(ca) gesta libertaria: LA VIEJA Y OLVIDADA LUCHA DE CLASES Por Furibundo clasista

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Thu May 19 15:26:42 CEST 2016


(Nota de la Gesta Libertaria) Nuestra organización reproduce en su pagina web reflexiones 
de sus militantes, muchas de las cuales debatirán entre si, como un intento de fortalecer 
la discusión ideológica en el seno del anarquismo , los revolucionarios y la clase 
trabajadora , por lo cual estos artículos no necesariamente reproducen la opinión oficial 
de la organización y se atiene solo a la posición política de quien lo escribe respecto a 
los diversos temas. La invitación es a no temer discutir y polemizar, que la discusión 
política es el sustento de la democracia obrera y directa que anhelamos construir. ---- 
Comentarios sobre los artículos “Del “fetichismo obrero” y el “clasismo libertario” y 
“Contra el fetichismo obrero” de Manuel de la Tierra, aparecidos en “El Surco” n°24, de 
Marzo del 2011 y el n° 15, de Mayo del 2010 correspondientemente

Hace algunos años aconteció una de las cuantas trifulcas poco fructíferas en la prensa 
anarquista de nuestra región, que nos hacía recordar las viejas polémicas en la prensa 
anarquista criolla. Sin embargo, a juicio personal y el de muchas/os compañeras/os, este 
debate fue desarrollado a punta de falacias, codazos y falsas acusaciones. En el que los 
unos consideraban a quienes creemos en la lucha de clases como unos fanáticos religiosos, 
y los plataformistas de “Hombre y Sociedad” a su vez llegaron a calificar a los del 
periódico “El Surco” como estalinistas, consideraron al plataformismo como la única forma 
de anarquismo organizado, además de profesar una creencia devota en el materialismo histórico1

Si bien no nos queremos indicar un supuesto “camino correcto”, sí queremos entregar 
ciertos elementos para nutrir el debate y apuntar a superar la ceguera del anarquismo 
criollo, que oscila entre el plataformismo asquerosamente reformista, cooptador y 
electoralista; y el anarquismo auto-marginado que piensa que cualquier cosa más organizado 
que él es “plataformista” y “marxista” (Evidentemente, como en todos los lugares del 
mundo, existen grandes excepciones)

Lo primero que habría que señalar es: Si bien ha existido una hegemonía obstinada de 
muchos grupos marxistas socialdemócratas a través de la historia de colocar la lucha de 
clases como la única lucha posible y posibilitadora de la revolución, negando las luchas 
contra el patriarcado, las luchas contra el racismo y el colonialismo, y la lucha contra 
toda autoridad; también deberíamos recordar que muchos / as anarquistas fueron clasistas, 
creyentes en la lucha de clases, tomando posición por la clase trabajadora/explotada, y no 
por ello fueron marxistas, ni creyeron que las obreras y obreros eran 
super-héroes/heroínas, ni negaron la lucha contra toda autoridad.

Dicho esto, el compañero Manuel de la tierra del susodicho artículo de “El Surco” 
pareciera no comprender por qué depositamos nuestra fe en “la clase trabajadora” como 
rectora en la abolición de las clases, siendo que nosotros no negamos la “conciencia 
contradictoria del proletariado” (Gramsci), ni afirmamos que la clase trabajadora, es 
decir la clase que no es dueña de los medios de producción o posee un muy pequeño medio de 
producción (obrera, campesina, artesanado, capas medias, obrera tecnificada, pequeño 
campesinado, etc), sea una clase sacrosanta, libre de todos los males: Sabemos de los 
altos índices de violencia intrafamiliar en las poblaciones, sabemos del narcotráfico y 
del robo a su propio estrato social (ej: el lanza que se sube a robar a las micros), 
sabemos de los numerosos femicidios, y el machismo y la homofobia galopante entre los 
cientos de miles de proletarias y proletarios evangélicos, católicos, musulmanes, etc.

