(ca) Tierra y libertad #330 - ¡Malditos nacionalismos!

a-infos-ca at ainfos.ca a-infos-ca at ainfos.ca
Sun Jan 24 12:58:52 CET 2016


Cuando muchos hemos nacido en una sociedad en la que se nos enseñaba desde nuestra más 
tierna infancia, cuando entrábamos a formar parte del sistema de enseñanza del Estado, 
donde prevalecía aquello del nacionalcatolicismo y del nacionalsindicalismo que 
preconizaba la patria común de todos los españoles en la que no se ponía nunca el sol, y 
en la que no se podía poner en cuestión aquello que nos decían los libros, por imposición, 
de los que habían vencido en una guerra civil que había acabado con la libertad de 
pensamiento y decisión. ---- Algunos habíamos nacido en familias que hablaban un idioma 
diferente del que nos enseñaban en el colegio y padecimos la represión de no poder 
hablarlo libremente en clase, al tiempo que nos enseñaban a reprimir la necesidad de poder 
expresarnos con nuestra lengua materna en las clases. Aprendíamos la lengua del imperio y 
cuando abandonábamos las paredes de la clase, jugábamos con nuestra lengua vernácula, 
hablábamos de nuestras cosas empleándola aunque era casi cosa de paletos para aquellos que 
formaban parte del aparato del régimen franquista.

Como muchas otras cosas, por más que intentaran impedirlas, nunca pudieron con ellas.
Ese planteamiento del nacionalismo español fue provocando un sentimiento a favor del 
aprendizaje y de la enseñanza de nuestra lengua vernácula y acabó consiguiendo lo 
contrario de lo que pretendía que no era otra cosa que la erradicación de las lenguas 
propias de los diferentes territorios en favor de la lengua "española", tal como la han 
llamado.

El error de llamar lengua española a la que se enseñaba de forma oficial en todos los 
colegios, alimentó el sentimiento de muchos, contrario a lo español, ya que al no ser 
consideradas sus lenguas como españolas, les excluía a ellos de ser españoles, ya que si 
su lengua no era española, ellos tampoco lo eran.

Este simple hecho fue bastante para que ese nacionalismo español que se intentaba imponer 
en las mentes de todos nosotros, nunca llegase a cuajar.

El nacionalismo español

Siempre se nos ha enseñado que todos los que vivíamos en España formábamos parte de una 
misma nación, hablábamos una misma lengua, teníamos una misma bandera, nos teníamos que 
emocionar con un mismo himno nacional y formábamos parte de una patria, una sola, que era 
grande y libre.

Ese ideario se hizo patente en la Constitución de 1978, cuando se dice en el artículo 2: 
"La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria 
común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la 
autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas 
ellas".

En su Artículo 3 dice:

"1.- El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el 
deber de conocerla y el derecho a usarla.

2.- Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades 
Autónomas de acuerdo con sus Estatutos".

Como podemos ver lo que se nos enseñó durante la dictadura acaba siendo aceptado y 
ensalzado por la Constitución y convirtiéndose en el ideario del nacionalismo español, si 
además añadimos la bandera, lo acabaremos de ver claro.

Si la pretensión era asegurar la indisoluble unidad de la nación española, se hubiera 
podido ser más demócrata y menos nacionalista. ¿Cómo se puede entender que en un país o 
una nación, donde conviven varias leguas, sólo una de ellas tenga la consideración de 
deber conocerse para todos los españoles? ¿No hubiera sido más integrador elevar el deber 
de conocimiento de todas las lenguas que configuran el Estado?

Siendo esto así, la realidad es que en estos momentos tiene una mayor consideración para 
todos los españoles el inglés o cualquier lengua externa que esté implantada en los 
estudios obligatorios que las propias lenguas del Estado.

Esto es lo que no facilita la aceptación de la nación española como la patria común e 
indivisible de todos los españoles y. por más que se imponga pasará lo mismo que pasaba 
con la dictadura, que no se puede aceptar una patria impuesta que no considera iguales a 
todos los españoles, tal como se dice en el artículo 1 de la constitución: "España se 
constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores 
superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el 
pluralismo político".

No hay igualdad entre los españoles si una de las lenguas regionales se impone sobre las 
otras que, además, quedan relegadas a sus propias regiones.

Si además de esto se impone a las comunidades con lengua propia qué es lo que pueden hacer 
o no con ella, es cuando el rechazo a la patria indivisible se hace más patente.
Todo esto propicia el nacimiento de nacionalismos regionales que se sublevan contra las 
imposiciones del nacionalismo español, y generan sentimientos patrióticos propios, 
basados, como el español, en la invención de la tradición como proceso de ritualización y 
formalización de diferentes hechos o leyendas.

