(ca) FAI, Tierra y Libertad #355 - Revueltas y represiones -- Irán entre contradicciones y conflicto social

a-infos-ca en ainfos.ca a-infos-ca en ainfos.ca
Vie Feb 16 07:10:51 CET 2018


Los acontecimientos en la calle en Irán parecen adquirir cada vez más una característica 
insurreccional. Las protestas, iniciadas en la ciudad de Meshed contra la carestía de la 
vida, e inicialmente inducidas por sectores conservadores del sistema con objeto de poner 
dificultades al gobierno reformista de Ruhaní, rápidamente se han convertido en una 
movilización generalizada de masas no solo contra el actual gobierno sino también contra 
la República Islámica en general. ---- Fuentes locales refieren la difusión de consignas 
contra el clero chiita, contra el Guía Supremo (el ayatolá Jamenei) y contra las 
estructuras militares, expresiones de la teocracia. También relatan la presencia de lemas 
contra la intervención iraní en Oriente Medio, sobre todo en Siria. Mientras escribimos 
estas líneas, diversas fuentes hablan de al menos una veintena de muertos en los 
enfrentamientos causados por las intervenciones represivas.

Si la oleada de protestas de 2009 se concentró sobre todo en la capital y fue 
protagonizada fundamentalmente por jóvenes, entre ellos muchísimos estudiantes 
universitarios (chicos y chicas), y fue caracterizada por cuestiones de orden político, la 
actual oleada de movilizaciones de masas tiene características tanto políticas -la 
oposición a la misma forma del Estado, establecida por la toma de poder por parte del 
clero- como económicas: si Ruhaní es moderadamente reformista en el ámbito social, desde 
un punto de vista económico es por el contrario claramente neoliberal, y las políticas que 
lleva a cabo su gobierno han dado lugar a un empobrecimiento de las capas populares. Al 
mismo tiempo, no ha conseguido garantizar sus tibias y lentas reformas sociales, muy poco 
en un país en el que la población joven crece día a día y tolera cada vez menos el 
sofocante control clerical.
Toda la fracción reformista de la clase dominante persa en los últimos años se ha 
inclinado cada vez más hacia las posturas de Rohaní, extrema cautela en las reformas 
sociales y fuerte propensión al neoliberalismo, y así ha provocado una profunda desilusión 
entre quienes le habían apoyado en las urnas, votándole a menudo con la óptica de "lo 
menos malo".
El hecho de que las protestas se estén dando incluso en ciudades históricamente fieles al 
clero -entre ellas, la ciudad de Qom, en la que se encuentra uno de los principales 
santuarios chiitas- demuestra cómo la desafección hacia la República Islámica es cada vez 
mayor.
La mezcla entre las fallidas reformas en el campo social y la enésima reducción de 
salarios, ha creado las bases de la actual oleada de movilizaciones. Llegados a este 
punto, sucesos como las revelaciones sobre el latrocinio de fundaciones ligadas al clero 
-fundaciones que poseen buena parte de la industria y de la propiedad del suelo del país- 
o el aumento del precio de los huevos, han hecho simplemente de catalizadores. Quien ha 
evocado la movilización en la calle con el objetivo de hacer la cama a sus adversarios 
políticos -como ha hecho la facción conservadora de la clase dominante persa- ha creado un 
monstruo que, obviamente, no puede controlar.
La tímida apertura por parte de algunos exponentes del gobierno hacia las manifestaciones 
-que serían escuchadas mientras se mantuvieran los límites de la legalidad- no son más que 
la justificación del asesinato de Estado de una veintena de manifestantes en todo el país 
mientras el gran jefe de los verdugos, el presidente del Tribunal Revolucionario de 
Teherán, ha afirmado que los detenidos pueden ser acusados de haber "declarado la guerra a 
Dios", acusación que implica la pena de muerte y que es empleada siempre por el gobierno 
islámico para eliminar sin demasiadas explicaciones, gracias a una definición 
extremadamente vaga del delito, a los opositores políticos, como sucedió tras las 
protestas de 2009. Mientras tanto, el Gobierno ha aumentado la censura en las páginas web 
y ha limitado después el acceso a internet con la intención de dificultar la comunicación 
entre los manifestantes, y la filtración de noticias al exterior.
En Irán, cerca de doce millones de personas viven por debajo del índice de pobreza. La 
particular forma de asistencialismo iraní, basada en las fundaciones religiosas, llega a 
asistir a cerca de la mitad de esta masa de desheredados. A pesar de la distribución con 
precios económicos de los bienes de primera necesidad, realizada por estas fundaciones, 
que tienen como objetivo mantener el control de las masas proletarizadas, los salarios 
reales han sido constantemente erosionados en los últimos años.
Al mismo tiempo, el ayatolá Jamenei, Guía Supremo del país, y el presidente de la 
República, Rohaní, teóricamente representantes de dos facciones enfrentadas, al unísono 
acusan a las potencias extranjeras de estar siempre detrás de las movilizaciones. No nos 
cabe duda sobre el hecho de que también nuestros aprendices de brujo de la geopolítica, 
los mismos que de hecho se excitan con la idea de apoyar a ciertos Estados -y a ciertas 
burguesías nacionales- en nombre del antiimperialismo, se pondrán a repetir esta canción 
como papagayos.
Seguramente no son ajenos al hecho de que la expansión de las movilizaciones de masas 
-sobre todo si tienen carácter insurreccional- preocupan no solo a los aliados directos de 
Irán, como Rusia y China, sino también a la Unión Europea, con Alemania e Italia a la 
cabeza, que tienen con Irán unas relaciones comerciales excelentes y en expansión.
Estados Unidos, Israel y Arabia Saudí seguramente pueden mirar con mayor simpatía todo lo 
que ponga en dificultad al país que consideran como principal enemigo; pero solo quien 
tiene la cabeza obnubilada por la propaganda puede pensar que las movilizaciones de Irán 
sean causadas por no se sabe qué oscura maniobra externa, y no el resultado de años de 
políticas económicas que han socavado las condiciones de vida de las clases populares y de 
una represión social que dura décadas.
Por otro lado, la clase dominante saudí vive en el terror permanente de que las 
contradicciones internas de su país exploten definitivamente y, si las movilizaciones en 
Irán siguen adelante, comenzará a temer el contagio revolucionario.
Ante esta posibilidad, las burguesías nacionales están dispuestas a aparcar sus 
diferencias para concentrarse, juntas, en sojuzgar al proletariado. La historia inmediata 
a la derrota iraquí en la Primera Guerra del Golfo lo demuestra a las claras: tras una 
década de guerras ininterrumpidas, primero con Irán y después con Kuwait y la OTAN, el 
proletario iraquí insurge contra sus masacradores; inmediatamente, quienes combatían a 
Sadam Husein decidieron que era mejor que permaneciese al mando con el fin de que pudiese 
reprimir la insurrección.
Una de las causas del descontento por parte de quienes combaten en estos días en las 
calles persas es el constante traspaso de fondos hacia el gasto militar, traspaso 
necesario para mantener y expandir esa gigantesca máquina de guerra continuada por 
Teherán, que ha permitido a Irán expandir o consolidar su influencia en Iraq y Siria.
Pero puede ser que también las clases populares de otros países -como Arabia Saudí o el 
propio Israel- decidan que se han cansado de pagar para el mantenimiento de los 
instrumentos que los tienen sojuzgados.

Lorcon

https://www.nodo50.org/tierraylibertad/355articulo3.html


Más información sobre la lista de distribución A-infos-ca