(ca) Anarquistas Gran Canaria: Reflexiones sobre 45 días de lucha

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Fri May 6 08:42:20 CEST 2016


Este último mes y medio ha sido un duro tiempo de lucha. Desde que los vecinos de la 
Comunidad “La Esperanza” recibieron la notificación administrativa el pasado 14 de marzo 
de que debían abandonar sus casas, pasando por el 14 de abril donde afrontábamos el 
vencimiento del plazo desayunando todos juntos, hasta estos días de reuniones y 
negociaciones en despachos con grandes mesas. ---- Ha sido un período duro tanto a nivel 
colectivo como individual. Sin mucho tiempo para los análisis ni las retrospectivas de 
sucesos además tan recientes, se puede concluir que hemos desarrollado una buena 
estrategia. El desalojo de estas 205 personas (hemos vuelto a actualizar el censo) podía 
haber ocurrido sin pena ni gloria, en un silencio total, cual era el objetivo del alcalde. 
La FAGC hace el comunicado de desvinculación de la Comunidad a pocos días de que empiece 
diciembre, y es el 22 de ese mes cuando se firma el decreto (2015). Subestimando a los 
vecinos, respondiendo a ese clasismo del que ha hecho gala en sus declaraciones, el 
alcalde debió pensar que sin la FAGC en escena era el momento de asestar el golpe. 
Esperaba a un grupo de vecinos aturdidos y desorientados, presas del pánico, recogiendo 
sus enseres a toda prisa sin saber bien a dónde ir. Pero se ha encontrado con un grupo 
humano que ha sabido recomponerse y explotar su deseo de luchar.

En este lapso hemos hecho asambleas de emergencia para tratar de informar y calmar los 
ánimos después de la bomba emocional que lanzó el ayuntamiento sobre la Comunidad a modo 
de decreto. Hemos sabido contrarrestar dicho documento, redactado por los caros equipos 
jurídicos de los que disponen las administraciones públicas, buscando asesoría, dejándonos 
la retina entre los pliegos de la reglamentación administrativa, molestando a abogados 
voluntariosos, pagando lo que podemos a alguno, pero sobre todo montando una oficina 
improvisada en una vivienda de la propia Comunidad dónde los vecinos hacían labores de 
secretariado mientras mis compañeros y yo redactábamos a pulso los 47 recursos que por 
ahora tenemos. Hemos convocado a los medios, aprovechando los contactos que la FAGC ha 
establecido en otras ocasiones, para tener una cobertura mediática que no es muy habitual 
en las luchas sociales de la isla, a pesar de que es cierto que el acontecimiento por su 
envergadura es por sí mismo el mejor reclamo para los medios. Hemos hecho un derroche en 
cuanto a difusión se refiere y, a pesar de nuestros modestos recursos, hemos aprovechado 
días y madrugadas para empapelar los barrios populares de la capital, y de otros 
municipios, para dar a conocer nuestra lucha. Hemos desarrollado una estrategia de 
movilizaciones con la Semana Solidaria con “La Esperanza” que vista ahora ha resultado muy 
efectiva, arrojando unos resultados inmejorables. Teniendo en cuenta que eran 
convocatorias por la mañana y entre semana, hemos conseguido una asistencia que no 
esperábamos, hemos sabido golpear en puntos claves y hemos hecho una pequeña demostración 
de fuerza y combatividad tanto en Guía como en Las Palmas. Nuestro trabajo ha dado sus frutos.

Sin embargo, no puedo evitar reflexionar sobre cómo el Sistema condiciona la lucha social 
y cómo genera contradicciones. Es triste, pero la naturaleza de este tipo de luchas hacen 
que nuestro gran objetivo como Comunidad, nuestra gran meta, sea conseguir trincar a 
consejeros, presidentes y demás “responsables” para intentar que estén dispuestos a parar 
el desalojo o asegurarle una vivienda a los vecinos. Al final una comunidad se pone en pie 
para tratar de presionar a una única persona de cuya decisión depende. ¿Cómo la vida de 
200 va a estar en manos de un único individuo? Sí, ciertamente es parte de cualquier 
lucha: nada se consigue sin presión; el poder no entrega nada si no se le fuerza a ello; 
habrá que centrarse en ejercer la presión a los líderes pues ellos controlan figuradamente 
la estructura. Pero con eso y todo, las luchas en las que un grupo humano tiene que tratar 
de convencer, persuadir o comprometer a un empresario, a un alcalde, a un banquero o 
cualquier otro mandamás, son una evidencia directa de la férrea estructura social y de 
cómo unos pocos hombres han acabado controlando el destino del resto.

