(ca) anarkismo.net: Un Debate sobre la Política de Alianzas -- Caminos de un proyecto militante by Rafael V. da Silva - Farja

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Fri Jan 29 08:52:36 CET 2016


Caminos de un proyecto militante -- Un debate político sobre la política de Alianza, con 
base en la experiencia y las reflexiones realizadas dentro de una organización política 
anarquista especifista. ---- Introducción ---- La política de alianzas de una organización 
anarquista, de una tendencia, o de un movimiento social responde básicamente a dos 
cuestiones: con quién y cómo nos vamos a unir para conseguir un determinado objetivo, sea 
éste de corto (objetivo táctico ), medio o largo plazo (línea estratégica). La Política de 
Alianzas sólo puede ser eficiente cuando responde a un programa propio bien establecido 
(compras por sus militantes), que sea de posible aplicación. La discusión del programa 
precede a la discusión de las alianzas. Para saber con quién y cómo nos vamos a unir de 
forma transitoria o permanente, debemos saber para qué vamos a hacerlo, y esto sólo es 
posible si sabemos con toda certeza lo que queremos concretamente.

Saber lo que queremos es básicamente trazar planes de mediano y largo plazo. Si no sabemos 
lo que queremos, nos guiaremos por las demandas y urgencias de las agendas de los 
dominantes, en lugar de construir nuestras agendas y, por tanto, pautar nuestro ritmo de 
lucha. El programa es la formación de línea estratégica (conjunto de objetivos, 
estrategias y tácticas) de una determinada organización, que sirve de base a todos sus 
miembros y orienta toda su actuación. El programa define los militantes de determinada 
organización los "caminos" con que llegarán a ciertos objetivos y de qué "herramientas" 
harán "uso" estos militantes para ello.

Aplicar una política de Alianzas eficaces requiere que la organización fortalezca más 
intensamente ciertas relaciones políticas en detrimento de otros y priorice determinadas 
actividades en su militancia. Porque, como diría Bakunin, "quien mucho abarca poco 
aprieta". No definir con nitidez una política de alianzas, significa articularse 
políticamente al azar; a la buena ventura de alianzas frágiles e inestables que, lejos de 
contribuir con los objetivos de la organización, la subordinan a un programa ajeno o 
vuelven su acción impotente. Como nuestras energías militante son escasas, definir con 
quien nos debemos relacionar políticamente y como se darán estas relaciones es 
fundamental, no sólo para prevenir el exceso de sobrecarga de nuestros militantes (hecho 
corriente en los movimientos sociales) sino también para conseguir que la organización 
avance siguiendo sus objetivos estratégicos.

La unidad con otros sectores políticos - sean ellos organizaciones ideológicas o del 
movimiento popular - no debe buscarse a cualquier costo, ya que la unidad de acción no 
puede significar someter o postergar nuestro propio programa, mucho menos nuestros 
principios. Una organización que tenga lucidez programática y de continuidad en su propio 
trabajo social conseguirá firmar alianzas correctas sin terminar rehén de las coyunturas, 
caminando, así, rumbo a los objetivos que decidió atender.

Entre la Política de Alianzas y Redes Informales

La política de alianzas es diferente de lo que muchos movimientos sociales, autónomos y 
otras corrientes del anarquismo llaman fortalecimiento de las "redes". No podemos olvidar 
que, dentro de los movimientos sociales, sindicatos o comunidades en las que trabajamos, 
hay redes informales, sin "estructura" (o sea, no están estructuradas por algún tipo de 
regulación "institucional" que las defina), que forman y construyen relaciones afectivas, 
sociales y políticas entre sus sujetos. Ignorar la existencia de estas redes es reducir el 
trabajo militante a una cierta miopía política, incapaz de percibir las distintas 
relaciones que los sujetos van estableciendo periféricamente, o en su interior. Esto puede 
ser desastroso en una práctica política que se desea "inmediata", arrollando relaciones 
que merecen sensibilidad por parte de nuestra militancia.

