(ca) Tierra y libertad #330: Entre chavistas y antichavistas -- (Memorial propositivo contra otra farsa electoral)

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Fri Jan 22 09:00:38 CET 2016


Las recientes victorias de las derechas venezolanas y argentina, con sus diferencias, 
anuncian los triunfos próximos de las derechas brasileñas, uruguayas, chilenas, etc. 
frente a la incapacidad de los partidos de izquierda de hacer algo distinto a administrar 
de manera más costosa el sistema que dicen combatir. ---- Esa incapacidad demostrada 
nuevamente en lo que va de siglo XXI, producirá un efecto dominó que será seguramente 
imparable en los próximos años. La felicidad de los demócratas no debe tener límites en 
este momento. Otra vez ha funcionado el maravilloso dispositivo de la alternancia de los 
enemigos íntimos, el "cambiar todo para que todo siga igual" de Lampedusa, sin una gota de 
sangre derramada y los ríos de sinsentido desbordándose desde lo más íntimo de los 
corazones honestos.

A pesar de la interesante y variada diversidad de organizaciones y corrientes de ideas, 
muchas de izquierda, que contienen los dos conglomerados políticos que se enfrentaron en 
estas elecciones en Venezuela, algo impensable para los cubanos. Cualquiera mínimamente 
informado con el ambiente de frivolidad en que los ciudadanos votantes toman su decisión 
en estos certámenes, puede intuir que uno de los factores más decisivos en el peso que ha 
mostrado el voto a la antichavista MUD. En esa agrupación política ha encarnado, entre 
otras cosas, la ilusión de esa masa de ciudadanos-consumidores frustrados, deseosos de 
retornar a la "vida normal" de los supermercados llenos de mercancías, en las intensas 
pero fugaces épocas de bonanza petrolera.

Más allá de la polarización entre los bandos, el gran antagonista de estas maquinarias 
políticas hoy en duelo unívoco por el poder, es lo que la socióloga venezolana Margarita 
López Maya ya definió hace varios años como la política de la calle; o, en otras palabras, 
el fantasma de los movimientos de protestas masivas de las comunidades urbanas de fines de 
los 80, reclamando o defendiendo derechos conquistados, sin la mediación del Estado o de 
ningún partido político tradicional o de izquierda, que sólo en 1988 protagonizaron doce 
pobladas y dieron lugar a las jornadas más destructivas de la "vida normal" en Venezuela: 
el Caracazo del 27-28 de febrero de 1989, considerado por muchos la primera gran revuelta 
en el mundo contra la consumación de las políticas neoliberales que luego se 
implementarían en todos lados.

Las dos tendencias que hoy monopolizan el espectáculo electoral en Venezuela tienen su 
origen más lejano en esta acción colectiva anónima instituyente que, frente a la miseria 
generalizada como plan de recuperación económico nacional, dio por respuesta el saqueo 
masivo a los símbolos del consumismo global. Frente a esa decisión popular el mensaje del 
Estado venezolano en febrero del 89 fue muy claro: la represión masiva para aquellos que 
no entendieran la estrenada lírica neoliberal de Carlos Andrés Pérez.

Las energías rebeldes y contestarías que desataron estos hechos, el teniente coronel Hugo 
Chávez supo capitalizarlas, primero en dos fallidas sediciones militares y luego dándoles 
curso en la política al uso, frente al agotamiento del bipartidismo populista petrolero en 
manos de socialdemócratas y socialcristianos de los 70-90, que desembocó en una 
polarización extrema de las desigualdades y en la represión brutal y abierta del Estado 
democrático.

En un momento de desaliento colectivo como el venezolano y mundial de los años 90, Hugo 
Chávez catalizó el renacer de un deseo de justicia, de politización popular inédita en ese 
país, que dio vida a una nueva generación de activistas y militantes sociales que en 
muchos casos se mantiene en activo hasta ahora mismo.

