(ca) cnt.es: CNT frente a la crisis de los refugiados. Por la solidaridad de clase internacionalista.

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Sun May 1 11:25:20 CEST 2016


Las repercusiones de la situación en Oriente Medio siguen llegando hasta las costas de 
Europa en forma de marea de refugiados, ya convertida en crisis por la ineptitud y la 
desvergüenza de políticos de todo pelaje, de todos los continentes. Por un lado, los 
estados locales, desde el propio gobierno de Al Assad hasta Irán o Arabia Saudí, sin 
olvidar a Turquía, que recorren todo el espectro de gobiernos autoritarios y que juegan su 
ajedrez geopolítico en la zona, con un ojo puesto siempre en perpetuar su dominio 
doméstico, pasando por encima de la sangre de cientos de miles de inocentes. Por otro, la 
intervención de las potencias mundiales, guiadas, de nuevo, por sus propios intereses de 
política doméstica o geopolítica estratégica, desde la intervención rusa al pánico europeo 
ante los miles de refugiados que huyen de la masacre. Desde luego, las responsabilidades 
de unos son mucho más graves que las de otros, pero entre todos han conseguido que la 
región se ahogue en un baño de sangre.

Como haríamos todos y todas en su situación, cientos de miles de personas huyen de la 
forma más precaria de sus casas y ciudades, forzadas por un conflicto generalizado y sin 
salida aparente o cercana. No deja de ser significativo que su huida les lleve a 
desembarcar en las costas griegas, en la misma cuna de Occidente y de la democracia que 
tanto pregonan liberales y socialdemócratas, en su particular concepción de la palabra. El 
vergonzoso trato que reciben ahora quienes huyen de la muerte y la masacre nos mueve, en 
CNT, a tomar posición una vez más frente a esta iniquidad, como ya hemos hecho en 
ocasiones anteriores. A quienes buscan la paz y unas condiciones de vida mínimas para sus 
familias se les recibe con fronteras cerradas, alambradas y concertinas(en las que nuestro 
propio estado tiene experiencia de sobra) y gases lacrimógenos. Estas personas se han 
visto confinadas en campos de internamiento, con condiciones de vida infrahumanas y para 
remate, la UE ha concluido hace unas semanas un acuerdo de expulsión con Turquía, país 
encerrado en su propia espiral autoritaria, escenario de una guerra civil soterrada y 
aliado implícito del DAESH(Estado Islámico). Los políticos de la UE parecen confiar en que 
este perfecto ejemplo de desprecio a los derechos humanos les ayude a limpiar sus 
credenciales democráticas. No cabe duda de que esta solución que se ha pergeñado es una 
costosa huida hacia adelante.

Desde luego, este acuerdo con Turquía para devolver a los refugiados llegados por mar, y 
en general la gestión que se ha realizado del asunto, le ha granjeado duras críticas a la 
UE. Sin embargo, muchas de estas denuncias no dejan de estar ancladas en una especie de 
idealización de lo que es, o dicen que debería ser, Europa. De este modo, se suele partir 
de un discurso generalista de la defensa de los derechos humanos y de unos supuestos 
valores europeos que, al margen del centralismo cultural que implican, buscan 
principalmente sonar bien al oído del “sentido común” ciudadanista. Pero en realidad, la 
crisis en sí es mucho más profunda y afecta al propio discurso heredado de la ilustración 
y que se encuentra en el mismísimo corazón de Occidente y su defensa de una supuesta 
democracia. Por eso las declaraciones que hablan de derechos humanos fracasan ante la 
enormidad de la tragedia, que tiene ya dimensiones continentales y casi planetarias. Así, 
los mismos gobiernos e instituciones que firmaron tantísimas declaraciones, en un momento 
en el que eran algo abstracto, las convierten en papel mojado a la hora de ofrecer 
soluciones a problemas concretos como éste.