Cuando se enfrentan el nacionalismo con Estado propio y el que no tiene Estado, se puede 
producir una situación en la que el carente de Estado propio quiera obtenerlo y para 
segregarse puede utilizar diferentes métodos, uno de ellos puede ser una votación para ver 
si la mayoría de sus ciudadanos quieren separase o no del Estado al que están vinculados. 
Eso es lo que está pasando en España, los gobernantes catalanes pretenden tener Estado 
propio y quieren convocar un referéndum para conseguir la separación de España.

La contestación del nacionalismo español es que el artículo 2 de la Constitución lo hace 
imposible, ya que marca la indisolubilidad de la nación española y, además, el apartado 2 
del artículo 1 dice: "La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan 
los poderes del Estado".

Según los nacionalistas españoles esto impide que se puedan hacer referéndums que afecten 
a la integridad nacional en el que sólo puedan decidir una parte de los españoles y, 
además, atendiendo al principio de igualdad de los españoles, ese referéndum no se puede 
hacer exclusivo para esa Comunidad.

Defienden que la soberanía nacional reside en todos los españoles y que, sobre este tema, 
atendiendo al principio de igualdad entre todos, solo se pueden pronunciar todos los 
españoles.

Así llevamos varios años pero a los que tenemos la soberanía nadie nos pregunta, ni a 
todos los españoles, ni a unos cuantos: los catalanes. Es como si la soberanía nacional 
fuese, en exclusiva, de los españoles para votar a unos parlamentarios que tienen 
secuestrada la soberanía nacional como algo propio de ellos, marginando al resto de los 
ciudadanos.

Para ellos la modificación de la Constitución en un sentido que pueda favorecer la 
creación de nuevos Estados, fraccionando el propio, es imposible, no es deseable, la 
Constitución es inviolable en ese sentido.

Pero no se plantean lo mismo a la hora de modificar la Constitución, con nocturnidad y 
alevosía, en pleno verano. La reforma constitucional española de 2011 modificó el artículo 
135 de la vigente Constitución estableciendo en el texto el concepto de "estabilidad 
presupuestaria" y que el pago de la deuda pública fuese lo primero a pagar frente a 
cualquier otro gasto del Estado en los presupuestos generales, sin enmienda o modificación 
posible. La entrada en vigor de parte del artículo se demora a 2020.
Todos sabían en quién recaía la soberanía nacional pero nadie pasó a referéndum de los 
españoles esta modificación constitucional que había sido exigida por la Unión Europea.
¿Por qué es modificable la Constitución para las imposiciones exteriores y no para las 
interiores?

Según Marianico Rajoy lo que más preocupa a los españoles en estos momentos, es "la 
defensa de la unidad de España, la soberanía nacional, la igualdad de los españoles, el 
papel de España en la UE, la consolidación de la recuperación económica y la lucha contra 
el terrorismo".

Si todo esto que nos plantea el señor Rajoy como preocupante y esencial para los españoles 
es así, ¿por qué dejan que los mercados financieros, el FMI, el Banco Mundial nos marquen 
las políticas económicas que hemos de seguir? ¿Por qué dejan que algunos españoles, en los 
que reside la soberanía y somos todos iguales, puedan ser despojados de su trabajo, su 
casa, sus recursos, su sanidad, su educación por los intereses de un sistema económico que 
quiere garantizar el superbienestar de unos pocos? ¿Por qué renuncian a la libertad de su 
Estado, a la capacidad de legislar sin injerencias exteriores? ¿Por qué se pliegan a las 
exigencias de las grandes corporaciones multinacionales, sacándoles de sus apuros, pagando 
sus deudas y cargando estas sobre las espaldas de todos los españoles al convertirlas en 
deuda pública, cuando son deudas privadas de esas empresas? ¿Por qué no hacen lo mismo con 
la deuda de todos los españoles que las tienen con los bancos y les dejan caer sin remedio 
en la más absoluta de las miserias? ¿Por qué venden los bienes y servicios de esa patria, 
que tanto defienden, a los intereses económicos privados, en muchos casos extranjeros o 
multinacionales, para que los exploten y nos los hagan inalcanzables? ¿Por qué defienden 
una globalización económica mundial neoliberal, cuya única pretensión es acabar con las 
economías locales, nacionales y, al mismo tiempo, con ese Estado que es inviolable para 
ustedes?