Pero ese tipo de batalla, que es una batalla por una contrahegemonía cultural, es de una 
naturaleza distinta, no por ello distante, de la naturaleza de la lucha de clases. 
Pongamos como ejemplo el patriarcado: Sabemos que en el patriarcado los principales 
beneficiados de esta forma de dominación son los hombres, específicamente los hombres 
heterosexuales; y que las principales afectadas son las mujeres, las trans, las mujeres 
lesbianas y “los hombres gays” (pondré esto entre comillas dado que hay homosexuales que 
no se consideran hombres).

Sin embargo, asumir que una persona por el hecho de ser 1) hombre y 2) heterosexual es 
opresor por esencia, es entrar en una discusión errática: Perfectamente puede haber un 
hombre, y de hecho hay miles, como los mismos compañeros de “El Surco”, que pueden ser 
heterosexuales, y no violar a las mujeres, ni toquetearlas en el metro, ni acosarlas con 
piropos, ni subyugarlas a las tareas domésticas o el cuidado de los/as hijas/os, ni 
cosificarlas sexualmente, etc. Sobre los privilegios relativos que hay es otro tema a 
discutir: El hecho de tener, en general, más privilegios que el otro no te hace opresor; 
eso sería asumir que el profesor oprime al obrero porque gana $2oo.ooo mensuales más que 
éste, y que a su vez el obrero es opresor del vagabundo, o del cesante, o de cualquiera 
que viva en condiciones más precarizadas que él.

Acabo de dar la “lata” solo para entregar una afirmación bastante clara, cerrada e 
invariable a través de la historia del capitalismo (a menos que se suprima la sociedad de 
clases): El ser burgués (y no “cuico”, ni el médico, ni el abogado, ni el ingeniero; sino 
dueño de los grandes, gigantes medios de producción) hace a una persona, sea negra, 
blanca, trans, mujer, hombre, etc, opresora por esencia. El ser burgués o burguesa es 
recibir como “sueldo” la plusvalía de al menos cientos, pero en la mayoría de los casos 
miles e inclusive cientos de miles de trabajadoras y trabajadores y “pagarles” por su 
trabajo con una ínfima fracción de su producción. En algunos casos excepcionales, un 
conmovido Farcas le pagará el 20% de su producción en vez del cagón 10%, y el trabajador o 
trabajadora creerá que ese patrón “no es explotador”; pero el problema sigue siendo el 
mismo: el robo de la producción, la posesión de los medios de producción, el arriendo de 
la fuerza de trabajo.

Dicho esto: el beneficio de la burguesía, los privilegios de la burguesía, están en 
directa relación con la precariedad del obrero. En cambio, los privilegios de “x” persona 
sobre “y” persona no tienen por qué estar inter-relacionado en todos los casos.

Ahora, si un burgués no hiciera eso; es decir, pusiera a disposición de la clase los 
medios de producción y no le quitara ni el 1% de su producción, automáticamente dejaría de 
ser burgués.

Digo esto porque la dominación burguesa tiene un sujeto opresor invariable y un sujeto 
oprimido invariable: burguesía cagándose a las y los trabajadores. La dominación 
autoritaria, sin embargo, se puede suprimir mediante el difícil y complejo cambio cultural 
de nuestras costumbres y formas de actuar: Los hombres pueden dejar de ser machistas (al 
igual que las mujeres), los blancos pueden dejar de ser racistas, los/as heterosexuales 
pueden dejar de ser homofóbicos, y así sucesivamente.

Ahora, comprendemos que el oprimido o la oprimida es el principal sujeto que puede acabar 
con su opresión, porque esto es una verdad básica de la lucha revolucionaria. Sin embargo, 
que el oprimido tomen partido por el opresor o que ellos/as mismos/as reproduzcan el 
discurso y la cultura del opresor no es nada nuevo en esta sociedad, por milenios, 
autoritaria.

