(ca) Coyuntura Política en Venezuela: Crisis, Tendencias y el Desafío de la Independencia de Clase Por Víctor Vallejos y Juan Williams, militantes de Solidaridad - Federación Comunista Libertaria

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Sun Jun 26 19:02:33 CEST 2016


El presente artículo, constituye un humilde intento de aportar a un balance crítico del 
proceso de cambio en Venezuela y su situación política actual. No pretende ser un 
documento exhaustivo y reconocemos que presenta limitaciones teóricas. Nuestro análisis 
parte de una mirada abiertamente militante, que echa raíces y se reconoce en el comunismo 
libertario. Gran parte de estas reflexiones, surgen a partir de una serie de entrevistas a 
militantes y organizaciones sociales y políticas venezolanas, las cuales fueron realizadas 
en Caracas y en el Estado de Lara, durante el mes de febrero de este año. ---- En los 
últimos 17 años, Venezuela ha experimentado un proceso de transformación social de 
avanzada para el contexto internacional que, junto con situar nuevamente al socialismo 
como horizonte a conquistar, ha permitido la politización y el desarrollo de un extenso 
movimiento popular -de raíces históricas profundas que exceden ampliamente a la irrupción 
de Chávez en el año 1992- apostando además, a una integración latinoamericana que aunque 
se ha dado principalmente por “arriba” -entre Estados y gobiernos- logró instalar en lo 
discursivo la necesidad de formar un polo revolucionario desde América Latina y de romper 
con la hegemonía de los Estados Unidos en la región.

No obstante, como todo proceso real, el venezolano también ha estado atravesado por 
múltiples contradicciones. Si bien el gobierno bolivariano logró impulsar una política 
redistributiva que permitió destinar parte significativa de la renta petrolera hacia la 
mejora en las condiciones de vida de amplias capas de la población, en estos 17 años no se 
han dado pasos claros hacia la superación bajo perspectiva socialista del modelo rentista 
petrolero[1]. El ejecutivo ha quedado atrapado entre políticas que han apuntado a un 
capitalismo de estado[2] y la conformación de alianzas con sectores de la burguesía 
“productivista”, estrategias que han fracasado en su objetivo de diversificar la matriz 
productiva del país y que le han costado caro al movimiento popular en términos de la 
pérdida de su autonomía frente al empresariado y al Estado.

El carácter del Estado en Venezuela tampoco se ha modificado de manera sustancial. En un 
primer momento, el chavismo logró desplazar del centro del poder político -mas no del 
poder económico- a la vieja oligarquía tributaria del pacto de punto fijo[3], avanzando 
además, en la institucionalización de espacios de participación abiertos al protagonismo 
popular, lo que en un contexto de avanzada del pueblo movilizado, permitió vislumbrar la 
posibilidad de ir superando las lógicas de la democracia representativa tradicional. No 
obstante, en la medida que el campo popular cedía terreno[4] como fuerza movilizadora y 
autoorganizada, se terminó consolidando una estructura estatal burocrática, clientelar y 
permeable al surgimiento de sectores identificados con el chavismo, o ligados en forma 
oportunista a este, los cuales usurparon la riqueza colectiva y se enquistaron en 
posiciones de poder en pos de la defensa de sus propios intereses de clase[5].

Por otra parte, la muerte de Chávez sacó a la luz otro de los problemas que arrastra el 
proceso venezolano. La pérdida de claridad estratégica y de iniciativa política que se 
evidencia desde ese momento refleja la ausencia de una dirección colectiva, posibilidad 
ahogada en un primer momento por el liderazgo apabullante ejercido por Chávez, elemento 
constantemente reforzado en el marco de una cultura política caudillista, característica 
arraigada en la historia del país caribeño[6].
La situación económica

Como mencionábamos previamente, el rentismo petrolero es uno de los principales rasgos de 
la economía venezolana. Esto es, que Venezuela capta del mercado internacional una 
cantidad enorme de valor no producido en el propio país. La venta del petróleo supera 
holgadamente el 90% de las exportaciones del país, constituyendo la principal entrada de 
divisas en dólares. Esta condición monoexportadora ha sido así desde hace muchísimo tiempo 
antes del chavismo y fue determinando el sesgo parasitario de su burguesía[7], la cual ha 
dependido de manera directa del traspaso de parte de la renta petrolera bajo la forma de 
subsidios para la importación y producción.

Uno de los grandes logros del gobierno bolivariano fue haber nacionalizado realmente la 
producción petrolera y redistribuir los excedentes a amplias capas de la clase 
trabajadora[8], excluida hasta ese momento de tales recursos. Esto permitió la aplicación 
de fuertes políticas sociales que elevaron el nivel de vida y la dignidad del pueblo 
trabajador.

