(ca) anarkismo.net - La Islamofobia: la cara respetable del neo-fascismo by José Antonio Gutiérrez D.

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Sun Jan 31 15:19:37 CET 2016


La islamofobia cumple el fin de naturalizar el imperialismo, el neo-colonialismo y la 
misión civilizadora de Occidente, a la vez que convierte el racismo, la discriminación y 
la violencia anti-inmigrante en algo excusable. Los tiempos actuales son de profunda 
reacción en Europa en todo sentido, sea en la cultura, en los derechos sociales y 
económicos, en la política. La islamofobia no es más que la banda sonora del ascenso 
político de una siniestra ultra-derecha global que desprecia todo cuanto huela a 
progresismo y pasa desapercibida, precisamente, porque todo el mundo está demasiado 
preocupado de los molestos musulmanes. La islamofobia es, de hecho, una pieza clave en el 
sistema de dominación. ---- La Islamofobia: la cara respetable del neo-fascismo ---- La 
islamofobia es esa concepción del Islam descontextualizada, como si esta religión fuera 
algo inmutable por los siglos de los siglos, en la cual las acciones de los musulmanes 
están única y exclusivamente gobernadas por su fe. Nada más cuenta.

Como toda fobia es irracional. Todo cuanto se diga de un musulmán es creíble –siempre y 
cuando lo que se diga sea negativo. Desde luego que no todos los musulmanes son santos, 
pero las acciones de todo musulmán que se desvíe de lo que consideramos moralmente 
aceptable, encuentran una meta-explicación en su religión, aun cuando el “musulmán” en 
cuestión ni siquiera sea practicante de la fe. Pero eso no importa. Está en el ADN de 
ciertos pueblos (cuando no tribus), por lo general más obscuros de piel que el europeo 
promedio; por eso es que la islamofobia es eminentemente racista. Es más: la islamofobia 
se ha convertido en la cara respetable del neo-fascismo europeo. De la mano de la 
islamofobia partidos como el Frente Nacional de Le Pen en Francia ha logrado 
espectaculares resultados electorales; PEGIDA en Alemania y el UKIP en Inglaterra han 
crecido de manera dramática agitando sencillamente las banderas del odio a los musulmanes. 
Ante el influjo de refugiados sirios a Europa, a causa de una guerra alimentada 
precisamente por los Estados europeos, países como Dinamarca y Suiza ya han aprobado la 
confiscación de sus bienes a los refugiados, algo que recuerda las confiscaciones a los 
judíos en la década de los ‘30, cuando la moda era el anti-semitismo, o para ser más 
precisos, la judeofobia. Ya no me sorprendería que el paso próximo será arrancarles los 
dientes de oro. Los musulmanes, en realidad, se han convertido en los judíos del siglo 
XXI. Los paralelos sobran y la discusión ociosa de ciertos liberales y alguno que otro 
izquierdista bobo-secularista sobre la “pertinencia” de la comparación, es insultante 
cuando miles mueren en el océano y mientras se desarrolla un clima de odio insoportable en 
toda Europa que está teniendo estallidos de violencia. Aunque estos liberales e 
izquierdistas no lo entiendan, la ultraderecha ha entendido muy bien que los musulmanes 
son los nuevos judíos y agitan la islamofobia para adelantar exitosamente su repugnante 
agenda.

