(ca) Federación Estudiantil Libertaria FEL-Ibérica: 25N. No somos víctimas, somos supervivientes ¡y combatientes!

a-infos-ca en ainfos.ca a-infos-ca en ainfos.ca
Mar Nov 28 06:52:20 CET 2017


Con motivo del 25 de noviembre contra las violencias machistas, desde la Federación 
Estudiantil Libertaria consideramos necesario hacer un análisis de nuestros entornos 
personales y sociales para lograr la eliminación de estas violencias encabezada por el 
empoderamiento y liberación de las mujeres. Es hora de gritarle al mundo que no somos 
víctimas sino supervivientes. ---- Es imprescindible identificar la función social que 
cumplen las violencias contra las mujeres: el mantenimiento del sistema patriarcal dentro 
del entramado de sistemas a nivel mundial, que confluyen y se retroalimentan mutuamente. 
Recordemos que, como mujeres, estamos atravesadas en nuestros propios cuerpos, por 
continuos sistemas de violencia: no sólo somos mujeres; somos mujeres, trabajadoras, 
racializadas, trans. Enfrentar las violencias patriarcales implica primero comprender 
todas las maneras que tiene el patriarcado de atacarnos, y armarnos ante ellas, lo que 
implica construir una lucha que necesariamente nos incluya a todas. Las violencias que 
sufrimos no pueden definirse como irracionales, todo lo contrario, su objetivo es el 
sometimiento de la mujer bajo el yugo de la masculinidad occidental como poder dominante.

El Estado tiene -como siempre ha tenido- un rol fundamental en la acción y legitimación de 
estas violencias: además de ser el responsable de la revictimización que sufrimos en los 
procesos de denuncia, también lo es de las violencias ejercidas sobre nuestras compañeras 
migradas. No sólo no soluciona el problema atacando a su raíz, sino que además 
revictimiza, estigmatiza y culpabiliza a la víctima. Un ejemplo de ello es la obligación 
de la agredida a declarar en presencia de su agresor que pretende establecer el Pacto de 
Estado contra la Violencia de Género.

La única respuesta del Estado frente a las violencias machistas es generar mecanismos e 
instituciones que producen un mayor intervencionismo sin ser sinónimo de una mayor 
eficacia en la lucha frente a las violencias contra las mujeres. Muy al contrario, lo que 
podría considerarse como un descenso de las tasas de violencia grave contra mujeres no es 
un reflejo de la realidad, sino que se debe al artificio jurídico de calificar como delito 
de lesiones menos grave aquellos en los que no se pueda demostrar un elemento de 
dominación sobre la agredida. Es decir, se crean mecanismos patriarcales para continuar 
invisibilizando violencias machistas dentro del aparato judicial, ignorando la contundente 
realidad de que esta dominación machista se da en la práctica totalidad de los ámbitos 
sociales.

En el contexto académico no existen programas educativos con perspectiva de género e 
igualdad de oportunidades. Ello puede venir dado por la acción, pero también por la 
omisión: la visibilización de referentes femeninos en la mayoría de áreas de estudio sigue 
brillando por su ausencia o escasez. Así mismo, los estudios más enfocados a cuidados y 
enseñanza continúan estando dirigidos a la población femenina. Por otro lado, las figuras 
de autoridad, que cuentan con una gran aprobación social, pueden ser personas 
desinformadas en materia de género y que, cuanto menos, refuerzan el sistema patriarcal. 
Es sabido que cuando un docente da una opinión, ésta se convierte en una verdad universal 
(cuanta más autoridad, más absoluta es esa verdad), y las violencias hacia las mujeres no 
se salvan: cuando un docente humilla a figuras femeninas o desacredita sus intervenciones 
por el hecho de ser mujeres, banaliza la violencia contra las mujeres o infravalora la 
lucha feminista por considerar -¡o no!- que ya impera la igualdad, otorga legitimidad a 
estas actitudes machistas y perpetúa las mismas en el resto de individualidades de la 
comunidad educativa.

Para combatir las violencias contra las mujeres, es necesario cambiar el modelo educativo 
en el que vivimos, por otro que apueste por la igualdad desde el respeto por las 
diferentes identidades. Es fundamental incentivar programas coeducativos con perspectiva 
de género -sin olvidar las opresiones que coexisten en el sistema educativo en relación a 
etnia y clase- que destruyan los roles de género permitiendo así que no se reproduzcan 
actitudes machistas ni opresoras de las diferentes identidades de género y que se rompa 
con la dinámica capitalista heteropatriarcal y racista. La intervención ante las 
violencias machistas debe construirse en base a un modelo efectivo que no es sinónimo de 
mayor intervencionismo del Estado, sino de disponibilidad de recursos y mecanismos 
eficaces para construir una sociedad libre de violencia e imposiciones contra las mujeres.

Desde nuestros espacios, en la lucha por la liberación de las mujeres, debemos romper 
internamente con las lógicas heteropatriarcales aprehendidas para liberarnos de la 
dominación del sistema. Es necesario respetar los tiempos de deconstrucción necesarios, 
siempre que no entorpezca la lucha feminista ni dilate y facilite la dominación de las 
mujeres. El objetivo es conseguir que ni nuestro sexo ni nuestra identidad de género, 
determine nuestra autonomía, que las mujeres seamos autosuficientes y personas completas 
que no necesitan de un acompañante que complemente nuestras vidas, acabar con el mito de 
las medias naranjas: si media naranja no llena un vaso de zumo, mucho menos completa una 
vida, somos naranjas enteras, jugo y semillas nosotras mismas. Una herramienta para 
liberar nuestros espacios es feminizarlos, es decir, visibilizar las figuras femeninas así 
como los valores feministas como la igualdad y la defensa del cuerpo, del territorio, de 
las otras, a través del empoderamiento personal y colectivo.

En cuanto al papel de los hombres en la lucha feminista, es importante destacar su labor 
de deconstrucción para alcanzar el absoluto respeto dentro de los espacios feministas y de 
la sociedad en general. En este sentido, es imprescindible el trabajo personal y colectivo 
en la revisión de los roles adquiridos como hombres en el medio social patriarcal, así 
como la elaboración de materiales de formación que incidan sobre la visión de las mujeres 
como iguales y personas independientes y libres, pero, sobre todo, sobre los aspectos 
sociales y personales de la violencia contra las mujeres como herramientas de prevención.

Por último, respecto al ámbito de las relaciones interpersonales, es imprescindible 
recordar que las violencias encubiertas son tan importantes como las manifiestas; 
manipular la realidad de la agredida, humillarla, desvalorizarla, intimidarla con gestos y 
posturas amenazantes, etc. es una parte de las violencias contra las mujeres que en 
demasiadas ocasiones es invisible a los ojos de la sociedad y destructiva a la percepción 
de autoestima de la agredida. La labor de la sociedad es hacer visible esa destrucción 
mediante la concienciación colectiva sobre todos los tipos de violencias contra las 
mujeres y un elemento clave para ello es la prevención a edades tempranas, en este sentido 
debemos destacar la importancia de un modelo coeducativo en los términos que indicamos 
anteriormente.

¡Por un modelo co-educativo, libre y popular!
¡No somos víctimas, somos supervivientes y combatientes!

https://felestudiantil.org/2017/11/25n-no-somos-victimas-somos-supervivientes-combatientes/


Más información sobre la lista de distribución A-infos-ca