Sin embargo, una organización política anarquista de matriz especifista, debe trabajar 
siempre en el sentido de avanzar más allá de estas redes informales. Esto no significa 
creer que estas redes dejan de existir, sino, simplemente, que la organización trabaja 
para formalizar sus estructuras, impidiendo que estas redes informales "asuman" el control 
de procesos decisorios en los movimientos sociales en que están. Tarea importante en este 
sentido es, por ejemplo, formalizar los procesos de ingreso de los militantes y decisión 
en los movimientos sociales en los que actuamos, en lugar de dejar que una cuestión 
política sea establecida por meras relaciones informales. El problema de la manipulación 
de los movimientos sociales por los partidos políticos está, en gran medida, determinado 
por falta de estructuras claras de decisión que posibiliten, a todos sus participantes, 
entender la dinámica de su funcionamiento. Interesa a grupos más organizados (o liderazgos 
"carismáticos") mantener los movimientos sociales inestructurats internamente, o mal 
estructurados, para seguir manteniendo el dominio interno sobre sus miembros y las 
relaciones de poder "intactos" (no siempre conscientemente).

Otro punto importante es trabajar para superar la mentalidad que cree que cada trabajo 
aislado, descentralizado y (des) estructurado en redes informales y formales de relación, 
contribuye decisivamente a una transformación radical de la sociedad. Al contrario que 
algunos marxistas, nosotros sabemos que una revolución también está hecha de aspectos 
espontáneos que son difíciles de prever o analizar adecuadamente. Pero en ningún momento, 
como anarquistas organizados, creemos que los proyectos revolucionarios sucedan 
espontáneamente, como nos acusan "eternamente", como un disco rayado, nuestros 
adversarios. Una revolución sólo tendrá lugar con mucha organización. Al menos, esa es la 
lectura de los procesos históricos revolucionarios, que sólo ocurrieron después de que 
fueron antecedidos por un trabajo militante de muchos años o décadas. Los procesos 
revolucionarios o insurreccionales amplios también suceden cuando una política de alianza 
amplia de los oprimidos es realizada efectivamente. Vimos esto en la Revolución Rusa, en 
que agricultores y obreros participaban cogidos de la mano en los soviets; en la 
Revolución Española, en la que los trabajadores del campo y de la ciudad formalizaron 
alianzas estables y también, asistimos a los límites de la política de alianzas cuando, 
por ejemplo, los estudiantes franceses intentaron, sin éxito, establecer una política de 
alianzas con sus compañeros trabajadores, resultando en la incapacidad del movimiento a 
transformarse en una verdadera revolución.

Más recientemente, el éxito de una política de alianzas estable fue la formación de la 
Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca en 2006, que reunió organizaciones populares de 
todos los colores en una sola coordinadora. La Revuelta de Oaxaca sucedió justamente 
cuando una política de alianzas eficaz fue realizada entre profesores, estudiantes y amas 
de casa, caminando por un proceso insurreccional amplio. Si una organización política o 
movimiento social no sabe con quién se aliará, probablemente no sabe también qué objetivos 
a medio y largo plazo quiere cumplir. Esto es porque posiblemente muchos de sus miembros 
son contrarios a la burocratización, cuando en realidad, organizarse, parafraseando Errico 
Malatesta, es la única garantía eficiente contra la burocratización, y no al revés. 
Algunos de estos militantes pueden creer también que, en la militancia, las cosas ocurren 
"espontáneamente", hasta un día en que un punto crítico en la relación entre las clases 
"explotará" en la forma de una revolución. Salvando las distancias, esta idea es similar 
al mito marxista de la contradicción causada por el desarrollo crítico de las fuerzas 
productivas. El fondo común de estas ideas es siempre la disminución de la dimensión 
posible de acción humana y, por tanto, que los propios militantes se eximen de la 
responsabilidad sobre la ineficiencia de la táctica elegida por sus movimientos y 
organizaciones.

