(ca) cgt catalunya, Fulgor, miserias (y resistencias) la turistización - Artículo de Pedro López y Andrés Antebi

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Dom Jul 15 13:31:04 CEST 2018


La turistización, un proceso mundializado, arrastra un tsunami urbanizador que depreda y 
expolia territorios, al tiempo que arrasa las culturas pegadas a los sitios. Ya incrustado 
en las metrópolis, acentúa la muerte de los barrios. Sin embargo, aunque silenciadas o 
deformadas, ya llevamos años de resistencias y luchas colectivas frente a tanto despròsit. 
---- Empezaremos por el final. Las voces de las palabras del mercado alarman con las leyes 
del número de supuestas estadísticas que anuncian que la inestabilidad política, la 
inseguridad jurídica, castigan a la industria turística y cortan alas al renovado impulso 
inmobiliario. Esto en Cataluña, y especialmente en su capital, la Barcelona cosmopolita. 
Sean noticias, bulos, estas "realidades" nos plantan ante dos cuestiones primordiales. 
Una, el turismo y el inmobiliario son las locomotoras o vagones de una economía 
capitalista en declive, sin salida. Y dos, como la burbuja del momento, otra más, amamanta 
especuladores y demasiado especulaciones, pero se muestra excesivamente vulnerable a todo 
tipo de vaivenes.

Cuando en el Mediterráneo, Mare Nostrum / Madre Mortum, se pueden cruzar enormes cruceros 
y frágiles pateras, las referencias al turista, o más al viajero, se tambalean. Indican, 
si acaso, que la movilidad de las poblaciones o que la movilización general ya es 
transescalar y discurre por todo el mapamundi. El tráfico del Norte al Sur y del Sur al 
Norte ha disparado, aunque por las saturadas rutas transitan, o son transportados, en 
sentido contrario, variedad de cuerpos y con objetivos muy diferentes. Ni unos ni otros de 
estos masivos flujos de poblaciones escapan a la lógica del beneficio como tampoco se 
evaden del manoseo de los discursos que ensalzan el pensamiento unánime de nuestra época. 
De los trayectos, unos con ida y vuelta garantizada (excepto siniestralidad sobrevenida, 
pues como nos advierten el riesgo cero nunca existe), los otros vagabundeando a la 
intemperie, las informaciones al uso y de consumo son variopintas. Apenas noticias 
referidas a la industria de la emigración, si acaso alguna se cuela en la terminal de los 
televisores, y de vez en cuando, se clama al cielo por la acogida de los refugiados, que 
no migrantes.

Entre la filantropía y la beneficencia intenta navegar en esta brecha profundizada que 
confronta la miseria de la abundancia (nuestra) en la abundancia de la miseria (su). 
Apenas palabras para señalar a las empresas, privadas o públicas, que negocian con los que 
escapan de la muerte, sean por bombas o por hambre. Y en las fases del ciclo de 
traficantes de cuerpos encadenan, ya sea en la economía negra o blanqueada, tanto las 
redes ilegales que manejan la diáspora como los que controlan la llegada con excesivos 
campos de refugiados cerrados y con bastante trabajos asilo y todo el ejército de empresas 
y funcionarios / as que se mueven en su entorno. El reverso de esta movilidad forzada 
concierne junto privilegiado del mundo este desarrollado, y también a ciertas capas de las 
economías emergentes, que persiguen y se vuelcan en la aventura muy cerca con todo 
incluido. Su tranquilo viaje incumbe tanto a operadores de las emprendedoras empresas, las 
unas transnacionales y otras locales, como las administraciones públicas que aseguran su 
sosiego y recogen sus desperdicios.

La turistización expande e intensifica arrastrando el tsunami urbanizador que depreda y 
expolia territorios con las consecuencias de arrasar las culturas pegadas a los sitios. 
Este proceso mundializado, pero con geografías variables -dada su extrema exposición a los 
acelerones sacudidas de la geopolítica-, está pilotado por los diferentes sectores que 
engloba la industria turística, aunque sus tentáculos más allá cuando consigue subsumir 
muchas otras actividades subordinadas al maná de las gallinas de los huevos de oro.

