(ca) REJUVENECER EL SINDICATO - 13 NOVIEMBRE, 2017 APOYO MUTUO REFLEXIÓN Y DEBATE Por A. Lareo, militante de Apoyo Mutuo (apoyomutuo.net) y de CGT Enseñanza Madrid

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Sab Nov 18 10:53:12 CET 2017


Movilizar a la juventud e implicarla en la militancia sindical para mejorar sus 
condiciones de vida no es tarea fácil para el sindicato. Después de años de bombardeo 
neoliberal sobre lo desfasado de luchar y organizarse en el puesto de trabajo, vivimos 
cierto resurgir de la organización de personas trabajadoras jóvenes y precarias: 
organizaciones de barrio, comunitarias, con un marcado carácter feminista... Es 
fundamental trazar alianzas con toda la clase obrera organizada y plantear estrategias 
efectivas para revitalizar el sindicalismo y atraer la atención de la juventud luchadora. 
---- En los espacios de lucha de la izquierda socialista y libertaria no hay, por lo 
general, un problema de participación juvenil (entendida como tal la de aquellas personas 
menores de 30 años). Movimientos de vivienda, feministas, centros sociales, asambleas de 
barrio... buena parte de estos espacios están integrados (a veces excesivamente) por 
personas y militantes jóvenes. Sin embargo, el tiempo pasa y más tarde o más temprano la 
cuestión del relevo generacional adquiere importancia. En algunos casos, como en los 
espacios estudiantiles, este ocurre de manera apresurada y forzosa. En otros, en los que 
la militancia más veterana pasa a convivir con nuevas generaciones de lucha, el proceso 
acostumbra a darse de forma conflictiva, llegando a veces a provocar rupturas dolorosas. 
Tampoco son pocas las organizaciones o colectivos que mueren por la incapacidad de 
gestionar adecuadamente un relevo. Estos problemas impiden acumular experiencia en las 
organizaciones sociales y dificultan el empoderamiento de las mismas para una 
transformación social.

Las confederaciones sindicales, con una mayor capacidad organizativa que los colectivos, 
han demostrado su capacidad para pervivir. Con todo, sufren en general una menor presencia 
de personas jóvenes que participen y se impliquen en el trabajo sindical y orgánico. 
Tampoco el relevo generacional va siempre acompañado de una evolución en las formas de 
hacer que permita conectar con las nuevas generaciones. Hay cuestiones estructurales y 
culturales que pueden ayudarnos a entender por qué esto ocurre. Existen también medidas 
que se pueden tomar para lograr una mayor implicación de la juventud trabajadora en el 
sindicato. Sin más intención que dar aquí unos breves apuntes al respecto, allá vamos.

Cuestiones estructurales

Los cambios en el paradigma del empleo en occidente han construido un tipo de trabajador o 
trabajadora que es muy diferente al existente hace 20 años, y mucho más a los que existían 
hace un siglo. Las transformaciones tecnológicas y legislativas han traido cambios al 
mercado laboral que han modificado el terreno de juego para el sindicalismo. Relaciones 
neoesclavistas se disfrazan hoy de flexibilidad y economía colaborativa. La brecha de 
género y la diversidad de figuras contractuales dividen a los trabajadores. También la 
subcontratación y la ultramovilidad dificultan la solidaridad y aumentan la complejidad de 
la labor sindical. La inseguridad laboral y la temporalidad limitan la utilidad del 
sindicato ya que, al normalizarse y abaratarse el despido, se imposibilita el 
establecimiento de secciones sindicales efectivas en el centro de trabajo.

Estas y otras cuestiones estructurales son realidades por desgracia consolidadas o en 
proceso de consolidarse. Nuestro trabajo es organizarnos como clase para revertirlo lo 
antes posible pero, mientras tanto, debemos adaptarnos actualizando nuestra libreta de 
tácticas y estrategias de comunicación, acción y organización.

Para clarificar las posiciones, nuestro equipo es el de la parte izquierda del terreno de 
juego. Somos quienes apostamos por construir la democracia y el socialismo a través del 
poder popular. El equipo contrario es el capitalismo, es el empresariado mafioso, las 
instituciones del régimen y las élites oligárquicas que algunos han llamado trama; es la 
troika antidemocrática que atenta contra la soberanía de los pueblos, el engaño consumista 
y neoliberal; es el desarrollismo que contamina el ambiente, destruye el territorio y pone 
en riesgo las condiciones de vida; es el machismo y el racismo que nos enfrenta y nos 
mata. Es, en definitiva, eso que los zapatistas llaman con acierto la hidra capitalista: 
Un monstruo de mil cabezas que se regeneran tras cortarlas. En la lucha contra ese 
monstruo cambiante no vale mantener las viejas prácticas intactas, pero tampoco 
reinventarse sin razón ni sentido. Necesitamos experiencia y renovación, acumulación de 
victorias y nuevas formas de plantar cara. La incorporación de gente joven será causa y 
consecuencia de cambios en las formas de organización y, para analizar estos cambios, 
podemos mirar a colectivos que tratan problemáticas laborales y que cuentan en su 
organización con personas jóvenes.

