos meses en festejos y saraos. 
El 3 de noviembre llego a Mantecal, Venezuela, punto que había fijado a los jefes 
patriotas para que se le reunieran con sus tropas Con un tesoro de unos 2.000.000 de 
dólares, obtenidos de los habitantes de Nueva Granada mediante contribuciones forzosas, y 
disponiendo de una fuerza de aproximadamente 9.000 hombres, un tercio de los cuales eran 
ingleses, irlandeses, hanoverianos y otros extranjeros bien disciplinados, Bolívar debía 
hacer frente a un enemigo privado de toda clase de recursos, cuyos efectivos se reducían a 
4.500 hombres, las dos terceras partes de los cuales, además, eran nativos y mal podían, 
por ende, inspirar confianza a los españoles. Habiéndose retirado Morillo de San Fernando 
de Apure en dirección a San Carlos, Bolívar lo persiguió hasta Calabozo, de modo que ambos 
estados mayores, enemigos se encontraban apenas a dos días de marcha el uno del otro. Si 
Bolívar hubiese avanzado con resolución, sus solas tropas europeas habrían bastado para 
aniquilar a los españoles. Pero prefirió prolongar la guerra cinco años más.

En octubre de 1819 el congreso de Angostura había forzado a renunciar a Zea, designado por 
Bolívar, y elegido en su lugar a Arismendi. No bien recibió esta noticia, Bolívar marchó 
con su legión extranjera sobre Angostura, tomó desprevenido a Arismendi, cuya fuerza se 
reducia a 600 nativos, lo deportó a la isla Margarita e invistió nuevamente a Zea en su 
cargo y dignidades. El doctor Roscio, que había fascinado a Bolívar con las perspectivas 
de un poder central, lo persuadió de que proclamara a Nueva Granada y Venezuela como 
"República de Colombia", promulgase una constitución para el nuevo estado --redactada por 
Roscio-- y permitiera la instalación de un congreso común para ambos países. El 20 de 
enero de 1820 Bolívar se encontraba de regreso en San Fernando de Apure. El súbito retiro 
de su legión extranjera, más temida por los españoles que un número diez veces mayor de 
colombianos, brindó a Morillo una nueva oportunidad de concentrar refuerzos. Por otra 
parte, la noticia de que una poderosa expedición a las órdenes de O'Donnell estaba a punto 
de partir de la Península, levantó los decaídos ánimos del partido español. A pesar de que 
disponía de fuerzas holgadamente superiores, Bolívar se las arregló para no conseguir nada 
durante la campaña de 1820. Entretanto llegó de Europa la noticia de que la revolución en 
la isla de León había puesto violento fin a la programada expedición de O'Donnell. En 
Nueva Granada, 15 de las 22 provincias se habían adherido al gobierno de Colombia, y a los 
españoles sólo les restaban la fortaleza de Cartagena y el istmo de Panamá. En Venezuela, 
6 de las 8 provincias se sometieron a las leyes colombianas. Tal era el estado de cosas 
cuando Bolívar se dejó seducir por Morillo y entró con él en tratativas que tuvieron por 
resultado, el 25 de noviembre de 1820, la concertación del convenio de Trujillo, por el 
que se establecía una tregua de seis meses. En el acuerdo de armisticio no figuraba una 
sola mención siquiera a la Republica de Colombia, pese a que el congreso había prohibido, 
a texto expreso, la conclusión de ningún acuerdo con el jefe español si éste no reconocía 
previamente la independencia de la república.