Dentro de este panorama los contables de la economía manejan sus cuentas y nos cuentan sus 
cuentos: España se considera, en un ranking de 136 Estados, "el país más competitivo del 
mundo en el sector turístico" (Worl Economic Forum- 2017). Así de "la emisión" de turistas 
internacionales 75,6 millones de ellos aterrizaron el año pasado en las playas, montañas y 
ciudades del devastado territorio ibérico (y calculan que este año la cifra se 
incrementará hasta los 83 millones) . Y dejaron, dicen sus estadísticas, 77.625 millones 
de euros. Además, cierran las cifras del Nuevo 'Dorado', anotando que su contribución a la 
creación de empleo es muy significativa: el sector turístico -en 2015-dio trabajo, directa 
o indirectamente a 2,5 millones de personas ( un 13% del total, y que conseguiría el 16,2% 
si se contemplaran las ocupaciones inducidas). Es así que el turismo se venera como la 
primera "industria nacional", al igual que se glosa su consolidación como "sector clave en 
la actividad económica mundial". Aludiendo al PIB -este marcador de las desigualdades 
sociales y desequilibrios territoriales-se contabiliza que su aportación a la "riqueza 
global", en 2016, representó el 3,1%, y su peso real, atendiendo a sus efectos indirectos 
e inducidos en otros sectores, subiría al 10,2%.

También se insiste en que la industria turística es intensiva en inversiones, es decir que 
se ejercita a fondo en la acumulación por desposesión, a menudo como antesala del proceso, 
cuando acapara un 4,4% de la inversión mundial en este mismo año.

Vamos a la playa y pasear por las Ramblas

El turismo está, nos recalcan, en la cresta de la ola y se vaticina que surfejarà durante 
mucho tiempo. Su actualidad, sin embargo, viene precedida y se asienta en otras olas. 
Remotamente, las élites ociosas ya se refugiaron en selectos y sofisticados enclaves, 
playas, balnearios, lujosas mansiones entre el verde. Eran pocos, su huella ecológica 
escasa y sus estancias sólo daban para hablar entre la gente y en determinados medios de 
comunicación.

No tan lejos si que quedan las canciones del verano - "vamos a la playa calienta el sol" 
-, el imaginario del bikini y su contrapunto de "vente para Alemania, Pepe" de la época 
del desarrollismo en el solar ibérico. Divisas de las y los emigrantes sumadas a los 
gastos de los turistas apuntalaron el mito del "spain is diferente" y propagaron la 
consigna "un turista, un amigo".

En ese ciclo de despunte del turismo de masas se colonizó y devastó, al amparo de la Ley 
del Suelo de 1956, especialmente el litoral, donde se levantaron las necrópolis costeras 
que estacionalmente abarrotaban de "suecas y suecos" las playas con crema de sol y 
sombrillas. Fueron tiempos también del primer boom inmobiliario que inauguró la fiebre de 
la segunda residencia, para nativos y foráneos, pues despuntaba la especialización de 
ciertas áreas como geriátrico europeo.
Más adelante, la colonización turística sin olvidarse de las orillas del mar se encaramó 
en las montañas. El preludio de la masificación turística serían las pistas de esquí, este 
oro blanco que vertía y multiplicaba las urbanizaciones y los complejos turísticos 
asociados. Más tarde proliferó el turismo rural con encantadores hoteles rurales, 
agroturismos y casas o apartamentos de alquiler.

L'últim graó ja es va incrustar en les metròpolis. Els esdeveniments del 92 -Jocs Olímpics 
a Barcelona i la Expo de Sevilla- van ser el tret de sortida. Amb ells es va transmutar 
l'antany "un turista, un amic" en uns "amics per sempre", doncs els gestors, de vell o nou 
encuny, de les metròpolis promocionen les seves marques registrades, basades en 
l'explotació turística, dinamitzada per les indústries de l'oci i l'entreteniment, com a 
plataformes de l'acumulació del capital.

