(ca) FAI, Tierra Y Libertad #358 - Militarización social

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Dom Mayo 13 08:18:26 CEST 2018


Los tiroteos en las escuelas americanas, así como los homicidios, están en constante 
aumento desde hace treinta años, e incluso se han convertido en tema de debate y de 
campañas políticas. ---- Tras la masacre de Parkland, en Florida, nuevamente se ha 
desencadenado el debate sobre por qué y cómo suceden estos hechos. Se han planteado 
propuestas de leyes, tanto estatales como federales, que tratan de imponer guardias y 
policías, nacionales o privados, dentro de los institutos, que impongan el blindado de los 
edificios, que impidan poseer armas a los menores de 21 años -menos, claro está, si se 
enrolan en el ejército- o bien se ha puesto el foco en la cuestión de la salud mental. 
---- Pero vayamos por partes. ---- En los Estados Unidos existe un floreciente mercado de 
seguridad privada que surte, además de a los policías privados propiamente dichos, de 
materiales, medios, cursos de adiestramiento y equipos. Propuestas como la de permitir 
proteger las escuelas con puertas y ventanas blindadas en todas las aulas, además de 
poderlas vigilar de lejos, supone un volumen de negocio de cientos de miles de dólares. 
Adiestrar al personal para reaccionar contra un tirador significa gastar miles de dólares 
en cada miembro del claustro al que se designe esa tarea. Introducir policía privada 
significa otro montón de millones para pagarles a ellos o a las empresas que los 
contratan. Son medidas exquisitamente keynesianas, porque estimulan mediante el gasto 
público el mercado, y permiten reabsorber en parte el paro galopante entre los veteranos 
de las recientes guerras, un problema endémico en Estados Unidos, reciclándolos como 
vigilantes en las escuelas.
Esta propuesta encaja sobre todo en la tendencia general a la militarización de la 
sociedad, tendencia que vemos por todas partes. En una fase en la que aumenta enormemente 
la masa de gente destinada al paro o al empleo precario crónico a causa del cambio de 
paradigma en los sistemas de producción -manufactureros y cognitivos- es necesario 
aumentar el control social. La militarización no es más que la otra cara de la moneda 
respecto a sistemas de gestión de la miseria como la renta básica universal. Se deberá 
gestionar de alguna manera la creciente masa de excluidos, de pobres y de semipobres, ¿no? 
Palo y zanahoria son siempre buenos métodos.
Resulta por tanto necesario transformar aún más las escuelas en cuarteles, para prevenir 
movimientos sociales y para habituar a los individuos desde jóvenes a la militarización de 
la sociedad. En los Estados Unidos la situación no es tan agobiante, a pesar de que a 
menudo se la presente como tal. La revuelta de Ferguson, el movimiento BLM, han llevado a 
un primer plano el tema de la intersección entre dominio de clase y dominio racial. Han 
provocado miedo porque el año pasado demostraron no ser recuperables ni 
institucionalizables, desertando en masa de las urnas a pesar de los esfuerzos del Partido 
Demócrata. De la misma manera, en estos días se produce una vasta movilización de los 
enseñantes, en huelga salvaje en Virginia occidental y en pie de guerra en otros estados, 
para obtener seguros sanitarios decentes y aumentos salariales, con muchos estudiantes de 
su parte. Las movilizaciones medioambientales contra el fracking y la intención de retomar 
la extracción de carbón son cada vez más grandes, la elección de Trump se ha visto marcada 
por una huelga general, por manifestaciones en muchas ciudades y por imponentes 
movilizaciones sobre la cuestión de género.
Junto a todo esto se han dado las habituales y variadas propuestas de restricción de la 
posibilidad de acceso a las armas de fuego, que obviamente buena parte de nuestra 
izquierda apoya, decidiendo así fiarse de la opinión del Partido Demócrata estadounidense 
antes que escuchar qué tienen que decir las organizaciones militantes y los movimientos 
sociales de los Estados Unidos. Por otra parte, la hegemonía es el mecanismo por el que la 
ideología propia de la clase dominante penetra incuso entre quienes quisieron oponerse a 
ella, por lo que no nos asombra el hecho de que parte de la izquierda radical europea vaya 
tras el Partido Demócrata e ignore olímpicamente a Redneck Revolt, Rosa Negra/Black Rose y 
otros compañeros, y cito solo dos nombres por no extenderme.
El ogro de la izquierda liberal -la flamante NRA, Asociación Nacional del Rifle- es 
favorable a estas medidas de militarización, así como también lo es a ciertas formas de 
control de armas compartidas con la mismísima administración Trump, porque representa los 
intereses de una parte de la clase media-alta blanca. Sabe muy bien que medidas tales como 
mayores puestos de control o la prohibición de armas a los menores de 21 años no 
influirían sobre sus propios socios. Al contrario; no olvidemos que en el pasado ha 
