(ca) FAI, Tierra y Libertad #355 - La riqueza de la familia Franco

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Mar Feb 20 06:47:53 CET 2018


En diciembre de 2017 murió en Madrid María del Carmen Ramona Felipa María de la Cruz 
Franco Polo, duquesa de Franco y Grande de España. No resaltaríamos este acontecimiento si 
no fuese porque la susodicha señora es la única hija de Francisco Franco, quien fue 
dictador en este país desde la victoria del bando sublevado en la Guerra Civil de 1939, 
hasta su muerte en 1975. Esta victoria hizo a Franco jefe de Estado y, a través de una 
terrible dictadura, él y su familia se beneficiaron económicamente. Desde entonces, tanto 
la familia Martínez-Bordiú y Franco, como las familias de los generales y de la élite 
empresarial que salió beneficiada de la victoria de los sublevados, no solo han mantenido 
su estatus, sus privilegios y sus títulos nobiliarios (los que los posean), sino que han 
ido acumulando una gran fortuna siendo favorecidos tanto por el régimen anterior como por 
el actual. Y la familia de Franco, aun perdiendo el poder político en favor de la 
monarquía constitucional, ha conservado su estatus, ha podido mantener toda su riqueza y 
lo que es más, multiplicarla.

El patrimonio y la riqueza de la familia Martínez-Bordiú y Franco a día de hoy

La familia Martínez-Bordiú y Franco atesora un patrimonio de cientos de millones de euros. 
Los datos descritos son públicos y están al alcance de cualquiera. La señora Carmen Franco 
Polo se dedicaba principalmente a la especulación inmobiliaria a través de diversas 
sociedades como Filocasa SL (que facturó más de 20 millones de euros en 2014) o 
Montecopel, donde alquilaba bienes por cuenta propia. Ambas empresas tenían la sede en su 
casa de la calle Hermanos Bécquer en Madrid. Sargo Consulting SL, dedicada al 
asesoramiento financiero, es con la que se gestiona su patrimonio inmobiliario, el cual 
tiene un valor de más de 500 millones de euros. Algunas de las propiedades más relevantes 
con las que contaba Carmen Franco Polo son: el pazo de Meirás en Galicia, el cual está 
gestionado actualmente por la Fundación Francisco Franco (de la que Carmen Franco era 
presidenta de honor) para ensalzar la figura del dictador, el palacete de Cornide en 
Coruña, la finca de Valdefuentes en Arroyomolinos (antigua finca del conde de Romanones), 
el edificio de la calle Hermanos Bécquer, 8 en el barrio de Salamanca de Madrid, un chalet 
en la urbanización Los Monteros en Marbella o la finca Canto del Pico de Torrelodones, que 
fue vendida por 300 millones de euros en los años 80.
Al igual que su madre, sus hijos se han dedicado mayormente al negocio de la especulación 
inmobiliaria y al de la farándula televisiva. Carmen Martínez-Bordiú vive del famoseo de 
la televisión. Entre sus empresas cuenta con Ocnarf SL, una sociedad de imagen corporativa 
y publicidad, así como Cazalla 18 de Junio SL, enfocada a la explotación de derechos de 
imagen. María gestiona La Moraleja SL, orientada a la explotación agrícola y CM16 SL, 
orientada al sector hotelero. Francis Franco, además de otras sociedades relacionadas con 
sus hermanos, es presidente de Proazca, dedicada a la gestión, administración, 
arrendamiento, compra y venta de toda clase de aparcamientos, con un activo de 2 millones 
de euros. María del Mar (administradora), junto con María Aránzazu (apoderada), llevan 
Marletmakai SL, dedicada a la "promoción, construcción y arrendamiento de todo tipo de 
inmuebles".
José Cristóbal posee una productora de publicidad y estudios de mercado, así como 
sociedades inmobiliarias. Y Jaime diversas asesorías e inmobiliarias como Cronical 
Business SL o Francoveda SL. Además está vinculado con narcotráfico y tramas de corrupción 
y pelotazos relacionadas con el caso Malaya.
Además de todo el dinero que atesoran a través de la farándula, la especulación, tendrán 
que repartirse el ingente pastel de dinero y propiedades que les deja su madre.

Los cimientos en los que se estructura su riqueza: fosas y cunetas

Francisco Franco descansa hoy en el mausoleo del Valle de los Caídos, el cual fue 
construido por miles de presos esclavizados y enterrados en el mismo. Un aberrante símbolo 
de dominación de aquellos que vencieron, y de sumisión y humillación de aquellos 
trabajadores que defendían ideas de justicia económica y social, así como de perpetuación 
de la ideología nacionalista, conservadora y religiosa que sigue estando vigente hoy en 
día en España.
Con la derrota de aquellos trabajadores que buscaban el fin de la explotación y una justa 
organización económica y social se cimentaron todas las posesiones de la familia Franco y 
otros sublevados. Y no es para menos, quien salió beneficiado de la victoria de la Guerra 
Civil fue la Iglesia, los militares y la élite empresarial, quienes, a día de hoy, siguen 
atesorando el poder político y económico en este país.
Los pactos de la Transición española no dejan de ser una forma de dar continuismo al 
régimen franquista, y una forma de adaptar la organización política y económica a las 
democracias europeas, con una serie de concesiones sociales y de ciertas libertades 
civiles dentro de un marco jurídico menos restrictivo que el anterior, apuntalado en la 
Constitución española. En la misma, están garantizados varios de los pilares ideológicos 
del régimen franquista, los cuales se modifican y adaptan para que puedan seguir 
perpetuándose, y que son los que realmente importa que se cumplan. Los más importantes 
siguen siendo:

