(ca) Federación de Anarquistas de Gran Canaria: ¿En qué anda metida la FAGC?

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Vie Nov 9 06:46:01 CET 2018


Los problemas ---- La Federación Anarquista de Gran Canaria es un colectivo en constante 
adaptación, siempre desarrollando nuevas estrategias para sobrevivir, siempre comiéndose 
baches. A finales de verano de 2017, a medio año de la fundación del Sindicato de 
Inquilinas de Gran Canaria (un proyecto que ayudamos a impulsar inicialmente), curramos 
por encima de nuestras posibilidades. Un compañero de la FAGC cayó gravemente enfermo por 
el sobreesfuerzo (arrastraba dolencias que se acrecentaron después de toda una mañana 
descombrando un garaje y haciendo mudanzas para un nuevo proyecto socializado) y otro del 
SIGC tuvo problemas laborales y legales por su implicación en el mismo proyecto. Algunas 
vecinas y militantes no estuvimos a la altura, y exigíamos más a las compas jodidas cuando 
menos podían aportar. Sabíamos articular muy bien la solidaridad externa, pero la cagamos 
con la solidaridad interior.

Las más veteranas lo asumimos, sabíamos que tocaba lamerse las heridas y retirarnos a 
nuestros cuarteles de invierno hasta que escampara. Para las novatas quizás fue una 
lección demasiado dura, una cicatriz demasiado prematura.

La idea de la FAGC fue desde el principio convertirse en un colectivo netamente 
"político", generador de opinión y agitación, e ir derivando, poco a poco, toda su 
actividad en vivienda a un colectivo más amplio y cada vez más independiente como el SIGC. 
Creíamos terminada la transición, así que optamos por "huir hacia adelante": salir de la 
ciudad, irnos al campo, cuidar a nuestros heridos y recontar las municiones. Por desgracia 
las compas del SIGC, a las que creíamos más fuertes que nosotras, no vivían una situación 
mejor, y también fueron padeciendo cada vez más la erosión del choque con la realidad 
barrial y los efectos sociales que ha producido el capitalismo incluso entre las más pobres.

El corte de luz y agua de la Comunidad "La Esperanza" en marzo de 2018, la necesidad de 
apoyar una nueva lucha masiva, podía ser un revulsivo para el SIGC, pero en nuestra 
opinión sirvió para evidenciar la necesidad de adquirir unos protocolos resolutivos 
diseñados por la experiencia habitacional previa (que aún no se habían asumido) y también 
la de explotar mejor el capital social, comunicativo y de contactos que la FAGC había 
cedido al sindicato.

La FAGC, aún débil, surgió de entre las ramas de sus frutales e hizo lo que llevaba casi 
una década haciendo, siguiendo los automatismos adquiridos, mientras las vecinas daban la 
talla dando la cara en la calle y ante los medios. Gracias a eso se consiguió salvar la 
situación, pero aun quedaba digerir lo aprendido.

Con ese panorama, y otros factores de desgaste, el SIGC decidió tomarse un tiempo 
indefinido de reflexión. La FAGC estuvo a punto de hacer lo propio, y si no llega a ser 
por el miedo a que una espantada envalentonara a la administración y la hiciera lanzarse 
contra los proyectos que hemos ayudado a levantar, lo habríamos hecho. El huerto, por 
suerte, nos quitó esta idea de la cabeza.

"El huerto"

Concebido en un principio como un mero refugio y quizás como un futuro medio de 
autofinanciación, el huerto empezó a convertirse en un proyecto netamente social con el 
que varias familias empezamos a alimentarnos (no era el primero ni el único que habíamos 
impulsado con esa premisa). Es así como levantamos un nuevo proyecto agrícola de 
autoabastecimiento, de donde cada semana, y dependiendo de la estación, sacamos kilos de 
naranjas, limones, duraznos, aguacates, peras, manzanas, higos, uvas, fresas, frambuesas, 
castañas, millo, calabazas, calabacines, judías, papas y hierbas aromáticas.

Hoy, según en qué ambientes, se llama "posmodernistas" y "neoliberales" a estos proyectos 
de huertos de subsistencia. Para nosotras, y no nos disculpamos por ello, son proyectos de 
expropiación agrícola, una forma de empezar a gestionar un medio de producción por 
nosotras mismas y una manera de que familias atiborradas a hidratos por la caridad de las 
ONGs y los bancos de alimentos puedan comer verduras y frutas frescas y lograr que 
enfermedades decimonónicas no vuelvan a reaparecer.

La microred de asistencia sanitaria

Tirando de la madeja de nuestro compa enfermo, fuimos descubriendo muchas de las 
enfermedades sin tratar que también azotaban a otras compañeras realojadas que habían 
migrado a la isla y no tenían "papeles". La mayoría, aunque puedan recibir atención de 
urgencias, no quieren saber nada, lógicamente, de las instituciones y rehuyen cualquier 
contacto con el Servicio Canario de Salud. Esto es especialmente comprensible en personas 
que han vivido terribles experiencias en los CIEs. Las dolencias eran variadas e incluían 
enfermedades respiratorias, enfermedades crónicas, lesiones sin tratar, desnutrición, 
deshidratación y un largo etcétera. Gracias a compas con formación pudimos darles unas 
primeras recomendaciones básicas, pero pronto vimos que eso por sí solo no bastaba. Así 
que gracias a profesionales sanitarios que voluntariamente decidieron implicarse, hemos 
conseguido tejer una pequeña red de asistencia que atiende a los realojados y a sus 
familiares y conocidos en similar situación. Muchos de los materiales fungibles los 
aportan los propios compas sanitarios, pero es un sacrificio que no podemos exigirles 
encima que ofrecen sus conocimientos y esfuerzos desinteresadamente.

