(ca) anarkismo.net - Raymond Craib: "Para mí es esencial recuperar la alianza entre estudiantes y obreros" by Pascual Brodsky - Revista Santiago

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Lun Abr 16 08:20:47 CEST 2018


Durante 10 años, el historiador de la Universidad de Cornell estuvo trabajando en las 
persecuciones que sufrieron dirigentes y simpatizantes anarquistas tras las masivas 
marchas del hambre, y cuyo símbolo trágico es el poeta de 24 años José Domingo Gómez 
Rojas. Su muerte, ocurrida en un hospital siquiátrico luego de ser acusado de sedicioso, 
es el nudo de Santiago subversivo 1920, una historia de persecución política y étnica que 
muestra, a su vez, la convulsionada vida en las asambleas, escuelas populares, teatros, 
cafés e imprentas. ---- Uno de los mayores aciertos del libro Santiago subversivo 1920, 
concentrado en los cuatro meses álgidos de un proceso de persecución política, es el 
detalle con que recorre un entramado de solidaridades y conflictos entre obreros y 
aristócratas, estudiantes y profesores, poetas y policías, fiscales y sindicalistas. Así, 
indaga en la experiencia cotidiana de una ciudad donde conviven en un mismo plano 
personajes recurrentes (Manuel Rojas, González Vera, José Domingo Gómez Rojas) y otros 
menos visitados, pero no menos brillantes, como Julio Valiente, Casimiro Barrios y los 
hermanos Gandulfo.

Desde el primer capítulo, Raymond Craib nos introduce en la vigorosa cultura política y 
urbana que hizo posible "las marchas del hambre", en el precario y hacinado Santiago de 
1918. Enfocado en los barrios de San Diego e Independencia, Raymond Craib relata la vida 
diaria en las asambleas, huelgas, escuelas populares, ollas comunes, presentaciones 
teatrales, conversaciones en cafés y en imprentas. Luego, el relato sigue las 
consecuencias de la gran marcha que puso a 100 mil personas tomándose la Alameda. El 
gobierno de Sanfuentes respondió con medidas de emergencia contra la escasez de alimentos 
y, al mismo tiempo, para recuperar la unidad, promovió un fuerte discurso nacionalista, 
acusando a las organizaciones populares de querer traer el caos desde la reciente 
Revolución Rusa, aun cuando la organización más temida por el gobierno era la filial 
chilena de los Trabajadores Industriales del Mundo (IWW), surgida en Estados Unidos. De 
inmediato, el gobierno aprovecha un incidente menor en la embajada en Perú, para remover 
las cenizas de la Guerra del Pacífico, demonizando a los peruanos y propagando una 
paranoia de espionaje y sabotaje. Así se consigue aplicar la Ley de Residencia: no solo se 
empiezan a deportar a los residentes de origen peruano (a excepción de los empresarios de 
renombre); cualquier vínculo de las organizaciones obreras y estudiantiles con Perú 
bastaba para declararlas ilegítimas.

Una notable descripción de Santiago complementa el relato de la persecución política y 
étnica. Abundan las redadas y los montajes policiacos; se controlan los desplazamientos 
por la ciudad, los dirigentes y simpatizantes anarquistas se fondean en los conventillos, 
o son capturados y puestos en prisión preventiva, mientras la fiscalía (el juez 
Astorquiza) busca o inventa los vínculos entre sus organizaciones, partidos y revistas con 
dineros y políticos peruanos.

Raymond Craib ha concentrado sus investigaciones en la historia moderna de México y Chile, 
desde distintas perspectivas: urbanismo, teoría del espacio, historia del anarquismo y del 
comunismo. Su primer libro fue traducido y publicado el 2014 por la UNAM: México 
cartográfico: una historia de límites fijos y paisajes fugitivos. El 2015 organizó la 
conferencia y la recopilación No Gods No Masters No Peripheries: Global Anarchisms. Su 
segundo libro se titula The Cry of the Renegades (Oxford Press 2016), publicado ahora por 
LOM y traducido como Santiago Subversivo 1920.

¿Cómo empezó el proyecto de este libro?

Siempre estuve interesado en la política de la gente joven, en parte porque repudiaba la 
manera en que mis propias convicciones políticas de juventud fueron denigradas por una 
generación más vieja, que las tildó de rudimentarias, faltas de teoría, ingenuas, etc. El 
mismo discurso se repite una y otra vez. Recuerdo en 1999, durante las protestas contra la 
World Trade Organization (Organización Mundial de Comercio) en Seattle, los reporteros le 
ponían el micrófono en la cara a alguien y le preguntaban por qué estaba protestando, 
esperando una exégesis política perfectamente articulada y coherente. Si no la 
encontraban, usaban ese registro como arma para sugerir que los manifestantes eran unos 
ociosos, mimados, o que solo habían sido arrastrados por otros agitadores. Este tipo de 
expectativa es debilitante, reaccionaria e históricamente imprecisa. Entonces, quise 
capturar ese sentido de fluidez, de riqueza y capacidad. Es una forma de emancipar la 
imaginación y reelaborar las ideas, para desafiar las exigencias de autoridad.