Son las mujeres y el movimiento de disidencia sexual las encargadas de enfrentar el 
patriarcado, son los inmigrantes en sus sindicatos y organizaciones combatir el racismo, y 
en estas luchas se suman muchos heterosexuales y blancos, pero que deben (más bien 
debieran) siempre ocupar un rol secundario para no cooptar sus espacios. Y por lo tanto, 
amigo anticlasista de “El surco”, son los trabajadores y las trabajadoras, con sus propios 
organismos de combate de clases, quienes deben superar a la burguesía y condenarla al 
basurero de la historia, y por supuesto, al paredón si no entregan sus bienes. Es decir, 
avanzar hacia la supresión de clases apoyándose en las clases mayoritarias por milenios, 
las clases explotadas

Por otro lado, muchas veces me sorprende el anticlasismo, la poca confianza en las 
capacidades de la clase trabajadora y la falta de posicionamiento clasista de muchas 
organizaciones anarquistas que se contradicen con su forma de actuar: Muchos y muchas 
anarquistas pobladoras/es realizan trabajo político en su territorio, levantan centros 
culturales, hacen talleres en la población para los más pequeños/as y tallarinatas cuando 
necesitan juntar fondos. Muchos otros trabajan en múltiples formas de propaganda (libros, 
fanzines, revistas, periódicos) a bajos costos de venta y en lugares de distribución 
periféricos o céntricos, pero nunca jamás de Plaza Italia para arriba (salvo raras 
excepciones). Otros/as realizan ferias del libro y encuentros anarquistas y precisamente 
¿en qué territorios? Si mal no recuerdo, el 4to encuentro de la propaganda y libro 
anarquista fue desarrollado en el mes de octubre del 2015 en la población “Nueva Habana”, 
en donde se buscaba un encuentro con el territorio y sus habitantes, y donde inclusive la 
primera charla consistió en la historia de la población, cómo se desarrolló la toma y como 
pudo autogestionarse relativamente frente a un Estado indolente.

Al observar todos estos hechos, me sorprende que hagan trabajos en la población, donde la 
mayoría de sus habitantes son de la CLASE TRABAJADORA; que además tengan un acceso 
económico a sus libros y revistas, es decir, a precios accesibles para la CLASE TRABAJADORA;
y para más remate, todos estos grupos “post-izquierda” y “anticlasistas” acepten asistir 
gustosos a una feria del libro y la propaganda, a precios módicos y en el territorio de 
que clase? De la pequeñoburguesía de Las Condes y La Dehesa? De las capas medias de 
Providencia? No, señoras y señores, sino en el territorio de la CLASE TRABAJADORA, aquella 
clase que según nuestros amigos no podemos depositar nuestra confianza: Puesto que si 
queremos acabar con las clases, no podemos depositar nuestra fe ni ponerle fichas a una 
clase, enaltecerla, para suprimir a la otra.

“El inconveniente es buscar una sociedad “sin clases” apoyándose en “una clase” como medio”2

Ahora bien, estoy siendo bastante agresivo y poco sincero con la información que estoy 
entregando, puesto que nuestro compañero Manuel de la Tierra ha expresado enfáticamente que

“Aquí no se trata de olvidar el importante papel que cumple la economía en la estructura 
general de dominación, tampoco se trata de despreciar al pueblo, pues en mi intimo caso, 
aquello sería repudiar a mi viejo y a mi vieja” 3

Sin embargo, el problema recae siempre en lo mismo; y pareciera que hay muchos compañeros 
que no logran comprender: Que sostengamos la existencia de la lucha de clases, y que 
además tomemos partido en ella, no significa negar el intrincado laberinto de autoridad y 
relaciones de dominación, tampoco significa negar las luchas contra el patriarcado, el 
racismo, etc; y para ser enfáticos, tampoco significa que si un vecino borracho golpea a 
la pareja hay una “cultura burguesa” dentro de su ser, ni que aquello se explica por la 
“dominación de clase”; tenemos claro que el patriarcado puede existir sin capitalismo y 
sin clases sociales.

