(ca) I.F.A. tierra y libertad #334 - Una guerra por el petróleo

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Thu May 19 15:25:55 CEST 2016


Si se tuviera que hacer una estadística de las palabras más utilizadas por los medios de 
comunicación para describir la situación libia, seguramente encontraríamos a la cabeza 
"caos" (libio) y "avanza" (el Estado Islámico). Poco espacio viene por el contrario 
dedicado a otras dos palabras que ayudarían a explicar el presunto caos libio: "petróleo" 
y "gas". ---- Libia posee las mayores reservas de petróleo de África, las novenas del 
mundo. Se trata de una cifra imponente, cerca de 48.000 millones de barriles (alrededor 
del 3 por ciento del total de las reservas mundiales, según datos de 2009). ---- Si 
echamos un vistazo al mapa de Libia, vemos que los pozos petrolíferos (véase intereses 
franceses, británicos y norteamericanos, pero también chinos, rusos y brasileños) están 
concentrados en el área entre Bengasi y Sirte, donde se encuentran el 80 por ciento de las 
reservas conocidas de petróleo del país. El gas (léase intereses italianos) se encuentra 
por el contrario sobre todo en el mar al Este de Trípoli y en la región de Gadames, 
también al Este de la antigua capital.

Antes de la guerra de 2011, el mayor productor externo de petróleo era la italiana ENI con 
24.000 barriles al día, extraídos en 2010; pero estaban también compañías americanas 
(Chevron, Exxon Mobil, Occidental Petroleum, Phillips) con 124.000 barriles al día, 
alemanas (BASF), 100.000, chinas (CNPC), españolas (Repsol), francesas (Total), británicas 
(BP) y rusas (Gazprom). Todas estas compañías tenían un contrato de colaboración con la 
compañía nacional libia, NOC, que por su parte producía alrededor de un millón de barriles 
al día. En la práctica, una parte de los beneficios de las multinacionales extranjeras 
eran ingresados en la NOC, es decir, en el Estado libio.
Esta colaboración con la NOC prosigue aún hoy, exactamente igual que durante el régimen de 
Gaddafi, solo que hoy la NOC ingresa las cuotas del rédito petrolero tanto al gobierno de 
Tobruk ("internacionalmente reconocido", como es definido) como al de Trípoli ("islámico 
moderado", como nos advierten a menudo los medios de comunicación).
Gaddafi acostumbraba a decir que a los occidentales, de Libia lo único que les interesaba 
era el petróleo. Tenía razón.

La guerra de 2011, como bien sabemos, fue deseada por los franceses, y los británicos se 
apresuraron a acompañarles con la esperanza no muy secreta de volver a entrar en Libia, de 
donde habían sido expulsados en 1969 por el golpe de los jóvenes coroneles.
En el otoño de 2011, los medios de comunicación franceses no completamente alineados 
estaban llenos de artículos que denunciaban el papel guerrero de la Total, que hasta ese 
momento jugaba un papel marginal entre las compañías extranjeras (apenas 55.000 barriles 
extraídos en 2010). "Entre los agentes franceses infiltrados entre los rebeldes de Bengasi 
había representantes de la Total", denunció el diario Libération, que reveló también los 
términos del acuerdo suscrito: los franceses habrían apoyado la rebelión a cambio de la 
promesa de entregar a la Total el 35 por ciento de las concesiones petrolíferas.

El objetivo era, sin duda, quitar de en medio a la embarazosa figura de Gaddafi (que en 
2009 había anunciado el proyecto de nacionalizar completamente el sector petrolero) pero 
el fin último era también arrebatar al ENI una tajada de sus concesiones petrolíferas. 
Italia, renuente, se posicionó de forma diferente a Alemania, que apoyaba los bombardeos 
de la OTAN. Los mismos americanos pronto se echaron atrás; una vez liquidado Gaddafi, a 
ellos de Libia no les interesaba nada. Exactamente como ahora.

Pero volvamos a la actualidad. Fracasado el cómico intento de constituir-imponer un 
gobierno de "unidad nacional" (se podría ironizar con que "se habían olvidado de avisar… a 
los libios"), los nuevos colonialistas están llevando adelante cada uno su propia 
estrategia, a menudo en contraste entre ellos. Así, se ha "descubierto que en Libia están 
las fuerzas especiales francesas y británicas que adiestran a los combatientes del general 
Haftar y a la milicia de Misurata respectivamente".

También están los americanos, naturalmente, igualmente de parte de Tobruk. Los italianos, 
como hemos dicho, son pocos, pero pronto llegarán una cincuentena de paracaidistas. Los 
italianos deberán tomar posiciones en la región de Trípoli (donde el ENI tiene el control 
del gasoducto de Mellita). De hecho, los italianos van a Libia a proteger los intereses 
del ENI de… ¡franceses y británicos!

El riesgo concreto es que se llegue a un fuerte contraste entre las potencias europeas: 
los franceses adiestran a las tropas de Haftar, que está reconquistando Bengasi. El 
siguiente paso será asegurar el área petrolífera, ahora en manos de milicias 
independentistas tanto del gobierno de Tobruk como del de Trípoli, pero que responden a la 
NOC y a las compañías petrolíferas extranjeras, entre ellas la Total. La ambición de 
Haftar, apoyado por franceses y americanos (además de por los Emiratos Árabes Unidos y por 
Egipto) es reconquistar Trípoli -donde estarán los italianos- cuyo gobierno está aliado 
con la ciudad-Estado de Misurata (donde están los británicos). Trípoli está claramente 
apoyada por Qatar y Turquía. Hay que subrayar que estos últimos apoyan de hecho al EI 
libio, como han hecho con el sirio-iraquí.

Y después, naturalmente, está el EI (o Daesh o Califato o ISIS) que, si hacemos caso a los 
medios de comunicación del régimen, es la causa de la intervención. Asentado en Sirte y 
sus alrededores, efectúa incursiones sobre todo en la vecina zona petrolífera, intentado 
hacer el mayor daño posible y tener una gran visibilidad, que los medios de comunicación 
occidentales están encantados de proporcionarle. En Sirte, último bastión de Gaddafi, el 
EI ha llenado un vacío producido por la incapacidad libia de ofrecer un futuro a esta 
ciudad. La ocupación de Sirte no se ha producido pacíficamente: en octubre el EI ha 
ahogado en sangre una revuelta. No se ha dicho que el control de la ciudad sea tan férreo 
como la propaganda del EI quiere hacer creer. En cualquier caso, es cierto que el EI no 
"avanza" como pretenden hacernos creer los medios de comunicación.

En realidad, como ha demostrado lo ocurrido en Siria, las potencias occidentales no tienen 
ninguna intención de eliminar al EI, que ha servido y sirve como pretexto para llevar a 
cabo misiones militares encaminadas a redistribuir las zonas de influencia y el control de 
las áreas petrolíferas. La política externa la hacen el ENI, la Total, la BP, la Exxon y 
las otras multinacionales, y durará -se ha dicho- al menos treinta años, es decir, hasta 
que ya no quede petróleo ni gas que rapiñar.

Las guerra "humanitarias" son hoy sustituidas por operaciones militares de 
"estabilización", una manera refinada de definir los nuevos colonialismos. A pequeños 
pasos están entrando en guerra. Una guerra por el petróleo. La enésima guerra por el petróleo.

Antonio Ruberti

http://www.nodo50.org/tierraylibertad/334articulo7.html


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