(ca) I.F.A. tierra y libertad #334 - La izquierda y la emancipación

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Wed May 18 15:22:31 CEST 2016


El uso de la palabra y del concepto emancipación ha desaparecido prácticamente de la 
comunicación y del lenguaje de la política. Y, sin embargo, en su tiempo esa palabra y ese 
concepto han sido fundamentales, incluso fundadores, en la base de la cultura de 
izquierdas entendida en su sentido más amplio. Emancipación significa liberarse de, 
superar un estado de sujeción y subordinación, ser autónomos en suma. Y precisamente para 
esto surgió la izquierda. Para ayudar a pensar, imaginar y desear no estar sometidos, 
explotados, extorsionados y empobrecidos, ni por el poder político ni por el económico, 
cualquiera que sea la forma en que se manifiestan. La cultura de izquierdas se afianza en 
la modernidad porque un número cada vez mayor de individuos no se conformaba simplemente 
con existir, sino que comenzaba a sentir la exigencia de conquistar la dignidad y el 
reconocimiento que corresponde a cada uno.

Hoy ya no se utilizan porque la tensión emancipadora ha desaparecido prácticamente del 
horizonte del imaginario colectivo, atrincherada en unos pocos "heroicos" resistentes que 
no tienen intención de rendirse. El "izquierdismo politiquero" dominante desde hace mucho 
tiempo no se mueve para conquistar la emancipación de los sistemas de poder vigentes, en 
sustancia aceptados como irremediables o, peor, considerados como los mejores posibles. La 
opción política de los residuos de la izquierda institucional es hoy intentar conquistar y 
mantener derechos o renegociar las reglas, con la ilusión de no ser demasiado humillados 
por la arrogancia del poder vigente, cada vez más invasivo y prepotente. Por eso, no creo 
cometer un delito de "lesa majestad" si me permito afirmar que la cultura de izquierdas ha 
desaparecido del imaginario colectivo. Al no ser ya apoyada por el sentido y la proyección 
que le han dado origen, se ha desvanecido, convertida en humo por la inconsistencia de su 
incapacidad para continuar proponiendo proyectos coherentes de superación radical del 
presente.

Socialismo de Estado y socialdemocracia

Una aniquilación debida a profundas razones históricas y psicológicas. Vale la pena 
resumirlas.

Tras la explosión victoriosa de la Revolución francesa, la izquierda, que debía realizar 
libertad e igualdad, tomó forma a través de tres ramas: republicana, liberal y socialista 
en sus dos expresiones, estatal y anárquica. Las cosas se fueron aclarando después, con el 
desarrollo de los acontecimientos. En primer lugar, la forma de Estado republicano, una 
vez convertida en realidad de hecho, ha mostrado los propios límites; en consecuencia, el 
republicanismo ha desaparecido del horizonte plausible por una concreta condición 
libertaria e igualitaria.

El liberalismo, por su parte, ha evolucionado y se ha ampliado, convirtiéndose en 
referencia política hegemónica, arrastrando un fondo de hipocresía que domina de forma 
incontestable. Desde el comienzo se ha prodigado en nobles declaraciones, en la redacción 
de constituciones y tratados jurídicos en los que se proclama de viva voz la libertad y el 
reconocimiento del otro, del diferente, de las diferencias y de los derechos, sin 
distinción de raza o de credo religioso. Pero en los hechos su recorrido político niega 
sistemáticamente lo que afirma y sanciona. Habla de democracia representativa, mientras 
que los elegidos no se representan más que a sí mismos, a veces en contraste con quienes 
los eligen. Habla de dignidad del trabajo, mientras que las condiciones de quienes 
trabajan son cada vez más humillantes, deprimentes y cercanas a nuevas formas de 
esclavitud. Habla de extensión de los derechos y las leyes iguales para todos, cuando los 
derechos son sistemáticamente negados a la mayoría mientras que la aplicación jurídica es 
siempre falaz y generadora de injusticias. Desde su creación, habla de libertad e igualdad 
social, mientras que sus realizaciones hacen aumentar continuamente las desigualdades, las 
injusticias y los privilegios.

