(ca) anarkismo.net: ¿Quién le teme a 1916? El revisionismo histórico de la tecnocracia neoliberal/neocolonial irlandesa by José Antonio Gutiérrez D.

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Sun Jan 31 15:19:43 CET 2016


“Porque la esclavitud se acabó ¡oh gloriosos muertos! Cuando ustedes cayeron en la mojada 
niebla”. (The Foggy Dew, Canon Charles O’Neill, 1919) ---- Este año se celebra el 
centenario de la Insurrección de Pascua, en el que un grupo de republicanos irlandeses 
decretaron, en nombre de Dios y de las generaciones pasadas, la independencia de 
Inglaterra y el establecimiento de un gobierno provisional, la República Irlandesa 
(Poblacht na hÉireann). La insurrección tuvo por epicentro Dublín, bastión de la 
dominación colonial; naturalmente, la reacción inicial de la mayoría de la población al 
levantamiento republicano fue abiertamente hostil. El aislamiento político, así como la 
debilidad militar de los republicanos, hicieron que la insurrección fuera derrotada a los 
pocos días. Sin embargo, este fue el comienzo del resquebrajamiento del Imperio Británico. 
Al poco tiempo, el ejemplo de los mártires de 1916 inspiró a republicanos y 
revolucionarios en toda Irlanda a alzarse contra el imperio y la violencia de la reacción 
británica inclinó la opinión pública definitivamente hacia el campo de los insurgentes. 
Hacia 1921 las tropas británicas y sus auxiliares paramilitares, los temidos y detestados 
Black & Tans, habían sido derrotados e Irlanda se dividiría entre la República en el sur e 
Irlanda del Norte, aún bajo dominio británico.

Amnesia y vergüenza

En casi todos los países que alguna vez fueron una colonia, el día de la independencia es 
el día más importante en el calendario. No en Irlanda. Algunos dirán que es porque Irlanda 
aún no es totalmente independiente. Como sea, la celebración del día de San Patricio, como 
día principal de Irlanda, ignora las luchas de los republicanos en más de dos siglos de 
lucha independentista, a la vez que refuerza el imaginario de la nación Católica y 
conservadora que se impuso en el sur después de la “partición” en 1922. El centenario de 
la insurrección de Pascua, empero, debería ser la ocasión para conmemorar esa lucha y la 
enorme marca que dejó en la conciencia colectiva irlandesa. Sin embargo, la clase 
dominante irlandesa, que amalgama a neocolonialistas nostálgicos de los buenos días del 
imperio (los llamados Westbrits, o británicos del oeste) junto a tecnócratas neoliberales, 
se siente particularmente avergonzada de los eventos de 1916 y preferirían que este año 
pase rápido y sin mucha bulla.

Prefieren recordar al “pacifismo” de John Redmond (líder de la facción que pedía mayor 
autonomía pero no independencia para Irlanda), y dedican más lágrimas a recordar a quienes 
pelearon en la batalla del Somme, en la Primera Guerra Mundial, en ese sacrificio conjunto 
de irlandeses e ingleses en contra del “despotismo germánico”. Esta visión es lo que queda 
claro en un video vergonzoso producido por el gobierno de la República de Irlanda para, 
supuestamente, conmemorar 1916: aparte de un segundo en el que se ve, al comienzo, una 
copia de la declaración de independencia, no hay una sola mención a la insurrección ni a 
los líderes de ella, asesinados por la Corona, pero sí aparece la Reina Isabel, Bono y Sir 
Bob Geldof, con una horrenda melodía de música-celta-basura-para-turistas [1].

Calumnias

Pero no es solamente un ejercicio de amnesia o de vergonzante silencio lo que está 
practicando la clase dominante irlandesa. Es, además, un ejercicio de revisionismo 
histórico, liderado por figuras como el político John Bruton, del partido gobernante Fine 
Gael (partido ultra-derechista cuyos orígenes se remontan a un movimiento fascista en la 
década de los ’30 que envió combatientes a Franco), y que ha encontrado su expresión 
mediática en un programa transmitido por televisión estatal llamado Rebelión. Deploran la 
violencia “terrorista” (haciendo un claro paralelo con la campaña del IRA durante las 
últimas tres décadas del siglo XX), pero no dicen que más de 30.000 irlandeses murieron 
gracias la “pacífica” estrategia de Redmond de apoyar la aventura militar-imperial de 
Inglaterra a cambio de mayor autonomía para Irlanda, una cifra muy superior a todos los 
muertos que hubo en la insurrección y la guerra de liberación nacional que la siguió. Esto 
nos recuerda la justeza de un proverbio de Mayo del ’68: que un año de revolución es menos 
sanguinario que un fin de semana de normalidad capitalista.

