(ca) FAI, Tierra y Libertad #356 - Agustín Rueda 1978: Hemos muerto jóvenes, sin oportunidad, sin apenas tocarnos, con el alma intacta.

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Lun Abr 2 08:08:09 CEST 2018


Agustín Rueda, aquella madrugada ---- era el último toro de la lidia. ---- Los diestros y 
su cuadrilla, total quince, ---- abrieron sin conmiseración la faena. ---- El presidente, 
ajeno o toxicómano ---- -hoy es un muerto de memoria inventada, ---- tal vez cómpliceno 
necesitó dar su consentimiento. ---- Rodolfo, el aguacil, ya lo había permitido. ---- - 
¡Que no quede ninguno! -se le había escuchado ---- gritar-, son de corazón negro, ---- son 
toros bravos, son anarquistas; ---- como el mal nacido de mi padre  ---- -repetía Rodolfo, 
el aguacil ---- con gafas de pasta y apestosas. ---- La luz que proyecta una bombilla ---- 
balanceándose en un columpio asesino, ---- casi siempre es el tobogán que conduce al 
infierno. ---- Cada vez que se ilumina la escena del horror  ---- los rostros toman su 
auténtico aspecto diabólico. ---- Cuando recibes los tres primeros golpes ---- con tal 
determinación, precisión y potencia, ---- intuyes que el final de la paliza será mortal.
Con los tres primeros,
tan solo con los tres primeros golpes,
la embestida, por muy bravo que seas, se vuelve vómito.
A continuación ya no eres persona,
ni animal ni toro ni anarquista;
ahora eres un trapo que friega
tu propia sangre por el suelo.

El barrio de Carabanchel dormía
el martes 14 de marzo de 1978.
Los siniestros matadores
con taleguilla azul de funcionario de prisiones,
los machos de cobardes bien atados,
los alamares deslumbrantes
como los ojos que esconden la capucha del verdugo,
se abalanzaron sobre aquel ser indefenso,
ahora sí; convertido para siempre en bayeta inservible
o en persona guiñapo.
La barriada obrera dormía y soñaba
con las verdes praderas de González; unos,
con un rojo y glorioso amanecer; otros,
con la dulce ignorancia reparadora; casi todos.
La barriada dormía, un perro aullaba su pronóstico
y mientras, en la Cárcel de Carabanchel,
continuaba la orgía.Diez matadores, dos médicos,
el director de lidia y su ayudante,
junto a un cura torero, rematan la faena.
Ese día el sol asomó avergonzado,
anubarrado, como una aspirina a medio disolver
en la mentira de un vaso de lejía.
Aún las rotativas no se atrevían a despertarse
en aquella mañana de 1978. Así se cimentó el futuro
de una casta gloriosa de cobardes,
embusteros, usurpadores,
ladrones, hipócritas y arteros.
Los criminales, cuando llegan a ancianos,
arrojan gran cantidad de misericordia y perdón
sobre la memoria que, durante toda una vida,
han falsificado:
Cuando el alma molesta,
lo mejor es abandonarla en un charco de sangre.
Hoy, los asesinos acompañan a sus nietos al parque,
y con cándida inocencia empujan el columpio.

Luis Farnox

https://www.nodo50.org/tierraylibertad/356articulo5.html


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