Más bien, lo que predomina en este caso y lo que la situación actual pone de relieve, es 
la capacidad de las clases dominantes de todo el globo para aliarse entre sí con tal de 
aferrarse al poder y defender sus privilegios, por encima de la sangre y la vida de los 
desposeídos, que somos el resto, en mayor o menor grado. Una vez tras otra, las promesas 
de liberación que el discurso occidental, sea en su versión liberal o socialista-marxista, 
ha hecho a la población del mundo árabe, han fracasado frente a la aquiescencia y la 
tolerancia que han mostrado los países desarrollados hacia dictadores y regímenes 
autoritarios de todo pelo, sean de inspiración marxista, nacionalista, islamista o 
cualquier otra. Los intereses de las élites mundiales han primado siempre por encima de 
los anhelos de justicia y libertad de las poblaciones sometida. El caso actual es más 
grave aún si cabe, porque a lomos del auge nacionalista y xenófobo europeo, son los 
propios desposeídos foráneos los que a menudo exigen a sus dirigentes la aplicación de 
medidas cada vez más restrictivas. Muchos políticos, con un ojo puesto en las encuestas de 
opinión, no dudan en subirse al carro del discurso xenófobo y racista. La combinación de 
todos estos factores revela como inútil e ineficaz, carente de sustancia, cualquier 
discurso que pretenda servirse de los clichés ciudadanistas de derechos humanos y democracia.

Desde luego, esto no es nuevo. Ya habíamos visto cosas parecidas con las vallas de 
Melilla, por ejemplo, aunque ahora la situación de guerra generalizada en Oriente Medio da 
una nueva dimensión, cuantitativa y cualitativa a la situación. En otro orden de cosas, 
los rescates recientes a banqueros y grandes empresas y la clara vulneración de los 
intereses de aquellos a quienes los gobernantes pretenden representar, no deja de ser otra 
instancia de defensa de los privilegiados. En la práctica, esta alianza de los poderosos 
significa autoritarismo hacia adentro y racismo hacia afuera. Sólo de este modo se puede 
entender que el Estado Turco sea el perro guardián de Europa, a pesar de la clara 
contradicción que esto supone al discurso europeísta y que es evidente a todo el mundo.

En CNT tenemos un marcado carácter internacionalista. A partir de los acuerdos que hemos 
tomado recientemente en nuestro XI Congreso, sentimos la necesidad de denunciar el trato 
inhumano y vejatorio al que se somete a las personas refugiadas. Sean aquellos que 
renuncian a la guerra y escapan para no verse obligados a participar en la locura, al ser 
llamados a filas o requeridos por alguna milicia local, hasta los miles de familias 
trabajadoras, como podemos ser cualquiera, que huyen de la barbarie que asola sus hogares, 
buscando una situación de refugio político. De nuevo, las esperanzas de los desposeídos 
del mundo árabe, y del mundo entero en realidad, se estrellan contra la dialéctica de las 
vallas y las concertinas, de los campos de internamiento, que refutan las promesas de 
libertad y derechos que mantiene el discurso oficial occidental. Las vías institucionales, 
presas de un discurso ciudadanista que no puede incorporar la solidaridad de clase, han 
vuelto a demostrar su incapacidad. Frente a esto, sólo nos queda reiterar las llamadas a 
la unión internacionalista de la clase obrera para poder hacer frente a la opresión a la 
que nos someten los Estados a nivel nacional y las instituciones y superestructuras 
militares y político-económicas a nivel internacional, a cada cual en su ámbito. Se hace 
necesaria una unión internacionalista fuerte y organizada, seria en sus planteamientos, 
prácticas y luchas, que sirva para empoderar a las capas sociales más desfavorecidas de 
todo el globo. En el caso concreto de los refugiados, vemos la necesidad de fomentar redes 
de apoyo y solidaridad desde fuera de las vías institucionales, tanto a nivel local en la 
medida de lo posible, como a nivel internacional, buscando apoyar como organización a 
aquellas iniciativas afines sobre el terreno, que estén en situación de prestar ayuda 
directa a quienes sufren las consecuencias de esta barbarie. Por todo ello,

Solidaridad con las personas refugiadas. ¡Qué abran las fronteras a los refugiados! ¡La 
lucha es el único camino! ¡Viva la lucha de la clase obrera internacional!

http://cnt.es/noticias/cnt-frente-la-crisis-de-los-refugiados-por-la-solidaridad-de-clase-internacionalista


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