(ca) Del anarcosindicalismo a la autogestión: propuestas ante la crisis en clave revolucionaria.

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Sat Jun 4 18:47:18 CEST 2016


En el siguiente artículo distintos autores vinculados al ICEA hacen un repaso de la 
batería de medidas y estrategias que desde el sindicalismo de clase y el movimiento 
popular se pueden trazar en nuestra coyuntura. Aquí la introducción de los autores: ---- 
Como parte del monográfico que la revista Viento Sur en su número 112 de octubre de 2010 
ha dedicado al tema de En el corazón de la crisis: análisis y alternativas, se pidió 
alICEA una contribución en forma de artículo que tratase la cuestión de las medidas que 
desde el Instituto se han propuesto para luchar contra las consecuencias de la situación 
económica para la clase trabajadora. Ese artículo, que lleva por título “Del 
anarcosindicalismo a la autogestión: propuestas ante la crisis en clave revolucionaria” 
presentaba un esquema conceptual conjugando teoría y acción y tratando de resumir el 
conjunto de propuestas sobre las que se trabaja desde ICEA. La versión impresa puede 
descargarse en formato PDF desde aquí.

Dado que por razones de espacio tuvimos que recortar la extensión de nuestro artículo 
original ofrecemos a continuación la versión íntegra que habíamos redactado.
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En el siguiente artículo distintos autores vinculados al ICEA hacen un repaso de la 
batería de medidas y estrategias que desde el sindicalismo de clase y el movimiento 
popular se pueden trazar en nuestra coyuntura. Aquí la introducción de los autores:

Como parte del monográfico que la revista Viento Sur en su número 112 de octubre de 2010 
ha dedicado al tema de En el corazón de la crisis: análisis y alternativas, se pidió 
alICEA una contribución en forma de artículo que tratase la cuestión de las medidas que 
desde el Instituto se han propuesto para luchar contra las consecuencias de la situación 
económica para la clase trabajadora. Ese artículo, que lleva por título “Del 
anarcosindicalismo a la autogestión: propuestas ante la crisis en clave revolucionaria” 
presentaba un esquema conceptual conjugando teoría y acción y tratando de resumir el 
conjunto de propuestas sobre las que se trabaja desde ICEA. La versión impresa puede 
descargarse en formato PDF desde aquí.

Dado que por razones de espacio tuvimos que recortar la extensión de nuestro artículo 
original ofrecemos a continuación la versión íntegra que habíamos redactado.
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La situación es crítica. En todas partes se está traspasando una vez más el elevado coste 
de la crisis capitalista a los trabajadores, eliminando de un plumazo sus conquistas 
históricas o introduciendo reformas que afectan a sus condiciones de vida inmediatas y a 
futuro, y el paro vuelve a alcanzar magnitudes que son un claro revés para la clase 
trabajadora. Al mismo tiempo, las organizaciones que teóricamente defienden los intereses 
de los trabajadores carecen de representatividad y de influencia, y los grandes sindicatos 
han hecho de la capitulación permanente su razón de ser tras años de firmas que han hecho 
de la regresión social la tendencia institucionalizada de las condiciones de vida de la 
mayoría de la población. Deviene urgente, por lo tanto, trazar propuestas en dos frentes 
simultáneamente, trabajando en la elaboración de iniciativas que sirvan lo mismo para 
defenderse de la ofensiva orquestada por el capital para restaurar su rentabilidad 
perdida, como para fortalecer a las organizaciones de las que, de forma autónoma, se han 
dotado los trabajadores para defender sus intereses. Todo ello sin perder la perspectiva, 
sin olvidarse de que la única salida de la crisis que genuinamente puede reivindicarse 
como favorable para los trabajadores es una transformación social profunda, es decir, una 
salida que deje atrás a la vez las crisis y el capitalismo que las engendra.

Dada la limitación de espacio, a diferencia de lo que hemos hecho en otros trabajos[1], 
vamos a desarrollar en este artículo un esquema conceptual que aúne teoría y acción, 
insertando a la vez un resumen de las propuestas que, con la vista puesta en los objetivos 
mencionados, están siendo trabajadas en el Instituto de Ciencias Económicas y de la 
Autogestión (ICEA).

