(ca) apoyo mutuo: ABAJO LA DICTADURA, VIVA LA DEMOCRACIA

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Mon Jun 20 11:58:24 CEST 2016


“Allí donde los pobres mandan, eso es una democracia” (Aristóteles). ---- En este país, en 
este continente y en este planeta, allá donde dirijamos la mirada encontramos lo mismo en 
mayor o menor medida: acumulación en pocas manos del poder económico y, por extensión, del 
poder político. Friedrich Engels ya describía acertadamente nuestra realidad, la de los 
trabajadores y trabajadoras, en sus tiempos: “Indiferencia bárbara por todas partes, 
dureza egoísta de un lado y miseria indecible del otro lado, la guerra social por todas 
partes, el hogar de cada uno en estado de sitio, por todas partes pillaje recíproco bajo 
el manto de la ley”.En nuestro entorno inmediato, la acumulación de poder de las élites se 
materializa en un bloque dominante conformado por el poder de financieros y capitalistas 
globales, entre los que se entremezcla el papel fundamental del Estado para sostenerles 
con más recursos provenientes de la población, más allá de los que los capitalistas 
privados ya usurpan. Todo esto alcanzamos a visualizarlo a pesar del bombardeo constante y 
diario del sistema de propaganda del régimen, que pretende autolegitimarse con eslogans 
como “igualdad de oportunidades”, “libre competencia”, “Estado de derecho” o “sufragio 
universal”. Igualdad de oportunidades dentro de la desigualdad cruel; libre competencia de 
millonarios contra pobres; Estado de derecho para mantener el orden social, sufragio 
universal para elegir a una pequeña parte de los destinados a conservar la dictadura.

Desde nuestro punto de vista, la solución a este problema pasa por un cambio de orden que 
inaugure la democracia como sistema político-económico. La democracia: una palabra, un 
concepto, una forma de vida reclamada históricamente por el pueblo, por las clases 
desposeídas, y que la clase dominante ha tratado de arrebatarnos impunemente. La 
democracia para nosotras y nosotros, al contrario del régimen partitocrático que nos 
quieren vender desde el sistema de propaganda de las élites, equivale a sustituir las 
actuales estructuras de dominio y explotación por otras basadas en la propiedad y gestión 
colectivas de la riqueza social, así como la socialización del poder político. Resumido en 
una frase: en la capacidad de decisión del pueblo sobre sus propios asuntos.

La democracia ha sido, desde hace siglos, el anhelo de los pueblos, a veces no demasiado 
precisado, para resolver los problemas sociales, desde el primer socialismo hasta los más 
recientes estallidos de protesta. Lo sigue siendo y seguirá siéndolo hasta que se consiga.
A este respecto, hablamos en el mismo sentido que hablaba el fundador ruso de la Alianza 
por la Democracia Socialista, Mijail Bakunin, cuando señalaba que “el término ‘democracia’ 
se refiere al gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, o como decía el alemán 
Hermann Heller, “una estructura de poder construida de abajo hacia arriba”. Coincidentes 
en lo esencial con otros demócratas como Marx y Engels cuando señalaban que “la conquista 
de la democracia” equivalía a “la exaltación del proletariado al poder”, o Valeriano 
Orobón, compositor de ‘A las barricadas’, quien explicaba que la “democracia obrera 
revolucionaria” es “la voluntad mayoritaria del proletariado, como común denominador y 
factor determinante del nuevo orden de cosas”. Más recientemente, Noam Chomsky indicaba 
que “una sociedad es democrática en la medida en que su pueblo tiene significativas 
oportunidades para tomar parte en la formación de la política”.

Por lo tanto, un régimen democrático, inexistente en nuestro país y en los llamados países 
occidentales, debe cumplir, para serlo, con los criterios de propiedad y toma de 
decisiones colectivas, como sugeríamos humildemente en nuestro programa y como se ha 
defendido tradicionalmente desde sectores demócratas. Janet Biehl, colaboradora de Murray 
Bookchin, lo resume acertadamente en su explicación de confederación: “En lugar de un 
gobierno central, con una asamblea legislativa que vota para aprobar o rechazar leyes, una 
confederación acostumbra a verse encarnada en un congreso de delegados que coordina las 
políticas y prácticas de las comunidades miembros”. Así lo entendía también Nicolas Walter 
al señalar que “el verdadero representante es el delegado o el diputado que es mandatado 
por aquellos que le envían y que puede ser revocado inmediatamente por ellos”. O, 
expresándolo en consignas zapatistas, “mandar obedeciendo” o “representar y no suplantar“.

Hoy, tanto en Europa como en España, nos movemos desde hace 30 años en un contexto de 
derechización absoluta y triunfo neoliberal. Una situación inseparable de la destrucción 
previa de todo rastro de socialismo, lo que puso la alfombra roja para el “No hay 
alternativa” de Margaret Thatcher. Y es cierto: con cualquiera de las formaciones con 
opciones de gobierno en cualquier país europeo no hay alternativa, sólo variaciones de la 
misma dictadura.

Frente a esta situación, necesitamos una perspectiva de cambio radical que, por primera 
vez desde el ’68 global como mínimo, pueda generar una oleada de implicación y de ilusión, 
y que a la vez construya tácticas adecuadas para vencer e implicarse en la realidad del 
pueblo. Es la hora de hacer caer la dictadura, es la hora de proclamar la democracia.

http://apoyomutuo.net/la-dictadura-viva-la-democracia/


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