Entonces, ¿Cuál es el problema? A mi parecer, con el despertar de los “locos años 90”, la 
caída del muro de Berlín y por supuesto, esa obsesión por autores norteamericanos y 
franceses de “vanguardia”, han aparecido nuevas corrientes en el anarquismo: El anarquismo 
posmoderno (No, acá no estamos comportándonos como los marxistas enfermos que le dicen 
“posmo” a ser vegano o ser feminista, acá nos referimos al verdadero anarquismo 
posmoderno) de raíz norteamericana a fines de los 80’, difundido en las universidades 
burguesas principalmente, y que su principal expositor es el académico “Todd May”; y 
también el anarquismo post-izquierda, de raíz norteamericana, que tiene como principales 
voceros a los “Bob Black” y los “Hakym Bey”, y que penetraron en el imaginario 
insurreccional de nuestros compañeros/as.

Pues bien, principalmente el anarquismo post-izquierda se caracterizó por lo que nuestro 
amigo Manuel señaló en su primer artículo de esta polémica: “Contra el fetichismo obrero”, 
aparecido en “El Surco” n°15, mayo del 2010. “Y a mi entender esto se debe a que no nos 
hemos sabido librar completamente de la herencia analítica, estética y discursiva de los 
paradigmas revolucionarios marxistas de los sesenta, setenta, ochenta”. Pensemos, primero, 
si el anarcosindicalismo y el sindicalismo de los anarquistas y sus primeras federaciones 
obreras, que abarcan desde principios de 1860 hasta fines de 1960, eran de naturaleza, 
lenguaje, estética “marxista” por el hecho de, mayoritariamente, creer en la lucha de 
clases y por lo tanto, tomar posición por las clases trabajadoras. Eso además sería 
afirmar que la mayoría de los anarquistas eran marxista, dado que todos esos grupos 
marginales de fines del siglo XIX y principios del XX que hoy en día les dan bola 
(anarco-individualistas, anarquistas expropiadores, anarquistas de acción por la 
propaganda, tolstoyanos) eran una minoría insignificante frente a las moles de granito del 
anarcosindicalismo mundial ¿Acaso Marx, Engels, y los horrendos leninosos fueron los 
únicos en acuñar estos términos? ¿Acaso no podemos utilizar sus análisis, ni los análisis 
de los Comunistas de Concejos Holandeses-Alemanes (que se acercan bastante al anarquismo a 
nivel programático) por el hecho de ser marxistas?

Pues bien, los anarquistas “post-izquierdistas” llegaron a la misma conclusión que los curas:
“Marx es malo”. Por lo tanto, como “Marx es malo”, hay que deshacerse de toda su 
fraseología: Reemplacemos el trabajo por abajo el trabajo, la lucha de clases por la 
“guerra social”, y dejémonos de pensar en la revolución ¡por favor!, ¿o acaso no han leído 
a Lyotard y su crítica a la teleología en la Historia? ¿No se han dado cuenta que la 
teleología cristiana es idéntica a la marxista?

Nadie está apelando aquí a un pensamiento avejentado, ni a tomar los escritos de Bakunin o 
el materialismo histórico como Tablas de Moisés. Pero esa obsesión notoria de muchos 
compañeros de tomar lo primero que cae del afanoso pos-izquierdismo e instalarlo como 
“actualización del anarquismo” y “aplicable a nuestra realidad” me parece un exceso. 
Además, es cosa de comparar el enorme desarrollo teórico de la lucha de clases con los dos 
o tres textos insurreccionales sobre “Guerra Social”, donde se relativiza todo y hasta “tu 
amigo/a puede ser tu opresor/a”, para darse cuenta que no es una superación de una teoría, 
ni el remplazo de una teoría por otra, sino un prejuicio quizás justificado por el 
horrendo autoritarismo del marxismo-leninismo, y también por el viraje social-demócrata 
del plataformismo.