Hugo Chávez fue el vehículo de una fórmula de gobernabilidad rápidamente llamada 
"chavismo", la cual frente al imparable avance de las desastrosas políticas neoliberales 
en casi todo el mundo, ofreció una gran salida de emergencia con 35 programas de inversión 
social del Estado (oficialmente llamados Misiones Bolivarianas), 7 Grandes Misiones y 
otros 3 programas complementarios, pero también a nivel internacional proyectó junto con 
Fidel Castro el ALBA-TCP o Petrocaribe, que ha permitido una alternativa a 15 pequeños 
Estados insulares del Caribe y a precarias repúblicas centroamericanas posponer por varios 
años los graves problemas de la dependencia comercial y energética al petróleo, gas, 
electricidad y desarrollar infraestructuras de procesamiento energético, algo inédito en 
la región.

A Cuba particularmente estos marcos de intercambio le permitieron acceder a 55.000 
barriles diarios de petróleo, lo cual ha significado más de 20 millones de barriles de 
crudo anuales, recuperando en una parte muy considerable los niveles de consumo petrolero 
anteriores a la desaparición de la URSS, con posibilidades de pago sólo con servicios 
médicos, pedagógicos y de formación profesional a personal venezolano.

Pero todas estas positivas novedades que ha traído el chavismo a Venezuela y a nuestra 
sufrida región a inicios del siglo XXI, no son suficientes para entender el gran 
descalabro que estamos viviendo ahora. El chavismo también se ha estructurado sobre 
arraigadas y nefastas continuidades provenientes de la vieja política de la llamada IV 
República que ha intentado superar esta V República bolivariana.

Un testimonio directo de esas nefastas continuidades nos lo ofrece uno de esos tantos 
militantes sociales, que nacieron con el genuino impulso revolucionador que generó el 
chavismo a fines de los años 90, activista sindical en el sector de la salud desde 1997 y 
militante de la Corriente Marxista Revolucionaria, nuestro compa Yohan Rivas, que tuvimos 
el gusto de conocer aquí en La Habana y participar con nosotros en más de una actividad de 
la Red Observatorio Crítico, en una entrevista en el año 2009 señaló sobre la Misión 
Barrio Adentro, una de las misiones insignes de la revolución bolivariana, con gran 
presencia de personal cubano y que ha conocido por experiencia laboral directa: "Barrio 
Adentro lo único que tiene de novedoso es que intenta implementar una política abierta a 
las comunidades pero es la misma estructura burocrática del sistema tradicional, un 
sistema construido desde arriba donde no hay una verdadera participación de abajo, donde 
las comunidades solamente opinan pero no deciden, donde los trabajadores no son tomados en 
cuenta para las decisiones y las políticas públicas en materia de salud son desarrolladas 
desde las cúpulas, no son desarrolladas desde la realidad concreta de cada una de las 
comunidades. (…)Y en lo político, el hospital sigue siendo manejado a la vieja política, 
aun cuando los directivos del hospital se reivindican de la revolución. Sus prácticas son 
aberrantes y siguen siendo las mismas prácticas de clientelismo, burocráticas y de 
corrupción".

En la experiencia de ese activo militante anticapitalista que tuvimos entre nosotros acá, 
el proceso bolivariano no ha dado lugar a la ruptura con "el personalismo que es parte de 
la política venezolana, ese caudillismo que todo tiene que girar en base a un líder (…) y 
que tiene mucho que ver con la política del pasado. Y eso se reproduce con el 
burocratismo, la corrupción, las prácticas clientelares (…) que no han permitido un cambio 
de fondo en las estructuras del Estado. El otro elemento es la partidización, todo se hace 
en base al partido. Es decir, en el pasado si no estabas alineado al partido Acción 
Democrática o COPEI, no te beneficiabas de las políticas del Estado. Hoy en día estamos 
viendo prácticamente lo mismo. Si tú no estás alineado al PSUV o a los aparatos políticos 
partidistas del chavismo, prácticamente no tienes acceso a las políticas públicas. Y eso 
también nos parece que refuta los postulados del socialismo. Contradice lo que uno espera 
de una revolución y nos llega a caracterizar a que algunos elementos del pasado se 
mantienen en el presente".

Marcelo "Liberato" Salinas
http://www.nodo50.org/tierraylibertad/330articulo4.html


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