Una organización y un movimiento social que se hayan estructurado de acuerdo con el avance 
de su trabajo se verán confrontados, en algún momento, con los límites de sus demandas. 
Hoy, en Brasil, vemos una serie de movimientos sociales e iniciativas populares 
completamente divididos y, peor aún, divididos por demandas extremadamente específicas. 
Hay colectivos culturales, cooperativas de consumo y producción, colectivos feministas, de 
educación, arte o agroecología que, en muchos casos, se restringen a cumplir sus propias 
demandas. Esta sectorización de los movimientos sociales es vista por algunos como una 
consecuencia de la nueva configuración que los movimientos asumen en un mundo cada vez más 
avanzado: lo que algunos llaman de modernidad líquida o posmodernidad. Es el mito de la 
historia que se desarrolla pacientemente ante los ojos de los actores. Desde esta 
perspectiva nos queda que "navegamos sobre las olas" de la historia y aceptar el destino 
que alguna fuerza oculta ha establecido secretamente. Pero no nos engañemos con esta 
auto-ilusión. La historia no se desarrolla por sí misma, no es producto de una fuerza 
secreta (o de las fuerzas productivas, en el mito hegeliano-marxista descrito 
anteriormente). Aunque reconozcamos que hay cambios que no podemos controlar, la acción 
humana y de las obras creadas por los individuos es decisiva.

Las ONG han sabido aprovechar (y reforzar) este movimiento. Sectoritzan las demandas de la 
clase trabajadora e incorporan la resolución de estas demandas en los acuerdos con el 
Estado. El resultado de este movimiento es la incapacidad de la clase trabajadora y los 
oprimidos para forjar instrumentos efectivos para contraponerse al Estado ya la burguesía.

Esto no significa que, como organización política anarquista, debemos menospreciar las 
metas de los movimientos sociales en la que estamos insertos. Esta es la práctica del 
leninismo, que condenamos y rechazamos como libertarios. Pero es necesario trabajar para 
que la sectorización sea superada y no reforzarla apelando siempre a una supuesta 
"singularidad" de las luchas. Un movimiento que tenga una demanda específica (como por 
ejemplo la cultura) puede, en el avance de su trabajo, efectivamente integrar otras formas 
de lucha, o establecer una política de alianzas eficaces, que consiga superar la 
sectorialización.

Las luchas y sus condiciones de expansión son obviamente siempre singulares, los 
escenarios históricos en que emergen también. Pero no podemos extraer ninguna "regla" 
general de los procesos revolucionarios o de los movimientos sociales en su dinámica 
organizativa, esto no significa decir que ninguna forma de conocimiento o de análisis sea 
posible. Por lo tanto, un análisis de procesos reales implica examinar sinceramente los 
éxitos y los fracasos, intentando incorporar críticamente elementos que puedan dotar de 
eficacia la organización política y los movimientos sociales en los que militamos.

Una perspectiva interesante es trabajar para añadir diferentes demandas en un mismo 
movimiento social, en lugar de insertarnos en diferentes movimientos sociales 
sectorializados. El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin-Tierra (MST), a pesar de 
tener como bandera central la cuestión de la tierra, sabe como la cultura, la educación y 
otros elementos, son fundamentales en la constitución del movimiento. Otros movimientos 
con los que tenemos contacto y respetamos, trabajan en el sentido de resolver diferentes 
demandas en el interior de un mismo movimiento: económicas, culturales, educativas y 
profesionales. En el caso de que sus militantes hubieran optado por crear un grupo, 
colectivo o movimiento para cada demanda (una cooperativa económica, un colectivo de 
cultura, un grupo de arte, etc.) no tendría el éxito que hoy poseen en muchos casos.

