(ca) Chile, periodico-solidaridad - La liberación postergada

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Mon Jan 25 10:26:26 CET 2016


Los crueles asesinatos mujeres que luchan por la liberación kurda, se ha convertido en un 
método de disciplinamiento. “El Estado Islámico libra una guerra sistemática contra las 
mujeres: para él, la única razón de ser de las mujeres es responder a las necesidades 
sexuales de los hombres”, Meral Çiçek, presidenta del Centro Kurdo para las Cuestiones de 
las Mujeres. ---- *Por Página 12 ---- Seve Demir, Pakize Nayýr y Fatma Uyar fueron 
asesinadas por la policía turca el primer lunes de 2016 en Silopi, una ciudad al sureste 
de Turquía. Los femicidas, miembros de la policía que responden al tirano Recep Tayyip 
Erdogan, destruyeron sus cuerpos al punto de que sólo pudieron ser reconocidas por sus 
cabellos. Las tres formaban parte del proceso de liberación que las mujeres kurdas 
encabezan en la región y masacrarlas es un intento de disciplinar a todas.

Los rostros de las tres jóvenes kurdas recientemente asesinadas en la ciudad turca de 
Silopi fueron totalmente desfigurados. Y en el cuerpo de una de ellas, Fatma Uyar, 
activista del Congreso de las mujeres libres, ni siquiera es posible reconocer cuántos 
balazos recibió. Con Fatma el ensañamiento fue peor que con sus compañeras, de quienes sí 
se sabe: a Seve Demir, integrante del Parlamento por el Partido DBP, se le disparó once 
veces y a Pakize Nayýr, activista de la Asamblea del Pueblo de Silopi, cinco. Tras haber 
sido advertidas de que Karþýyaka, el barrio donde se encontraban, sería atacado por la 
policía –una práctica represiva habitual la de abrir fuego sobre la población civil – 
intentaron escapar, pero no lo consiguieron. Tampoco lograron ser asistidas por el 
servicio médico aunque lo pidieran por teléfono, porque se bloqueó el paso a las 
ambulancias. Los policías que las encontraron heridas, las torturaron y las destruyeron 
físicamente al punto de solo poder ser identificadas por sus cabellos. Pero estas tres 
activistas no fueron elegidas azarosamente entre los pobladores de Silopi para el 
despliegue del odio. Tanto el DBP, donde militaba Seve, como las asambleas populares que 
integraba Pakize, son fuerzas sociales del movimiento de autogobiernos en el Kurdistán 
turco, mientras que la agrupación de mujeres que integraba Fatma ha sido y es, central en 
el proceso de liberación de este pueblo.

Kurdistán cuenta con unas treinta millones de personas que habitan cuatro países: Irán, 
Irak, Siria y Turquía. Su impulso separatista surgió, en principio, de la necesidad de 
unirse en un estado independiente, pero posteriormente esta aspiración cambió. Por razones 
ideológicas, la noción de Estado derivó en otra más elevada y feminista: la construcción 
de un confederalismo basado en los principios de la democracia, la ecología y la 
liberación de género. Un sueño común que, dadas las circunstancias actuales en Turquía, no 
solo está muy lejos de cumplirse sino que incluso parece haber retrocedido bajo el influjo 
autoritario de Recep Tayyip Erdogan, el presidente que obtuvo la mayoría parlamentaria 
sospechada de fraude el pasado 7 de julio. La situación kurda desde entonces ha empeorado 
con las 54 declaraciones de estado de emergencia, la muerte de 260 civiles y el conflicto 
declarado que mantiene con Kurdistán el Estado Islámico. En palabras de Meral Çiçek, 
presidenta del Centro Kurdo para las Cuestiones de las Mujeres en Erbil: “Está claro que 
el EI recibe el apoyo de Turquía. Y el Estado Islámico libra una guerra sistemática contra 
las mujeres: para él, la única razón de ser de las mujeres es responder a las necesidades 
sexuales de los hombres. La visión del mundo que representa es completamente opuesta a lo 
que estamos intentando hacer en el Kurdistán. No es una lucha local sino un enfrentamiento 
entre dos formas de ver el mundo”.

Feminismo kurdo

Las mujeres kurdas han estado absolutamente presentes tanto en el escenario político como 
en la lucha armada de su pueblo desde hace más de un siglo. La piedra fundante de la 
presencia feminista en la vida política fue la pionera Sociedad para el Progreso de las 
Mujeres Kurdas que se fundó en Estambul en 1919 y desde 1978, con la formación del Partido 
de Trabajadores del Kurdistán, su rol protagónico ha crecido sustancialmente. En los 
últimos años estas activistas se han convertido en un ejemplo de autoorganización para la 
resistencia y la construcción del poder popular. Agrupaciones como las Unidades de 
Protección de las mujeres del Sur (YPJ- S) y la Unión de Jóvenes Patrióticas 
Revolucionarias (YDGK-H) se han puesto al hombro la asistencia sanitaria al pueblo kurdo y 
la autodefensa de las ciudades sitiadas. Tanto el Movimiento Nacional K como las fuerzas 
democráticas de izquierda asociadas a él han llevado adelante enérgicas políticas de lucha 
antipatriarcal. En la parte norte de Turquía, la legislación autorizó el retiro del sueldo 
de los hombres acusados de violencia de género para otorgárselo a sus víctimas. En más de 
cien municipalidades kurdas, la mitad de los puestos públicos fueron ocupados por mujeres 
y las ciudades gobernadas por un hombre y una mujer en carácter de “co-alcaldes”.

Hoy nada de esto parece existir. Algunxs de estos alcaldes han sido despedidos, otrxs 
encarcelados al igual que 1285 personas integrantes del Partido Democrático del Pueblo; 
las instituciones públicas fueron destruidas, las fuerzas especiales turcas usaron las 
escuelas como bases militares y los techos de las casas fueron ocupados por franco 
tiradores. Los periodistas, por supuesto, han sido raudamente echados de los medios. Pero 
cuando a Erdoðan se le pregunta por el problema kurdo y todas sus implicancias, el hombre 
responde que se trata de un tema de terrorismo. El primero de enero, pocos días antes del 
triple crimen, se le formuló otra pregunta: si él pensaba que Turquía podía adoptar un 
sistema presidencial que al mismo tiempo mantuviera la estructura unitaria del país, a lo 
que parece haber respondido con mayor sinceridad: “Cuando miramos el mundo, vemos que es 
posible. Se puede ver esto si nos fijamos en la Alemania de Hitler y otros países”, dijo.

La masacre de Silopi sucedió apenas tres días antes de que se cumpliera un nuevo 
aniversario del asesinato en París de otras tres mujeres kurdas. Fue el 9 de enero de 
2013, cuando las activistas separatistas Sakine Cansýz, Dogan Fidan y Leyla Saylemez, las 
tres exiliadas turcas, recibieron balazos en la cabeza y en la nuca dentro de una oficina 
de un centro cultural de la calle La Fayette. Pese a haber sido encontrado al ejecutor, la 
masacre sigue sin esclarecerse en el punto en que aun no sale a la luz la verdadera fuerza 
que la motorizó y por la que ni Francia ni Turquía parecen querer averiguar demasiado. No 
puede escapársenos que tanto aquellos crímenes como los tres recientes han sido 
perpetrados no solo contra el pueblo kurdo sino particularmente contra las mujeres 
empoderadas que representan un peligro muy tangible aun para un sistema como ese, brutal y 
represivo.

*http://www.pagina12.com.ar

http://www.periodico-solidaridad.cl/2016/01/18/la-liberacion-postergada/


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