Un esquema para la acción

Resulta imprescindible dotarnos de un marco general de propuestas y actuación que pueda 
servir de herramienta para conseguir la gestión de la economía y la sociedad por parte de 
la clase trabajadora, empezando por aumentar la influencia de las organizaciones 
sindicales de clase y anarquistas, así como de otros movimientos sociales igualmente 
promotores de una vía revolucionaria hacia la autogestión. En esta línea pueden agruparse 
las medidas que el ICEA propone en cuatro ámbitos según su alcance: reformistas, 
progresivas, transformadoras y revolucionarias.

Las medidas reformistas serían aquéllas que plantean realizar reformas o ajustes a la 
política económica o laboral con el objetivo principal de proporcionar a la clase 
trabajadora una estrategia defensiva ante la crisis. Asimismo este tipo de propuestas 
pretende desmantelar la faceta represiva y de control del Estado (extendiendo los ataques 
al gasto militar y a la creciente industria de control social, por ejemplo), facilitando 
la posibilidad de un control sindical y social efectivo, aspecto este que se amplía en el 
caso de las medidas progresivas. Un tercer objetivo de este grupo de propuestas es poner 
en evidencia qué intereses defiende el Estado para contribuir a su deslegitimación una vez 
expuesta su función de guardián de la acumulación de los beneficios privados y, por tanto, 
para provecho de los empresarios.

Empezando por el mercado de trabajo es necesario aumentar el salario mínimo para 
desencadenar una mejora en el nivel de vida de la población en su conjunto (pues subirían 
los demás salarios directos, y además muchas de las prestaciones sociales que componen los 
salarios indirecto y diferido). Es falaz el argumento de que esta medida causaría más paro 
entre trabajadores poco cualificados, pues ello depende del resto de medidas que se 
introdujesen (véase, por ejemplo, Card y Krueger, 1992, para el caso de la industria de 
comida rápida en EE.UU.). Por la configuración de la economía española, esta medida 
estimularía el crecimiento dado que cualquier posible perjuicio del aumento salarial sobre 
la inversión se compensaría con el aumento de la demanda agregada a él asociado (véase 
Naastepad y Storm, 2007). Como también es excesivamente simplista argüir que implicaría 
una menor competitividad: el discurso del cambio de modelo está sirviendo para atacar al 
trabajo cuando hay evidencia empírica suficiente de que mejores salarios incentivan la 
economía del conocimiento al fomentar la sustitución de trabajo por capital y, con ello, 
un aumento de la productividad. El Gráfico 1 recoge la relación entre el gasto privado en 
I+D y los salarios medios en la UE-15 entre 1998 y 2007 poniendo de manifiesto la relación 
positiva entre ambas variables.

Evidentemente, estas medidas deben ir acompañadas de una amplia gama de políticas activas 
que sirvan para ir reduciendo el desempleo existente y reforzando los efectos positivos de 
ellas en el mercado de trabajo. El Estado debe contribuir al reciclaje de los trabajadores 
desde sectores de salarios bajos, como el turismo (gran especialidad española), a otros de 
salarios más acordes con la media europea. Además debe crear empleo público en las 
numerosas áreas en que el país es deficitario, como sanidad, educación, escuelas 
infantiles, atención domiciliaria, y un largo etcétera. Parte de este aumento del gasto 
puede compensarse reduciendo radicalmente costes innecesarios, como los sueldos del jefe 
del Estado y su familia, así como los de los políticos de todas las administraciones. 
También es imprescindible reducir los gastos militares y policiales hasta que lleguen a 
desaparecer.