apoyado medidas restrictivas para el acceso a las armas siempre que no se refirieran a las 
personas de color -fue emblemático el caso californiano de los años sesenta en donde se 
limitó llevar armas en público como respuesta a las manifestaciones del partido de los 
Panteras Negras- y les trajeron sin cuidado homicidios injustificables como el de 
Phileando Castile, un negro con permiso de armas para la defensa personal que fue 
asesinado a sangre fría por un policía durante un control, todo ello inmortalizado en vídeo.
La NRA ha demostrado mirar con buenos ojos cualquier medida tendente a apartar las armas 
de las miradas de los pobres y de las minorías, y no estar interesada en tutelar a los 
propietarios de armas que no formen parte de su estadística de referencia en todo lo que 
represente los intereses de esos miles de pequeñas empresas semi-individuales que 
funcionan gracias a la militarización cada vez mayor de la sociedad, y que son favorables 
a cualquier política que vaya en esa dirección. No creemos que los grandes productores de 
armas de guerra, el complejo militar industrial, tengan necesidad de la NRA para preservar 
sus propios intereses, que residen en las guerras propiamente dichas. ¿O sí?
Por otra parte, hemos de destacar que los libros escritos por personas ligadas a la NRA, 
que afrontan el tema mediante manuales (como los de tipo operativo de Massad Ayob, punto 
de referencia internacional incluso para muchos tiradores deportivos), cuando realmente 
deberían utilizar textos puramente técnicos e imparciales, difunden un texto subliminal 
profundamente influido por la ideología de la clase media-alta norteamericana, rebosante 
de justificaciones para los homicidios cometidos por la policía y de elogios 
desproporcionados a las fuerzas del orden. No es casualidad que desde hace algunos años se 
hable específicamente de gun culture, y que existan incluso cursos dedicados al estudio de 
estos fenómenos (señalo para quien esté interesados el sitio fundamental Gun culture 2.0 
del sociólogo y tirador deportivo David Yamane).
La administración Trump ha hecho de todo para alejar el debate sobre la variable de la 
salud mental. Entendámonos: traducido a vil metal esto significa simplemente 
medicalización de la incomodidad psíquica, incomodidad que no puede dejar de estar 
presente en una sociedad alienada, y un posible retorno a métodos todavía más 
autoritarios. La cuestión de la salud mental es real, no solo en los Estados Unidos, y hay 
que afrontarla; pero llevamos un siglo de desastres y tragedias causados por la gestión 
puramente medicalizada, lo que nos indica que ese no es el modo correcto de proceder, 
aunque sea el único planteable en el paradigma de una sociedad alienada. Por otro lado, 
debemos subrayar que quien realiza ataques como el de Parkland en ningún caso lo hace 
porque sea clínicamente inestable. En realidad, quien comete actos similares actúa de 
manera perfectamente coherente y dentro de los parámetros de nuestra sociedad, del mismo 
modo que no se pueden transformar los homicidios de género en cuestiones médicas -el 
famoso rapto de locura con el que nos ablandan en ocasiones los periódicos- tampoco se 
puede pretender reducir una cuestión social con múltiples implicaciones a una cuestión de 
gestión del desarreglo psíquico.
Por otro lado, aflora siempre el problema sobre quién determina quién está loco. Hasta no 
hace muchas décadas, un homosexual era clínicamente considerado enfermo, y los 
transexuales experimentan todavía en ocasiones un tratamiento similar. Según este 
razonamiento habría habido que impedir a homosexuales y transgénero acceder a la 
posibilidad de defenderse de posibles agresiones. Como puede apreciarse, no es 
precisamente una cuestión sencilla, a pesar de lo mucho que insistan los Trump, que han 
declarado ser favorables al secuestro de armas a personas "peligrosas" -de nuevo 
¿definidas por quién?- sin pasar por un proceso justo, base del derecho liberal, como los 
diferentes liberales del tipo Clinton.
La estadística de quien comete masacres en las escuelas dice más de lo que pueda decir el 
resto. Mientras la prensa europea se alinea tras el Washington Post y el New York Times, 
se sabe que en el caso de Parkland, por enésima vez, el asesino es un supremacista blanco 
que encaja perfectamente en la estadística de los responsables de matanzas por tiroteo: 
blanco, de menos de treinta años y de familia pequeñoburguesa.
En otras palabras, se trata de esa franja demográfica pequeñoburguesa, suburbana y blanca, 
que ha visto atacada su oposición relativamente privilegiada -extremadamente privilegiada 
respecto a otros componentes sociales- y que está entre los principales apoyos del 
presidente Trump (que ha obtenido, recordémoslo, más votos de los blancos urbanos que de 
los blancos rurales a pesar de lo dicho por la vulgata clasista de los liberales) y que 
