(ca) I.F.A. - tierraylibertad #335 - Las razones económicas de la renta básica universal

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Sat Jun 25 14:52:46 CEST 2016


Sucede en el siglo XXI, aunque también en épocas precedentes, que la humanidad puede 
permitirse una amplia exención del trabajo fatigoso, peligroso, insalubre y rutinario pero 
que las instituciones financieras y de negocios impiden ponerla en práctica. Es 
indiscutible, y de hecho nadie lo discute, que las condiciones técnicas y los progresos 
científicos y tecnológicos alcanzados y aplicados a las actividades productivas 
permitirían minimizar gran parte del trabajo alienante, tanto en el plano de la energía 
física e intelectual cedida a otros para fines ajenos a quien la ejerce, como en el de 
sustracción de tiempo de vida y actividad creativa o agradable y en cualquier caso 
correspondiente a finalidades, exigencias y propensiones de quien realiza el trabajo. 
Quizá por ello, quienes propugnan la introducción y aplicación a gran escala de 
instrumentos como la renta básica universal son vistos y presentados como soñadores 
utópicos que están fuera de la realidad.

Se define la renta básica universal como una asignación de fondos cuyo único fundamento es 
la existencia con vida del sujeto perceptor. No es una retribución por la prestación de 
una actividad laboral ni una indemnización por la pérdida de un trabajo o por la 
imposibilidad de desarrollarlo por causas de orden individual o general, ni tiene 
naturaleza asistencial ni de previsión, ni se puede incluir entre las instituciones 
propias de la ley y de la lógica del cambio y del capitalismo. Tal forma de renta, en fin, 
supera las reglas del cambio y niega el fundamento mismo del capitalismo moderno, que ve 
en el trabajo la justificación moral del derecho de propiedad.

Es comprensible que una entrada concebida no como compensación por haber hecho o dado 
alguna cosa o por estar imposibilitado para hacerla o darla por causa de fuerza mayor, 
sino como derecho fundamentado sobre el mero hecho de existir como ser humano, pueda 
parecer a los guardianes de las esencias del capitalismo, más que radical y 
revolucionaria, destructor por antonomasia del orden establecido.

De hecho, al negar el principio del cambio, fundamento principal del capitalismo, pero 
también cualquier obligación o motivación de orden moral en la base del derecho a percibir 
una renta, rechaza los principios sobre los que se rigen las sociedades del capitalismo 
moderno surgidas de las revoluciones industriales y políticas que han aupado al poder a 
las clases negociantes y financieras.
Cuantos quieren parecer menos indispuestos respecto a la institución de la renta básica 
universal nos dicen que su práctica no es realizable todavía debido al ingente empleo de 
recursos que su adopción generalizada implicaría, mientras que su aplicación a escala 
limitada, circunscrita a alguna categoría con exclusión de las demás, implicaría una 
violación patente de cualquier principio elemental de igualdad.
Si bien parece fundada la objeción puesta a la introducción de privilegios reservados a 
algunas categorías sociales, que debe absolutamente ser evitada, no puede decirse lo mismo 
del argumento relativo al gasto que implicaría la adopción de la innovación institucional 
en cuestión.
No se puede negar que la renta básica universal, aplicada de forma generalizada y 
necesariamente también globalizada, es cosa del todo extraña al capitalismo moderno; pero 
esto, por suerte o por desgracia, según los puntos de vista, no significa que sea una 
amenaza para el capitalismo moderno.
En muchas ocasiones, la Historia ha demostrado, como en la crisis de 2007-2008, que ha 
sido necesario salvar el capitalismo de los capitalistas, pasando por encima de los 
principios y fundamentos morales puestos en discusión por la renta básica universal.
Por otra parte, no solo los salvamentos y las políticas gubernamentales y monetarias en 
tiempos de crisis ignoran la regla de la equivalencia del cambio y la del trabajo como 
fundamento del derecho de propiedad, sino también la habitual conducción de los negocios 
en tiempos considerados normales evidencia la incompatibilidad del fin de la magnificación 
del beneficio y de los réditos con el respeto a los principios considerados sagrados de la 
competencia, de la libertad de iniciativa y de la soberanía del mercado.
Todavía es más reseñable cómo la consecución del fin de la magnificación del beneficio y 
de los réditos implica despilfarro y uso antieconómico e irracional de los recursos 
controlados por las clases negociantes y financieras.
Todo lo despilfarrado y destruido para aumentar los beneficios y los réditos no sería con 
toda certeza inferior a la acumulación de los recursos si se emplearan para la creación de 
la renta nacional.
La diferencia estribaría en que lo despilfarrado para replicar dañina e inútilmente las 
capacidades productivas destinadas a quedar inutilizadas y sin demanda para los bienes 
producibles queda perdido para siempre, con el corolario de desgaste de los suelos y de 
destrucción y envenenamiento medioambiental, mientras que las rentas creadas en la peor de 
las hipótesis se traducirían en incremento de la demanda de bienes y servicios.
La introducción de la renta básica universal implicaría, no un aumento sino una 
minimización del despilfarro propio y natural del capitalismo, es decir, un cambio de 
destino sobre todo en sentido de prodigalidad y del consumo destructivo, contaminante e 
irreversible.
El cambio institucional inscrito en la inserción de un elemento no capitalista o incluso 
anticapitalista en las sociedades capitalistas modernas no constituiría por sí una fuente 
real de problemas e inquietudes.
El capitalismo siempre ha convivido con instituciones y organismos sociales extraños y 
contrarios y siempre ha encontrado la manera de servirse de ellos o de fagocitarlos, 
incluso de modificarlos para su propio beneficio.
Es más que probable que incluso la introducción de la renta básica universal acabe por 
revelarse como una innovación para nada revolucionaria, sino como el enésimo proyecto útil 
para perpetuar y aumentar réditos y beneficios.
Hay que subrayar que tal innovación institucional permitiría la liberación de facultades 
creativas e imaginativas no expresadas por falta de recurso y del tiempo indispensable 
para dedicar al ocio, a la reflexión, a la contemplación y a la elucubración, en 
apariencia sin importancia, de donde se deriva gran parte de las conquistas científicas y 
tecnológicas de la humanidad.
No es posible dudar de que de tales progresos las clases negociantes y financieras sabrán 
extraer oportunidades de expansión de sus beneficios y réditos.

Francesco Mancini

http://www.nodo50.org/tierraylibertad/335articulo6.html


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