¿Cuáles eran sus principales objetivos?

Para mí era (y es) esencial recuperar la alianza entre los estudiantes y los obreros. Los 
estudiantes no ocupan siempre una posición de privilegio (ni en el Santiago de 1920 ni 
ahora). Este supuesto de que los estudiantes y los obreros no pudieron (ni pueden) hacer 
causa común es equívoca y anacrónica. Como estudiante de doctorado en Yale, los ayudantes 
fuimos a paro para exigir a la administración el derecho a sindicarnos. Y tuvimos un apoyo 
fuerte desde los empleados sindicados y el mundo no académico, y vi de primera mano cómo 
-y de nuevo-, en el Santiago de 1920 y ahora, las categorías de "estudiante" y "obrero" se 
volvían más fluidas. Pero el proyecto en sí dio sus primeros pasos cuando terminé mi tesis 
doctoral: tenía dos hijos, y quería escribir un libro que pudiese resonar en ellos cuando 
fuesen adolescentes. Entonces recogí la hebra de una investigación anterior, sobre la 
revista Claridad, que existió en Argentina, Perú y Chile. Allí encontré a la figura de 
José Domingo Gómez Rojas y la importancia que había tenido para su generación y la posterior.

El rol político de los estudiantes es crucial para el período que investigó. ¿Cómo 
llegaron a politizarse de esa manera?

La Fech surgió de una protesta en 1906, cuando unos estudiantes de medicina fueron 
ninguneados durante una celebración en Valparaíso que, se suponía, era en su honor. Estos 
estudiantes habían estado en la primera línea de voluntarios organizando y habían ayudado 
a combatir una epidemia. En el evento, se relegó a los estudiantes al fondo de las 
galerías. Como respuesta, abuchearon a los dignatarios y autoridades que presidieron el 
evento, y decidieron formar la federación. Hasta 1917 fue un lugar donde los estudiantes 
podían juntarse, organizarse, y tenían una tendencia reformista, orientada a asuntos 
estudiantiles. En 1917 tomó un giro más militante hacia la izquierda, con el liderazgo de 
Santiago Labarca y Juan Gandulfo. Pienso que es una década notable, la de 1910, en que los 
estudiantes de la Fech estaban cada vez más inmersos en la sociedad, no retraídos de ella, 
la universidad estaba cambiando, creando nuevas facultades, nuevos cursos de estudio, 
expandiéndose para incluir a más alumnos; y tiene también a grupos de jóvenes militantes 
que no estudiaban pero que estaban asociados a la universidad, capaces de organizar y 
movilizar.

Algunos protagonistas

Santiago Labarca y Juan Gandulfo son personajes importantes en el libro. Santiago Labarca 
llegó a Santiago desde Chillán, a estudiar ingeniería, fue partidario de la Federación de 
Obreros de Chile, dirigente de la Asociación Obrera por la Alimentación Nacional, además 
de un coeditor del diario anarquista Numen. Juan Gandulfo vino de Los Vilos a la Escuela 
de Medicina; su habilidad como cirujano era legendaria, lo mismo que su don como orador, 
escritor, dirigente estudiantil y miembro de la IWW. Ambos estudiantes pasaron a la 
clandestinidad después de que la Fech criticara la demagogia nacionalista del gobierno, 
mientras este intentaba justificar un movimiento de tropas hacia las fronteras del Norte. 
El gobierno criminalizó a la Fech como cómplice de un supuesto sabotaje y espionaje peruano.

Otro de los blancos del gobierno fue el destacado dirigente político Casimiro Barrios, 
asociado al Partido Obrero Socialista (POS) y a la AOAN. Era un inmigrante que había 
vivido y trabajado desde los 14 años en el barrio San Diego. Bajo la Ley de Residencia, 
hubo una orden expresa de deportarlo (aunque ni siquiera era inmigrante de Perú, sino de 
España), lo que provocó una serie de protestas desde la Fech y la AOAN, además de algunos 
senadores.

¿Puedes comentar la importancia de una figura como Casimiro Barrios para discutir el 
nacionalismo del gobierno y la importancia de lo que tú llamas "sedentarios radicales"?

La ironía del caso de Casimiro Barrio es que, a pesar de la retórica del gobierno que lo 
retrató como un agitador extranjero y una amenaza al orden social traída desde afuera, fue 
de hecho su sedentarismo -el hecho de haber vivido casi toda su vida adulta en la calle 
San Diego, conocer las leyes del trabajo, ser un organizador incansable y habilidoso, 
formar parte de una red de agitadores y activistas- en fin, era eso lo que preocupaba a 
los que estaban en el poder, incluyendo a los distribuidores locales de vino que no 
querían sus campañas antialcohol. Pienso que, por la fuerte orientación actual entre los 
historiadores hacia los estudios trasnacionales, vale la pena no perder de vista la 
importancia y el poder del lugar.

A propósito, ¿qué aspectos de Santiago facilitaron esa cultura de asambleas y escuelas 
populares?

