(ca) periodico-solidaridad.cl: El feminismo desde la otra vereda

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Jue Nov 30 06:49:04 CET 2017


A continuación un extracto del libro «Apuntes sobre feminismos y construcción de poder 
popular» que se presentará el próximo martes 28 de noviembre a las 18: 30 horas en el 
Archivo Nacional, Miraflores 50, metro Santa Lucía. ---- Por Javiera Rivas ---- Vecina y 
dirigenta del Movimiento de Pobladoras ---- y Pobladores por la Dignidad (MPD) ---- De 
feminismo no había leído nada, nunca. Lo más feminista que había leído son los memes que 
circulan en Facebook de la Simone de Beauvoir. Me rehusé por mucho tiempo a considerarme 
feminista. La verdad es que no podía reconocerme como tal porque consideraba que yo, en mi 
condición de pobre, no tenía ese derecho. Creía que no tenía el privilegio de decir: "sí, 
yo soy feminista". Por eso quisiera contar la historia sobre cómo llegué a pensarme 
feminista. Fue un proceso intenso el que me llevó a entenderme como una feminista 
comunitaria y poblacional.

Nuestro movimiento principalmente nace de la necesidad. Yo soy una de las fundadoras del 
comité y cuando empezamos a trabajar éramos solo tres familias. Había que organizarse. De 
esas tres familias, ya somos más de 500 personas. Llevamos una lucha de dulce y de agraz 
porque tiene de todo. Nos hemos fortalecido mucho, pero no hemos logrado lo más concreto: 
tener nuestras casas. Llevamos ocho años teniendo victorias y muchas otras cosas, pero el 
objetivo principal no lo hemos logrado. Y eso, para todos los que estamos en el Movimiento 
de Pobladoras y Pobladores por la Dignidad (MPD), también es una frustración: tener 
gobiernos tan inoperantes que nos hayan hecho creer que nuestras demandas son sueños. 
Todos escuchamos del "sueño de la casa propia" como si no fuera un derecho.
Un día recibimos la invitación de organizaciones y compañeros de la Federación Nacional de 
Pobladores (FENAPO), organización de la que también habíamos sido fundadores como MPD, 
pero que habíamos dejado para ese entonces por diferencias. Con todo, seguimos 
reconociéndolos como nuestros hermanos, por eso fuimos invitados. En ese momento, llevaban 
setenta y tantos días acampando en la ribera del río Mapocho y me invitaron a escuchar a 
unas feministas bolivianas. En un principio pensé "oh, que lata, ir a escuchar a unas 
viejas cuicas hablar de lo terrible que es ser mujer". Porque para mí no es nada terrible 
ser mujer, y quizás a muchas mujeres que yo respeto les violenta un piropo en la calle. 
Pero a mí me violenta mucho más no saber si voy a tener las colaciones de la otra semana 
para mis hijos. Eso me violenta más a que me digan "mijita rica" en la calle, porque por 
último si el piropo me molesta mucho, pego un combo o agarro a "chuchás" a quien me lo 
dice. Pero me insistieron. Me insistieron tanto que dije "ya, voy a ir, aunque ellas nos 
vayan a decir cómo nos tenemos que comportar".
Tenía muchos prejuicios con respecto al feminismo. Pero ese día llegaron dos mujeres igual 
de pobres que yo a hablar sobre feminismo comunitario. Y ahí recién pensé "¿por qué no?". 
Pensé "les vamos a arrebatar hasta el nombre de feminismo". Pensé, "¿por qué yo, en tanto 
pobre, no puedo llamarme feminista en base a lo que yo soy, a mi experiencia, a lo que yo 
he vivido?". Porque claro, yo no veía a mis compañeros como mi opresor, los veía y los veo 
tan víctimas como yo. Hasta ahí no entendía lo del patriarcado y nada de eso. Entonces, 
cuando escucho el discurso de Adriana y Julieta me hizo sentido. Las escuché y, así todo 
patuda, les dije que a partir de ese día me consideraba una feminista comunitaria y 
poblacional. Después, por circunstancias de la vida y agradecida de todo este rompecabezas 
que se empezó a armar desde hace muchos años, fui a Bolivia y conocí más el trabajo de 
ellas y también les mostré el trabajo que teníamos nosotras acá.