No obstante, esto no implicó desplazar la condición hegemónica de la burguesía sobre la 
economía del país, al punto de mantener prácticamente intacta la preeminencia del sector 
privado en este ámbito[9]. De hecho, el mismo proyecto bolivariano, le asigna al 
empresariado “nacionalista y productivo” un rol importante dentro del proceso de cambio[10].

Por otro lado, el alto precio del petróleo durante la década de los 2000, permitió 
aumentar la acumulación de parte importante de la burguesía venezolana al mismo tiempo en 
que se aumentaba fuertemente el gasto social. Esta repartición de la renta tanto para la 
burguesía como para la clase trabajadora -llamada equilibrio distributivo entre las clases 
por el economista uruguayo Rodrigo Alonso[11]-, es la que se volvió insostenible desde que 
comenzó a bajar el precio internacional del petróleo, sobre todo a partir del año 2012. La 
creciente demanda interna -dependiente de las importaciones y, por lo tanto, de divisas- y 
los cada vez menores ingresos en dólares al país provocados por la baja del precio 
internacional del petróleo, son la base material del ciclo inflacionario del país. Por su 
parte, el ‘bachaqueo’, el acaparamiento y el contrabando constituyen fenómenos secundarios 
que agravan la inflación, pero que en primer lugar están incentivados por ella al volverse 
más rentables estas prácticas[12].

En tal sentido, la actual crisis económica debe ser entendida como el límite del propio 
capitalismo rentista venezolano para sostener procesos de inclusión y elevación del nivel 
de vida de la clase trabajadora, mientras paralelamente la burguesía mantiene tasas de 
ganancias elevadas y no como el fracaso de una experiencia socialista que no ha sido tal 
todavía[13]. De hecho, las discusiones frente a las posibles salidas apuntan todas a la 
necesidad de cortar este equilibrio distributivo entre las clases, ya sea haciendo pagar a 
la clase trabajadora o a la burguesía el costo de la crisis. Por una parte, hay quienes 
apuestan por las típicas medidas de ajuste neoliberal (reducir el gasto social, liberación 
de precios, precarización laboral, etc.). Y por otra, se plantea un avance en sentido 
expropiador (control del comercio exterior, nacionalización de la banca y de empresas 
estratégicas, aumento de la carga impositiva a la burguesía y sobre todo fin a sus 
subvenciones). Esto, con mayor o menor énfasis en el control popular de tales medidas, 
pero siendo el gobierno y otros poderes del Estado quienes deberían protagonizar las 
intervenciones.

En todo el espectro de fuerzas en disputa, existe plena conciencia del catastrófico costo 
político que traería la aplicación de las medidas de ajuste. Además, ya sea si se 
descargan los costos de la crisis a la clase trabajadora o la burguesía, se asume que el 
nivel de conflictividad entre las clases necesariamente aumentará. Estos últimos años, el 
aumento de la deuda pública y la emisión de bonos soberanos han suplido la carencia de 
entrada de divisas, pero esto solo ha permitido ganar tiempo[14]; tiempo que también se 
está agotando.
La situación política

La derrota del chavismo en las elecciones de la Asamblea Nacional el 6 de diciembre fue 
contundente e inesperada en su magnitud. Aunque la compleja situación económica hacía 
prever que el resultado no sería favorable para el PSUV, ni en la derecha se imaginaban 
que ganarían con tanta holgura la mayoría de la Asamblea Nacional. No obstante, al mirar 
los resultados con atención, si bien se profundiza la tendencia del oficialismo a perder 
apoyo electoral, esto tampoco se ha traducido en un crecimiento significativo de la 
oposición. Si se compara la elección del 6 de diciembre del 2015 con la elección 
presidencial del 2013, el chavismo perdió cerca de 2 millones de votos (un 26,2%), pero la 
derecha sólo creció en 343.434, es decir un 4,6%. Si a esto le agregamos el alto 
porcentaje de votos nulos[15] (4.77%, casi el triple de votos nulos que en la elección 
parlamentaria anterior), la tesis del “voto castigo” como expresión de sectores chavistas 
descontentos con la conducción del gobierno, adquiere sentido.[16]