Hubo una época en que los judíos eran acusados de toda clase de atrocidades: secuestraban, 
supuestamente, niños para utilizar su sangre en ritos secretos. Eran los llamados libelos 
de sangre. Los judíos, con el pasar del tiempo, se convirtieron todos en banqueros avaros 
que lucraban del sudor del pueblo. Quizás había algún judío banquero que encajara con la 
descripción, pero hoy se acepta que la ecuación judío=banquero, es inexacta. Ni todos los 
judíos son banqueros, ni todos los banqueros son judíos. Pero esta era la extensión de la 
caricaturización del judío, desde la Edad Media también representados en el Judensau 
alemán –una representación caricaturesca de judíos en actos obscenos con una marrana. Hoy 
las caricaturas van en otro sentido: el musulmán terrorista, Alá en posiciones 
pornográficas, el árabe barbudo besando a otro árabe barbudo. Son sólo caricaturas dicen, 
ignorando el contexto de violencia simbólica y física en el que las caricaturas son 
reproducidas. Después de todo, los Judensau también eran caricaturas, una tomadura de 
pelo. Pero dudo que las víctimas de un pogromo lo hayan visto de esa manera. Las nuevas 
caricaturas islamófobas circulan hombro a hombro en las listas electrónicas de la 
ultra-derecha, tanto las caricaturas de racistas neoconservadores con las supuestamente 
liberales de Charlie Hebdo. Hay islamofobia para todas las clases, tanto para los 
matonescos cabezas rapadas así como para los socialbacanos liberales clasemedieros.

Con las caricaturas, también circulan toda clase de generalizaciones y acusaciones 
grotescas. Los foros virtuales se llenan de frases como “golpean a sus mujeres, cometen 
crímenes de honor, son misógenos, violadores, son todos terroristas y atacantes suicidas 
en potencia, quieren acabar con nuestra cultura”, mientras aparentemente olvidan que el 
“terrorismo” no es patrimonio del Islam como lo demuestran las milicias cristianas en 
EEUU, El Líbano o la República Centroafricana, el noruego André Breivik, o como también lo 
demuestran los ataques de fanáticas evangélicos a clínicas abortivas en EEUU. También 
olvidan que ninguna cultura en el mundo está exenta de maltrato a la mujer y que España, 
por siglos el autoproclamado guardián de la Fe Católica en Europa, es líder indiscutido en 
feminicidios en esta parte del mundo. “Su religión es intrínsecamente fanática”, chillan 
los islamófobos –como si el cristianismo fuera un ejemplo de tolerancia. Citan 
selectivamente y sin contexto al Corán para demostrar las tendencias intrínsecamente 
violentas del Islam –pero pasan por alto los numerosos asesinatos, genocidios y hasta 
infanticidios presentes en el Torá y la Biblia (de igual manera que olvidan que todos 
estos libros sagrados tienen, junto a estos pasajes macabros, otros pasajes más 
benevolentes y compasivos). Obviamente para explicar esto no hay que recurrir a 
explicaciones políticas o que pongan los hechos en contexto –en el Islam reificado, 
cosificado, está la explicación última de todos los males de la humanidad.

Hay que estar alertas porque en cualquier lugar se puede esconder un musulmán. Hasta el 
mismo Obama será siempre sospechoso para ciertos sectores de ser un cripto-musulmán porque 
ha habido musulmanes en su familia, y no importa cuánto cerdo coma, nunca puede ser fiable 
del todo. Pero el islamófobo es ambivalente. Odia al musulmán, particularmente si es 
refugiado, pero adora sus curris, sus kebabs, los necesitan para limpiar sus calles, para 
conducir sus buses, para servir de enfermeras o empleadas domésticas. Se les necesita, 
pero se les teme, porque a lo mejor pueden quererse igualar. Actúan como si fueran los 
dueños de “nuestro” país, nos invaden, quieren islamizarnos, estas son algunas de las 
quejas más comunes del islamófobo. Un supuesto “experto” decía en Fox News que ciudades 
inglesas como Birmingham estaban prácticamente controlados por musulmanes; que semejante 
estupidez pueda ser dicha en plena televisión demuestra la distorsión de la realidad vista 
a través del cristal de esta fobia. El problema, en realidad, no es como deshacerse de 
todos los musulmanes, sino controlar su número y mantenerlos en su lugar. Que sepan quién 
manda. Que sepan quién es el amo. El espíritu colonial ha traspasado barreras de clase: 
quien no tiene privilegios económicos, al menos quiere privilegios por raza. Aunque no sea 
más que el privilegio de poder poner la bota encima de otro ser humano.