Otra vía para financiar medidas como las anteriores pasa por acabar con los paraísos 
fiscales que hay en la propia economía española, como las SICAV y las SOCIMI. No se puede 
argumentar que un aumento salarial provocará una fuga de capitales y al mismo tiempo 
aprobar la eliminación del veto fiscal a la inversión en fondos de inversión 
especializados (SIF) luxemburgueses, eliminación que sólo beneficia a quienes puedan 
invertir un mínimo de 1,25 millones de euros, y que implica la tributación por debajo 
incluso de las SICAV (a un 0,01% frente al 1% de aquéllas, véase Expansión, 1/06/2010). 
Asimismo es posible elevar el IVA a los artículos de lujo y eliminarlo en los bienes de 
primera necesidad, así como incrementar el IRPF a las rentas más altas, el impuesto de 
sociedades y recuperar el impuesto de sucesiones, entre otras.

Por último, otro campo donde es necesario abundar también desde las medidas de tipo 
reformista es el relacionado con la ecología, lo que incluiría la exigencia del Estado a 
las empresas (tanto locales como trasnacionales y sus filiales) de que asuman su deuda 
ecológica. De igual modo, las políticas públicas deben tener en cuenta su coste ecológico 
(ecoeficiencia máxima) favoreciendo las alternativas que lo minimizarían al máximo y 
convirtiendo esta faceta en una clave de su concreción (en vez de una mera coletilla para 
guardar las formas, como hasta ahora). Para lograr esto es necesario obligar a que la base 
de esas políticas sea la mejora de la calidad de vida partiendo de la idea de suficiencia 
humana (tal y como se expone desde el movimiento del decrecimiento).

Ninguna de estas medidas por sí sola trasciende el estrecho corsé de los evidentes límites 
del sistema capitalista (injusticia distributiva estructural, ausencia de democracia, 
catástrofe ecológica, etc.), pero son una muestra de que no hay una única alternativa de 
política económica, sino que se puede enfrentar la crisis poniendo sobre la mesa estos 
problemas y tratando de avanzar en una línea que sea beneficiosa para la mayoría de la 
población, en claro contraste con la tendencia actual. Dicho esto, es necesario fortalecer 
la base desde la que atacar la sociedad de clases, para lo que las anteriores medidas 
serán del todo inútiles si no se complementan con las siguientes.

Las medidas progresivas se plantean con el objetivo de reforzar la intervención económica 
y social del sindicalismo de clase y anarquista junto con otras organizaciones sociales, 
como proceso hacia una gestión obrera y social, y como garantía de representación de los 
intereses generales. Por ejemplo, las medidas mencionadas de gasto e ingresos públicos 
corren el riesgo de ser desvirtuadas si no aumenta la capacidad de control por parte de 
los trabajadores del fraude fiscal y de la corrupción política, para lo que se torna 
necesario crear mecanismos de vigilancia en manos de sindicatos asamblearios y de base. 
Este tipo de medidas requieren un trabajo constante para tomar el control de las empresas 
y los organismos obreros en un futuro, así como precisan de una actuación política 
netamente revolucionaria para evitar convertirse en un aparato más del Estado. Un ejemplo 
de medidas progresivas sería la eliminación de las ETT y el establecimiento de bolsas de 
trabajo controladas por los sindicatos de clase, o el control sindical de las 
instituciones que forman el sistema financiero. En este punto estas organizaciones también 
deben ejercer un control sobre el impacto que tienen las inversiones en la salud laboral y 
el medio ambiente vital, tanto en las empresas como en los pueblos, creando los órganos de 
decisión e influencia pertinentes (control social de las inversiones para incluir los 
márgenes ecológicos, etc.).

Las medidas transformadoras buscarían la sustitución de la gestión privada y estatal por 
la gestión obrera y social, sin llegar a cambiar el sistema económico y social en su 
totalidad, aunque como paso previo, a modo de “gimnasia revolucionaria”. Dentro de este 
grupo se encuentran la recuperación de empresas y la creación de cooperativas, así como, 
en el medio rural, la ocupación de tierras y su puesta a disposición de los jornaleros. La 
recuperación de empresas y su cooperativización conecta con la necesidad de rechazar los 
despidos y sostener el empleo. Asimismo la cooperativización se ve legitimada por la 
abundante evidencia empírica sobre la mejor eficiencia, justicia y democracia de este tipo 
de empresas frente a las capitalistas tradicionales[2]. Estas medidas también estarían 
dirigidas a relocalizar la economía desde el punto de vista ecológico, aprovechando el 
alto grado de control sobre la inversión, recuperando las economías locales ecológicamente 
sostenibles y priorizando una base de la economía que garantice una creciente calidad de 
vida, sin comprometer la de las generaciones venideras ni la conservación del planeta, y 
en contraposición a la economía actual.