Este descontento con el gobierno, manifestado en las votaciones no se explica 
exclusivamente por la escasez de productos básicos o la inflación. Venezuela vivió una 
crisis económica comparable en el periodo comprendido entre el golpe de abril del 2002 y 
el paro petrolero de fines de ese mismo año, el cual se extendió hasta principios del 
2003. Si bien aquella situación fue más breve, en ese momento la devaluación de la divisa 
y la contracción de la economía fueron enormes[17] y aun así la población mantenía un 
apoyo fuerte al gobierno, representado en la consigna “con hambre y sin empleo con Chávez 
me resteo”. De hecho, fue justo un momento en que la movilización popular en respuesta al 
golpe permitió radicalizar el proceso, tomar control de empresas estratégicas y ganar 
terreno en distintas instituciones. Justo lo opuesto que ha ocurrido ahora, cuando luego 
de una nueva arremetida violenta por parte de la derecha expresada en las “guarimbas” del 
2014, se impulsaron una serie de mesas de diálogo que llevaron a que el gobierno cediera y 
se abriera a poner a disposición del empresariado venezolano, recursos adicionales en 
dólares[18] y mayores facilidades para sus importaciones y exportaciones; todo ello 
supuestamente para fortalecer la capacidad productiva del país. Esta tendencia se ha ido 
profundizando y como botón de muestra tenemos la creación del Consejo Nacional de Economía 
Productiva compuesto principalmente por empresarios y la nominación como vicepresidente de 
economía productiva al ex presidente del gremio empresarial Fedeindustria Miguel Pérez 
Abad, quien estará al mando del Ministerio de Economía Productiva[19].

La derrota electoral del oficialismo no solo le abrió la posibilidad a la derecha de 
desmantelar las políticas redistributivas del gobierno bolivariano,[20] sino también, le 
permitió volver a plantear abiertamente la salida de Maduro antes que termine su mandato. 
Si a esto le sumamos la pérdida de liderazgo de Maduro al interior del oficialismo y la 
ineficacia de las medidas impulsadas desde su gobierno para superar la crisis económica, 
se configura un escenario en donde amplios sectores coinciden en la posibilidad cierta de 
que el PSUV con Maduro a la cabeza, pierda el ejecutivo en el corto plazo.

En ese contexto, parte considerable del PSUV y del gobierno están impulsando una política 
de acercamiento y negociación con sectores del empresariado “productivo”, buscando 
profundizar una alianza con este sector de la burguesía como herramienta que les permita 
superar la crisis económica y estabilizar la situación política. Esto, intentando agudizar 
las supuestas contradicciones entre esta burguesía “productivista” y su par “parasitario”.

Al mismo tiempo, los sectores más lúcidos de la derecha, acarician la posibilidad de una 
transición pacífica y negociada, que les permita recuperar el ejecutivo evitando mayores 
niveles de conflictividad y agudización de las contradicciones de clases, apostando a que 
las primeras medidas de ajuste económico típicamente neoliberales comiencen a impulsarse 
durante el gobierno de Maduro. Esto, por la incapacidad de la oposición de derecha de 
superar sus divisiones internas y recuperar el liderazgo político que mantuvo en otras 
décadas. Al decir del profesor Roberto López Sánchez: “Un eventual ascenso de la derecha 
pro-imperialista tendría escenarios de ingobernabilidad muy superiores a los que haya 
podido afrontar el chavismo en estos años[21]”.

La priorización de la alianza con la burguesía arrastra consigo el deterioro en la 
correlación de fuerzas para el campo popular, lo que se expresa además, en la agudización 
de las contradicciones entre sectores de avanzada de la clase trabajadora y el gobierno 
bolivariano. Como botón de muestra podemos mencionar el conflicto que protagonizan los 
trabajadores de la Empresa de Propiedad Social Directa Comunal (EPSDC) “Proletarios 
Unidos” en conjunto con la comuna Pío Tamayo en la ciudad de Barquisimeto, Estado de Lara.

La EPSDC “Proletarios Unidos”, surge a partir de la iniciativa de los trabajadores de la 
cervecería de capitales brasileños Brhama, quienes frente al abandono injustificado de la 
empresa por parte de sus anteriores dueños, deciden no aceptar el finiquito que les 
ofrecían y optan por ocupar la fábrica bajo la perspectiva de hacerla producir en forma 
autogestionada. A partir de ese momento, los trabajadores se ven obligados a resistir y 
enfrentarse no solo a los antiguos dueños de dicha fábrica, sino también, a la gobernación 
de derechas de Lara y a los funcionarios que dentro del gobierno socavan y obstaculizan la 
posibilidad de que el proyecto de “Proletarios Unidos” se consolide. En ese proceso, los 
trabajadores se articulan con los comuneros de “Pío Tamayo”, quienes también han sido 
protagonistas de una interesante experiencia de construcción de poder popular de carácter 
territorial y productivo.