Si bien puedo compartir ciertas visiones de Foucault sobre la naturaleza del poder y su 
circulación, siempre me sucede algo al comparar la sociedad de clases y la sociedad 
estatal con las demás opresiones: Supongamos que yo le pego a un niño “x” por ser mayor 
que él, es decir, opresión etaria. Está claro que soy un opresor ¿Cierto?; pero por mucho 
que sea condenable mi opresión, la opresión que se da en el seno del pueblo, por a, b o c 
motivo, me parece sencillamente incomparable a la opresión que ejerce la burguesía y el 
Estado:

¿El dueño de los grandes medios de producción que toma las decisiones más importantes del 
país, los dueños del Estado y que tienen a su haber cientos de miles de militares, 
policías, policías de inteligencia, tanques, aviones de guerra, bombas de racimo, los 
medios de comunicación y control social, etc, etc, son comparables a la opresión que un 
proletario le puede ejercer a cualquier persona? ¿Son comparables la opresión que ejerce 
Luksic frente a la opresión que puede ejercer cualquier trabajador frente a cualquier otra 
persona? ¿De verdad vamos a llegar a tales niveles de relativización!!!?

Deberíamos tener en cuenta algunos hechos al negar la lucha de clases y la esperanza en 
los trabajadores…. La Comuna de Paris, los concejos de fábrica de Rusia, Alemania, 
Holanda, Italia; las principales huelgas generales en América Latina a principios del 
siglo XX, las grandes revoluciones, la insurrección de Asturias de 1934 y la Revolución 
Española de 1936, la huelga de la chaucha en Chile, las grandes insurrecciones del 68-70 
en Francia e Italia, la gran insurrección zapatista de 1994 y actualmente la revolución de 
Kurdistán y la Huelga General en Francia que es una de las más grandes en su historia…. 
¿Son procesos poli-clasistas? ¿lo son? ¿son la lucha de “los que quieren ser libres” por 
los que “de una forma u otra se oponen a la libertad”? (aquí los palos fueros para el 
desviacionismo de Malatesta que planteó tal falacia en el Congreso de Amsterdam el 1907)

Lo primero que debiéramos responder es que es matemáticamente imposible que una revolución 
no la impulsen los trabajadores, más allá de las contrarrevoluciones o burocratizaciones 
que se concatenen después: Dado que la revolución la hacen las grandes mayorías, y las 
grandes mayorías siempre serán los trabajadores y las trabajadoras. Una revolución no la 
pueden hacer 100 o 200 personas, eso se llama golpe de Estado; y los trabajadores no 
pueden ser jamás minoría: Si así fuera, los burgueses serían unos vagabundos que se mueren 
de hambre. Entonces, ¿Cuál es el gran problema de reconocer que los principales procesos 
revolucionarios han estado en mano de las y los trabajadoras y trabajadores?

Por una crítica consciente a la moral contradictoria en nuestra clase y nosotros mismos, 
por un combate a las formas de autoridad que se reproducen en el seno de nuestro pueblo; 
pero además, por un fortalecimiento de los combates que impulsa la clase y una 
rearticulación de los trabajadores que les permita vencer y superar el reordenamiento 
neoliberal de los últimos 30 años.

A impulsar la lucha contra toda autoridad, y a impulsar los combates de nuestra clase.

1.- Del “fetichismo obrero” y el “clasismo libertario”, Manuel de la Tierra. “El Surco” 
n°24, 2011

2.- “Del “fetichismo obrero” y el “clasismo libertario”, aterrizando dos puntos. Manuel de 
la Tierra, Periódico Anarquista “El Surco” n°24, Marzo del 2011.

3.- Íbidem.

https://gestalibertaria.wordpress.com/2016/05/15/la-vieja-y-olvidada-lucha-de-clases/


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