(ca) FAI: tierra ylibertad #351 - Territorios alternativos de libertad

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Jue Nov 23 07:48:33 CET 2017


Tras la Revolución francesa, comienzo simbólico de la modernidad en política, surgieron 
las distintas escuelas socialistas, divididas pero todas tendentes a desear, proponer y 
valorar el socialismo, sistema de convivencia social donde el valor colectivo de compartir 
era considerado prioritario. Los rebeldes, los marginales, los explotados, los oprimidos 
en general se sentían incluidos en una lucha para abatir el poder dominante para la 
llegada del "sol del porvenir", una sociedad nueva fundada en la justicia, la libertad y 
la igualdad. ---- Estaban totalmente convencidos de que sería suficientes con abatir las 
estructuras del poder dominante para crear formas e instituciones de una nueva 
sensibilidad, apoyados en la certeza de que la libertad y la solidaridad corresponderían a 
una natural propensión de la vida social, de momento reprimida e impedida.

Hoy ese sueño se ha desvanecidos completa y definitivamente.

En la fase actual, cuando el capitalismo propietario teorizado por Smith y Ricardo es un 
triste recuerdo, y lo que triunfa es un liberalismo rampante de hegemonía financiera, 
sustancialmente ejecutivista y especulativo, las sociedades se presentan cada vez más 
esquizofrénicas. Por una parte (y es lo que verdaderamente prevalece) asistimos a una 
proliferación de comportamientos motivados por un egoísmo desmedido y por tendencias 
avariciosas procedentes de todos los estratos y clases sociales, si bien con formas y 
modalidades diferentes. Una humanidad que parece lastrada en un abismo ferozmente 
antihumanista, animada por una enorme maldad.
Por otra parte, si bien bastante minoritarias e incluso marginales, asistimos a la 
proliferación de iniciativas solidarias de tendencia naturalista, motivadas por 
necesidades éticas y estéticas, que profundizan en ayudar a los más débiles y oprimidos. 
Entre estas dos tendencias, una inmensa especie de "tierra de nadie", aparentemente 
anónima, que sobrevive y se esfuerza en su propio ámbito individualista intentando sufrir 
lo menos posible, sin llegar a conseguirlo, la omnipresente crueldad del dominio 
económico-militar-político que se impone con arrogante vehemencia.