Los nacionalismos sin Estado propio

Su pretensión es conseguir un Estado propio y para ello necesitan, una lengua, una 
bandera, un himno y un territorio sobre el que ejercer el poder.

En definitiva es lo mismo que nos han enseñado los Estados-Nación ya existentes.
Si nos centramos en lo que está pasando en Cataluña podremos ver que las diferencias 
ideológicas, entre unos y otros, no son tales.

En Cataluña los miembros de la extinta Convergencia i Unió son defensores de la misma 
economía neoliberal, no quieren formar parte del Estado español y quieren crear un Estado 
propio que con las políticas neoliberales y de la Unión Europea no tiene ningún sentido.
En Cataluña durante sus etapas de gobierno han puesto en marcha las mismas políticas que 
nos llevan a realizar las preguntas que acabamos de realizar para el Estado español.
La única problemática actual para ellos y para los que se les coaligan, agrupan o apoyan 
es la de tener un Estado "independiente".

¿Independiente de quién? ¿De España? ¿De la economía? ¿De las Unión Europea? ¿De la 
globalización económica mundial? ¿De las corporaciones multinacionales? ¿De los bancos?
Para unos de los que apoyan el proceso de segregación, tener un Estado y una república 
catalana es algo imprescindible, por encima del bienestar del pueblo, ya que no cuestionan 
el actual sistema mundial, mientras ellos tengan su pequeño feudo de poder.
Para otros que son antisistema y anticapitalistas les provoca un grave problema decidir 
qué es antes, la independencia o la economía, les crea verdaderos problemas saber si deben 
elevar a la Presidencia de una república catalana a quién ha fomentado la corrupción y la 
expropiación de ese pueblo que "defienden" para tener un Estado propio.
La verdad es que es bastante contradictorio ser antisistema y participar en el sistema 
electoral promovido por la democracia liberal española o catalana. Si uno es antisistema 
debe serlo negándose a participar en el mismo, si participa deja de ser antisistema y se 
convierte en un instrumento más del sistema para mantener engañada a la población.
A estos antisistema se les ha llamado herederos de la tradición anarquista catalana, una 
gran mentira que está siendo difundida por los medios de comunicación social del 
nacionalismo español para cuestionar la credibilidad de los independentistas catalanes. Es 
una gran mentira, llena de falsedades, ya que si fueran anarquistas nunca se hubiesen 
presentado a unas elecciones, ni se prestarían a mantener el sistema político liberal 
imperante. El anarquismo no juega a todo eso, su pretensión es acabar con los Estados y 
con el poder.

Los medios de comunicación, cuando ven un atisbo de democracia diferente al que están 
acostumbrados, dentro de las formaciones políticas, no saben cómo calificarlo y, como los 
anarquistas siempre han defendido las asambleas como órganos de decisión de la población, 
cuando ven una decisión que se toma de forma asamblearia la convierten en anarquismo. Eso, 
señores, es falsificar la historia, es mentir y es tener engañada y desinformada a esa 
población a la que dirigen sus comentarios.

En definitiva, para todos ellos la independencia es la solución a todos los problemas que 
tiene la población de su zona de influencia, como si tener un poder propio les liberase de 
los poderes mundiales que son los que están dominando a todos los países del mundo.
No les falta razón cuando hablan del derecho a decidir como cada pueblo quiere 
organizarse, eso es deseable, pero no hablan que aunque puedan decidir sobre si seguir o 
no en un Estado como España, ello no les va a permitir organizarse como quieran ya que la 
soberanía de los Estados, en la actualidad, depende de lo que quieran hacer con ella las 
grandes corporaciones industriales, financieras y comerciales multinacionales; todas ellas 
han decidido, desde hace unos años, que los Estados-Nación no sirven para nada, no les 
sirven para sus propios intereses y hay que acabar con ellos de iure aunque no lo hagan de 
facto. Los Estados nacionales son una ilusión de independencia para que creamos que 
tenemos algún poder de decisión, son la niebla, el humo, que no nos deja ver el bosque.

Por la libre unión de los pueblos

Desde el anarquismo siempre se ha defendido la libre unión de las personas y los pueblos 
en una federación que desde la comuna o el municipio pueda llegar a ser universal.
El planteamiento del anarquismo parte de denostar el nacionalismo, sin calificarlo como de 
izquierdas o de derechas, ya que es una forma de separar y desunir a la humanidad. El 
nacionalismo es una creación, una invención de los poderosos, en un momento concreto de la 
historia de la humanidad, para controlar y dominar a la población.