No obstante, pese al enorme potencial que evidencia el esfuerzo de los trabajadores de la 
ex Brhama y la comuna de Pío Tamayo, el gobierno se ha abierto a la posibilidad del 
traspaso de la fábrica al grupo Cisneros, propiedad de uno de los más grandes empresarios 
de Venezuela, miembro de la Barrick Gold Corporation[22]. Lo anterior se basa en el 
supuesto de que una alianza con este grupo económico exponente de la burguesía 
“industrial”, le permitiría al gobierno mermar el poder económico de Lorenzo Mendoza, 
presidente de empresas Polar, grupo que actualmente hegemoniza el mercado de las cervezas 
y de la alimentación en Venezuela.

Esta situación es homologable a la que experimentan otras empresas que intentan ser 
autogestionadas por sus trabajadores en alianza con organizaciones populares articuladas 
en las Comunas. En la misma ciudad de Barquisimeto, empresas de propiedad social directa 
comunal como Beneagro y Alfareros del Grez, han visto obstaculizado su desarrollo no sólo 
a causa del boicot empresarial, sino también, producto de las lógicas burocráticas del 
Estado venezolano y la política de alianza del gobierno con sectores de la burguesía.
El ‘Factor Pueblo’[23]: la clase trabajadora como motor de cualquier transformación

No cabe duda que el proceso Bolivariano, con sus contradicciones incluidas, ha permitido 
la politización de amplias capas de la población además del desarrollo de verdaderas 
experiencias de poder popular. Con estas últimas nos referimos a las comunas[24], a las 
empresas bajo control obrero, a expresiones de autoconstrucción en los barrios, entre 
otros espacios tanto urbanos como rurales[25]. Lamentablemente, estas genuinas 
organizaciones de la clase trabajadora distan mucho de ser hegemónicas en el país 
caribeño. Más bien, se trata de organizaciones que han debido sortear y sobreponerse a la 
promoción de relaciones clientelares que han sido facilitadas por la entrega de ingentes 
recursos económicos desde el gobierno. De hecho, a lo largo de los años, estas relaciones 
fueron apaciguando la iniciativa política de muchas otras expresiones de clase.

Creemos que es la fuerza del pueblo trabajador -factor decisivo para impulsar hacia un 
sentido revolucionario la actual crisis- la que se ha perdido de vista desde miradas 
superficiales que entienden que el futuro del proceso se juega exclusiva o principalmente 
en el ámbito gubernamental o en las instituciones del Estado.

Como lo relata López Sánchez[26], por lo menos desde mediados del siglo XX y en términos 
generales, la izquierda venezolana ha adolecido de la capacidad de acoplarse a los tiempos 
propios del desarrollo de la clase trabajadora. Esto se ha expresado en que se ha 
privilegiado la construcción de relaciones instrumentales con la clase trabajadora, 
relegándola al mero apoyo electoral o al seguimiento de incursiones de carácter 
vanguardista y foquista, es decir, como masa de maniobra[27].

No obstante, si observamos la historia venezolana reciente, fue la respuesta más o menos 
espontánea del pueblo trabajador la que cambió las correlaciones de fuerza para detener el 
golpe de abril del 2002, abriendo con ello un escenario distinto tanto para Venezuela como 
para el continente. En este caso, ni los golpistas ni el propio gobierno bolivariano 
consideraron que el pueblo trabajador sería quien finalmente inclinaría la balanza hacia 
la profundización del proceso de cambio. Asimismo, fue la participación de ese mismo 
pueblo y la capacidad operativa de los trabajadores de PDVSA los que permitieron reanudar 
la producción en el contexto del golpe petrolero de 2002-2003 a pesar de la incredulidad 
de los gerentes golpistas[28]. Para ese momento la conducción chavista ya tenía prevista 
una respuesta organizada al golpe, la cual pudo apoyarse en el respaldo popular, siendo 
particularmente llamativo el rol que cumplieron los círculos bolivarianos.

Justamente, luego de la coyuntura de 2002-2003, es cuando se desató con mayor fuerza la 
autoorganización de la clase trabajadora, bajo formas diversas y enormemente masivas y 
donde la juventud y la mujer adquirieron un nuevo protagonismo. Este proceso tuvo su auge 
y un progresivo declive después del 2006-2007. Se trate de las masivas redes de medios 
comunitarios agrupados en ANMCLA[29], de la renovación sindical que supuso la creación de 
la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) frente a la descompuesta CVT (Confederación de 
Trabajadores de Venezuela) o la creación de los Consejos Comunales como formas de 
auto-administración territorial; todos debieron enfrentarse al problema de la 
independencia frente al gobierno. Ello suscitó los quiebres de algunas de estas 
organizaciones (como ANMCLA), la desaparición y el virtual reemplazo de otras (como la UNT 
por la Confederación Bolivariana Socialista de los Trabajadores, CBST) o de la aceptación 
clientelar de otras (como la mayoría de los Consejos Comunales, que al día de hoy son 
principalmente herramientas para percibir renta). La no resolución de este problema desde 
una perspectiva de independencia de clase es la raíz de lo que algunos identifican como el 
declive de este proceso auto-organizativo.