Altamente improbable

Frente a tal espectáculo, es fácil dejarse invadir por el miedo a que tuviese razón 
Hobbes, quien en el Leviatán describe la sociedad como lugar del "todos contra todos", el 
famoso homo homini lupus (el hombre es un lobo para el hombre) del que brota el miedo de 
quienes quisieran el mando férreo de un monarca tirano al que, por contrato implícito, se 
encomendaría la tarea de imponer el orden y protegernos.
Por suerte para nosotros, se trata de una visión viciada de raíz, artificio abstracto 
fundado en la certeza no comprobada de un presunto "estado de la naturaleza", en el que 
prevalecerían instintos y comportamientos antisociales, en realidad encaminada a 
justificar el imperio absoluto de un Estado déspota.
Con una mirada antropológica atenta, hoy podemos decir con certeza que son por el 
contrario las relaciones y las condiciones sociales las que determinan y estimulan el 
comportamiento, la mentalidad y la dirección política de las estructuras que nos 
gobiernan. No existiendo presupuestos innatos, como sucedería si se tratase de la 
naturaleza humana, puede perfectamente haber cambios, ya que la posibilidad de cambiar 
depende de la voluntad y de las propensiones colectivas.
Sin lugar a dudas, el control social y la violencia establecida, que se imponen protegidos 
por leyes producidas por los organismos internacionales, determinan enormes 
condicionamientos, así como vínculos de dependencia y sugestiones apresuradas derivadas de 
la lógica y de la acción de los mercados. La posibilidad de cambiar existe porque ninguna 
condición, por mucho que se diga lo contrario, está inscrita en las férreas leyes de la 
Naturaleza, de las que no es posible prescindir.
Por ello de momento aparece como altamente improbable cualquier cambio con características 
de emancipación. La crónica cotidiana, de hecho, documenta la amplificación de ansias y 
aprensiones colectivas. Miedo a ser agredidos o robados, miedo a que los inmigrantes sean 
demasiados y nos roben el trabajo y se conviertan en malhechores agresivos, miedo a que la 
prepotencia y el bulismo se hagan fuertes, miedo al terrorismo cada vez más establecido, 
miedo a salir de casa. Un cúmulo de temores que inducen a un pesimismo rampante, abonado 
con un progresivo desvío a la derecha del sentir y del manifestarse colectivos. En 
distintas partes del planeta, si bien con modalidades y aspectos diferentes, se están 
difundiendo sentimientos xenófobos y racistas, cada vez más frecuentemente asociados a 
turbias peticiones de ser dirigidos por hombres fuertes.
Un clima que está favoreciendo la expansión de formaciones de extrema derecha 
declaradamente racistas, con delirios supremacistas y anhelos de nacionalismo soberanista. 
Todo ello acompañado por la amplificación de mentalidades que expresan comportamientos 
antisociales, androcráticos y machistas. Se produce algo similar en el panorama sociopolítico.
Los herederos de la "gloriosa" clase obrera, o de lo que queda de ella, están destinados 
entre otras cosas a ser sepultados en un incipiente proceso de automatización y de 
robotización. Por ejemplo, en los Estados Unidos han votado a Trump, en Francia con mucha 
probabilidad votarán al lepenismo rampante; mientras, en Italia, desde hace dos décadas 
capas consistentes del proletariado votan a la Liga sin demasiado problema. En todo el 
mundo un número creciente de personas procedentes de los estratos más desposeídos de la 
población muestra simpatía por las nuevas formaciones de inspiración chovinista, xenófoba 
y nacionalista.
Por eso está fuera de la realidad continuar identificando y proponiendo al actual 
proletariado, en cuanto clase, como sujeto "natural" revolucionarios por excelencia. Si 
pensamos en un pasado reciente, cuando todavía anidaba en los corazones la "certeza del 
sol del porvenir" (sobre esta ilusión se ha colocado en gran medida el andamiaje 
ideológico de la izquierda en general), nos damos cuenta de que este formidable 
desplazamiento hacia la derecha de los supuestos "sujetos de clase" hace impracticable una 
nueva proposición, ni siquiera actualizada, de proyectos alternativos libertarios de tipo 
solidario y mutualista. El elemento anhelante, que reforzaba los ideales y se traducía en 
construcciones utópicas a alcanzar, se ha disgregado al impactar con una realidad que de 
hecho ha cambiado espontáneamente en sentido antitético al planteado.

¿Acabar con lo existente?