El 17 de diciembre, Morillo, ansioso de desempeñar un papel en España, se embarcó en 
Puerto Cabello y delegó el mando supremo en Miguel de Latorre; el 10 de marzo de 1821 
Bolívar escribió a Latorre participándole que las hostilidades se reiniciarían al término 
de un plazo de 30 días. Los españoles ocupaban una sólida posición en Carabobo, una aldea 
situada aproximadamente a mitad de camino entre San Carlos y Valencia; pero en vez de 
reunir allí todas sus fuerzas, Latorre sólo había concentrado su primera división, 2.500 
infantes y unos 1.500 jinetes, mientras que Bolívar disponía aproximadamente de 6.000 
infantes, entre ellos la legión británica, integrada por 1.100 hombres, y 3.000 llaneros a 
caballo bajo el mando de Páez. La posición del enemigo le pareció tan imponente a Bolívar, 
que propuso a su consejo de guerra la concertación de una nueva tregua, idea que, sin 
embargo, rechazaron sus subalternos. A la cabeza de una columna constituida 
fundamentalmente por la legión británica, Páez, siguiendo un atajo, envolvió el ala 
derecha del enemigo; ante la airosa ejecución de esa maniobra, Latorre fúe el primero de 
los españoles en huir a rienda suelta, no deteniéndose hasta llegar a Puerto Cabello, 
donde se encerró con el resto de sus tropas. Un rápido avance del ejército victorioso 
hubiera producido, inevitablemente, la rendición de Puerto Cabello, pero Bolívar perdió su 
tiempo haciéndose homenajear en Valencia y Caracas. El 21 de setiembre de 1821 la gran 
fortaleza de Cartagena capituló ante Santander. Los últimos hechos de armas en Venezuela 
--el combate naval de Maracaibo en agosto de 1823 y la forzada rendición de Puerto Cabello 
en julio de 1824-- fueron ambos la obra de Padilla. La revolución en la isla de León, que 
volvió imposible la partida de la expediúión de O'Donnell, y el concurso de la legión 
británica, habían volcado, evidentemente, la situación a favor de los colombianos.

El Congreso de Colombia inauguró sus sesiones en enero de 1821 en Cúcuta; el 30 de agosto 
promulgó la nueva constitución y, habiendo amenazado Bolívar una vez mas con renunciar, 
prorrogó los plenos poderes del Libertador. Una vez que éste hubo firmado la nueva carta 
constitucional, el congreso lo autorizó a emprender la campaña de Quito (1822), adonde se 
habían retirado los españoles tras ser desalojados del istmo de Panamá por un 
levantamiento general de la población. Esta campaña, que finalizó con la incorporación de 
Quito, Pasto y Guayaquil a Colombia, se efectuó bajo la dirección nominal de Bolívar y el 
general Sucre, pero los pocos éxitos alcanzados por el cuerpo de ejército se debieron 
íntegramente a los oficiales británicos, y en particular al coronel Sands. Durante las 
campañas contra los españoles en el Bajo y el Alto Peru --1823-1824-- Bolívar ya no 
consideró necesario representar el papel de comandante en jefe, sino que delegó en el 
general Sucre la conducción de la cosa militar y restringio sus actividades a las entradas 
triunfales, los manifiestos y la proclamación de constituciones. Mediante su guardia de 
corps colombiana manipuló las decisiones del Congreso de Lima, que el 10 de febrero de 
1823 le encomendó la dictadura; gracias a un nuevo simulacro de renuncia, Bolívar se 
aseguró la reelección como presidente de Colombia. Mientras tanto su posición se había 
fortalecido, en parte con el reconocimiento oficial del nuevo estado por Inglaterra, en 
parte por la conquista de las provincias altoperuanas por Sucre, quién unificó a las 
últimas en una república independiente, la de Bolivia. En este país, sometido a las 
bayonetas de Sucre, Bolívar dio curso libre a sus tendencias al despotismo y proclamó el 
Código Boliviano, remedo del Code Napoleón. Proyectaba trasplantar ese código de Bolivia 
al Perú, y de éste a Colombia, y mantener a raya a los dos primeros estados por medio de 
tropas colombianas, y al último mediante la legión extranjera y soldados peruanos. 
Valiéndose de la violencia, pero también de la intriga, de hecho logró imponer, aunque tan 
sólo por unas pocas semanas, su código al Perú. Como presidente y libertador de Colombia, 
protector y dictador del Perú y padrino de Bolivia, había alcanzado la cúspide de su 
gloria. Pero en Colombia había surgido un serio antagonismo entre los centralistas, o 
bolivistas, y los federalistas, denominación esta última bajo la cual los enemigos de la 
anarquía militar se habían asociado a los rivales militares de Bolívar. Cuando el Congreso 
dé Colombia, a instancias de Bolívar, formuló una acusación contra Páez, vicepresidente de 
Venezuela, el último respondió con una revuelta abierta, la que contaba secretamente con 
el apoyo y aliento del propio Bolívar; éste, en efecto, necesitaba sublevaciones como 
pretexto para abolir la constitución y reimplantar la dictadura. A su regreso del Perú, 
Bolívar trajo además de su guardia de corps 1.800 soldados peruanos, presuntamente para 
combatir a los federalistas alzados. Pero al encontrarse con Páez en Puerto Cabello no 
sólo lo confirmó como máxima autoridad en Venezuela, no sólo proclamó la amnistía para los 
rebeldes, sino que tomó partido abiertamente por ellos y vituperó a los defensores de la 
constitución; el decreto del 23 de noviembre de 1826, promulgado en Bogotá, le concedió 
poderes dictatoriales.