La institución monárquica: que restaura la monarquía, garantiza al rey el ejercicio de 
jefe de Estado y el mando supremo de las fuerzas armadas. La jefatura del Estado pasa de 
Franco a la monarquía. El Congreso y el Senado pasan a ser elegido por democracia 
representativa a través de partidos políticos donde la gente vota y legitima que estos 
partidos políticos dirijan el poder político, y el Estado continué teniendo el monopolio 
de la violencia.
La propiedad privada: que es el motor de las desigualdades sociales y de la dominación de 
la clase empresarial sobre los trabajadores. Se mantiene y se potencia.
El Estado aconfesional: el Estado deja de profesar la religión católica, pero se adopta 
una fórmula que señala que, aunque el Estado no procesa ninguna religión, se garantizan 
los privilegios económicos de la Iglesia católica recogidos en los "Acuerdos entre el 
Estado español y la Santa Sede de 1979".
La unidad de España: se conserva este pilar ideológico del régimen franquista, aunque se 
transforma y adapta, dividiendo el país en autonomías, descentralizando el poder político 
y fortaleciendo el Estado burocrático.

Por supuesto, todos los artículos de la Constitución que tienen un fondo social, como el 
artículo 47, que habla de la vivienda digna, el 35, que da derecho a elección de trabajo, 
o el 39, sobre la protección social, no interesan a las élites económica, por lo que el 
Estado las deja de lado o invierte un mínimo por salvar su imagen.
Por otra parte, la Constitución como tal solo se ha reformado dos veces, siempre por 
exigencias internacionales. La primera vez en 1992, para adaptarse al Tratado de 
Maastricht (que es el acta fundacional de la UE), y en 2011, para priorizar el pago de la 
deuda pública generada por los bancos tras la bancarrota de 2008.
La apertura del régimen fue exigida tanto desde el interior del poder político y económico 
del Estado como internacionalmente por EE UU y los países europeos, donde la élite 
empresarial demanda una transformación del régimen que le permita la apertura económica, 
lo que se traduce en la apertura de nuevos mercados, más posibilidades financieras, y más 
beneficios. Un ejemplo del trabajo aperturista de ciertos grupos vinculados al régimen 
fueron los intelectuales organizados en torno al "Grupo Tácito". Muchos de ellos procedían 
de familias de las altas esferas del franquismo. Desarrollaron formas alternativas de 
reformar el régimen dentro de un marco liberal, democristiano y conservador. A pesar de 
las diferencias en su seno, una vez acabada la transición, obtuvieron cargos políticos en 
diversas instituciones a través de los partidos UCD o AP y, posteriormente, la colocación 
en grandes empresas, como las energéticas, etc., lo que puede traducirse en tener la vida 
resuelta. Diferente fue la suerte que corrieron centenares de trabajadores que fueron 
reprimidos y asesinados durante la agonía del régimen franquista por crear sindicatos, 
promover luchas laborales o por muestras de solidaridad.
Al otro lado de los poderes económicos y políticos estamos la gente de abajo, los 
trabajadores, aquellos que no tenemos títulos nobiliarios, ni riqueza, ni grandes 
latifundios, ni vivimos de la farándula televisiva, sino que necesitamos trabajar para que 
los políticos y la élite empresarial puedan seguir viviendo en su pedestal de gloria. 
Paro, miseria, precariedad laboral, convenios humillantes, condiciones de trabajo 
degradantes, centenares de trabajadores muertos en accidentes laborales o que sufren 
accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, marginación, desestructuración 
familiar, inmigración forzosa, etc., son algunas de las tantas miserias que tenemos que 
sufrir los trabajadores día a día a causa del capitalismo y la desigualdad social, en un 
país donde existen más de 13 millones de personas en riesgo de exclusión social según el 
informe El estado de la pobreza en España de 2017.
A día de hoy, la sociedad avanza a pasos agigantados, y la élite empresarial nos obliga a 
adaptarnos a un sinfín de bruscos cambios en el modelo económico y social para que podamos 
seguir siendo productivos, tanto en el puesto de trabajo como consumiendo en nuestras 
relaciones sociales. Esa adaptación para esta élite no existe, dado que su modelo 
ideológico y su forma de vida no cambian, siguen estando estancados y condicionados a su 
influencia, poder adquisitivo y a los valores ideológicos imperantes que lograron sus 
abuelos en base a las armas.
La muerte de esta señora, que lo único que ha hecho en su vida es ser la hija de un 
dictador, y la ingente fortuna que se van a repartir sus herederos es el mejor reflejo de 
la realidad social de este país en el que vivimos. Aquella que se ha construido una élite 
sobre los cadáveres de miles y miles de trabajadores, en la que unos viven a costa de los 
demás sin dar un palo al agua, llevándose por delante lo que haga falta para proteger sus 
privilegios y multiplicando sus beneficios frente a aquellos que a diario tienen que 
mantenerlos con un mísero salario para seguir adelante.

Grupo Tierra

https://www.nodo50.org/tierraylibertad/355articulo9.html


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