(ca) grupo libertario via libre: ANTE EL ACUERDO DE CESE AL FUEGO BILATERAL Y DEFINITIVO ENTRE EL GOBIERNO COLOMBIANO Y LAS FARC-EP

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Thu Jun 30 09:51:29 CEST 2016


El pasado jueves, 23 de junio de 2016, sin duda marcó una fecha histórica en Colombia. En 
este día se acordó, en el marco de los diálogos de paz y la mesa de negociación de La 
Habana, el cese al fuego bilateral y definitivo entre el gobierno nacional de Juan Manuel 
Santos y la insurgencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del 
Pueblo (FARC-EP). Para muchas colombianas[1], este es un anhelo hecho realidad. Sin dejar 
de compartir el entusiasmo popular, nosotras señalamos que este aún no es el fin de la 
guerra y que aún queda un largo camino por recorrer en miras a conseguir cambios sociales 
reales beneficiosos para las trabajadoras, los sectores sociales y los pueblos.

Como Grupo Libertario Vía Libre, reconocemos la trascendencia histórica de este acuerdo 
para el país, pues es evidente que gran parte de la población no desea vivir más una 
guerra tan degradada y cruenta como la nuestra, lo que es motivo de celebración para 
muchas personas y comunidades. En ese sentido, existen varios elementos positivos para 
reconocer en este acuerdo, como la significación que tiene que la fuerza insurgente más 
antigua y duradera de América Latina abandone las armas sin ser derrotada y se culmine por 
medio de un pacto el largo enfrentamiento bélico entre este grupo y el Estado, en lo que 
supone un avance para varias organizaciones políticas populares que buscan que las luchas 
sociales sean escuchadas en las más altas esferas del poder gubernamental. Sin embargo, 
aún quedan múltiples retos, reivindicaciones y luchas por desarrollar.

El acuerdo de ayer, que formalizó una tregua de hecho que con algunos sobresaltos regía 
entre estos actores armados desde el 2013, marca un salto de calidad en el camino hacia el 
fin de la confrontación armada. Sin embargo, consideramos que aún estamos lejos de 
completar el denominado fin de la guerra, pues todavía quedan pendientes las negociaciones 
con otros grupos insurgentes más pequeños, pero de gran significancia, como el Ejército de 
Liberación Nacional (ELN) y el Ejército Popular de Liberación (EPL) alzados en armas como 
las FARC-EP desde hace medio siglo, con lo que el gobierno nacional ha mostrado una pobre 
voluntad de diálogo. Y más aún, consideramos que el fin del conflicto armado no pone fin 
al conflicto social y político en el que recae su génesis histórica, marcado por factores 
como la extrema desigualdad social especialmente aguda en el campo, el despojo violento 
realizado por la burguesía rural y los terratenientes de los territorios campesinos y las 
políticas de terrorismo de Estado implementada contra los movimientos populares.

Apuntamos que este año se ha caracterizado por las olas de movilización de diversos 
sectores sociales, tanto urbanos como rurales, que han confluido en jornadas de 
indignación como las del 24 de enero, la huelga nacional del 17 de marzo y el tercer paro 
agrario nacional, luchas que a su vez han fortalecido la idea de convocar un contundente 
Paro Cívico Nacional que haga retroceder las políticas antipopulares del gobierno. Así, 
sectores de los movimientos campesinos, indígenas y negros, junto con obreras, profesoras, 
estudiantes universitarias y trabajadoras informales, han manifestado su contundente 
rechazo a las políticas neoliberales de la segunda administración de Juan Manuel Santos, 
que acrecientan la desigualdad y precariedad social. Al mismo tiempo la mayoría de los 
sectores movilizados, han insistido en la necesidad de apoyar procesos de diálogo entre el 
gobierno y las insurgencias, buscando la realización de una paz con justicia social y 
viendo la firma de los acuerdos como un medio para que las voces de las trabajadoras y los 
pueblos históricamente excluidos, sean escuchadas. También la mayoría de estos sectores 
han apoyado el hecho de que las FARC-EP se conviertan en un partido político con garantías 
de seguridad y participación dentro de las reglas de juego de la actual democracia. Si 
bien esto podría generar la posibilidad de que se garantice el derecho a la oposición 
política en un país con un sistema institucional tan cerrado como el colombiano, una real 
apertura democrática aún está por verse.

Destacamos que ni las clases dominantes ni su aparato estatal tienen todas las de perder 
en esta coyuntura, puesto que lo que está firmado en un papel no es garantía real para el 
cumplimiento de los acuerdos pactados. Basta con recordar el incumplimiento sistemático 
que este mismo gobierno ha hecho de los acuerdos firmados luego del Paro Nacional Agrario 
de agosto y septiembre de 2013, incumplimientos que condujeron a los sectores campesinos, 
negros e indígenas, organizados en la Cumbre Nacional Agraria, a llevar a cabo una nueva y 
exitosa movilización en los últimos meses, en la que lamentablemente fueron asesinados por 
la represión gubernamental los comuneros indígenas Willington Quibarecama, Gersain Cerón y 
Marco Aurelio Díaz .