En el año 1826, cuando su poder comenzaba a declinar, logro reunir un congreso en Panamá, 
con el objeto aparente de aprobar un nuevo código democrático internacional. Llegaron 
plenipotenciarios de Colombia, Brasil, La Plata, Bolivia, México, Guatemala, etc. La 
intención real de Bolívar era unificar a toda América del Sur en una república federal, 
cuyo dictador quería ser él mismo. Mientras daba así amplio vuelo a sus sueños de ligar 
medio mundo a su nombre, el poder efectivo se le escurría rápidamente de las manos. Las 
tropas colombiams destacadas en el Perú, al tener noticia de los preparativos que 
efectuaba Bolívar para introducir el Código Boliviano, desencadenaron una violenta 
insurrección. Los pruanos eligieron al general Lamar presidente de su república, ayudaron 
a los bolivianos a expulsar del país las tropas colombianas y emprendieron incluso una 
victoriosa guerra contra Colombia, finalizada por un tratado que redujo a este país a sus 
límites primitivos, estableció la igualdad de ambos países y separó las deudas públicas de 
uno y otro. La Convención de Ocaña, convocada por Bolívar para reformar la constitución de 
modo que su poder no encontrara trabas, se inauguró el 2 de marzo de 1828 con la lectura 
de un mensaje cuidadosamente redactado, en el que se realzaba la necesidad de otorgar 
nuevos poderes al ejecutivo. Habiéndose evidenciado, sin embargo, que el proyecto de 
reforma constitucional diferiría esencialmente del previsto en un principio, los amigos de 
Bolívar abandonaron la convención dejándola sin quórum, con lo cual las actividades de la 
asamblea tocaron a su fin. Bolívar, desde una casa de campo situada a algunas millas de 
Ocaña, publicó un nuevo manifiesto en el que pretendía estar irritado con los pasos dados 
por sus partidarios, pero al mismo tiempo atacaba al congreso, exhortaba a las provincias 
a que adoptaran medidas extraordinarias y se declaraba dispuesto a tomar sobre sí la carga 
del poder si ésta recaía en sus hombros. Bajo la presión de sus bayonetas, cabildos 
abiertos reunidos en Caracas, Cartagena y Bogotá, adonde se había trasladado Bolívar, lo 
invisteron nuevamente con los poderes dictatoriales. Una intentona de asesinarlo en su 
propio dormitorio en Bogotá, de la cual se salvó sólo porque saltó de un balcón en plena 
noche y permaneció agazapado bajo un puente, le permitió ejercer durante algún tiempo una 
especie de terror militar. Bolívar, sin embargo, se guardó de poner la mano sobre 
Santander, pese a que éste había participado en la conjura, mientras que hizo matar al 
general Padilla, cuya culpabilidad no había sido demostrada en absoluto, pero que por ser 
hombre de color no podía ofrecer resu tencia alguna.

