(ca) anarkismo.net: En Kurdistán norte, un pueblo sin Estado reinventa la política by Erdal Balsak - asistencia editorial de Jean Robert

a-infos-ca at ainfos.ca a-infos-ca at ainfos.ca
Thu Jan 14 16:45:10 CET 2016


El proyecto político que los militantes kurdos proponen al Kurdistán norte (región kurda 
en el territorio nacional turco) y, más allá, a Turquía y a Medio Oriente, es el 
confederalismo democrático, una organización de la vida política basada en la asociación 
libre de municipios, comunas, asambleas populares, cooperativas y asociaciones de mujeres, 
trabajadores o estudiantes llamadas academias. Los tres pilares de este proyecto sin 
fronteras son la ecología, la democracia y la libertad de la mujer. El confederalismo 
democrático se teje progresivamente a partir de “relaciones comunales” entre asociaciones 
de mujeres, movimientos de jóvenes, grupos ecológicos y otras organizaciones cívicas, 
todas y todos autónomos.

En Kurdistán norte, un pueblo sin Estado reinventa la política

Erdal Balsak, con asistencia editorial de Jean Robert

I. Breve exposición de la propuesta política kurda y de la situación del pueblo kurdo en 
Turquía

Los kurdos son un pueblo sin Estado repartido entre cuatro países que son Syria, Iraq, 
Iran y Turquia y una diaspora diseminada en el mundo entero. La población actual de los 
kurdos, incluyendo la diaspora, se eleva a 40 millones de personas.

En Turquía, los kurdos democráticos no anhelan constituirse en un Estado Nación más, 
porque consideran que esta forma política es inevitablemente un “poder desde arriba” que 
aplasta a los pueblos. Para ellos, la nación democrática debe organizarse “desde abajo”, 
como una nación donde quepan muchas naciones o, a la manera de los zapatistas de México, 
como "un mundo donde quepan muchos mundos". Sin embargo, para el movimiento kurdo, la 
abolición de la forma Estado no es un prerrequisito indispensable de la constitución de 
organizaciones democráticas locales, basadas en los municipios, sino más bien al revés. 
Según las condiciones y las tradiciones locales de las diversas regiones de Medio Oriente, 
estas organizaciones son factibles aun bajo el dominio de la forma Estado. En pocas 
palabras, l at s kurd at s son l at s protagonistas de la democracia radical en el Medio Oriente.

El proyecto político que los militantes kurdos proponen al Kurdistán norte (región kurda 
en el territorio nacional turco) y, más allá, a Turquía y a Medio Oriente, es el 
confederalismo democrático, una organización de la vida política basada en la asociación 
libre de municipios, comunas, asambleas populares, cooperativas y asociaciones de mujeres, 
trabajadores o estudiantes llamadas academias. Los tres pilares de este proyecto sin 
fronteras son la ecología, la democracia y la libertad de la mujer. El confederalismo 
democrático se teje progresivamente a partir de “relaciones comunales” entre asociaciones 
de mujeres, movimientos de jóvenes, grupos ecológicos y otras organizaciones cívicas, 
todas y todos autónomos.

Hoy en Turquía, ser miembro del movimiento democrático kurdo, ser adherente, partidario de 
él, o simplemente ser kurdo se está volviendo un motivo de persecución, no solamente por 
el Estado sino, cada vez más, por linchamientos populacheros. Por ejemplo, hace tres 
meses, en varias ciudades turcas, el populacho encendió negocios kurdos, asaltó a sus 
dueños y clientes y vandalizó las oficinas del Partido Democrático de los Pueblos (HDP por 
sus siglas en turco), el partido que recibió más sufragios kurdos en las últimas 
elecciones. La actual situación de indefensión de los kurdos dentro de Turquía evoca 
irresistiblemente esta figura del derecho romano que el filósofo Giorgio Agamben llama 
homo sacer, un hombre cuya persecución no está sancionada por el Estado.

Este artículo es un llamado a la solidaridad internacional en defensa de las comunidades 
kurdas y de su proyecto político.

