(ca) FAI, Tierra y Libertad #354 - Autogestión rima con revolución

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Dom Feb 4 09:19:15 CET 2018


A menudo alguno de nosotros sostiene: "Llevemos a la práctica nuestras ideas, aquí y 
ahora", "Vale más construir redes que hacer manifestaciones". O incluso: "La Revolución es 
cosa del pasado, hay que cambiar la cotidianeidad; esta es la única pequeña pero verdadera 
revolución". Y así sucesivamente. ---- Como ocurre a menudo, tanto teórica como, sobre 
todo, prácticamente, se llega así a contraponer tesis y maneras de actuar que, por el 
contrario, deberían ser complementarias en mi opinión: practicar la autogestión aquí y 
ahora no debería excluir la continua búsqueda de construcción de fuerzas tendentes a la 
revolución. ---- Seguramente, empujado alguno de estos compañeros a escoger una actividad 
antes que otra, resultan solo pequeñas diferencias de opinión o temperamento: hay quien 
prefiere llevar a la práctica y experimentar intentando demostrar que "la anarquía es 
posible", y quien, por el contrario, estando más inmerso en prácticas de conflicto social, 
sindical o de lucha en general, prefiere intentar influir en ellas.

Atribuir mucha importancia a la conducta personal, a los usos y costumbres, es 
imprescindible para cualquier anarquista. Considerando que es imposible vivir 
anárquicamente hasta el fondo, ya que hemos crecido en el seno de una sociedad basada en 
la competencia y la explotación, cada uno de nosotros desea vivir lo más coherentemente 
posible con la propia sensibilidad, y muchos de nosotros -por no ver la posibilidad de un 
cambio radical, por estar cansados de la simple difusión de ideas, o del sindicalismo, o 
de las manifestaciones, desilusionados de todo esto- vemos en la galaxia de las "redes 
autogestionadas" o en general en la "producción y consumo críticos" un recorrido 
interesante para alcanzar nuestros fines de igualdad y libertad: por fin se "toca" algo 
concreto, se pasa "de las palabras a los hechos". Y probablemente sea verdad. Seguramente 
es más satisfactorio crear, intercambiar, cultivar, producir juntos y cenar juntos que, 
digamos, dejarse explotar por el patrón: también así se demuestra que otro modo de 
trabajar es posible.
No olvidemos, sin embargo, que el cooperativismo y la autogestión han sido a menudo 
recuperados por el capitalismo "verde" o "social", y para poder sobrevivir han debido 
rebajarse a compromisos que han hecho olvidar los bellos propósitos iniciales de los 
socios fundadores.
Y recordemos también que, si se pretende la extensión de las experiencias autogestionadas, 
convencidos de nuestras visión anticapitalista y antijerárquica, estas tendrán que 
afrontar primero los obstáculos burocráticos y, después, si verdaderamente queremos 
conseguir que territorios enteros sean autogestionados, seguramente no podremos esperar 
que patronos y Gobierno nos dejen hacer tranquilamente: estas experiencias, antes o 
después, si no quieren ser aplastadas o desnaturalizadas, se verán constreñidas a oponer 
fuerza a la fuerza, o llamémoslo como queramos. Vuelve a estar sobre el tapete la cuestión 
de la revolución, que se había quedado olvidada en un baúl del desván.
Creo que el cooperativismo y la autogestión son parte integrante de la historia de los 
oprimidos que se quieren liberar conquistando y difundiendo la idea de la práctica de la 
propiedad en común de los medios de producción, en la igualdad y la justicia. Esta 
práctica no podrá realizarse plenamente si no es junto a la voluntad de un cambio radical 
-la revolución social- que debe animar a los sujetos que experimenten la autogestión y la 
autoorganización, teniendo como fin una sociedad libertaria. Por estos motivos, la 
actividad cotidiana autogestionaria y la búsqueda de cambio en la organización social a 
través de una práctica revolucionaria deben ser complementarias, y ambas de importancia 
primordial.

Davide Bianco

https://www.nodo50.org/tierraylibertad/354articulo8.html


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