En 1829, la encarnizada lucha de las facciones desgarra ba a la república y Bolívar, en un 
nuevo llamado a la ciudadanía, la exhortó a expresar sin cortapisas sus deseos en lo 
tocante a posibles modificaciones de la constitución. Como respuesta a ese manifiesto, una 
asamblea de notables reunida en Caracas le reprochó públicamente su ambiciones, puso al 
descubierto las deficiencias de gobierno, proclamó la separación de Venezuela con respecto 
a Colombia y colocó al frente de la primera al general Páez. El Senado de Colombia 
respaldó a Bolivar, pero nuevas insurrecciones estallaron en diversos lugares. Tra haber 
dimitido por quinta vez, en enero de 1830 Bolívar aceptó de nuevo la presidencia y 
abandonó a Bogotá para guerrear contra Páez en nombre del congreso colombiano. A fines de 
marzo de 1830 avanzó a la cabeza de 8.000 hombres, tomó Caracuta, que se había sublevado, 
y se dirigió hacia la provincia de Maracaibo, donde Páez lo esperaba con 12.000 hombres en 
una fuerte posición. No bien Bolívar se enteró de que Páez proyectaba combatir seriamente, 
flaqueó su valor. Por un instante, incluso, pensó someterse a Páez y pronunciarse contra 
el congreso. Pero decreció el ascendiente de sus partidarios en ese cuerpo y Bolívar se 
vio obligado a presentar su dimision ya que se le dio a entender que esta vez tendría que 
atenerse a su palabra y que, a condición de que se retirara al extranjero, se le 
concedería una pensión anual. El 27 de abril de 1830, por consiguiente, presentó su 
renuncia ante el congreso. Con la esperanza, sin embargo, de recuperar el poder gracias a 
la influencia de sus adeptos, y debido a que se había iniciado un movimiento de reacción 
contra Joaquín. Mosquera, el nuevo presidente de Colombia, Bolívar fue postergando su 
partida de Bogotá y se las ingenió para prolongar su estada en San Pedro hasta fines de 
1830, momento en que falleció repentinamente.

Ducoudray-Holstein nos ha dejado de Bolívar el siguiente retrato: "Simón Bolívar mide 
cinco pies y cuatro pulgadas de estatura, su rostro es enjunto, de mejilla hundidas, y su 
tez pardusca y lívida; los ojos, ni grandes ni pequeños, se hunden profundamente en las 
órbitas; su cabello es ralo. El bigote le da un aspecto sombrío y feroz, particularmente 
cuando se irrita. Todo su cuerpo es flaco y descarnado. Su aspecto es el de un hombre de 
65 años Al caminar agita incesantemente los brazos. No puede andar mucho a pie y se fatiga 
pronto. Le agrada tenderse o sentarse en la hamaca. Tiene frecuentes y súbitos arrebatos 
de ira, y entonces se pone como loco, se arroja en la hamaca y se desata en improperios y 
maldiciones contra cuantos le rodean. Le gusta proferir sarcasmos contra los ausentes, no 
lee más que literatura francesa de carácter liviano, es un jinete consumado y baila valses 
con pasión. Le agrada oírse hablar, y pronunciar brindis le deleita. En la adversidad, y 
cuando está privado de ayuda exterior, resulta completamente exento de pasioness y 
arranques temperamentales. Entonces se vuelve apacible, paciente, afable y hasta humilde. 
Oculta magistralmente sus defectos bajo la urbanidad de un hombre educado en el llamado 
beau monde, posee un talento casi asiatico para el disimulo y conoce mucho mejor a los 
hombres que la mayor parte de sus compatriotas."
Por un decreto del Congreso de Nueva Granada los restos mortales de Bolívar fueron 
trasladados en 1842 a Caracas, donde se erigió un monumento a su memoria.