Lo que se está proyectando con creciente vehemencia no es precisamente un seguro para los 
amantes de la paz y la libertad, sino que cada vez resulta un impedimento mayor para la 
creación y difusión de situaciones de solidaridad y apoyo mutuo, es decir, para la 
posibilidad de avanzar hacia alternativas sociales libertarias, anarquistas para más 
señas. Al menos si entendemos el anarquismo como algo que debería abrazar a la sociedad en 
su conjunto, como en efecto ha sido concebido por los "padres fundadores". En su poético 
"nuestra patria es el mundo entero", en su estupendo sueño de "un internacionalismo de la 
libertad", capaz de abrazar a todo ser humano en el mundo entero, el anarquismo ha 
mostrado siempre una belleza humanista y liberadora sin compromisos. Nuestros corazones 
están todavía llenos del maravilloso "si uno no es libre, nadie lo es", de bakuniano recuerdo.
Cuando esta perspectiva ideal fue pensada, tenía un sentido profundamente realista porque 
se situaba y tomaba fuerzas en contextos subordinados a despotismos despiadados, impuestos 
por altas jerarquías que sin remisión sometían e impedían la libre circulación de ideas y 
la formación de agrupaciones desde abajo. Un contexto que legitimaba suponer que si no 
existiera el puño de hierro y el bloque de Estado, Ejército e Iglesia, habrían florecido 
espontáneamente situaciones de libertad y de reparto económico solidario. Entonces tenía 
sentido suponer que, si se consiguiera destruir los muros que impedían por su autoridad la 
expresión de la libre voluntad colectiva, se habría propagado una situación plena de 
libertad y anarquía.
Un panorama visionario superado, que con gran evidencia se enfrenta a los escenarios que 
hoy se están planteando. Si de improviso, por un improbable evento revolucionario 
cualquiera, se crease una situación sin autoridad y sin estructura de mando, dejando campo 
libre a la construcción de proyectos desde abajo, casi con seguridad se edificaría algo 
bastante alejado de perspectivas de tipo libertario. De hecho, en vista de las tendencias 
que se están manifestando en varias partes del mundo, es lícito suponer que tomarían forma 
nuevos y aberrantes absolutismos, totalitarios y despóticos, algunos con preocupantes 
puntos de inspiración teocrática.
Por ello tiene sentido continuar expandiéndose con el fin declarado de acabar con lo 
existente, animados por la convicción de que, una vez abatido, se abrirá la vía hacia 
formas de libertad y apoyo mutuo como las que planteamos. Justamente, no se puede excluir 
nada a priori, pero tampoco se puede propagar como el camino principal. Debemos tener bien 
presente que la revolución para los anarquistas es solo un medio para llegar a la 
anarquía, esto es fundamental, mientras que no podremos ser nunca anarquistas para hacer 
la revolución. No tiene sentido fabricar certezas sobre futuribles en absoluto previsibles 
ni dirigibles en el sentido proyectado, para encajar como sea estrategias políticas 
practicables. Tal como las señales bajo los ojos nos sugieren que, con toda probabilidad, 
caminamos en una dirección contraria a la que propugnamos, el buen sentido y la 
inteligencia sugerirán cambiar de propuestas estratégicas, sobre todo para mantener la 
coherencia y los planteamientos de nuestra propuesta.
No olvidemos nunca que, porque así lo hemos escogido, somos decididos defensores de un 
principio básico irrenunciable: la anarquía no puede ser impuesta. En el momento en que se 
convirtiese en hegemónica por la fuerza, renunciaría a lo que proclama, ya que 
traicionaría a su propia naturaleza. Por eso es imprescindible que cualquier cosa que 
proyectemos sea siempre coherente con lo que queremos o anhelamos. Si en una eventual 
situación de revuelta, como hemos visto, se proyectara una probable mayoría de peticiones 
desde abajo autoritarias y liberticidas, resulta impensable encontrarse otra vez en la 
situación de tener que ganar una guerra contra la autoridad política de turno, para 
imponerse y... en este punto, necesariamente, para intentar "imponer la anarquía". Así no 
tendremos ni la anarquía ni la posibilidad concreta de imponerla.

Lugares no autorreferenciales

¿Se ha acabado el tiempo de los anarquistas? En mi opinión, todo lo contrario. Solo que ya 
no es ni puede volver a ser el tiempo de la revolución insurreccional, que quisiera abatir 
con violencia taumatúrgica la tiranía para dar libre desahogo a la libertad ahora 
reprimida. Mucho más inteligentemente, hoy debe ser el tiempo de la reflexión, de la 
investigación, de la experimentación, en una propensión de acciones y proyectos 
autoeducativos.
No podemos, no debemos nunca obligar a los demás a vivir socialmente como nosotros 
pensamos; pero tampoco podemos, como anarquistas que somos, aceptar vivir la "vida natural 
actual" como las diversas formas de dominio nos imponen. Con agudeza y buen sentido, 
buscamos vivir cada día lo más coherentemente posible, como de hecho debemos continuar 
difundiendo, incrementando la fuerza, la crítica radical y despiadada contra el poder 
establecido por su forma de actuar. Sobre todo, debemos intentar construir lugares 
autogestionados donde, como nosotros queremos, intentaremos vivir hoy de la manera más 
anarquista posible. Lugares no autorreferenciales ni aislados sino territorios 
alternativos de libertad en las sociedades de dominio, concebidos como espacios 
atrayentes, como lugares capaces de seducir por su belleza y praxis libertaria.
Una sociedad en la sociedad. Una anarquía más allá del acontecimiento revolucionario.

Andrea Papi

https://www.nodo50.org/tierraylibertad/351articulo2.html


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