Y es que, frente a la precarización del empleo, han surgido en los últimos tiempos 
colectivos barriales de apoyo comunitario (al estilo de la PAH y Stop desahucios en el 
ámbito de la vivienda) que inciden también sobre lo laboral. Hablamos, por ejemplo, de 
ADELA en Carabanchel o la OFIAM de Manoteras. Es curioso que en dichos colectivos no 
falten jóvenes dispuestas a participar, incluso en puestos de responsabilidad, e influye 
en esto la visión del sindicato clásico como un espacio burocrático y de otro tiempo (pero 
hablaré de eso más adelante). Lo cierto es que podemos aprender lecciones valiosas de la 
línea seguida por esta especie de sindicalismo social-barrial. Para ello, por un lado, es 
importante establecer canales de comunicación y estrategias de colaboración que apoyen en 
los barrios el trabajo sindical. Por otro lado, debemos analizar cómo hacer más accesibles 
o cercanas nuestras prácticas a quienes se movilizan en estos colectivos. Por ejemplo, 
podemos hacer de la sección sindical un espacio de participación, movilización y 
militancia que no se limite a temas legales o a gestionar despidos, y que haga uso de las 
asambleas de trabajadoras y trabajadores como espacios en los que también se construyan 
relaciones de solidaridad. Esa dimensión comunitaria-relacional entronca con los modelos 
de los movimientos sociales en los que participa la gente más joven.

Con todo, es muy difícil construir y acumular en el vacío de un modelo de contratación 
precario, aún con el apoyo de lo barrial. Debemos apoyarnos sobre la negociación colectiva 
para obtener mejores condiciones laborales que permitan la continuidad de las secciones 
sindicales. Sin estabilidad, la gente más joven difícilmente adquiere experiencia para 
sumarse a puestos de responsabilidad y, sobre todo, difícilmente cambia esa cultura 
militante juvenil que no acaba de encontrarle utilidad al sindicalismo. Cada mejora de las 
condiciones en un ámbito laboral determinado repercutirá en otros. Cada victoria lograda 
mejorará las condiciones para organizarse y luchar. Esto, unido a una renovación 
comunicativa en cuestión de logros, movilizaciones y objetivos, puede aspirar a una 
revitalización sindical que sume a la juventud trabajadora.

Cuestiones culturales

Más allá de las cuestiones estructurales, materiales, existen cuestiones culturales que 
dificultan un resurgir sindical y, en general, un avance de la izquierda socialista y 
libertaria. Entre esas cuestiones se encuentra en un lugar prioritario la debilidad 
comunicativa, que impide disputar los discursos del enemigo.

Es la derrota cultural la que lleva al sentido común de esta época a considerar el 
sindicalismo como algo caduco, innecesario. Ese sentido común hegemónico no se ha 
establecido por casualidad. Cada vez que las estrategias del oponente nos superan y 
pasamos de la ofensiva a la defensiva, el oponente avanza. Si ese avance no se revierte 
durante un tiempo, las posiciones se establecen, la situación se normaliza y la ofensiva 
continúa.

Es importante reconocer que la hegemonía está en manos del equipo contrario, aunque se ha 
agrietado como consecuencia de la crisis. Esa hegemonía neoliberal tiene implicaciones 
directas en el día a día del mercado laboral. Cuando hablamos de la explotación encubierta 
practicada por las nuevas empresas tecnológicas, la palabra "encubierta" juega un papel 
fundamental. Deliveroo, empresa de reparto en bici, ofrece un trabajo esclavista sin 
seguro de accidente y por un salario de miseria como una auténtica oportunidad. No 
trabajas para ellos, colaboras con la empresa, y la disponibilidad total es flexibilidad 
horaria y libertad para elegir cuándo repartes. Todo de acuerdo con lo que el 
posmodernismo neoliberal les ofrece a los jóvenes para seducirles: vive tu aventura, 
trabaja a tu gusto, sé emprendedor, pisa a tu compañero para ascender... La experiencia de 
la lucha en esta empresa es un ejemplo de que los jóvenes también se organizan para luchar 
por sus condiciones de trabajo.