Véase: Histoire de Bolivar par Gén. Ducoudray-Holstein, continuée jusqu'á sa mort par 
Alphonse Viollet (Paris, 1831); Memoirs of Gen. John Miller (in the service of the 
Republic of Peru; Col. Hippisley's Account of his Journey to the Orinoco (London, 1819).

Artículo publicado en el tomo III de The New American Cyclopedia. Escrito en enero de 
1858. Apareció en la edición alemana de MEW, t. XIV, pp. 217-231. Digitalizado para 
MIA-Sección en Español por Juan R. Fajardo, y transcrito a HTML por Juan R. Fajardo, 
febrero de 1999.

Tomado de:  https://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/58-boliv.htm
Publicado por (A)utogestion en 1:45:00 p. m. No hay comentarios:
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Etiquetas: carta de marx sobre bolivar, marx y bolivar
domingo, 11 de noviembre de 2018
PROGRAMA DE LUCHA EN DEFENSA DEL SALARIO Y LOS DERECHOS DEL PUEBLO TRABAJADOR
Las trabajadoras y trabajadores venezolanos vivimos una verdadera tragedia social, nunca 
vista, por lo menos en los últimos 90 años. Luego de seis años de profunda crisis 
económica, con una reducción acumulada del PIB del 50% y una hiperinflación desbocada, el 
20 de agosto, Nicolás Maduro, presentaba el llamado Plan de Recuperación Económica. Éste 
incluye medidas, como una nueva devaluación del bolívar; ajuste de la alícuota del IVA del 
12 al 16%; el compromiso de aumentar el precio de la gasolina hasta situarlo "a precios 
internacionales". Esto significa un golpe durísimo para el pueblo venezolano.
Por otro lado se sigue beneficiando a la burguesía nacional e internacional otorgándoles 
acuerdos como la ley de garantía de inversión extranjera, acuerdos con empresas nacionales 
para explotar campos petrolíferos, incremento de las acciones en la Faja Petrolera del 
Orinoco a empresas chinas;  exoneración de impuestos a importadores y transnacionales 
petroleras; explotación de minerales en el Arco Minero, con graves daños ecológicos, y el 
pago de las nóminas de empresas privadas por 3 meses.
En Ese marco, el gobierno de Maduro aprobó recientemente unas nuevas tablas salariales, de 
forma inconsulta y unilateral, como complemento del ajuste económico anunciado en agosto 
del presente año, las cuales constituyen un ataque brutal y una verdadera declaración de 
guerra contra conquistas históricas de los trabajadores y trabajadores de Venezuela, ya 
que liquidan las convenciones colectivas. Asimismo, el gobierno ha emitido unos 
Lineamientos a través del Ministerio del Trabajo, que más allá de las violaciones clásicas 
a las convenciones colectivas, a las leyes laborales y al derecho constitucional, instalan 
una situación de facto en contra de todos los derechos y libertades sindicales.
En el contexto antes descrito, se le impone a la clase obrera venezolana avanzar en la más 
amplia unidad de acción de todos los sectores laborales del país. De allí que consideremos 
que los puntos centrales de la unidad de acción en el seno de la Intersectorial de 
Trabajadores de Venezuela, para enfrentar la situación de emergencia que vivimos, deben ser:
1. Exigencia de la derogación del Decreto y Lineamientos gubernamentales que vulneran el 
derecho a la contratación colectiva. La lucha por el cumplimiento inmediato de las tablas 
salariales acordadas con los distintos sectores laborales, de acuerdo con sus respectivas 
convenciones colectivas, actas convenio y acuerdos, aplicando siempre el criterio que opta 
por la norma que más favorezca al trabajador. Defensa de las contrataciones colectivas.
2. Salario mínimo que cubra el costo de la canasta básica, según lo dispuesto por el Art. 
91 de la Constitución (1999), que se ajuste mensualmente, y que esto se extienda a los 
jubilados, pensionados y sobrevivientes.
3. Respeto a la progresividad de los derechos laborales garantizada por el Art. 89 de la 
Constitución.