Las luchas de resistencia, las defensivas o de contraofensiva, no tienen tiempo de atacar 
las raíces de los problemas; su finalidad es sobrevivir, garantizar la supervivencia de 
todos los afectados, y para eso deben atacar directamente a quienes pueden apretar el 
botón que pare un desalojo o un ERE; no está entre sus objetivos inmediatos alterar la 
estructura social. Si debilita a ésta es con su ejemplo, pero no tiene tiempo de fijar 
este cambio de paradigma como finalidad. Entendiendo esto, triste y real, ¿cuál debe ser 
el papel de los anarquistas? ¿Inhibirnos, no participar, cruzarnos de brazos y sólo 
participar en luchas que planteen un marco revolucionario de hoy para mañana? ¿Acabar 
adoptando esa forma de lucha como única finalidad, entendiendo que la estructura es 
inmutable y sólo se puede obtener de ella pequeñas conquistas? Creo que nuestra misión es 
siempre intervenir en las luchas, tensionarlas, radicalizarlas, llevarlas más lejos. Creo, 
por tanto, que no podemos asumir como finalidad adaptarse a los ritmos del Sistema y ver 
qué podemos sacarle aprendiendo a interpretar su eventual plasticidad. Pero ciertamente, 
tampoco creo que fuera “muy anarquista”, cuando el techo, la seguridad y la vida misma de 
100 menores están en riesgo, preocuparse en “hacer política” en espalda ajena, interesarse 
exclusivamente por las propias aspiraciones y no entender que lo más importante ahora es 
el bienestar de unas personas con las que la administración está en realidad jugando una 
partida electoral de ajedrez. Mi prioridad en estos momentos, no puedo rehuir reconocerlo, 
es asegurar el futuro de esas 77 familias, garantizarles un techo, principalmente a los 
menores que son los afectados más inermes y con menos margen de maniobra; que en este 
enclave mi prioridad fuera “mi revolución” me parecería muy poco revolucionario, me 
parecería acabar pareciéndome demasiado a esos políticos que anteponen sus intereses 
personales a la necesidad inmediata de la gente.

El trato con los profesionales de la política es otro tema a tratar. Existe hacía ellos, 
popular e instintivamente, una aversión ciega. Pero en las distancias cortas, los mismos 
que le gritarían desde el tumulto, se derriten ante su presencia. El que era abucheado 
hace unos minutos puede salir entre vítores sólo con un par de palabras compresivas y unos 
gramos de condescendencia. Son especialistas en eso. Los más airados entran en sus 
despachos y cuando el político les mira a la cara, usa un lenguaje emotivo y pone sus 
manos entre las suyas, ha apagado toda su animadversión. Este fenómeno psicológico que es 
como una suerte de enamoramiento puede no comprenderse desde la distancia, pero siempre 
pongo un ejemplo, el de la reunión de la CNT-FAI con Companys: después de las jornadas 
revolucionarias del 19 de julio de 1936 en Barcelona, militantes como Durruti y Oliver se 
entrevistaron con Companys; estamos hablando de personas de 40 años, con atracos a sus 
espaldas, intentos de regicidios, mil huelgas, gente bregada; y cuando Companys les dijo 
que ellos eran los dueños de la ciudad y que se ponía a sus ordenes, se quedaron 
encandilados. La extraña relación de la CNT con el poder durante la Guerra Civil no se 
debe sólo a las exigencias de la guerra y demás factores externos; sino a las 
consecuencias directas de pasar de un enfrentamiento directo con las instituciones a un 
contacto también directo con las mismas. El poder desmonta y contamina, y lo hace no sólo 
a través de la corrupción, sino presionando puntos débiles como el ego, la simpatía, o los 
códigos culturales que premian la obediencia o la celebridad, la obnubilación ante la 
persona ilustre.

Desde el punto de vista anarquista, aún teniendo una desconfianza acusada y entrenada 
contra las instituciones, se puede ser más vulnerable de lo que se cree a este proceso. 
Somos por lo general demonizados, perseguidos y estigmatizados, ¿cómo afrontar cuando nos 
convertimos en interlocutores válidos para partidos y representantes y hacen guiños a 
nuestra labor? Es posible que el mismo sujeto o colectivo que hace años era considerado 
por los periódicos una terrible amenaza social ahora se haya convertido en un “benefactor” 
al que los políticos y medios quieran pasarle la mano por la espalda. Es difícil 
mantenerse impermeable a las críticas, pero mucho más a los halagos. Cuando se emerge de 
la ignominia, la luz, resplandeciente y cálida, debe interpretarse como una trampa para 
polillas.