Anotamos que, si bien bajo la insignia de la paz se nos ha vendido la idea de un nuevo 
país, el gobierno aún debe mostrar una voluntad concreta manifiesta en hechos que conduzca 
a la desmilitarización de la sociedad, voluntad que no se ha evidenciado recientemente en 
las medidas de criminalización de la protesta de las clases y sectores oprimidos o el 
manteamiento de prisioneros políticos como el intelectual Miguel Ángel Beltrán. Del mismo 
modo, uno de los hechos que más pone en duda la voluntad de paz del gobierno es la 
aprobación del nuevo Código de Policía que agudiza la represión y atenta contra el 
ejercicio de varias libertades de la población civil.

No podemos dejar de advertir sobre el peligroso rol que juega la extrema derecha 
representada en el uribismo en este nuevo panorama haciendo campaña por el “No” en caso de 
que un posible plebiscito con el fin de hundir todo este proceso de paz al que tanto le ha 
hecho oposición. En la otra orilla estaría la campaña por el “Sí” representada 
principalmente en la Unidad Nacional (santistas) y en menor medida por la mayor parte del 
arco de la izquierda. Todo lo anterior nos pone de relieve un ambiente de polarización en 
torno a los acuerdos firmados en La Habana que tendría como principales contrincantes dos 
variantes de una derecha neoliberal y autoritaria: el santismo y el uribismo, este último 
considerados como la mayor fuerza de oposición política al gobierno en el país en la 
lectura difundida por los medios masivos de comunicación, que hasta hace poco sostenían la 
guerra contrainsurgente. El papel de la izquierda y los movimientos populares en este 
posible plebiscito, aunque activa aún ha sido limitado, lo que deja ver que la incidencia 
popular sigue siendo muy baja en este panorama

Tampoco debemos olvidar el reciente incremento de la acción del paramilitarismo, que en 
los últimos meses ha asesinado a varios líderes populares, especialmente campesinos. Las 
mal llamadas Bandas Criminales (BACRIM), que no son sino la nueva expresión del 
paramilitarismo, ejercen un dominio cotidiano de muchos territorios aliados a militares, 
caciques políticos y empresarios, como se vio en el reciente paro armado decretado por 
estas fuerzas en la región del Urabá, a la vez que amenazan, persiguen y asesinan a la 
izquierda social y política. El paramilitarismo, apoyado en la estrategia de resistencia 
civil de la derecha uribista, representa una gran amenaza en este nuevo escenario, en el 
que aún es posible que se repitan genocidios políticos como los sufridos por la generación 
de luchadoras sociales de 1980 organizados en la Unión Patriótica (UP), A Luchar, el 
Frente Popular y los movimientos sindicales, campesinos e indígenas.

Finalmente, consideramos que, aunque el fin de la lucha armada de un grupo guerrillero de 
las dimensiones de las FARC-EP sea importante, no podemos olvidar que aún lidiamos contra 
un Estado contrainsurgente que ejerce la violencia simbólica y material contra las clases 
y sectores subalternos, para mantener un orden social basado en la explotación, la 
desigualdad y la exclusión de las trabajadoras, los sectores sociales y los pueblos. Que 
no se nos olvide que aún existe un aparato represor que esta presto a emplearse contra 
cualquier protesta de las de abajo que las de arriba consideren ilegítima. Que no se nos 
olvide que, si bien el fin de la guerra guerrillera abre una nueva etapa de la lucha de 
clases en el país, el orden capitalista, estatista y patriarcal a nivel mundial es 
inherentemente violento, como también lo será el proceso revolucionario que lo derrote.

Como organización anarquista hacemos un llamado a redoblar el impulso de la organización, 
la movilización y la lucha multisectorial desde abajo, tal y como lo venimos haciendo en 
múltiples escenarios como el estudiantil, el educativo, el territorial, el de géneros, el 
comunicativo, entre otros. Como bien lo hemos afirmado aún queda mucho por hacer. En este 
ambiente de pacificación parcial entre dos bandos se debe apostar por construir una 
verdadera paz para las trabajadoras y los pueblos, formada desde la iniciativa local y 
comunitaria, desde aquellos lugares donde la desigualdad y la exclusión son el pan de cada 
día. Debemos seguir aportando el empuje socialista libertario en la construcción de 
autonomía, autogestión y poder popular en todos los territorios en los que trabajamos. No 
basta con que las de arriba abran la posibilidad de hacer parte de la democracia burguesa, 
pues esta es sumamente limitada, funcional a su dominación y en ella no se concretarán las 
transformaciones radicales de las condiciones de opresión y dominación. En la actual 
coyuntura nos reafirmamos en la construcción de otro mundo posible a través de la 
superación del capitalismo y el Estado, que son los causantes de la principal guerra que 
se ha librado contra el pueblo: la del hambre, la explotación y el despojo de lo común.

Fue un día histórico sin duda, pero aún queda mucho por hacer para que con la fuerza 
organizada y movilizada de nuestros pueblos, construyamos una vida más justa y más libre.

Grupo Libertario Vía Libre
Junio 24 de 2016, Bogotá

[1] Generalizamos intencionalmente en femenino, criticando la generalización en masculino 
y haciendo alusión al que consideramos el concepto no sexista de personas.

https://grupolibertariovialibre.wordpress.com/2016/06/25/ante-el-acuerdo-de-cese-al-fuego-bilateral-y-definitivo-entre-el-gobierno-colombiano-y-las-farc-ep/


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