Atacan el legado de 1916, denigran a los republicanos y revolucionarios que tomaron parte 
en esta insurrección, partiendo por Pádraig Pearse, a quien presentan como un fanático 
reaccionario irresponsable deseoso de ofrendar un sacrificio de sangre por la república, 
cuando no como un terrorista o un proto-jihadista. Para ello, descontextualizan frases por 
él dichas en emotivos discursos que coquetean con la religiosidad irlandesa, en que dice, 
frecuentemente, que la sangre tendrá el efecto de redimir a la nación irlandesa. Sin 
embargo, la exaltación del sacrificio no era una particularidad de Pearse; recordemos que 
en esos momentos se libraba la Primera Guerra Mundial y el lenguaje dominante era de 
llamar al sacrificio y exaltar la sangre derramada de los héroes patrios. Las campañas de 
reclutamiento de la Corona en Irlanda, utilizaban este mismo lenguaje, y con él, más de 
200.000 jóvenes irlandeses se inscribieran para participar en el esfuerzo bélico británico 
–muchos de ellos sin trabajo y pasando hambre, otros esperanzados en que su sacrificio 
levaría a que Inglaterra concediera la autonomía a Irlanda-. Pearse, sencillamente, 
utilizaba el lenguaje hegemónico para llamar a la lucha por la independencia de Irlanda. 
Descontextualizar sus palabras es un acto de deshonestidad política, que les sirve de cuña 
para atacar a otros republicanos y revolucionarios, como el socialista James Connolly y 
para atacar la idea misma de la República, que tenía como fundamento la igualdad de los 
ciudadanos y la propiedad en común de Irlanda, según se dice en su misma declaración.

Temor

Ciertamente, en un país dominado por la desigualdad, donde la clase trabajadora ha debido 
soportar de manera totalmente inmoral el peso de la crisis económica producida por los 
especuladores financieros –que se han seguido enriqueciendo mientras la mayoría de la 
población se ha empobrecido, el recuerdo de 1916 les da pánico. Un momento histórico no 
agota toda su potencialidad mediante su mera ocurrencia física. Su recuerdo y las 
lecciones que de él se puedan extraer, son un eco que resuena poderoso y más fuerte a 
medida que el tiempo pasa. 1916, en pocas palabras, no es un asunto terminado y en el 2016 
muchos de sus objetivos siguen como tarea pendiente: lograr la igualdad, mientras se 
castiga con impuestos regresivos al pueblo, lograr la definitiva salida de la ocupación 
británica en el norte de la isla, lograr la propiedad en común de los bienes, mientras se 
siguen levantando más y más cercas privatizadores por todo el país y se regalan los 
recursos naturales –entre ellos el petróleo del oeste del país- a capitales multinacionales.

No es casual que esa clase dominante quiera borrar todo recuerdo de que en Irlanda alguna 
vez hubo una rebelión y así poder normalizar la relación típicamente neocolonial con 
Inglaterra. Particularmente, cuando esta rebelión se acompañó de una importante agitación 
popular, cuyo clímax fue la creación de más de 100 soviets obreros y campesinos en el sur 
de Irlanda entre 1919-1923. La exministra Mary Harney alguna vez dijo que Dublín estaba 
más cerca de Londres que de Belfast, expresando meridianamente esta mentalidad 
neo-colonial, a la vez que quitan piso a cualquier asomo de legitimidad para la campaña 
militar del IRA en el Norte desde 1970 hasta tiempos recientes. Imponen la tesis de que lo 
que se ganó con el acuerdo de Viernes Santo en 1998 ya estaba ganado en 1974 y que, por 
tanto, toda la campaña militar fue inútil. De la misma manera, Bruton y sus aliados dicen 
que en 1914 ya Redmond había ganado lo que se conquistó en el período de 1916-1922.

Todo esto es falso. Sin esos actos de fuerza, habría sido imposible lograr los incompletos 
avances que se lograron. De la misma manera, profundizar lo avanzado y conquistar nuevos 
derechos requerirán de una amplia movilización popular en Irlanda, que ha demostrado como 
el pueblo está preparado para emprender acciones de desobediencia civil y acción directa, 
cosa que ha quedado demostrada en la lucha que hoy se libra contra el impuesto del agua. 
No es la primera vez que vemos un fenómeno parecido de revisionismo histórico: ya los 
intelectuales franceses, en pleno carnaval reaccionario a finales de los ’80, mostraban su 
mezcla de hostilidad y vergüenza por los “excesos” de la Revolución Francesa.

Obviamente, todo esto es también parte de una tendencia global a criminalizar toda forma 
de rebelión o resistencia, y de tacharlas como “terrorismo”. La tecnocracia neoliberal y 
neocolonial irlandesa sencillamente utiliza esta tendencia global entre las potencias para 
avanzar su propia agenda política. Vivimos tiempos de reacción profunda en Europa y el 
ejercicio de la memoria histórica es casi un acto subversivo. Por eso temen a 1916: porque 
es un recordatorio de las potencialidades de un pueblo digno, un recordatorio que la 
resistencia nunca es en vano. Pero también es una promesa de lo que podemos ser si nos lo 
proponemos. Con sus limitaciones, con sus errores, la Insurrección de Pascua es parte de 
esa herencia que debemos recordar, celebrar y estudiar.

José Antonio Gutiérrez D.
19 de Enero, 2016

http://www.anarkismo.net/article/29014


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