Y no sólo eso. Con el tiempo la cosificación como “extremistas”, “irresponsables”, 
“locos”, “incapaces de generar nada constructivo”, ha desarrollado cierto complejo entre 
algunos militantes: la necesidad de mostrarse prácticos, sensatos, transigentes, de romper 
con ese mito aunque haya que escoger el momento menos propicio para ello. Gran parte de la 
contemporización de la CNT-FAI durante el 36, de su malentendido seny, viene también de la 
necesidad de no ponerse en el disparadero yendo contracorriente, mostrándose inflexibles, 
en tiempos de guerra y “unidad”. Ser discordante como minoría, en la derrota, es fácil; 
con todos los focos apuntando, con cierta repercusión social, con cierta perspectiva de 
éxito, es lo complicado. El miedo a que todo eche a rodar por “la mala cabeza de los 
anarquistas”.

Más allá de factores psicológicos, está el aspecto de la pura y dura manipulación 
política, la aritmética electoral, el arte de gobernar. Tienes que ser consciente de que 
el político que se acerca a tu causa y dice querer “ayudarte”, no está mirando como 
beneficiarte, sino cómo perjudicar a su rival político. Así puedes descubrir a partidos 
conservadores asegurándote que no va a haber desalojo, y a los supuestos “partidos anti 
desahucio” intentando echarte de tu casa. ¿Manipularlos a ellos? ¿Intentar ganarles en su 
terreno? ¿Ver quién mueve mejor las fichas por el tablero? La política es un juego sucio 
y, no ya para ganarlo, sino simplemente para jugarlo, hay que ensuciarse. Ni conviene ni 
compensa ahogarse en ese cenagal. Se pueden hacer todas las reuniones que se quieran, 
tratar de arrancar compromisos, pero siempre hay que imponer las propias condiciones, 
nunca se puede rebajar el nivel de desconfianza, nunca se puede dejar de blandir la 
movilización en la calle como medida de presión, hay que estar alerta contra cualquier 
intento de dejar a los afectados al margen, no se deben regalar fotos, se debe ser claro 
con los medios y las declaraciones y no dejar que limpien su imagen con tu desgracia, y 
sobre todo: no hay que permitir que te conviertan en un instrumento de sus maniobras 
partidistas. Que los vecinos obtengan el acuerdo más beneficioso, por supuesto que sí; 
servir para que unos y otros amplíen su ganado electoral, jamás.

En esas circunstancias, por momentos tan complejas y desagradables, sólo se puede 
clarificar objetivos, saber por qué se está haciendo lo que se está haciendo, ceñirse a la 
estrategia trazada previamente siempre que las circunstancias no inviten a la 
reconsideración, perder el miedo a la responsabilidad y sus consecuencias y, finalmente, 
caer en una suerte de ataraxia: permanecer inmutable a los estímulos exteriores, sean 
positivos o negativos, y fijarte en tu meta. El vendaval mediático pasará, el interés 
partidista también, y si no tienes cuidado te tragarán y defecarán en un pestañeo. Si 
tienes constancia y tenacidad, sólo tu trabajo, la culminación de tus objetivos, quedará, 
en forma de transformación real en la vida de la gente. Simple, pero efectivo.