Mantener a las personas unidas por mitos, por leyendas, por banderas, por himnos, por 
hablas comunes, por la riqueza de sus tierras; es un engaño que utilizan, para mantener 
sus posiciones dominantes, los ricos, los poderosos, los gobernantes…

Todos hemos sido testigos, en algún momento de nuestras vidas, de las guerras generadas 
por el virus nacionalista, inoculado por aquellos que pretenden dominar a otros o 
distinguirse de otros, con la excusa de ser peores que ellos, de ser inferiores o por no 
tener el mismo color de piel. Históricamente recordamos el nazismo como la más perversa 
especie de virus del nacionalismo racista y antihumano, pero no podemos obviar otros 
nacionalismos, propiciados y alentados por los intereses nacionales de sus vecinos, como 
fue la guerra de los Balcanes en los años 90 del siglo XX y las matanzas a las que dio 
lugar. Podríamos eternizarnos poniendo ejemplos pero creo que no es necesario.
El problema, en la actualidad, es que los grandes poderes económicos multinacionales, 
desde finales del siglo XX, han optado por una política económica de globalización mundial 
y necesitan tranquilidad para poder alcanzar sus objetivos de dominación total de la 
humanidad. Esta tranquilidad para poder expandir sus sistema la obtienen mediante medidas 
de distracción que en unas partes del planeta se presentan en forma de guerras por cambios 
de sistemas políticos; de guerras supuestamente religiosas; de guerras territoriales, 
etc.; en otras partes se plantean conflictos por conseguir nuevos Estados-Nación 
(nacionalismos); en muchos países se están planteando enfrentamientos de género; en otros 
se plantean enfrentamientos entre extranjeros y nacionales; en casi todos se plantean 
luchas por el trabajo ya que se ha convertido en algo escaso por el avance tecnológico, etc.

Todo esto trae como consecuencia: la inmigración de personas que quieren vivir en zonas 
donde puedan salir de la pobreza extrema a la que son sometidos; los refugiados que huyen 
de las guerras de exterminio que hay en sus países; las personas sin vivienda; las que no 
pueden pagar la atención sanitaria; los niños que no pueden comer diariamente; los que no 
pueden pagar sus estudios; los que no pueden calentarse en invierno; los que no pueden 
tener agua diariamente, etc.

Mientras tanto los grandes accionistas, los especuladores, cada día son más ricos.
Estamos siendo víctimas de la propaganda dirigida por esas empresas multinacionales que 
mediante la economía globalizada, la desregularización mercantil, están consiguiendo que 
los países, que los gobiernos, que los parlamentos no sirvan para nada ya que son ellos, a 
través organismos económicos mundiales (FMI, Banco Mundial), quienes controlan la 
legislación y las decisiones que han de tomarse en cada país.

En esta coyuntura hablar de la creación de nuevos Estados es marear la perdiz y evitar que 
los hombres y mujeres trabajadoras nos unamos para luchar contra los verdaderos poderes 
que nos están esclavizando. Si no somos capaces de rebelarnos contra la globalización 
económica que se nos ha impuesto, nunca podremos ser libres, ni tener poder de decisión, 
nos limitaremos a ser mercancía en manos de estas grandes corporaciones para ser 
utilizados a su antojo.

No es posible que seamos tan ingenuos y que sigamos creyendo que los Estados nacionales o 
supranacionales nos van a sacar de esta situación, ya que quienes participan en el sistema 
democrático impulsado por el neoliberalismo son cómplices, por acción o por inacción, de 
toda la desregularización que ha supuesto y que está suponiendo la globalización económica 
mundial.

Mientras los explotados del mundo no seamos capaces de unirnos contra los que nos 
explotan, tenemos la batalla perdida; para liberarnos no nos sirven nuevos Estados, nuevos 
gobiernos, nuevos partidos o nuevas religiones, ya que todos ellos son cómplices o títeres 
de esas grandes corporaciones.

Somos personas, miembros de la familia humana y nuestra patria es el mundo (la única en la 
que no se pone el sol), en estos momentos no hay otra patria, conocida, más grande, más 
rica, ni más poderosa. De nosotros depende que seamos capaces de hacerlo realidad y 
liberarnos del poder, el control y el asesinato programado, sean estos nacionales o 
supranacionales.

Por la anarquía…

Manuel Vicent

http://www.nodo50.org/tierraylibertad/330articulo6.html


More information about the A-infos-ca mailing list