Al día de hoy la clase trabajadora de Venezuela todavía cuenta con múltiples y variadas 
organizaciones con importante capacidad de lucha y combate. Una de las más interesantes es 
la articulación entre organizaciones comunales con control efectivo del territorio, las 
cuales representan auténticas expresiones de poder popular. Sin embargo, es claro que 
estas y otras organizaciones se encuentran a la defensiva[30]. Lo más preocupante es que 
en los posibles escenarios futuros se encontrarán todavía más asediadas.
Tendencias actuales

Por el momento, es claro que las medidas impulsadas por el gobierno de Maduro no han 
logrado abrir un camino que permita la superación de la crisis económica[31] en curso, 
afectando con ello a millones de miembros de la clase trabajadora venezolana incluidas sus 
capas más acomodadas. Son ellos y ellas quienes sufren cotidianamente la devaluación de 
sus salarios, la escasez de medicinas y la dificultad para conseguir alimentos y artículos 
de primera necesidad.

Por su parte, el bloque opositor empuja una estrategia marcada por un delicado equilibrio 
entre una posición de fuerza en las calles -con marcados tintes fascistas[32]- que obligue 
a Maduro a salir del ejecutivo y, una tardía apuesta por un referéndum revocatorio en el 
marco de la constitución bolivariana. Este eventual referéndum debiese ejecutarse durante 
el 2016 para que se convoque a nuevas elecciones y la derecha pueda retomar el poder 
político por la vía electoral.

A nivel internacional, esta estrategia se articula con el rol que juegan los Estados 
Unidos y las derechas de otras latitudes. La constante infiltración de paramilitares 
colombianos con el objetivo de aumentar los niveles de violencia y generar una situación 
de caos es una de sus apuestas más peligrosas si consideramos además los constantes 
llamados a la aplicación de la carta democrática de la OEA[33]. Sumados, ambos elementos 
amenazan con la posibilidad de una intervención militar extranjera. Esto no quiere decir 
que la intervención necesariamente vaya a ocurrir, pero la amenaza constituye en sí misma 
un elemento de presión.

En ese contexto, desde el gobierno de Maduro se ha ido profundizando la política de 
alianza con sectores del empresariado ‘industrial’, a la vez que ha ido adquiriendo rasgos 
cada vez más autoritarios expresados en el fortalecimiento de los lazos con la cúpula del 
ejército y en los intentos por retrasar[34] la realización del referéndum revocatorio.[35] 
Por su parte, es un verdadero secreto a voces el acercamiento de personajes importantes de 
gobierno a sectores de la oposición política para hablar sobre la transición pacífica.

Evidentemente, esta situación favorece la tendencia del gobierno a perder apoyo popular, a 
que parte importante de su militancia ‘se abra’[36] y a que sectores críticos intenten 
capitalizar el descontento. En esta senda, organizaciones expulsadas de facto del PSUV 
como Marea Socialista han podido aglutinar parte del desencanto. No obstante, en lo 
programático no se distinguen significativamente de las tendencias críticas internas del 
propio PSUV, pues acentúan más la necesidad de las auditorías, el ataque a la corrupción, 
etc. pero a nuestro juicio, no apuntan a las dimensiones estructurales de la actual 
crisis. Por lo demás, dadas sus dimensiones y su nivel real de inserción dentro de las 
organizaciones de la clase trabajadora, tampoco constituyen por sí solos una alternativa 
real a la situación política.