Sin embargo, los conflictos de este tipo de luchas son cuantiosos. Estos días, por 
ejemplo, han subido muchos colectivos a la Comunidad, algunos a ofrecer ayuda 
desinteresada y a ponerse a disposición de los vecinos, a informarse sobre su situación y 
necesidades; otros, los de corte legalista e institucional (los mismos que no se han 
interesado por ella en años), a decirles curiosamente que en su opinión la vía legal está 
agotada y que no tienen nada que hacer más allá de enfrentarse violentamente al desalojo. 
¿Por qué colectivos perfectamente integrados en el Sistema, cómodos con las instituciones, 
subvencionados, imbricados con partidos políticos, les dicen a los vecinos que no 
presenten recursos? A su vez, ¿por qué nosotros, los anarquistas, opuestos a las leyes y 
al Sistema, no usamos nuestro ascendente para arrebatarle a los afectados la oportunidad 
de usar los artificios legales que puedan hacerles ganar tiempo? Desde fuera podría 
parecer contradictorio, pero en realidad tiene que ver con la línea de trabajo de cada 
uno: cuando se tienen intereses políticos, electoralistas, personales, siempre se es 
partidario del “cuanto peor, mejor” si quien gobierna es el adversario; cuando haces la 
función de “oposición política” (de forma directa o diferida) siempre te interesa que se 
produzca el desalojo, para después poder echar los cuerpos de los desahuciados contra la 
fachada del ayuntamiento; cuando un desalojo masivo puede permitirte ganar relevancia y 
con ello la subvención, el voto, el sillón y la concejalía, o simplemente que ganen los 
tuyos, la respuesta está clara. Por nuestra parte, que no tenemos ninguno de esos 
intereses, somos incapaces de esconderle a los vecinos una medida dilatoria como es la de 
la presentación de recursos y cualquier otra estratagema para tratar de aumentar el enredo 
legal cuando haya que presentar batalla en el contencioso. Por eso nos tapamos la nariz y 
nos dejamos las pestañas redactando absurdos documentos legales donde el “ruego” y 
“suplico”, sustituyen al “exijo” y “reivindico”. Si salpicarse en el proceso legal 
garantiza asegurar 6 meses, 1 año o 2 años de permanencia para estas familias, ganar 
tiempo para seguir presionando y poder negociar, no podemos decirle a los vecinos que 
desestimen la guerra de papel; y que los mencionados colectivos la desaconsejen es un 
indicativo suficiente para no abandonarla. En otros puntos de las islas, otras comunidades 
de vecinos con similares conflictos de vivienda siguieron este tipo de consejos 
inmoladores, no supieron manejar los tiempos legales por culpa de la mala asesoría, y 
actualmente se encuentran al borde del desahucio o del corte de suministros sin haber 
hecho entre tanto el ruido suficiente para evitarlo. La conclusión es sencilla: estas 
aparentes contradicciones se dan cuando para unos priman los intereses particulares y para 
otros las necesidades de los afectados; cuando unos juegan a ser pirómanos a conveniencia 
y otros se niegan a jugar con la vida de nadie; cuando unos aplican sus mutables ideas en 
función del rédito y otros las mantienen firmes, pero sin imponérselas a nadie.

Los medios de comunicación son otra arista de los problemas que se presentan. En el gremio 
de periodistas, como en cualquiera, los individuos se definen por sus actos y la 
individualidad juega también su papel, a pesar de que la estructura lo absorba casi todo. 
La mayoría están marcados por las directrices de arriba y sólo unos pocos son capaces de 
dejar su impronta personal en lo que hacen. Después de muchos contactos empiezan a 
establecerse relaciones personales con algunos, y se descubren personas comprometidas y 
desinteresadas, pero también otras que explotan el sufrimiento y la ingenuidad de la gente 
en pos de sus intereses corporativos. Si dices que no te fías de tal político y la línea 
editorial de su agencia, periódico o cadena es defender a ese tipo, pues lo que dirán los 
medios es que tienes confianza ciega en él. Al final hay que saber cuándo contar con 
ellos, usarlos como a los venenos, contando las gotas, pues son un arma de doble filo. 
Mejor todavía es generar la propia información y que sea esta dinámica la que obligue a 
los medios a beber de tus noticias y comunicados y no a la inversa. Cuesta, pero si se 
recurre a los medios generalistas, el poder articular, gestionar y difundir contra 
información solvente es imprescindible para poder complementar o contrarrestar lo que 
estos publiquen.

Hay muchos elementos más, pero no se hace necesario sacar más conclusiones de una batalla 
que aún está inconclusa.

Si se quiere recapitular, a final la gran conclusión positiva de todo esto es la capacidad 
de la gente de a pie, de los más excluidos y pisoteados, de plantar batalla con muy pocos 
recursos, de ponérselo difícil a los poderes públicos, tan sólo con diseñar una buena 
estrategia y tener la voluntad necesaria para llevarla a cabo. También, en el otro 
extremo, se puede concluir que si la pasividad crea monstruos, también, como decía 
Nietzsche, puede crearlos pelear mucho tiempo con ellos. Por eso es necesario tratar de no 
parecerse a aquellos a quienes se desprecia, mantener claros los objetivos y finalidades, 
conocer y evaluar previamente todos los posibles giros de la lucha y, especialmente, 
conocerse bien a uno mismo como individuo, saber hasta dónde se está dispuesto a llegar y 
hasta dónde no, y poder mantenerte en pie tanto en una chabola como en un palacio sabiendo 
cuál quieres organizar y cuál destruir.

A todo esto, la lucha no ha hecho más que comenzar...

Ruymán Rodríguez

Publicado por Anarquistas Gran Canaria Federación

http://www.anarquistasgc.net/2016/05/reflexiones-sobre-45-dias-de-lucha.html


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