También el socialismo de Estado ha tenido enormes posibilidades de demostrar lo que podía 
producir. Las dos vías con las que se ha propuesto hegemonizaron la izquierda en su 
conjunto, pero los hechos han demostrado ampliamente su endémico fracaso. El bolchevismo, 
que ha representado su vía revolucionaria, se ha derrumbado definitivamente en 1989 con la 
caída simbólica del Muro de Berlín, no derrotado por el enemigo capitalista sino derruido 
por ser incapaz de subsistir como proyecto político-económico. Hoy los Estados 
continuadores de aquella experiencia representan una auténtica tragedia política. Corea 
del Norte está bajo el dominio de un "enardecido" que se divierte jugando con bombas 
atómicas para satisfacer sus delirios de grandeza. China, casi una obra maestra del 
absurdo, ha conjugado lo peor del bolchevismo con lo peor del capitalismo; a todos los 
efectos, un monstruo generador de opresión, injusticia, privilegios y desigualdad.

También la socialdemocracia, que representa la vía reformista para realizar el Estado 
socialista y que, paso a paso, tendría que haber suplantado el Estado burgués superando el 
régimen de la propiedad privada y del mercado capitalista a través de la legalidad, ha 
desaparecido prácticamente de la escena. Aun siendo mayoritaria en diferentes parlamentos 
nacionales y habiendo gobernado ampliamente distintos Estados occidentales, en las últimas 
décadas ha sido absorbida por el sistema socioeconómico que habría tenido que suplantar, 
convirtiéndose en uno de los pilares conservadores. Hoy no tiene posibilidades de plantear 
una visión propia de los acontecimientos. Sus últimos gemidos teóricos reconocen la 
inevitabilidad del capitalismo y renuncian a contrastarlo, proponiendo por el contrario su 
regularización, con la intención de hacerlo menos inicuo, o al menos renegociar las reglas 
con los potentados económicos internacionales para conseguir salvar lo salvable del Estado 
del bienestar que se hunde por todas partes. De hecho, ya no existe una hipótesis 
institucional auténticamente socialista.

También la izquierda, si quisiera…

Frente a este impacto, que a todos los efectos representa un declive, la izquierda se está 
agrietando por todas partes. Razonando bien, se comprende que no podía ser de otra manera. 
En el momento en que se elige gobernar el Estado para alcanzar los fines que se había 
propuesto, comienza un declive imparable, que irremediablemente la lleva a renunciar a 
cualquier presupuesto ligado a la identidad de origen. La experiencia de los diferentes 
socialismos gubernamentales del pasado siglo lo demuestra ampliamente.
Independientemente de que se haya aplicado por medio de reformas o de revolución, la 
experiencia de los socialismos de Estado en su conjunto ha fracasado estrepitosamente. Es 
el fin inequívoco de la ilusión de que la "toma del poder" para gestionarlo, bajo 
cualquier forma que se explique, pueda ser el medio o un recorrido que conduzca hacia una 
sociedad emancipada del poder y de la explotación. Volverla a proponer, incluso en forma 
correcta y actualizada, como están intentando hacer obstinadamente por todas partes los 
portavoces de eso que ha quedado, quiere decir persistir en el error, rechazar comprender 
que se es víctima de una alucinación.

De todas las ideas emancipadoras que se originaron a finales del siglo XVIII y en el XIX, 
solamente el anarquismo se mantiene equilibrado, y en sustancia no ha perdido su empuje. 
Seguramente porque siempre le ha sido impedida toda tentativa de realización y, desde la 
posguerra, ha sido impotente y ha aceptado mantenerse al margen. No pudiendo manifestarse 
ni siquiera ha podido marcar sus propios límites. Reflexionando sobre las experiencias 
históricas y las vividas, intentando comprender el clima general que hoy se proyecta, 
pienso que puedo decir con firmeza que es implanteable cualquier tentativa de llegar a una 
sociedad libertaria a través de una revolución palingenésica, es decir, con algún evento 
resolutivo, como por el contrario se creyó durante más de un siglo.

Exactamente como para el anarquismo, que siempre ha sido y continúa siendo la expresión 
antiautoritaria de los movimientos de lucha anticapitalista y de liberación, también la 
izquierda, si quiere reencontrar un sentido gratificante y que tenga perspectivas, debe 
volver a ser expresión de voluntad y de intenciones tendentes a la emancipación, con 
horizontes y visiones revolucionarias actualizadas, no más propuestas de tomar o destruir 
los palacios del poder sino experimentando modalidades autogestionarias para la 
construcción desde debajo de las sociedades innovadoras y solidarias a través de tensiones 
radicales y coherentes.

Andrea Papi

http://www.nodo50.org/tierraylibertad/334articulo6.html


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