(ca) grupo bifurcacion - Bogota, Comunicado Colectivo de Presos Políticos de las FARC-EP Columna Domingo Biohó

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Lun Abr 23 09:00:46 CEST 2018


ASESINADO PRIMER GUERRILLERO INDULTADO DENTRO DEL NUEVO GENOCIDIO EN MARCHA QUE YA SUMA 
CIENTOS DE LÍDERES Y LIDEREZAS DEL MOVIMIENTO SOCIAL ACRIBILLADOS. ---- Comenzó el conteo 
de la muerte: fue asesinado el primer guerrillero indultado ante la indiferencia cómplice 
del Premio Nobel de Paz, de las Ramas del Estado y de los Grandes Medios que 
sistemáticamente invisibilizan la expansión paramilitar y sus crímenes en Colombia, 
mientras hacen escándalo tergiversando la realidad venezolana. ---- El día 16 de abril de 
2017 a las 08:00 de la noche fue asesinado en su casa con tres impactos de bala el 
camarada Luis Alberto Ortiz Cabezas, Pepe, prisionero político de las FARC-EP en la cárcel 
de Vista Hermosa, Cali; quien había recibido el beneficio del Indulto y recobró su 
libertad quince días atrás; los hechos ocurrieron en la vereda La Guayacana, corregimiento 
de Llorente, en el municipio de Tumaco, Nariño.

La violencia política e institucional, la guerra sucia y el terrorismo de Estado han sido 
instaurados como instrumentos para el ejercicio, sostenimiento y defensa del Poder 
Político y del Status Quo por la clase gobernante colombiana, desde los primeros tiempos 
de la República. Y ha sido en respuesta a los crímenes del Establecimiento que 
cíclicamente los humildes han respondido desde la Rebelión como legitimo derecho a la 
defensa de los pueblos. Nunca el alzamiento armado fue algo distinto al ejercicio del 
derecho a la defensa propia colectiva.

  El vil asesinato del Mariscal Sucre en Berruecos y el atentado contra el Libertador 
Bolívar en la noche septembrina, son apenas dos momentos iconográficos en la sórdida 
historia de crímenes de la oligarquía santanderista, que en el día luce toga y birrete 
para enarbolar el imperio de la Ley y del Derecho en el que dice depositar su fe, mientras 
en la noche -cubierta con brazalete y capuchas-, comete sus crímenes contra el pueblo y 
sus contradictores, demostrando que sólo se fía real y únicamente del terror que le 
permite violar sus propiar normas.

Nunca la paz, la justicia social, la democracia profunda, ni los valores humanistas, 
ilustrados y liberales han estado en la estructura ética y moral de la clase gobernante, 
que privilegió las armas e hizo de la guerra su principal instrumento de dominación y 
explotación de las mayorías patrias. Así lo demuestra la recurrencia del uso de la guerra 
para dirimir los conflictos que debieran ser resueltos desde el ejercicio de la razón. 
Guerras civiles, guerras contrainsurgentes, ejércitos de pájaros, chulavitas, masetos y 
paramilitares son para la clase gobernante el verdadero soporte de su hipócrita y faláz 
culto a las leyes.

Esto lo ratifica su recurrente uso del asesinato de los insurgentes y la traición a la 
palabra empeñada, tras los diferentes acuerdos de paz firmados a los largo de la triste 
historia colombiana, que siempre han dejado a la sombra del remedo de democracia de las 
instituciones públicas, un relato de victimizaciones y aberrantes crímenes contra aquellos 
que cesando el alzamiento, creyeron que era posible el imperio de la palabra y de la ley, 
tan manoseadas por sus verdugos.

Baste recordar a Rafael Uribe Uribe, a Guadalupe Salcedo, a Jacobo Prías Alape o más 
recientemente a Carlos Pizarro. Esto sin mencionar la lista casi interminable de 
dirigentes de izquierda, de oposición, sindicales, agrarios, estudiantiles, de los 
movimientos sociales, intelectuales, defensores de derechos humanos,  indígenas, 
afrodescendientes y de mujeres, entre muchas y muchos otros que como Jaime Pardo Leal, 
Jaramillo o Antequera cayeron bajo el fuego aleve de las "fuerzas oscuras" que ocultan sus 
sombrías conciencias tras las luces del Jet Set, tras los flash's de su farándula y sus 
cócteles, tras los laureles de su "prosperidad" económica y de su "ascenso" político.

No es nuestro camarada "Pepe" el primero en morir dentro de este nuevo genocidio en 
progreso que ya cuenta en sus haberes con varios cientos de liderezas y líderes populares 
asesinados, desaparecidos, desplazados, exiliados, objeto de atentados, amenazados; 
tampoco es el primero en morir perteneciendo a las filas de un ejército insurgente que se 
alzó durante 52 años contra la violencia oficial y contra la intervención militar 
imperialista de EE.UU. Ni siquiera es el primer guerrillero en morir durante el cese al 
fuego, pues aun esta viva en nuestra memoria la risa fraternal del camarada Joaco, quien 
salió libre de la cárcel La Tramacua y cayó asesinado por el Ejército en una franca 
violación del cese al fuego bilateral, cuando se desplazaba hacia la zona veredal de 
concentración en cumplimiento de los compromisos asumidos y respetados por las FARC-EP en 
el marco de los Acuerdos de Paz.

Pero definitivamente, el camarada Luis Alberto si es el primero de los presos políticos 
que, habiendo recuperado la libertad gracias a la figura del indulto, cae asesinado sin 
que exista hasta el momento ningún pronunciamiento público del gobierno Santos, sin que se 
escuche el repudio de los sectores políticos que viven defenestrando contra los Acuerdos, 
ni de la opinión pública, sin cubrimiento de los grandes medios que con demagogias 
doblemoralistas atacan la paz e insitan a la guerra.

Quisiéramos pensar que "Pepe" no será recordado, como aún recordamos con dolor al gran 
dirigente Leonardo Posada, primera víctima del genocidio de la Unión Patriótica. Es decir, 
como la primera persona martirizada dentro de un posible inicio de asesinatos sistemáticos 
contra los presos políticos que vayamos recobrando la libertad, y contra los guerrilleros 
y guerrilleras en proceso de reincorporación a la vida civil y a la acción político legal 
y democrática.

Pero las evidencias históricas y la contundente verdad de a puño del presente, no dan 
espacio para credulidades, para la confianza y el optimismo. Seguimos firmes en la 
decisión de construir la paz con justicia social y la democracia popular por nuestra 
firmeza política e ideológica, nuestra lealtad con el pueblo y la clase trabajadora, por 
nuestro indoblegable respeto a la palabra empeñada. Pero sabemos y advertimos a la 
comunidad nacional e internacional que si no cerramos filas en defensa de los Acuerdos de 
La Habana y exigimos con contundencia el respeto y el cumplimiento de lo firmado por parte 
de esta clase gobernante, se ahogara dentro del corto y mediano plazo la posibilidad más 
tangible de construir una paz espable y duradera.

Colectivo de Presos Políticos de las FARC-EP

Columna Domingo Biohó

Patio 4 La Picota.

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