Es central que reforzamos el aspecto clasista de nuestra propuesta. Una propuesta de clase 
debe ser el "fundamento" que une las diferentes demandas de los trabajadores. Lo que da 
miedo a la clase dominante es, justamente, cuando estos movimientos superan su 
especificidad y se insertan en un proyecto popular amplio y clasista que articule, en las 
bases que aprendemos con Bakunin y Malatesta, un auténtico arco de oprimidos. La tarea de 
la organización política anarquista es justamente potenciar como minoría activa la 
estructura de los movimientos sociales en que está insertada. Un movimiento social bien 
estructurado y organizado supera la mentalidad de las redes y formaliza sus objetivos, 
métodos y estrategias. Y, principalmente, consigue formalizar eficientemente su política 
de alianzas. Para formalizar una política de alianzas los agentes históricos, o sea, los 
militantes de carne y hueso, deben asumir que son ellos los responsables de efectuar esta 
política. Hoy no hay ninguna organización anarquista (o de la izquierda) que consiga 
participar en todas las luchas. Una organización que opte por involucrarse "en todas las 
luchas" probablemente no tiene un programa estratégico bien definido, o éste no es 
comprendido por sus miembros. Puede ocurrir que esta participe superficialmente en las 
distintas luchas en detrimento de su trabajo de base, lo que tendrá consecuencias 
terribles a largo plazo para la organización.

Un programa bien definido prioriza ciertas actividades y, por tanto, participa en lo que 
contribuye al proyecto estratégico de la organización. Si no hay entendimiento sobre lo 
que contribuye o no a este proyecto, la organización probablemente no interiorizó su 
programa. Tener un horizonte estratégico implica decir "no" a ciertas actividades y 
participar en otros con más intensidad. Lo contrario de esto es participar aleatoriamente 
en el que aparece, sin reflexionar, ni siquiera rápidamente, sobre en el qué y por qué nos 
estamos involucrando en una actividad determinada. Insisto en que este trabajo de 
reflexión no es un trabajo "destacado" de la realidad, en muchos casos sucede en el 
interior del proceso, en el "ojo" del huracán ", entre errores y aciertos de la 
organización política .

Un programa político y un horizonte estratégico bien definido, por tanto, hacen que no 
subordinamos nuestra militancia en el que dé más visibilidad en el momento, o que la 
prensa burguesa cubra con más atención. Este es el caso de muchos partidos trotskistas, 
que se guían de acuerdo al oportunismo de la ocasión. La actuación de vanguardia es 
profundamente dependiente de la imagen "de estar en todas las luchas" (aunque en muchos 
casos sea superficialmente). Esta imagen construida sirve como polo de atracción para 
nuevos militantes. Aún así es necesario no caer en el otro extremo. Hay luchas y 
actividades que, aunque distantes del plan táctico que la organización política ha 
establecido, pueden ser actividades interesantes para la propaganda de esta organización o 
de determinado movimiento social. Una organización con un trabajo de base relevante, pero 
que no "aparece", corre el riesgo de transmitir una imagen política asimétrica. Creo que 
no hay una regla a seguir, más allá de que los militantes de "carne y hueso" vayan 
corrigiendo entre errores y aciertos la línea estratégica de la organización y su política 
de alianzas en su propia dinámica. No discutir esto puede perjudicar a toda la 
organización y limitar profundamente el alcance de su política.

Es fundamental que los / las militantes tengan conciencia de que la organización política 
anarquista nunca está terminada y que discutir una política de alianzas eficaz es saber 
con quién podemos contar para los próximos pasos en una empresa que sólo puede ser colectiva.

Rafael V. da Silva

Referencias

DANTON, José Gutiérrez. Problemas y Posibilidad do Anarquismo. Sao Paulo, Editorial FAISCA 
2011.

FREEMAN, Jo. A Tiranía das Organizações Sem Estrutura, 1970. Disponible en
http://www.nodo50.org/insurgentes/textos/autonomia/21tirania.htm

Visitado en 03.08.11.
http://www.anarkismo.net/article/29020


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