4. Contra la tercerización y precarización del trabajo.
5. Respeto de la legislación laboral.
6. Defensa de las prestaciones sociales y su retroactividad, así como de todos los 
derechos y beneficios adquiridos. Rescate de los fondos de pensiones y de la seguridad social.
7. Defensa de la libertad y autonomía de las organizaciones sindicales. Seguir unificando 
a los trabajadores en la lucha y con el desarrollo de su articulación de sindicatos, 
gremios, asociaciones y trabajadores no sindicalizados o no dependientes, en el movimiento 
de la Intersectorial de Trabajadores de Venezuela.
8. Defensa de las libertades democráticas.
9. Respeto a todos los derechos constitucionales. Defensa de la Constitución de la 
República Bolivariana de Venezuela como el primero y principal contrato del pueblo 
trabajador que incluye los derechos del mundo del trabajo. No a la derogación de la 
Constitución de 1999.
10. Respeto al derecho a huelga.
11. Derecho a la educación de calidad.
12. Derecho a la salud.
13. No a la criminalización de la protesta. Contra la persecución a los trabajadores que 
luchan y reclaman sus reivindicaciones.
14. Libertad para Rodney Alvarez y libertad plena para todos los dirigentes sindicales, 
gremiales y sociales sometidos a régimen de presentación.
15. No a los despidos. Reenganche inmediato de Daillily Rodríguez, Alejandro Negreti, 
Wilder Pérez y demás compañeros despedidos por ejercer su legítimo derecho a la protesta y 
a la defensa de las condiciones de vida y trabajo de los trabajadores. Contra la represión 
gubernamental y privada.
La lucha por salario y por todas las reivindicaciones inmediatas de la clase obrera es 
parte de una pelea política y estratégica, que desde nuestro punto de vista, solo se podrá 
resolver con la organización independiente de los trabajadores y trabajadoras, donde el 
poder político y económico esté en manos de la clase trabajadora junto con los campesinos, 
estudiantes y el pueblo, y que impulse un nuevo modelo económico basado en la 
planificación democrática de la economía, que nos saque de manera estructural de la 
tragedia en la que está sumergido el país, y permita mejorar significativamente las 
condiciones de vida de las mayorías.
Proponemos como puntos centrales de esa estrategia:
1. No sacrificar a la clase trabajadora por la Deuda Externa. Auditoría de ésta y para 
PDVSA y las empresas básicas, con la presencia y participación activa de los trabajadores.
2. Rechazo a la pretendida fusión de PDVSA con la empresa eléctrica, anunciada por el 
gobierno y la ANC.
3. Impulso de la producción nacional para sustituir importaciones y garantizar la 
soberanía alimentaria, medicinas y todas las necesidades, a precios accesibles, al pueblo 
venezolano.
4. Atención de la emergencia humanitaria de manera completa: en alimentos, medicinas, 
insumos médicos, educación, migración, etc. Para ello, exigir el respeto de los 
presupuestos para la atención de los servicios públicos y satisfacción de las necesidades 
básicas del pueblo.
5. Repatriación de los bienes producto del Desfalco a la Nación, para dedicarlos a 
solventar la crisis y la emergencia.
6. Solidaridad con los campesinos que luchan por el derecho a la tierra y vienen siendo 
víctimas de sicariato.
7. Por un plan nacional de los trabajadores para la de reconstrucción y recuperación de la 
infraestructura productiva: carreteras y puentes, electricidad, aguas servidas, desechos 
sólidos, hospitales y ambulatorios, escuelas y universidades.
8. No a la injerencia externa en los asuntos del país.
NOTA
EL Programa contiene el resultado de la discusión en mesa y los aportes acordados en la 
plenaria. Hubo párrafos y propuestas que fueron diferidos para próximas discusiones, a fin 
de ir trabajando democráticamente sobre las discrepancias y profundizar el debate.
Plan de Acción Inmediata