¿De dónde viene la islamofobia? La islamofobia se presenta naturalizada en el marco de la 
supuestamente eterna guerra de civilizaciones –José María Aznar, entre las múltiples 
idioteces que ha dicho, alguna vez mencionó que la guerra contra el fundamentalismo 
islámico, supuestamente venía desde el momento en que España se negó a ser un peón en el 
tablero del mundo musulmán y declaró la guerra al Islam. Como si España hubiera existido 
cuando el “moro” Tariq ibn Ziyad –que en su ignorancia, Aznar se imaginará como un Osama 
bin Laden del siglo VIII- cruzó el estrecho de Gibraltar en el 711, o como si su odisea se 
explicase por esa inmutable esencia expansiva del Islam, que sería una peculiaridad de 
ellos. Da casi la risa, que esta versión de la historia venga de un estadista que se 
sienta sobre un Estado decadente fundado en la carcasa de un imperio que se extendió por 
tres continentes durante varios siglos. La islamofobia no puede ser reificada ni 
cosificada, ni descontextualizada, de la misma manera que tampoco debe hacerse tal cosa 
con el Islam. Aunque se pueda encontrar la discriminación hacia otras religiones como una 
constante histórica, y aunque hace siglos se diga en Francia que “todos somos el árabe de 
alguien”, la islamofobia actual no tiene nada que ver con los moros en la Iberia 
visigótica, ni con la batalla de Lepanto, ni con las Cruzadas. La islamofobia puede 
utilizar esta historia para invocar miedos ancestrales, pero esta narrativa funciona al 
nivel de un mito. Un mito tan inexacto como cuando Al-Qaeda llama a las tropas 
imperialistas “cruzados”.

El surgimiento de la islamofobia, tal cual se está expandiendo hoy en Europa, está ligado 
a esa reacción profunda que se impuso en el marco político global desde la caída del Muro 
de Berlín y el establecimiento del Nuevo Orden Mundial, decretándose desde Washington el 
fin de la historia. El surgimiento de la islamofobia es congruente con una nueva división 
colonial del mundo y con el desplazamiento de las causas políticas-ideológicas de toda 
narrativa política. Terminamos así con guerras “tribales” en África, con “crimen 
organizado” en América Latina (las guerrillas se convirtieron en meros carteles y hasta un 
fenómeno como el chavismo es explicado en lenguaje más afín a la criminalística que a la 
política), y por supuesto, en el Medio Oriente, todo vendría a ser explicado en función 
del Islam. Al desplazar la política, no debemos entrar a discutir qué está pasando en el 
Medio Oriente en la última década, ni mucho menos, el rol de Europa y EEUU en todo ese 
desastre. En realidad siempre ha sido sí. Es un punto negro, sin historia, sin contexto, 
sin pasado. Lo único que tienen esos países son musulmanes, y por ello, siempre estarán en 
guerra. Y a los que llegan acá, hay que tenerlos a raya. Así, la islamofobia cumple el fin 
de naturalizar el imperialismo, el neo-colonialismo y la misión civilizadora de Occidente, 
a la vez que convierte el racismo, la discriminación y la violencia anti-inmigrante en 
algo excusable. Los tiempos actuales son de profunda reacción en Europa en todo sentido, 
sea en la cultura, en los derechos sociales y económicos, en la política. La islamofobia 
no es más que la banda sonora del ascenso político de una siniestra ultra-derecha global 
que desprecia todo cuanto huela a progresismo y pasa desapercibida, precisamente, porque 
todo el mundo está demasiado preocupado de los molestos musulmanes. La islamofobia es, de 
hecho, una pieza clave en el sistema de dominación. Y a los que denunciamos esto, nos 
tratan de ser “blandos” ante la “amenaza terrorista”, cuando no, cómplices de ella. 
Mientras tanto, el neo-fascista solapado es el buen muchacho respetable, ciudadano 
ejemplar. ¡Vaya infamia!

José Antonio Gutiérrez D.
27 de Enero, 2016


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