La mayor parte de la izquierda -bases de apoyo del PSUV, como quienes se sitúan fuera de 
su órbita- se mantiene en una llamativa pasividad respecto a estas peligrosas tendencias 
en desarrollo. Parte importante de ellas, una generación completa de jóvenes, se resignan 
a asumir la posibilidad de perder el gobierno después de 17 años. Otra parte, minoritaria, 
asume estas posibilidades. Pero sus mayores preocupaciones se centran en la posibilidad de 
una eventual victoria electoral en un futuro post Maduro, para lo cual sobrevaloran los 
resguardos democráticos de la institucionalidad burguesa y la capacidad futura que tendrá 
el aparato electoral del PSUV luego de una derrota que no sólo será electoral, sino que 
afectará directamente a las organizaciones de lucha en el terreno económico y social. Por 
último, existen tendencias aún más minoritarias que las anteriores que asumen las 
consecuencias de un posible escenario de retroceso y que ello pondrá a la clase 
trabajadora a la defensiva, en una situación de resistencia. Lamentablemente, en ellas 
predominan estrategias más militaristas que de desarrollo en el plano social, no asumiendo 
con todas sus implicancias las desastrosas experiencias de los años 60’ y 70’. En general, 
se observa una preocupante inercia por parte de los sectores honestamente revolucionarios 
del contexto venezolano, los cuales parecieran estar a la espera de un nuevo caudillo o 
liderazgo al cual seguir, en lugar de asumir la responsabilidad de renovar la discusión 
estratégica y programática.
Reflexiones finales

Desde hace años, diversas organizaciones de izquierda en Chile hemos abordado una serie de 
discusiones en torno a las estrategias que nos permitan abrir un camino hacia la 
superación del capitalismo y sus especificidades neoliberales, teniendo como horizonte el 
socialismo. En esas discusiones, las referencias a los gobiernos progresistas o de 
izquierda en América Latina han sido inevitables. Pero lamentablemente, muchas veces estas 
experiencias se evalúan desde miradas superficiales y acríticas.

En un momento político a nivel latinoamericano, marcado por el estancamiento, retroceso o 
crisis abierta de estos procesos y sus expresiones gubernamentales que -con matices- se 
plantearon en oposición a la hegemonía neoliberal predominante en los 90’, debemos revisar 
en profundidad estas experiencias, de manera de ir esclareciendo nuestros propios 
problemas que se abren a la hora de emprender un camino de transformación profunda.

Al respecto, mirando la experiencia venezolana, hay varios elementos que nos parecen 
pertinentes mencionar.

En primer lugar, la política de alianzas policlasista impulsada por el gobierno, donde se 
le asigna un papel relevante a sectores de la burguesía ‘industrial’, parece un error si 
lo que se persigue es un proyecto postcapitalista. Recordemos que este sector es 
prácticamente insignificante en una economía de carácter rentista como la venezolana. 
Además, es evidente que esta alianza en conjunto con los vínculos que se han establecido 
con otros países de mayor poderío industrial y sus respectivas burguesías, tampoco le ha 
permitido a Venezuela diversificar su matriz productiva, en base a un componente 
industrial propio que le permita a su economía superar dicho carácter rentista petrolero.

Al contrario, dicha alianza ha tendido a debilitar a la clase trabajadora venezolana y sus 
experiencias de autogestión directa de la producción, lo que incluso ha dado pie para que 
se agudicen contradicciones objetivas entre el movimiento popular venezolano y el gobierno 
bolivariano.

Pero estas contradicciones no sólo se dan en el plano económico-productivo. Uno de los 
aspectos que más nos llama la atención, es el abismo que se produce entre un aparato 
estatal que en el plano institucional, abre enorme posibilidades para el protagonismo 
popular en la gestión de los asuntos públicos, pero que en la práctica, no sólo se 
encuentra cooptado por una burocracia altamente corrupta que se ha ido constituyendo en 
una nueva fracción de la clase dominante (la “boliburguesía”), sino que también, ahoga y 
desnaturaliza experiencias de construcción de poder popular de avanzada, que terminan 
cediendo al peso de la burocracia o apaciguándose bajo las lógicas clientelares del gobierno.

En la misma línea, la ausencia de un liderazgo colectivo, que permita superar aquella 
conducción apabullante que representó Hugo Chávez, nos parece un elemento central que 
explica en parte la desorientación y pérdida de claridad estratégica en la que se 
encuentra el movimiento popular venezolano y la izquierda revolucionaria. La discusión 
sobre los instrumentos políticos que permitan canalizar dicha conducción colectiva se 
vuelve cada vez más relevante bajo estas circunstancias. Si bien, compañeras y compañeros 
valiosos, tanto dentro como fuera del PSUV han ido planteando en los últimos años estos 
elementos, dichos esfuerzos hasta el momento aún no se han logrado cristalizar.

