(ca) anarkismo.net: #Nobastan3Causales: seguimos luchando por aborto libre en Chile by Gema Ortega - Coordinadora Feministas en Lucha (en, it

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Sab Jul 21 08:13:25 CEST 2018


El anarcofeminismo frente a la lucha por el aborto libre, seguro y gratuito ---- Ante la 
6ta marcha por Aborto Libre, Seguro y Gratuito como anarcofeministas no podemos restarnos 
de la lucha por la autonomía y autodeterminación sobre nuestros propios cuerpos y nuestras 
vidas, sobre todo a la luz de las luchas dads por nuestras hermanas en distintos lugares 
del mundo. ---- La lucha por la despenalización total del aborto es una lucha por la 
autodeterminación y la integridad corporal de las mujeres, que tiene como eje la conquista 
del propio cuerpo. Esta lucha ha sido emprendida por mujeres en distintas épocas y 
contextos, donde todas compartimos un punto de partida en común. Este es: la instalación 
del sistema patriarcal, basado en la división sexual del trabajo, que ubica a las mujeres 
en una posición subordinada frente a las expectativas sociales, las representaciones 
culturales y la relación con los medios y modos de producción, además de ligar su vida a 
su capacidad reproductiva.

Las mujeres no hemos sido libres de disponer de nuestras propias vidas o, ni de nuestros 
cuerpos, que son ocupados según los intereses del capital y los bienes de intercambio 
político, entre las franjas reaccionarias y patriarcales. Ejemplo de cómo nos han 
utilizado como moneda de cambio han sido los anuncios de Piñera en su llamada "agenda de 
género" o la pretensión de las clínicas privadas de recibir dineros fiscales a pesar de su 
negativa de practicar abortos, amparados en una supuesta "objeción de consciencia" que 
sólo opera en casos de aborto, pero no ante la atención de genocidas o abusadores de niñas 
y niños. De esta manera, el peso de un embarazo no deseado y no buscado, siempre recae en 
las mujeres más vulnerables que deben recurrir a redes clandestinas y en muchos casos 
inseguras. Todo en un contexto en el que el aborto no está garantizado ni es gratuito, 
obligando a muchas mujeres a exponerse a vendedores inescrupulosos, médicos charlatanes o 
incluso métodos que se acercan más a la tortura que a un procedimiento de salud.

Las mujeres hemos luchando por años para hacer efectiva nuestra autodeterminación y 
autonomía, lo que a su vez nos ha permitido acceder formalmente a distintos espacios como 
la educación, el trabajo asalariado o la representación en la política. No obstante, 
existe una diferencia inexorable entre aquello que los estados enuncian y lo que realmente 
hacen. Las mujeres hemos resistido por milenios la violencia del Estado sobre nuestras 
vidas y esta lucha hoy en día tiene características mundiales. Estamos ante una avanzada 
de lucha feminista inédita que nos permite sostener que este es el momento de conquistar 
todos los espacios. No podemos olvidar que el feminismo como propuesta radical se rebela 
incluso frente al orden natural o la naturaleza última del estado de las cosas. Es 
profundamente revolucionario y no puede empeñar sus demandas por un par de escaños en el 
parlamento o reformas que resultan solo convenientes para las clases dominantes, que se 
consolidan de nuestra capacidad reproductiva para contar con nuevas camadas de mano de 
obra barata. Como feminista, estoy convencida que el feminismo tiene una fuerte potencia 
anarquista, pero sobre todo como anarquista creo que es indispensable ser feminista y 
luchar por el aborto libre.

La lucha por el aborto tiene un claro contenido emancipatorio, pues ya no se ve la 
interrupción del embarazo cómo un procedimiento médico o eugenésico, sino como la 
autodeterminación de las mujeres. Tal cómo la legislación promovida por Marti Ibânez en la 
España de 1936: "La autorización para efectuar el aborto representa, pues, una vigorosa 
afirmación de la maternidad en cuanto afecta a la responsabilidad de la mujer. En 
adelante, en lo que a su vida sexual se refiere, la mujer quedará liberada de la tiranía 
egoísta masculina y tendrá unos derechos -de los cuales destaca el de disponer de sí misma 
y decidir sobre su maternidad- que comprare a costa del precio de unos deberes hasta hoy 
olvidados".[1]

Debemos recordar que la autodeterminación no es un derecho, sino que es la capacidad de 
decidir de un modo completamente autónomo la forma de vida que más nos acomode. Esta 
capacidad puede ser ejercida sólo cuando la soberanía está en manos del individuo como 
parte de la colectividad, lo que únicamente es posible con la desaparición del Estado y de 
la propiedad privada. Asimismo, no podemos hablar de autodeterminación cuando estamos 
sujetas a la idea de la naturaleza como algo inmutable y salvaje y que por tanto, debe ser 
sometida al orden patriarcal.

¿De qué hablamos cuando hablamos de soberanía? Por soberanía entendemos la participación 
colectiva en el tiempo y las formas del gasto del excedente de producción. La soberanía se 
distinguiría por invertir la lógica económica del placer- -trabajo a un momento de 
singularidad irreductible-. La soberanía se opone a la servidumbre, se opone a cualquier 
procedimiento de subordinación o explotación, incluso podríamos afirmar que si no 
dispusiéramos de nuestro propio tiempo y cuerpo, jamás podríamos actuar autónoma o 
soberanamente. En consecuencia, la autodeterminación sólo puede ser considerada como el 
resultado de una conquista revolucionaria fruto de la superación del Estado y de la 
propiedad privada, pues sólo entonces se dan las condiciones mínimas de libertad razonable 
para decidir sobre nuestras propias condiciones de vida.

El anarquismo encierra una tentativa de subvertir el orden instituido, con el objetivo de 
producir una más amplia secularización de la vida social. El anarquismo y específicamente 
la propuesta radical del anarcofeminismo rebate el discurso oficial del Estado, los 
partidos políticos y la Iglesia, pero también cuestiona el quehacer privado, rompiendo con 
la moral sexual y el modelo familiar imperante, que sólo se alcanzará al denunciar y 
superar el privilegio de los varones heterosexuales en los usos cotidianos y sexuales. La 
lucha por el aborto es una lucha contra la violencia sexual y la explotación, y demanda no 
sólo la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo sino la destrucción del 
sistema heterowinkapatriarcal en su conjunto. Como señala Leonor Silvestri:

"El paso es, desde algún paso, previo: deshaciendo los géneros, la alianza y los 
imperativos de poder médico jurídico y económico, se establecerían nuevas posibilidades de 
interacción entre las aun inimaginables corporalidades que entre otras cosas no 
redundarían en embarazos no deseados, para poder formar redes de afinidad desde donde y a 
partir de las cuales apoyarnos mutuamente".

[1].-Félix Marti Ibânez, "En torno a la reforma eugénica del aborto", Estudios, enero de 
1937. También: "Diez meses de labor en Sanidad", pp. 151-152.
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