El auge del turismo urbano desenfrenado, salpicado de mercantilización extrema de los 
espacios, edulcorado por las industrias culturales y la museificación de las piedras y de 
las gentes -la mejor imagen de las cuales son las estatuas humanas inmóviles que se 
encuentran por las Ramblas han agudizado, sin embargo, las desigualdades 
socio-territoriales en la metrópoli. Ya que este (anti) modelo de "crecimiento económico", 
idolatrado falta de otra alternativa, apremia a la venta de los territorios urbanos al 
mejor postor, y esto potenciado, sin miramientos, por una concertación público-privada, 
encargada de la gestión de las conurbaciones metropolitanas y regida por los patrones del 
capitalismo asistido, que se entrega a la transferencia de capital público y bienes 
comunes a los negocios privados. Por cierto, en la que las mayores cuotas de beneficios 
van a parar a empresas multinacionales que controlan el negocio vertical de la industria 
del turismo, precisamente sustentada en una larga cadena de subcontrataciones. Con lo que 
se eterniza y expande la privatización de los beneficios y la socialización de los gastos 
y costes.

La industria turística y el sector de la construcción e inmobiliario son los motores de la 
devastación de amplias zonas del territorio. Con su prestigio de "generar riqueza", su 
chapapote que apareció y persiste en el litoral, se expandió por las montañas y prosigue 
con la conversión de los pueblos en estampas de postal, y ha aterrizado a las ciudades 
provocando la proliferación de los no-lugares y barricidis. Litoral, montañas y ciudades 
son ahora parte de un mismo pack, e intercambiables los destinos.

Secuelas y daños colaterales

El boom turístico no se explica sin el abaratamiento de los costes del transporte, entre 
otros factores debido a la caída del precio del petróleo. Y tampoco sin el exponencial 
crecimiento de los vuelos 'low cost', debido a la liberalización del sector, y que alienta 
a que un 54% de los turistas internacionales empleen en sus desplazamientos el transporte 
aéreo. Corolario de ello son los colapsos de aeropuertos a pesar de las constantes 
ampliaciones y nuevas creaciones de los mismos. La moda de los macrocreuers comporta, por 
su parte afectaciones y redefiniciones en la gestión de los puertos comerciales, mientras 
que el ascenso de yates, entre el segmento elitista de turistas, repercute en la plaga al 
alza de selectos y exclusivos puertos deportivos.

La maquinaria devoradora de la turistización precisa recursos y exige infraestructuras 
adecuadas. El engranaje de la costa mediterránea del sur, entregada al monocultivo 
turístico, requiere además de aeropuertos, autovías / autopistas y AVE s para los 
desplazamientos, campos de golf y parques temáticos para el entretenimiento. Y también 
este recurso escaso, este oro azul, que es el agua. Estas infraestructuras del capital 
arrastran sus conflictividades: por ejemplo, entre muchas otras, la lejana guerra del agua 
contra el trasvase del Ebro, o la más reciente derivada de las obras del AVE a su paso por 
Murcia. Otra megainfraestructuras, y que en este caso atendía en la Costa Brava, fue la 
construcción de la MAT -Línea de Muy Alta tensión- para garantizar, entre otros motivos,

El turismo, en fin, es una lanzadera de la reconquista de los territorios por parte del 
capital, ya que combina la intensificación de la mercantilización de los mismos con la 
acentuación de la privatización. Y las urbes, y entre ellas Barcelona, se exponen en estos 
momentos, como un caso paradigmático.

Son demasiado sus efectos. Se acentúa la toma de plazas y calles por las muchedumbres de 
turistas y la proliferación de terrazas que están aboliendo la condición del "espacio 
público" como lugar concurrencial de encuentros entre vecinos y entronizan, a cambio, la 
ciudad como espectáculo sólo para espectadores y solventes. La ciudad en venta que da alas 
a una nueva y agresiva burbuja inmobiliaria repercute asimismo en el alojamiento que 
implica la expulsión de los habitantes, los 'bichos' -dicen ellos- que entorpecen el 
negocio y que son sometidos a un descarnado mobbing estructural . Sobresale en este 
panorama la adquisición, básicamente, por SOCIMI -sociedades cotizadas anónimas del 
mercado inmobiliario, o mejor fondo de inversión extranjeros o simplemente fondos 
"buitres", en el decir popular- de edificios completos aún con inquilinos habitante-los. 
El alza desmesurada de los precios de alquiler, que abarca ya a toda la región 
metropolitana. La reconversión de las viviendas para el turismo residencial. El acoso al 
comercio de proximidad por la avalancha de las franquicias. Y etc.