Finalmente, si bien insistimos en que la izquierda debe mantener una mirada crítica frente 
a este u otros procesos de transformación, no podemos negar que a lo largo de estos 17 
años, la clase trabajadora venezolana nos ha dado a los pueblos de Latinoamérica y del 
mundo entero numerosas lecciones de valentía, convicción y creatividad, por lo que en los 
actuales y duros momentos que atraviesan nuestros hermanos y hermanas en Venezuela, no 
podemos perder de vista la necesidad de crear y fortalecer puentes de solidaridad concreta 
y efectiva entre los pueblos que luchan.
NOTAS:

1. En esto coinciden diversos investigadores e investigadoras, quienes señalan que la base 
capitalista y específicamente rentista de la economía venezolana se ha mantenido intacta. 
Recomendamos revisar, entre otras, las argumentaciones de Cira Pascual, profesora de 
Estudios Políticos en la Universidad Bolivariana de Venezuela. 
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=206456 y http://www.rebelion.org/noticia.php?id=208627.

2. A modo de ejemplo, podemos mencionar el caso de SIDOR. En el 2008 y en respuesta a los 
trabajadores movilizados, el gobierno bolivariano decide comprar a los empresarios 
argentinos este complejo industrial orientado a la producción de acero. Si bien 
inicialmente se plantea un modelo de “control obrero” con participación comunal en la 
gestión de la fábrica, finalmente el gobierno opta por dirigir la empresa de forma 
burocrática, poniendo a militares como gerentes y relegando la participación de los 
trabajadores a un segundo lugar. Los resultados han sido nefastos, disminuyendo 
progresivamente su producción, debido también a la crisis económica que atraviesa el país. 
Ver “Control Obrero y Autogestión, el ejemplo del compejo industrail SIDOR en Venezuela”, 
Sébastien Brulez, recopilado en “América Latina, Emancipaciones en Construcción, Franck 
Gaudichaud.

3. Pacto político entre COPEI (de tendencia demócrata cristiana) y Acción Democrática 
(socialdemocracia “renovada”) quienes se repartieron el poder desde 1958 a 1998. 
Actualmente forman parte del bloque opositor MUD (Mesa de Unidad Democrática).

4. Principalmente en el terreno de la autoorganización de clase, pero también en el plano 
institucional pues por un parte, durante un momento significó un ‘asedio’ a la 
institucionalidad heredada y por otra, se reflejó en la conducción de nuevas instituciones 
estatales (por ejemplo, las Misiones). Ver apartado 1.3 de este escrito.

5. El surgimiento de la llamada “boliburguesía”, término poco preciso pero bastante 
difundido que refiere a grupos principalmente empresariales que se han enriquecido con el 
acceso a determinados negocios, prebendas y subvenciones gracias a su cercanía al gobierno 
chavista o a la participación dentro de éste.

6. El “caudillismo” como elemento arraigado en la cultura política venezolana, se 
evidencia claramente en el excesivo culto a la imagen de Chávez y una visión acrítica de 
su liderazgo que predomina en amplios sectores del espectro político y social venezolano. 
No obstante, este elemento es previo a la llegada de Chávez y rastreable a lo largo de la 
historia postindependentista venezolana: “Al igual que en 1814, la muerte del líder que 
guiaba el movimiento revolucionario de las masas, Ezequiel Zamora, dejó inconclusas las 
aspiraciones del campesinado. [...] Nuevamente, la ausencia de un sólido liderazgo 
colectivo que continuara la lucha cercenó las posibilidades de triunfo de los 
desposeídos”. López, R. 2015. El Protagonismo Popular en la Historia de Venezuela. 
Editorial Trinchera.

7. Este carácter parasitario se expresa en el hecho de que para la burguesía venezolana, 
históricamente ha sido más rentable apropiarse de la renta petrolera importando bienes de 
consumo, evitando los riesgos de invertir dentro del país en pos de la diversificación de 
la matriz productiva. Durante buena parte del siglo XX y XXI, los conflictos sociales en 
el país pueden ser analizados desde la disputa por la apropiación de la renta petrolera.

8. Incluida la así llamada ‘Población obrera sobrante’, es decir aquellos sujetos 
excluidos del proceso de producción capitalista.

9. La participación estatal en la economía sólo ha subió un 0,37% entre el año 1999 y 
2014. http://www.aporrea.org/trabajadores/a213256.html

10. Entre otros, en el desarrollo de las fuerzas productivas del país.

11. http://rebelion.org/noticia.php?id=194106

12. Según el investigador del investigador del Centro de Investigación y Formación Obrera 
(CIFO) y recientemente despedido de la Universidad Bolivariana de Venezuela, Manuel 
Sutherland: La cada vez más barata importación [con un tipo de cambio enormemente 
sobrevaluado] fue mutando en la desviación de divisas destinada a importar bienes y 
servicios, en aras de usar esas divisas para fugar capitales o para revenderlas en el 
mercado paralelo con ganancias que en la actualidad rozan el 15773 %. En: 
https://alemcifo.wordpress.com/2016/02/17/2016-la-peor-de-las-crisis-economicas-causas-medidas-y-cronica-de-una-ruina-anunciada/

13. Como el mismo Rodrigo Alonso lo sostiene en este escrito: 
http://brecha.com.uy/crisis-del-socialismo-del-siglo-xxi/.