Oficina de asesoría legal/laboral para precarias

A razón de la polémica pública sobre el derecho a sindicarse de las compañeras que ejercen 
la prostitución, y nuestro posicionamiento, también público, contra la prostitución y toda 
explotación, pero a favor de la organización de las afectadas y su autoemancipación (no 
habrá abolición real de espaldas a ellas), varias compañeras se sintieron identificadas 
con nosotras y empezaron a plantearnos dudas por redes. El resultado ha sido la asesoría 
legal y laboral, individual o colectiva, de más de medio centenar de mujeres, y un hombre, 
dos veces por semana (sin contar las consultas de urgencia), sobre asuntos básicos que en 
realidad están en consonancia con la labor de cualquier sindicato convencional (aunque 
nosotras no lo seamos): información sobre reciclaje laboral y salidas profesionales, ayuda 
para solicitar subsidios diversos, ayuda para elaborar recursos contra multas y sanciones, 
información sobre las posibilidades de cotización o de reclamación de una pensión no 
contributiva (caso sangrante en las compañeras que rondan los 60 años), redacción de 
denuncias contra agresores o proxenetas, defensa y asesoría ante una detención o abuso 
policial, y un largo etcétera.

Expropiación de 3 casas terreras

Hace unos meses varias familias contactaron con nosotras. Cada una de ellas, por distintas 
circunstancias, pero con un mismo factor común: la pobreza y la terrible subida del precio 
de los alquileres en Gran Canaria, habían sido desahuciadas, estaban a punto de serlo o 
simplemente no se les quería renovar el contrato de alquiler (no al mismo precio que 
antes). Las asesoramos como siempre hacemos, les compartimos distintas alternativas, les 
dimos nuestras condiciones y requisitos, y les dijimos que suyo era el cometido de abrirse 
su propia vivienda, si esa era su opción. Después de la preparación pertinente, de elegir 
bien los inmuebles y solicitar la nota simple que confirmaba que todos eran propiedad de 
la SAREB, se procedió a su expropiación y socialización. 6 familias, 22 personas, en su 
mayoría menores, comparte hoy el techo de 3 casas terreras adyacentes, tienen agua y luz, 
y han escapado de la indigencia.

Todavía tenemos más casos de realojos pendientes, pero es muy complicado hallar solución a 
todos con nuestros pocos recursos.

La tiranía del dinero

La mayoría de estos proyectos, desgraciadamente, no sólo salen adelante con voluntad, 
imaginación y tenacidad, necesitan esos absurdos papeles de colores a los que llamamos 
dinero. El dinero, que no sería necesario para vivir en una sociedad racional, es 
obligatorio bajo la irracionalidad capitalista.

En abril de 2018 nos vimos obligadas a hacer una campaña de recaudación para comprar un 
caro motor (1000 euros) con el que facilitar agua y luz a la Comunidad "La Esperanza". 
Justamente ayer, día 4 de noviembre, nos enteramos de que el hidro (la bomba que lleva el 
agua a las 76 casas de "La Esperanza", y que es alimentada por ese motor que compramos en 
abril) está roto. Con lo que sobró de la anterior campaña podemos sufragar un nuevo hidro 
(hoy, por suerte, después de mirar mil presupuestos, lo hemos confirmado), sin embargo se 
nos plantea la misma inquietud angustiosa de siempre. ¿Por qué sólo sabemos movernos en 
temas de dinero cuando pasa una emergencia? ¿Qué hubiéramos hecho si los fondos hubieran 
sido insuficientes para pagar un nuevo hidro? ¿Y si en vez de los 600 que calculamos 
hubiera salido 2500? Por el bien de nuestras coronarias hemos decidido iniciar un nuevo 
período de recaudación, con más calma y menos presión, pero igual de necesario.

Debemos encontrar un medio de autofinanciación estable y seguro. Las campañas sólo sirven 
para casos puntuales. Las cuotas no pueden establecerse en un colectivo donde la mayoría 
de sus miembros vienen de la indigencia, la pobreza extrema o al menos de la insolvencia. 
Tirar de la aportaciones irregulares de las pocas compas que trabajan nos permite sacar la 
cabeza del agua, pero no es un método funcional durante la mayoría del año. Estamos 
barajando varias opciones, pero hasta dar con la más apropiada, y la mejor forma de 
enfocarlo, iniciamos esta campaña sine die donde cualquiera que quiera aportar y 
contribuir puede ponerse en contacto con nosotras a través del correo, facebook o twitter 
y ya les informaremos de cuál es la mejor forma de hacerlo. La idea es conseguir unos 
pequeños fondos regulares que nos permitan seguir con el chiringuito abierto al menos 
durante el 2019.

Podríamos conseguir más visibilidad, y así llegar a más gente y obtener más ayuda, por 
desgracia proyectos como la microred de asistencia sanitaria para migrantes o la oficina 
de asesoría para precarias son casi siempre incompatibles con el ruido mediático y la 
exposición pública de las afectadas (por propia decisión de ellas, completamente lógica). 
Nuestro terreno es por tanto seguir currando discretamente, desde abajo y con las de 
abajo, con nuestro anarquismo de barrio para pobres (unos términos que notamos cada vez 
molestan más), y contar sólo con la ayuda de la poca, pero muy valiosa, gente afín que aún 
cree que el apoyo mutuo y la autogestión son posibles. Gracias a todas ellas, estén donde 
estén.

"La ayuda y el apoyo mutuo no pueden ser limitados por las fronteras de una asociación 
pequeña; deben extenderse a todo lo circundante" (P. Kropotkin, El apoyo mutuo, 1902).

FAGC

https://anarquistasgc.noblogs.org/post/2018/11/05/en-que-anda-metida-la-fagc/


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