Violeta Gómez Urdiales también conoce a las chicas allá en Bolivia. Violeta es inmigrante 
mexicana y estudiante, y vino para hacer un postgrado de psicología comunitaria y poner 
sus conocimientos e investigaciones a disposición nuestra. Las Feministas Comunitarias 
(FC) de Bolivia, Julieta Paredes y Adriana Guzmán, le dieron mi contacto porque en ese 
momento yo estaba de vocera nacional de FC. Y de ahí no nos separamos más hasta que se 
fue. La tesis que trabajó Violeta era sobre nosotras y la desarrolló a partir de un ciclo 
de talleres que hizo. Igual ella decía que todas la hacíamos, aunque me costó entenderlo 
al principio. Pero se trataba de eso su trabajo, un ciclo de talleres con pobladoras del MPD.
Cuando llega Violeta, empieza a aterrizar todo el desorden que tenía en mi cabeza respecto 
del feminismo. Con ella lo empiezo a sintetizar y a pensar. Creo que, en agosto de ese 
año, recién lo entendí. Considerando incluso que un año antes de eso ya me consideraba 
feminista, pero en realidad, yo creo que desde ese agosto recién entendí lo que es el 
feminismo. Entendí que esto tiene que ser desde nosotras, individuas, nosotras como 
mujeres, y de ahí en adelante a lo colectivo y lo comunitario. Si no somos capaces de 
hacerlo de ese modo estamos puro para decir que es el día de la compañera, el día de la 
mujer. Todas estas cosas que estamos aprendiendo son para arrebatarle todo a las garras 
del patriarcado, y lo tenemos claro, ¿verdad?
Este proceso nos llevó a realizar esos talleres con las mujeres del comité. El primer 
ciclo buscaba hacer una introducción al feminismo y cómo lo veíamos nosotras desde nuestra 
perspectiva como dueñas de casa. Porque todas lo veíamos súper lejano antes, no sentíamos 
que una pudiera ser feminista. La Viole nos contó en dos talleres cómo se fue formando el 
patriarcado desde los inicios. Después iniciamos un ciclo que se llamaba "fortalecimiento 
comunitario", era bacán, no parecía un taller, era una especie de conversatorio. Ella 
jamás se paró con un papelógrafo a explicar. Todas estábamos sentadas y llevábamos algo 
para comer, y estábamos conversando todas todo el rato. Al primer taller se invitó a las 
chiquillas del MPD, pero después tuvo tanto éxito que se abrió. El contexto era en mi 
casa, que es chiquitita, pero igual nos hacíamos el espacio para estar las catorce o 
dieciocho mujeres que llegábamos. Se sumaron mi mamá y mi hermana. Mi mamá fue a todas, 
después le encantó, ahora es una invitada ilustre del MPD, y yo que nunca me lo hubiese 
imaginado. Fueron igual chiquillas de otros lados, no solo del MPD, y esa es siempre 
nuestra intención desde el MPD en sus distintas ramas, que de verdad se esté para la 
comunidad.
Después con este grupo nos seguimos viendo y trabajando en la asamblea, también nos 
juntamos cada cierto tiempo. A veces cuesta, pero igual lo logramos. Lo cierto es que, más 
allá del MPD, el impacto de estos talleres fue a nivel personal. Eso es lo más importante. 
Yo lo noto, por ejemplo, en la Inés hasta en su forma de vestir, pasó de andar como la 
típica señora a andar con buzo, zapatillas, jeans. Se ha empoderado, súper bien. Yo creo 
que el cambio es más de adentro, y lo veo en mí misma. Yo siento que todas evolucionamos y 
vemos desde otra perspectiva todo. A mí me sirvió mucho, y me sirvió mucho el apañe desde 
el instinto de las chiquillas, de estar ahí, de estar pendientes. Nos dimos cuenta desde 
el instinto que todas nacemos feminista, pero nos van quitando ese derecho a medida que 
vamos creciendo. Más que el impacto en el territorio, yo creo que es más desde adentro.
Mi experiencia personal fue esa, fue así. Entendí que lo había entendido mucho antes. Si 
efectivamente una quiere cambiar algo tiene que partir por una misma, y en ese momento te 
das cuenta de que todas las luchas están juntas. Ahora escucho a mis compañeros hombres 
hablar del feminismo como si fuese parte de ellos también. Yo no le veo nada malo. A mí me 
gusta trabajar con hombres, estoy tan acostumbrada a trabajar con ellos que sería muy 
extraño no trabajar con hombres. Pero igual para los talleres comprendimos que esa 
instancia tenía que ser desde nosotras y para nosotras. Los compas más cercanos se definen 
feministas populares, siempre nos hacen el aguante en todo, igual que nosotras a ellos, es 
recíproco. Pero también los comités de vivienda son la mayoría mujeres, y siempre hemos 
sido más mujeres las dirigentas. El único hombre mayormente visible ha sido el Tilo, los 
demás cumplen roles principalmente administrativos, como el Abraham que es tesorero. Ellos 
dicen que se sienten más seguros cuando nosotras llevamos las vocerías, nos reímos harto 
de eso. En las vocerías del MPD la mayoría somos mujeres. Y en las organizaciones 
políticas donde participamos, todas y todos exigimos que existan frentes 
despatriarcalizadores, que en los programas pongan estas cosas. Los compañeros hacen 
propio el discurso que antes creíamos que era solo de nosotras, se han hecho parte de 
esto. Yo creo que ha sido así porque lo hemos hecho de manera comunitaria, porque en los 
mismos talleres hemos reflejado eso. Ha sido un proceso bien enriquecedor para todos los 
lados.