Un aspecto clave, y que se mantiene, fue lo compacto de la ciudad. Mientras la universidad 
se expandía en la primera década del siglo XX, más estudiantes llegaban a Santiago, y la 
mayoría vivía en pensiones alrededor de la Escuela de Medicina, al norte del Mapocho, pero 
también estaba la zona de la calle San Diego, a la que Manuel Rojas llamaba el "barrio 
latino". En esos lugares, por ejemplo, el café Los Inmortales o El Soviet, o en la 
imprenta de Numen, los estudiantes se encontraban a diario, ahí la gente se involucraba en 
sindicatos, se radicalizaban y se organizaban.

Todavía recuerdo una conversación excelente con Víctor Muñoz y Mario Araya sobre "mapear" 
los lugares donde la gente trabajó, vivió y se organizó en ese tiempo. Y claro, el libro 
terminó teniendo varios mapas que intentan ilustrar la política espacial de la ciudad.

Su libro se restringe a un período bastante breve de tiempo, si bien lo cubre desde 
distintas perspectivas. ¿Por qué ese acercamiento?

Quería cavar en profundidad en las experiencias de la vida diaria, cuestiones de 
experiencia, cambio urbano y morfología de la ciudad. Encontré una excelente variedad de 
fuentes: los registros de la Intendencia, las interrogaciones del Segundo Juzgado del 
Crimen; las hermosas novelas de Manuel Rojas y las historias breves de José Santos 
González Vera, entre otros. Uno de mis hallazgos favoritos fue encontrar el cuento sobre 
el hombre con visión de rayos X, que incluí en el libro. Ese documento tan breve, acerca 
de un arresto, revela una enormidad sobre tecnología, vigilancia, la policía y los 
estándares de evidencia en la época. Momentos así me llevaron a querer reconstruir esa 
vida diaria, en detalle. También traté de apuntar maneras en que el anarquismo se permea 
en la vida más cotidiana, basado en Colin Ward, o en Manuel Rojas y sus descripciones del 
anarquismo como una poética de vida. Por ejemplo, lo que en el libro llamo "política de la 
insolencia", la forma en que Gómez Rojas y otros mantuvieron una actitud abierta de 
desafío y desacato a las autoridades y sus protocolos, basada en principios claros, que 
exacerbaba la intensidad de la persecución que sufrían. A su vez, vi que el trabajo 
político de organizar, resistir y cambiar estructuras es laborioso, cotidiano, y suele 
transcurrir sin reconocimiento ni apreciación de otros. La tediosa y casi siempre 
desapercibida labor de tocar puertas, confrontar violaciones a leyes del trabajo, afrontar 
el mal tiempo para convencer a la gente de protestar, hacer encuentros en vez de pasar 
tiempo durmiendo o con la familia. Esto era algo que quise acentuar.

Una muerte violenta

Entre los casos de "política insolente" destaca la petición de libertad bajo fianza de dos 
dirigentes políticos (Pedro Gandulfo y Soto Rengifo), al juez Astorquiza, quien procesaba 
a los "subversivos". En plena "limpieza" étnica, Gandulfo y Rengifo descubrieron que el 
mismo juez Astorquiza había nacido en Perú, y publicaron una carta exigiéndole su 
renuncia. Por supuesto, aparte de denunciar la hipocresía de todo el proceso, la ironía 
les ganó un nuevo período de confinamiento solitario.

El otro caso, más famoso, fue la respuesta de José Gómez Rojas, al juez Astorquiza (o "don 
Pepe", como Gómez Rojas le decía confianzudamente), cuando este le remarcó que estaba 
acusado de uno de los crímenes más severos: atentar contra la seguridad interna del 
Estado. Él respondió: "No nos pongamos tan dramáticos, señor ministro". En breve, 
Astorquiza lo mandó a una celda aislada, húmeda y oscura, sin comida, aunque esas celdas 
podían usarse solo para los culpables y él estaba todavía en proceso. Pronto enfermó, fue 
trasladado al manicomio y murió. La procesión de su funeral fue una marcha multitudinaria 
que paralizó el centro de Santiago en pleno viernes por la tarde. Varios sindicatos se 
declararon en paro; presos desde Santiago y Valparaíso enviaron coronas de flores. Como se 
nos cuenta en la introducción de este volumen, la popularidad y violenta muerte de Gómez 
Rojas fue otra de las preguntas que incentivaron la escritura de Craib.

¿Daría algún consejo para los que están leyendo, escribiendo y "haciendo" historia?

Bueno, hay mucha presión ahora, especialmente en las universidades, para que haya 
especialización y dominio a largo plazo de un solo tema. Por ejemplo, se espera que un 
historiador del México moderno lo sea para siempre y que lea todo el trabajo reciente 
sobre esa historia. A mí eso no me resulta. Mucha de la inspiración para este libro surgió 
de leer al crítico marxista y escritor John Berger, al urbanista Henri Lefebvre, al 
antropólogo Jim Scott, a Kirstin Ross (crítica literaria que trabaja en Francia) y, por 
supuesto, de leer a Manuel Rojas y González Vera. También lo inverso es crucial: lo que 
lees y escribes también es relativo a cómo te comprometes políticamente.
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https://www.anarkismo.net/article/30931


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