(ca) lasoli.cnt.cat: OPINIÓN]REFORMULACIÓN URGENTE DE LA CUESTIÓN NACIONAL per Lusbert

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Dom Nov 5 08:35:22 CET 2017


¿Por qué el anarquismo no ha casado bien con la cuestión nacional? Es una de las preguntas 
que rondan en mi cabeza cada vez que oigo hablar de Catalunya en los ambientes 
libertarios. Por suerte, entre parte del movimiento libertario catalán y del resto del 
Estado español, se tiene claro qué implica todo esto. Antes de nada, la cuestión nacional 
no significa solo una bandera, un sentimiento, una patria o un Estado con una serie de 
características sociales y culturales. La cuestión nacional de la que quiero tratar y que 
se debe reformular en los ambientes libertarios trasciende lo superficial. Y es que más 
allá de toda identidad nacional, hay detrás una coyuntura política y una serie de actores 
políticos y sociales en disputa. Partiendo de aquí, podemos decir que es imposible 
desligar el nacionalismo con las condiciones materiales dadas en el mismo territorio.

Lejos queda ya atrás los primeros movimientos nacionalistas del s.XIX, y el 
internacionalismo del s.XX. En pleno s.XXI, las luchas de liberación nacional en algunas 
zonas del planeta son articulados desde el pueblo, como es el caso de Rojava bajo el 
Confederalismo Democrático. Lo que hace 200 años tenía un caracter burgués, actualmente se 
abre la posibilidad al pueblo para iniciar procesos de liberación nacional desde las 
naciones periféricas, y por supuesto, desde abajo. Esta nueva coyuntura de posibilidades 
nos debe hacer repensar el discurso antinacionalista decimonónico y el internacionalismo, 
en la cual, cada vez que se oye hablar de la cuestión nacional, se apelen siempre a los 
principios, a argumentos de autoridad de anarquistas del s.XX y a un cosmopolitanismo 
universalista que solo encaja en las conciencias tranquilas, pero no en la realidad 
material ni en la coyuntura actual. Es por ello que necesitamos una reformulación urgente 
de este tema, porque estamos quedando como nostálgicos del anarquismo decimonónico, 
conservadores y guardianes de las esencias del anarquismo. Los tiempos cambian, y si 
nosotras no sabemos cómo encajar estos cambios y nos resistimos a adaptar nuestra teoría y 
praxis políticas a la actual coyuntura, nos convierte en conservadores.

Urge pues un cambio de criterios de análisis y de visiones. La reformulación de la 
cuestion nacional pasa, primero, por pasar de una visión con base en principios 
universalistas, a tener una visión estratégica sobre la coyuntura que estamos atravesando. 
No es solo una cuestión de sentimientos e identidades, también hay detrás una serie de 
acontecimientos (antecedentes) que han llevado al actual escenario, y por ello, qué 
oportunidades tenemos para incidir. Como dije en párrafos anteriores, la cuestión nacional 
tiene como trasfondo una serie de condiciones materiales, tanto referente a la situación 
actual, como a unas nuevas condiciones materiales futuras. Y no solo de condiciones 
materiales, sino de qué actores políticos están impulsando los conflictos nacionalistas: 
éstos pueden ser desde la burguesía más conservadora, pasando por las clases medias, ser 
trasnversal, hasta ser impulsadas por las clases populares. Todo ello implica que cada 
actor, a través de la cuestión nacional, trata de implementar una serie de condiciones 
materiales que le favorezcan como clase social bajo el paraguas de un sentimiento e 
identidad nacional. Esto me lleva a otra pregunta: ¿por qué las luchas de liberación 
nacional-popular de las últimas décadas las han liderado los marxistas? La respuesta no es 
porque sean autoritarios, sino que nos lleva a pensar el por qué hemos sido incapaces de 
capitalizar las luchas de liberación nacional para escalarlas hacia una lucha  por la 
autodeterminación de los pueblos y en aras de construir un pueblo soberano.

Y como de tal palo tal astilla, la reformulación de la cuestión nacional también nos lleva 
al internacionalismo. Como tal, el internacionalismo debe basarse en el reconocimiento de 
la existencia de naciones oprimidas y su derecho a la autodeterminación, así como la 
hermandad entre los pueblos de distintas naciones y territorios. El internacionalismo que 
deberíamos reconocer es aquel que reconoce y defiende lo dicho anteriormente, y no aquel 
que se basa en un cosmopolitanismo cargado de valores universalistas que no encajan con la 
realidad coyuntural de las luchas de liberación nacional o lo niegan.