Durante el proceso que comenzamos con las compañeras del MPD nos cuestionamos todo desde 
el feminismo. También cuestionamos ese patriarcado que está dentro de nosotras, que lo 
vivimos día a día, que lo recibimos y también lo damos. Esa crítica fue un buen comienzo 
para nosotras porque nadie es perfecta, nadie es pura. Sin embargo, estamos intentando 
crear otra solución, estamos tratando de crear y construir otra realidad. Y entonces, 
¿cuál era esa meta? o ¿hacia dónde queríamos llegar en nuestra realidad? Queremos llegar a 
la comunidad, a construir esa comunidad, una que no sea utópica –donde todos somos 
felices, todos hermanos–. No, queremos construir realmente una comunidad. El trabajo que 
estamos haciendo con las compañeras es crear un movimiento, es crear una vivienda. Desde 
ahí se van a dar esos procesos, en el día a día, desde donde iremos tirándole piedras al 
patriarcado. Por cierto, no es sencillo. Nos hemos encontrado con autocríticas, con 
cambios internos y profundos. Pero en ese reflejo con las demás nos reforzamos, y si nos 
echábamos porras, nos ayudábamos; si llorábamos estaba la otra, si avanzábamos también 
estaba la otra para reflejarnos.
Entonces, yo creo que a donde debe apuntar el feminismo –no solamente en Chile sino 
también en América Latina– es a este proceso de ir desde lo individual al grupo de 
mujeres, y de ahí a la comunidad. Es decir, un proceso de caracolas: mientras estoy 
retroalimentándome yo como sujeta, también estoy construyendo con las demás, y después con 
los compañeros hacia esa comunidad que necesitamos.
Para mí las prácticas están al centro. Me parece que las cosas son desde lo micro a lo 
macro, desde lo cotidiano. Veo cómo hay que pelear por cada espacio en una organización, y 
veo cómo se tiene que pelear para llegar a estar allí. Y, cuando te ves arriba, hay que 
darle la mano a la que sigue para que pueda encaramarse, y así, mientras más seamos, vamos 
creciendo. Para mí el feminismo viene desde la práctica. Este año he leído y he escuchado 
mucho, y si bien me veo acelerada, soy muy paciente. Eso me hace optar siempre por el 
camino más largo y aunque me demore mucho tiempo más, no me he equivocado.
Yo creo que mientras más verbalizamos el feminismo, más tratamos de llevarlo a la 
práctica, más fácil lo vamos adquiriendo. Ahora bien, es imposible desvincular el 
feminismo popular de las luchas sociales. Nosotras despabilamos desde la organización 
popular hacia el feminismo. Si no hubiésemos estado insertas dentro de ese mundo quizás no 
nos hubiésemos cuestionado, habríamos pensado que lo que teníamos nos tocó no más, no nos 
habríamos movido de ahí. A cuántas mujeres ya les pasó. En cambio, nosotras nos formamos 
como feministas dentro de la organización. Ese primer vínculo con las mujeres comunitarias 
de Bolivia fue gracias MPD. Si no hubiésemos estado vinculadas a una organización social 
en lucha, probablemente nunca habríamos llegado a ese momento de decir yo sí puedo ser 
feminista. Fue al revés, nos vinculamos desde la organización hacia el feminismo, y no 
desde el feminismo hacia la organización.
Estar en una organización social te abre muchas ventanitas en la cabeza, te cuestionas 
todo, por ejemplo, los roles de hombres y mujeres dentro de la organización. Para nosotras 
no es lo mismo ser dirigenta que para nuestros compañeros, para nosotras es un peso más 
grande. Muchas compañeras han tenido problemas dentro de la casa porque, claro, gastas 
todo tu tiempo en la organización. No lo digo desde el lugar de víctima, pero así es la 
realidad, es una realidad la triple jornada. A pesar de eso, yo pienso que el feminismo ya 
es un instrumento. Ahora, tiene que volverse cada vez más una herramienta con la que 
podamos construir el programa, la comunidad, las familias, la sociedad, la salud y la 
educación que queramos.

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