Que todos los sindicatos a nivel nacional organicen la presentación de denuncias concretas 
de las violaciones a sus convenciones colectivas en las Inspectorías del Trabajo que les 
corresponda en una misma fecha a convenir a principios del año que viene.
Que todos los sindicatos a nivel nacional organicen la solicitud de Recursos de Amparo 
para exigir la restitución de los derechos de los trabajadores.
Intensificar la participación en los medios de comunicación para denunciar la verdadera 
problemática que atraviesa la industria petrolera y sus trabajadores, así como el precario 
estado en que se encuentran todos los trabajadores tanto del sector público como del privado.
Entregar como acto final de una marcha ante el Ministerio del Trabajo la denuncia con la 
lista de todos los trabajadores despedidos por el Estado y de las órdenes de reenganche 
que no han sido acatadas.
Organizar una marcha hacia el TSJ para entregar los recursos de amparo y la denuncia con 
la lista de los trabajadores presos o perseguidos.
Redactar documentos con las denuncias correspondientes solicitando apoyo internacional a 
la OIT y a las diferentes instancias de defensa de los derechos humanos.
Generar consignas comunes e identificar las actividades con pancartas similares (letras o 
imagines) alusivas a los derechos laborales.
Organizar una marcha hacia la defensoría en denuncia por la violación del artículo 89 y 
por su silencio frente a todos los atropellos cometidos contra los derechos humanos de los 
trabajadores.
En el marco de las acciones a llevar a cabo, presentar denuncias públicas concretas 
contra: la Fiscalía, la Contraloría y la Defensoría.
Realizar en un futuro un paro nacional de 12 horas a nivel nacional.

Acciones a llevar a cabo antes de finalizar 2018

Semana del 12 al 16 de noviembre

Lunes 12

Concentración de todos los sectores en la sede del Metro de Caracas exigiendo el cese de 
los despidos y el reenganche de todos los trabajadores
Martes 13

Concentración en el MPPEUCT

Miércoles 14

Acciones simultáneas en las distintas regiones tales como:

Reuniones intersectoriales regionales
Concentración y rueda de prensa en el Hospital Universitario en rechazo a la persecución a 
los trabajadores por parte de la directiva del hospital, los cuerpos de seguridad y los 
colectivos. Por el derecho a la salud y un salario digno.
Marcha del Magisterio defendiendo la Convención colectiva

Jueves 15

Encuentro de educadores de los distintos niveles en relación con la Declaración de la 
Emergencia Humanitaria Compleja de la Educación en Venezuela.
Semana del 19 al 23 de noviembre

Martes 22

Jornada nacional de protesta por el derecho a la salud, a la educación, a la contratación 
colectiva y a un salario digno. Acciones simultáneas a las 10am en todas las regiones 
(plantones, trancazos, volanteos, concentraciones, caravanas, ruedas de prensa)
Esta jornada incluye concentraciones sectoriales en las regiones (Aragua, Carabobo, 
Anzoátegui, Lara, Sucre y Guayana)
Semana del 26 al 30 de noviembre

Asambleas de trabajadores
Marcha Nacional con movilizaciones simultáneas en todas las regiones y denuncia de la 
situación de los trabajadores petroleros
Semana del 3 al 7 de diciembre

06 de diciembre

Concentración en el Ministerio del Trabajo para exigir respuesta en relación con los 
despidos arbitrarios de trabajadores y por la derogatoria de los Lineamientos emanados de 
ese Ministerio que liquidan la contratación colectiva

10 de diciembre

Jornada de protesta por el derecho a la salud
Durante estas 4 semanas, además, se impulsarán las siguientes actividades:

Encuentros regionales para ir sumando nuevos sectores en la organización de esta lucha 
intersectorial
Realización de micros sobre la situación en cada uno de los sectores laborales
Tareas de formación
Asambleas generales en los centros de trabajo.
¡La lucha nos unió, unidos venceremos!

https://gargantas-libertarias.blogspot.com/2018/11/carta-de-carlos-marx-sobre-simon.html


Más información sobre la lista de distribución A-infos-ca