El turismo, para los más, no genera riqueza; al contrario extiende la precarización, tanto 
en lo laboral -el sector, en el que abunda la subcontratación y la temporalidad es un 
paradigma de las extralimitaciones de la explotación-, como en el habitacional y en las 
facetas propias de la reproducción social: pasear por la calle, tomar una copa, divertirse 
o comprar.

Un mantra ante el espejo

Como expresaba una pintada en un barrio barcelonés, atacado por la gentrificación: "No es 
turismofobia, es lucha de clases". En Barcelona, durante el pasado verano, justo después 
de que el barómetro semestral municipal lanzara sorprendente dato de que el turismo es la 
principal preocupación de vecinos y vecinas, los dueños del pastel immoturístic y ciertos 
medios de comunicación siempre a su servicio, orquestaron una campaña coordinada y 
sostenida que consiguió poner en circulación el término "turismefòbia" para intentar 
explicarle al mundo lo que, desde algún tiempo, está sucediendo en la ciudad en relación a 
esta industria global. La campaña del lobby, una pura maniobra de distracción, tenía 
varios objetivos simultáneos: presionar al gobierno municipal para que siga favoreciendo 
sus intereses,

La cortina de humo fue disipando a lo largo del verano, pero puso de manifiesto la 
profunda preocupación existente entre los poderes que controlan el negocio turístico local 
para que en muy poco tiempo y desde diferentes frentes, se ha conseguido desenmascarar el 
mantra que manejaban desde hacía décadas con excelentes resultados para sus intereses: que 
el turismo es un beneficio para la ciudad y cuanto más turismo, mejor. El disparo de 
salida del incipiente movimiento antituristització se produjo en verano de 2014 en la 
Barceloneta, una de las puntas de lanza del modelo que un régimen público-privado bien 
engrasado ha ido instaurando en la ciudad a través del monocultivo turístico .

Durante el ciclo olímpico, se la había vendido como ejemplo de una supuesta "apertura a 
mar" y la cosa ha acabado con el barrio abierto en canal, a merced de un auténtico 
tsunami. Hoy, el precio del metro cuadrado de sus humildes cuartos de casa es equiparable 
al de los barrios más caros de la ciudad. El grito "el barrio no está en venta" o "vecinos 
en peligro de extinción" surgió de las entrañas de un grupo de vecinos que se plantaron 
indignados durante varias noches seguidas en las puertas de las inmobiliarias que 
gestionaban pisos turísticos . Después comenzaron las manifestaciones, cada vez más 
numerosas, y la extensión de la protesta, hasta que el tema se situó en el centro del 
debate político. El trasatlántico, hasta entonces navegando a toda máquina, comenzó a ser 
abiertamente discutido.

En apenas tres años han proliferado en la ciudad infinidad de colectivos que han colocado 
la denuncia a efectos del turismo masivo en el centro de sus luchas, ya sea organizándose 
barrio a barrio, como en La Barceloneta , el Raval, el Gótico, Sagrada Familia, Gracia, 
Vallcarca, Pueblo Seco, Pueblo Nuevo, Santos o el Clot, ya sea en espacios de confluencia 
como la Asamblea de Barrios por un Turismo Sostenible (ABTS) o el colectivo Barcelona nos 
Ahoga. Una de sus principales victorias, más allá de las movilizaciones, es haber 
elaborado y difundido abundantísima información que contribuye a explicar cómo funciona la 
depredación turística en Barcelona y la vinculación de este
lucrativo negocio planetario a la especulación inmobiliaria, la gentrificación, la 
precariedad laboral, la erosión de la convivencia vecinal, el uso excluyente de la calle o 
la contaminación atmosférica, entre Otras cosas. Herramientas de combate imprescindibles 
para seguir Abriendo brecha en el monolito.

* Pedro López, inmersa en las Barcelonas rebeldes, geógrafo jubilación en el rural / 
Andrés Antebi, investigador social, Miembro del Observatorio de la Vida Cotidiana (OVQ). 
Artículo publicado en el núm. 92 de la revista Libre Pensamiento.

http://www.cgtcatalunya.cat/spip.php?article12894#.W0d-QJ9fjCI


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