14. Pascual, Cira. Ibíd.

15. El alto porcentaje de votos nulos de esta elección, al parecer también dependería de 
una serie de problemas relacionados con la emisión misma del voto. Por otra parte, la 
derecha efectivamente ha incrementado su votación de manera constante desde el 2007, a la 
vez que fue acortando su brecha con el chavismo.

16. 
https://alemcifo.wordpress.com/2015/12/16/elecciones-a-la-asamblea-nacional-crisis-economica-o-la-falaz-guerra-economica-derrota-historica-y-grises-perspectivas/

17. Sánchez, G. 2012. La Nube Negra. Vadell Hermanos, Editores.

18. Según algunas fuentes de prensa, estos recursos habrían supuesto miles de millones de 
dólares. 
http://www.bbc.com/mundo/ultimas_noticias/2014/04/140423_venezuela_economia_anuncios_maduro_msd

19. 
http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/02/160215_venezuela_ministro_economia_salas_destitucion_az

20. El proyecto de ley que abre la posibilidad de especulación inmobiliaria con la Gran 
Misión Vivienda constituye un buen ejemplo.

21. López, R. 2015. El Protagonismo Popular en la Historia de Venezuela. Editorial Trinchera.

22. Conocida en Chile por mega proyectos como Pascua Lama.

23. Tomamos prestada la expresión de Roberto López Sánchez. Ibídem.

24. Las que efectivamente existen y tienen un protagonismo popular, no a aquellas comunas 
de “papel” que están para inflar estadísticas y que son muchos de los casos.

25. Cabe mencionar que, según entrevistas realizadas y las limitadas experiencias que 
hemos podido observar, muchas organizaciones populares que ya existían antes del primer 
gobierno de Hugo Chávez, aprovecharon de manera particular el proceso para fortalecerse.

26. Ibíd

27. Piñate, E. 2013. El Partido Socialista Unificado de Venezuela y su Relación con el 
Movimiento de Masas. Editorial Trinchera.

28. Sánchez, G. 2012. La Nube Negra. Vadell Hermanos, Editores.

29. Asociación Nacional de Medios Comunitarios, Libres y Alternativos: Nació en 2004. 
Según Modesto Guerrero, para 2006 contaba con 324 medios de prensa tradicional, de la web, 
semanarios, quincenarios, radios, canales de televisión y cine, controlaban salas de cine. 
Militantes: 3 a 5 mil. 
http://www.herramienta.com.ar/revista-herramienta-n-33/constitucion-dinamica-y-desafios-de-las-vanguardias-en-la-revolucion-boliva

30. Las fábricas recuperadas resistiendo los intentos de desalojo, las Comunas centradas 
en resolver sus problemáticas al nivel local, etc.

31. Agudizada además por una crisis energética ocasionada por una de las peores sequías 
que le ha tocado enfrentar al país caribeño.

32. Recordar las “guarimbas” de febrero de 2014 como estrategia desestabilizadora 
impulsada por la derecha venezolana, manifestaciones violentas que adquirieron el carácter 
de ensayo de guerra civil, dejando como resultado decenas de muertos (la mayoría personas 
afines al proceso de cambio bolivariano) y de edificios públicos destruidos. Ver “Una 
Revuelta de Ricos, Crisis y destino del Chavismo”, del periodista Modesto Emilio Guerrero. 
Los rasgos fascistas de aquellas revueltas también son descritos por el autor.

33. 
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/05/19/estados_unidos/1463688722_510990.html

34. Si el referéndum revocatorio se realiza durante el 2017, en caso de que Maduro pierda, 
no se convocan a nuevas elecciones y el vicepresidente asume el ejecutivo hasta el fin del 
período.

35. “A donde nos conducen Maduro-Cabello”, Roberto López Sánchez. Disponible en 
http://www.aporrea.org/actualidad/a228327.html

36. Lo que en Chile se llamaría ‘dar un paso al costado’; abandonar la militancia, o 
asumir pasividad dentro de ella, resignándose al desarrollo predominante dentro del partido.

http://www.periodico-solidaridad.cl/2016/06/25/coyuntura-politica-en-venezuela-crisis-tendencias-y-el-desafio-de-la-independencia-de-clase/



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