Pero no es posible combatir esa losa de lo anticuado del sindicalismo desde las cuerdas, 
de manera aislada y minoritaria. Recuperar el papel central del sindicalismo en el cambio 
social es una responsabilidad del sindicalismo en su conjunto. Incluidos, mal que nos 
pese, los sindicatos del régimen. Tener la capacidad estratégica para trazar alianzas 
puede permitirnos romper la hegemonía discursiva que margina al sindicalismo. Lograrlo nos 
dará la posibilidad de ofrecer a los y las jóvenes de nuestra clase una alternativa vital 
de organización y lucha frente a la propuesta de consumo y precariedad.

La lucha sindical no es un entretenimiento de fin de semana. Al contrario, supone 
arriesgar el empleo, discutir con tus compañeros de trabajo, enfrentarte a tu jefe, 
entregar tu tiempo de ocio en reuniones, formación legal, preparación de campañas... un 
esfuerzo continuado que habitualmente no conlleva el tipo de satisfacciones inmediatas a 
las que nos acostumbra el capitalismo de consumo. Afortunadamente, no todo el mundo se 
mueve buscando la satisfacción inmediata (ni todo el mundo tiene la posibilidad de 
hacerlo). El compromiso sin recompensa es una realidad diaria para las personas 
trabajadoras, también las más jóvenes. Heroicidades como las de quien cuida de sus mayores 
o de sus hermanos y hermanas mientras estudian; quien trabaja desde que cumple la mayoría 
de edad para llevar un sueldo a casa; quien se esfuerza estudiando y dona parte de su beca 
de estudios a su familia; quien acude al desahucio de su barrio para evitar que expulsen a 
sus vecinas...

Como vemos, los gestos de compromiso sin esperar recompensa son constantes entre los 
jóvenes. Pero para que dichos gestos ocurran también dentro del mundo sindical es 
fundamental un caldo de cultivo apropiado: Una renovación estética, una buena política 
comunicativa de logros, un buen argumentario frente a los ataque antisindicales que además 
sea compartido por distintos sindicatos, un discurso claro que explique la utilidad de la 
organización sindical y que se exprese también usando los términos y los medios de la 
gente joven (redes sociales, memes, videos, youtubers...). En definitiva, se requiere un 
buen trabajo comunicativo que deje claro que el sindicalismo está vivo, es útil, que 
necesita a los jóvenes y que es un espacio con objetivos en el que implicarse.

Sindicalismo y género

Si hablamos de la incorporación y mayor implicación de los jóvenes en el sindicato, no 
podemos dejar de mencionar la necesidad de dar más espacio e implicación a las mujeres 
jóvenes. El feminismo está impulsando una revolución con cambios en todos los ámbitos 
sociales. La lucha de las mujeres está hoy transformando el mundo, superando la 
resistencia que como hombres ponemos en mayor o menor medida. No sólo exigiendo igualdad 
efectiva de derechos e irrumpiendo en ámbitos tradicionalmente masculinos; sino también 
revalorizando trabajos minusvalorados como los dedicados a los cuidados, asociados 
tradicionalmente a las mujeres.

Pero queda mucho que avanzar. Tenemos que seguir actuando contra la brecha salarial y 
defendiendo igualdad efectiva de derechos. No es casualidad que los trabajos feminizados 
coincidan con altos niveles de precariedad y que las mujeres representen la mayoría del 
fenómeno "working poor", es decir, personas con empleo que viven en la pobreza. Es 
imprescindible en estos ámbitos defender una política de valorización, exigiendo 
condiciones y salarios dignos. Es fundamental apoyar en conjunto la agenda de las mujeres 
trabajadoras y aprender de grupos como Las Kellys, que demuestran la voluntad y capacidad 
organizativa de las mujeres para defender sus derechos.

Esa mirada debe llevarnos también un cambio en las prácticas y estructuras sindicales. Hay 
que erradicar cualquier práctica de acoso o discriminación sexual dentro del sindicato, 
impulsar las secretarías y puestos de responsabilidad en manos de mujeres, feminizar las 
formas asumiendo una ética del cuidado, romper con la masculinización de la comunicación 
pública... Es importante identificar estos desafíos para afrontarlos.

Para terminar

El enemigo es a veces un equipo y otras una hidra. Y es a veces también un muro, un gran 
muro que golpeamos constantemente, tratando de ensanchar una pequeña grieta que mira al 
otro lado, hacia el mundo que queremos.

Cuando hablamos de poder popular hablamos del empoderamiento de las organizaciones 
sociales que pueden construir, recuperar y reconstruir unas instituciones verdaderamente 
democráticas al servicio del pueblo, no al servicio de una minoría enriquecida y poderosa. 
Cuando hablamos de sindicalismo hablamos de un elemento fundamental de esa mayoría, la 
clase trabajadora, formada por quienes carecemos

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