Por último, la única medida revolucionaria sería la transformación total del sistema 
económico y social. Por ello es necesario estudiar en qué economía y en qué sociedad 
queremos vivir, y también cómo afrontar el eventual período de transición. La idea de éste 
es importante en tanto debe servir para evitar una vuelta atrás al sistema anterior, para 
evaluar el papel de los diferentes agentes sociales –de ámbito local e internacional– en 
este proceso, y para ver también qué instituciones actuales pueden o deben subsistir y 
cuáles deben desaparecer. Además, la inclusión de la noción ecológica no se puede resumir 
en su cuantificación monetaria (como un coste más) sino que ha de hacerse de una manera 
integral. Si el desarrollo del capitalismo va ligado a la sobreexplotación y degradación 
del medio ambiente dada la lógica que lo guía (crecimiento ilimitado e infinito), desde el 
punto de vista de la naturaleza es absolutamente ilógico e irracional y es preciso 
contemplar el rechazo al crecimiento económico tradicional (industrial, desarrollista y de 
consumo) y poner en su lugar una producción y distribución basadas en las necesidades, 
teniendo en cuenta estos límites. En todo caso, de poderse aplicar un cambio 
revolucionario, la economía y la sociedad deberían organizarse bajo unas premisas 
ético-morales libertarias, con control democrático, planificación social, satisfacción de 
las necesidades humanas como guía de la producción y distribución, y en detrimento del 
lucro privado.

La puesta en marcha de estas propuestas exige pensar en el actor que ha de servir para 
ello, y en este caso, como se ha mencionado, solamente puede tratarse de un tipo de 
sindicalismo que, por su naturaleza estrictamente asamblearia esté fuera de toda sospecha 
su compromiso de clase. Pero además ese sindicalismo de tipo libertario podrá verse 
acompañado de otras organizaciones sociales que hagan posible que se pueda desarrollar y 
articular el proceso que implican estas medidas en torno a tres frentes. El primero sería 
el de las propuestas y el de los programas de actuación generales. Es necesario 
desarrollar estudios y propuestas solventes con el fin de contrarrestar el discurso 
capitalista que legitima las actuaciones de la patronal y los gobiernos. En esta línea hay 
que trabajar en el plano ideológico para que la propaganda y la acción anarquistas lleguen 
a la mayor parte posible de la población con el fin de cuestionar el pensamiento 
hegemónico que dicta el sentido común, creando el tipo de órganos que permitan la 
elaboración de un conocimiento autónomo. Este frente es importante en tanto tiene relación 
con los dos siguientes, más vinculados a la acción sindical y social. Un segundo frente es 
el de las empresas. La resistencia en las empresas es crucial para evitar la aplicación de 
las medidas en marcha destinadas a castigar a la clase trabajadora: hay que evitar los 
despidos individuales, los expedientes de regulación de empleo o el cierre de empresas con 
una salida favorable para la patronal. Negarse a aceptar este ajuste es fundamental y la 
única forma de forzar que las rentas empresariales vuelvan a la producción y a sostener el 
empleo y las rentas laborales como un primer paso en la línea defensiva de los 
trabajadores antes la crisis. Un tercer frente se da en los pueblos y ciudades. Se vuelve 
ineludible empezar a articular mecanismos de unidad de acción sindical y social, trazando 
vínculos entre las empresas y los pueblos y ciudades donde están localizadas, de forma que 
se pueda resistir a estos ataques contra nuestras condiciones de vida. Hace falta crear un 
polo de atracción para un sindicalismo verdaderamente combativo junto con organizaciones 
sociales que hagan posible su puesta en marcha para beneficio del conjunto de los 
trabajadores, lo que implicaría la expansión de la resistencia a las políticas de 
privatizaciones, a la corrupción política y empresarial, y a la aplicación de políticas 
neoliberales en general.