desorientada en la niebla de la confusión delira contra el mundo moderno.
El origen de estos sucesos hay que buscarlo en la clase media blanca y en su forma de 
pensar: darwinismo social, individualismo en sentido negativo, misoginia -el autor del 
tiroteo de Parkland era activo en foros misóginos que son parte orgánica de la 
ultraderecha- y supremacismo blanco. Una acción de este género recuerda muy de cerca las 
modalidades de acción del nazismo y del fascismo, sobre todo de lo espontáneo: desprecio 
absoluto hacia los demás individuos que de alguna manera no han tenido acceso a un cierto 
nivel de iluminación y no están iniciados en la visión justa, eterna e inmutable del 
mundo, y da igual que esta iniciativa llegue a través de un rito iniciático cualquiera 
como en las diferentes sociedades secretas que constituyeron después el círculo interior 
del Partido Nazi o que llegue a través de la frecuentación activa de foros en la Red.
El atentador se abstrae de la masa sobre la que descarga sus armas en un rito de 
purificación, y logra autoafirmarse. Nos encontramos ante el eterno retorno de la cultura 
de derechas. El atentador en este caso ha escogido atacar a quienes son miembros de la 
misma comunidad -comunidad de la que con sus palabras los nazis se erigen en paladines- y 
no ha atacado a miembros de una comunidad identificada como "otra" -como por el contrario 
sucedió, siempre a manos de un joven supremacista blanco, en Charleston en 2015- pero no 
hay que asombrarse. El "soldado político" de la cultura de derechas se considera superior, 
haciendo suya una mente depredadora incluso, y sobre todo, hacia aquellos que dice querer 
defender. Las páginas de los escritos de Evola, y el mismo Mi lucha de Hitler o El mito 
del siglo XX de Rosenberg están llenos de pasajes que explican esta visión. Nada nuevo 
bajo el sol.
La única respuesta sensata a todo esto es la autoorganización. Como dice el 27 de febrero 
la web de Redneck Revolt:
"En los días siguientes a la masacre de Parkland, el debate público se ha trasladado al 
tema de la prevención. Este es el mismo debate que se produce en tragedias similares, y es 
comprensible. Cuando una persona decide descargar su rabia sobre sus semejantes, sus 
vecinos o colegas, la inclinación natural lleva a buscar un medio de evitar que eso vuelva 
a suceder. Para mucha gente, la solución más obvia es una estricta legislación sobre las 
armas: si quitamos las armas, no podrán caer en manos de los asesinos en serie.
Dado que podemos encontrar comprensible ese afán de actuar inmediatamente con los medios 
más sencillos en apariencia, debemos recordar que los problemas sistémicos solo pueden 
resolverse yendo a las raíces: en este caso, supremacismo blanco, misoginia y alienación 
social. Cuestiones de este calibre requieren una respuesta colectiva y comunitaria, y no 
pueden resolverse con procedimientos legislativos que no tienen ningún efecto sobre la 
cultura de la nación o sobre la vida cotidiana de las personas normales. Es importante 
reconocer dos cuestiones fundamentales:
1.- Prohibir un arma de fuego en particular[se refiere al debate sobre los fusiles 
automáticos, especialmente el AR15]no detendrá a quien quiera cometer violencia masiva ni 
mitigará cuanto pueda hacer. Una persona decidida puede obtener los mismos resultados con 
un fusil AR15 que con un fusil de caza, y las sustancias para fabricar bombas se pueden 
encontrar bajo el fregadero de la cocina.
2.- Las armas de fuego no son una cuestión exclusiva de la NRA, de los fascistas o de los 
asesinos antisociales. Son a menudo un disuasorio o la última línea de defensa de los 
pobres y los pertenecientes a minorías discriminadas. La historia está llena de ejemplos 
de víctimas de injusticias institucionalizadas y estructurales en las que se ha podido 
preservar la propia vida y la de los seres queridos gracias a la voluntad y a la 
posibilidad de usar un fusil. Desde la insurrección de Oka en los territorios mohawk 
ocupados, hasta Robert F. Williams y las organizaciones locales del NAACP (Asociación 
Nacional para el Mejoramiento de la Gente de Color) que se armaron y se defendieron contra 
el Ku-Klux-Klan. El acceso a las arma ha preservado la vida de personas que la sociedad no 
tenía interés en defender.
Debemos cuestionarnos realmente si la voluntad de resolver el problema de los homicidios 
en masa mediante una legislación de emergencia y no con un profundo cambio cultural, no 
acabará con la imposibilidad de defenderse sin resolver ningún problema. Esta tradición[de 
defensa armada de la comunidad y de los individuos marginados]todavía sigue viva, y 
atraviesa una primavera. Están surgiendo rápidamente nuevos y emancipadores clubes de 
tiradores y grupos de defensa, muchos de ellos dedicados específicamente a defender a los 
oprimidos".

Lorcon

https://www.nodo50.org/tierraylibertad/358articulo3.html


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