Volviendo al tema de Catalunya, el septiembre de este año nos ha venido como un vendaval 
en tiempos en que las movilizaciones sociales estaban bajo mínimos. Fueron días de cambios 
acelerados y las calles volvieron a activarse en Catalunya viendo cómo el desafío 
independentista pasaba a ser un mero conflicto independentista a ser una cuestión de 
derechos civiles. Este vendaval como agua de mayo significó la oportunidad de activación 
de un nuevo ciclo de movilizaciones. Entonces llegó el 1-O y la situación fue 
esperanzadora al ver la autoorganización vecinal desplegada para defender los colegios 
electorales, incluidos los y las anarquistas, que incluso llegaron a votar. La brutal 
represión desatada aquel día dio como resultado que la huelga general convocada el 3-O 
fuese desbordada a pesar de que CCOO y UGT se desmarcaran. Tras ese día de desborde, la 
situación pasó por momentos de impass, y pareció por un momento que las movilizaciones se 
iban a desinflar cuando Puigdemont declaró la independencia y la suspendió 8 segundos 
después. Después de que el artículo 155 llegase al Senado y el mareo institucional, 
finalmente se aprobó la declaración de independencia, con la consiguiente disolución del 
Parlament para convocar unas elecciones el 21 de diciembre.

En medio de este vendaval, corrieron ríos de tinta de posturas muy diversas al respecto. 
No voy a hablar de la evidente actitud totalitaria de los unionistas, sino de los 
libertarios en sí. Dejando de lado el españolismo más rancio de Unidos Podemos, el cual su 
discurso encaja ya perfectamente con el Régimen del '78, lo que hemos visto va desde un 
antinacionalismo esencialista y con olor españolista, pasando por un apoyo a la 
autodeterminación de los pueblos sin Estado, hasta la defensa estratégica de la 
construcción de la República catalana y de allí avanzar hacia un Procès Constituent cuyo 
protagonista sea el pueblo. Aunque nos parezca a todas la evidente contradicción de la 
última postura, realmente se trata más de una cuestión estratégica más que de principios, 
y es que todo estos acontecimientos han sido respondidos desde la autoorganización popular 
para defender el Referéndum, que ahora han pasado a ser Comités de Defensa de la 
República. Y remarco que a pesar de las innumerables contradicciones que implica siempre 
avanzar con el pueblo (lidiar con el interclasismo, intenciones de control de asambleas 
por parte de organizaciones verticales, sentimientos nacionalistas separados de la 
realidad material, aliarnos con otras fuerzas políticas autoritarias...), nuestra 
responsablidad como libertarias es acabar con ellas ensuciándonos y luchando junto al 
pueblo para conseguir que las reivindicaciones puramente nacionalistas y/o 
independentistas tengan un contenido materialista y socialista libertario sin ir por delante.

Muchas hemos dicho en ocasiones anteriores de que no debemos dejar pasar oportunidades de 
ruptura como habíamos dejado pasar el ciclo de movilizaciones abierto por el 15M, y hemos 
acertado. Sabemos pues que la República no será el final, sino un inicio para la mejora de 
las condiciones materiales para la clase trabajadora, y sabemos que tampoco será el 
socialismo libertario en un solo país, sino que deberá ser el inicio de un ciclo de 
movilizaciones en el resto del Estado español.

La independencia de Catalunya, al margen de todos los memes y parodias que se han hecho 
sobre el tema con los cuales nos hemos alegrado estos días, nos ha demostrado que, 
primero, no es ya solo una mera cuestión nacionalista; segundo, que en el s.XXI en Europa 
aún hay posibilidades de cambios y rupturas en donde el pueblo sea un actor importante en 
los acontecimientos; y por último, que la unidad de España no será para siempre y que es 
posible romperla, y con ella, el Régimen del '78. Esta ruptura pasará por una ofensiva 
popular en favor de una república federal en España que acabe con los resquicios del 
franquismo y establezca un nuevo marco coyuntural que implique una mejora de las 
condiciones materiales para la clase trabajadora del Estado español. La actual izquierda 
española, por desgracia, está demostrando no estar a la altura de las circunstancias al 
atrincherarse en posturas defensivas en medio de la polarización de la sociedad. Esta 
izquierda débil está dejando que el fascismo crezca y por ello, que acaben con cualquier 
otra vía de ruptura.

En resumen, no podemos permitir ahora una regresión, y por todo esto es necesario que los 
y las libertarias atajemos la cuestión nacional desde una perspectiva estratégica, que 
aunque llena de contradicciones, nos permita trascender el mero independentismo y poner 
así sobre la mesa temas materialistas tan importantes como la mejora de las condiciones 
materiales para la clase trabajadora, construcción de un nuevo modelo de institucionalidad 
a partir de los organismos populares (CDRs, sindicatos de clase, AAVV, cooperativas, ...), 
la defensa de la soberanía popular (con ello, las soberanías polícia, económica, 
territorial, alimentaria, socio-cultural, energética...) antes que la soberanía nacional, 
y así avanzar hacia el modelo de sociedad socialista libertario por la que luchamos.

http://lasoli.cnt.cat/30/10/2017/opinion-reformulacion-urgente-cuestion-nacional/


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