Conclusiones

Hay que tener en cuenta que la única forma de acabar con la explotación, las clases 
sociales y las crisis económicas, es acabar con el capitalismo. Por lo tanto, todas estas 
medidas progresivas y transformadoras tienen que ser impuestas a la patronal y al Estado 
según la correlación de fuerzas que tengamos, sin perder nunca de vista el objetivo final 
de sustituir el capitalismo por un sistema económico basado en la autogestión obrera y 
social. Es indispensable contemplar la posibilidad de promover procesos revolucionarios en 
la medida en que sirven no sólo como objetivo final sino también para impulsar la 
investigación y la praxis parcial con el fin de profundizar en esa línea. Sin embargo, 
siendo conscientes de la correlación de fuerzas actual es conveniente analizar nuestras 
propuestas en perspectiva inversa: el objetivo sería que con el tiempo podamos proponer y 
aplicar fundamentalmente un proceso revolucionario, que al no ser posible a corto plazo, 
nos empuja a proponer medidas transformadoras, progresivas y reformistas, de forma que las 
tres últimas vayan perdiendo su peso paulatinamente hasta desaparecer junto con el 
capitalismo y el Estado.

Evidentemente, la interrelación dialéctica entre dicho esquema de medidas (según 
correlación de fuerzas) y entre las medidas en sí, puede contener puntos de colisión (por 
ejemplo, hay que hacer compatibles las medidas de índole ecológica con las que promueven 
una redistribución de la renta a favor de los trabajadores para evitar que las primeras, 
como viene siendo habitual, se introduzcan a costa de éstas). Por ello creemos que de la 
experimentación y aplicación se pueden depurar las formas de conceptualización y proposición.

Referencias citadas

Bowles, S; Gordon, D; Weisskopf, T. (1989) La economía del despilfarro. Alianza, Madrid, 1989.

Bowles, S; Gordon, D; Weisskopf, T. (1992) Tras la economía del despilfarro. Una economía 
democrática para el año 2000. Alianza, Madrid, 1992.

Card D. y Krueger A. B. (1994) “Minimum Wages and Employment: A Case Study of the 
Fast-Food Industry in New Jersey and Pennsylvania”. The American Economic Review, 84, 4, 
772-793.

Naastepad, C.W.M. y Storm, S. (2007) “OECD demand regimes (1960-2000)”. Journal of 
PostKeynesian Economics, 29, 211-246.

* Lluís Rodríguez es economista y estudiante de postgrado en Trabajo y Política Social, 
Endika Alabort es economista, Luis Buendía es investigador y doctorando del Departamento 
de Economía Aplicada I de la UCM, y Salvador Comendador es economista. Todos ellos son 
miembros del Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA).

[1] En nuestra publicación Cuadernos del ICEA nº 1: Crisis económica y resistencia obrera 
hicimos una pormenorizada recopilación de medidas y propuestas que ahora están siendo 
revisadas de cara a una segunda edición que recoja un mayor análisis de los efectos y 
consecuencias de su aplicación. Esa primera edición está disponible para su descarga desde 
nuestra página web,http://iceautogestion.org/, en el apartado Publicaciones/Cuadernos del 
ICEA.

[2] El desarrollo de procesos democráticos incrementaría la productividad entre un 15% y 
un 30%, según varios estudios citados en Bowles, Gordon y Weisskopf (1989: 360-361; 1992: 
153-161). Existen mayores incentivos al trabajo dado que se tiene un mayor nivel de acceso 
a la información y la participación de los trabajadores, disminuyendo a su vez los costes 
de control. Para países periféricos permiten una mayor tasa de inversión y consumo, con un 
mayor crecimiento económico.

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