II. Cambios políticos recientes en el Kurdistán norte y en Turquía

Repartidos entre cuatro países de Medio Oriente, los kurdos tienen historias y 
configuraciones políticas específicas en función de las políticas y de la coyuntura de 
cada uno de los países en los cuales residen. Por ejemplo: Irán cuenta con un Estado 
Regional de Kurdistán con pocos derechos. En Irak, hay un Gobierno Regional de Kurdistán 
que es en realidad una colonia de los mercados internacionales. En Siria, en la región 
conocida como Rojava, grandes territorios kurdos lograron, hace tres años, liberarse del 
Estado sirio y de los invasores ultra conservadores, promoviendo la política de la tercera 
vía (resistencia a la invasión tanto por la economía de Mercado que por el Estado) y 
fundar un gobierno cantonal, autónomo y democrático. En tanto a Turquía, la situación es 
extremadamente complicada. La población kurda de Turquía cuenta con 10-12 millones de 
habitantes, y representa aproximadamente 15% de la población del país.

Políticamente, la cuestión kurda en Turquía se ha modificado drásticamente en los últimos 
años y, sobre todo, meses. Un síntoma de este cambio es la aparición de un inicio de 
fuerza política kurda unida en 2015. En las elecciones de junio de éste año, emergió una 
coalición de fuerzas tanto izquierdistas, liberales y democráticas – por ejemplo las de 
los Alevi - como las de los adherentes al Partido Democrático de los Pueblos (HDP) opuesto 
a toda forma de acción violenta, una coalición que incluye también agrupaciones 
conservadoras y nacionalistas. El Partido de la Justicia y del Desarrollo (AKP) del 
presidente Recep Tayip Erdogan dejó así de contar con el “voto del miedo” de los kurdos 
moderados, que hace poco estaban todavía dispuestos a renunciar a libertades en pro de 
seguridad.

En verano (ed. Julio), el gobierno emprendió acciones militares contra elementos del 
Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) fundado en 1973 por Abdullah Öcalan, 
encarcelado desde 1999 en la isla de Imral? y activo políticamente desde la cárcel. A 
partir de agosto 2015, el gobierno impuso el toque de queda más de cincuenta veces por 
períodos de una a cuatro semanas en siete ciudades con más de quince distritos, cortando 
simultáneamente el suministro de electricidad y los servicios de teléfono y de Internet 
(ver detalles en el mapa al comienzo del artículo)

El 21 de julio 2015, ISIS, el Estado Islámico, reivindicó ataques con bombas-suicidas que 
dejaron 30 muertos en la ciudad turca de Suruc. El 22 de julio, ocurrió un incidente 
oscuro en el distrito de Ceylanp?nar donde fueron asesinados dos policías. Un grupo 
afiliado al PKK atribuyó estos homicidios al PKK, pero éste se deslindó de toda 
responsabilidad. El 24 de julio, el Estado turco mandó bombardear el monte de Qandil, base 
de la guerrilla kurda, acusándola de terrorismo. Al mismo tiempo, el presidente Erdogan 
abrió las bases turcas a aviones y drones americanos y prometió apoyar los bombardeos 
americanos contre el Estado Islámico. Con ello, parece haber logrado que éste considerara 
a Turquía como uno de sus principales enemigos y la meta de posibles ataques. En el 
escenario internacional, Turquía se valió de estas acciones para posar en Estado en lucha 
contra todo tipo de terrorismo.

En la complicada situación política de Turquía, la actuación del presidente es 
particularmente crítica. El gobierno de Turquía es formalmente parlamentario y Erdogan fue 
su primer ministro de marzo 2003 a agosto 2014. Sin embargo, al terminarse su mandato, 
logró hacerse elegir como presidente. Según la Constitución turca, el presidente es no 
partidario y no gobierna. Sin embargo, desde que asumió la presidencia, Erdogan no ha 
dejado de arrogarse poderes de gobierno de tal manera que el gobierno turco, de jure 
parlamentario, se está transformando, de facto, en un régimen presidencial. En una 
situación política que se asemeja a un auto-golpe de Estado en un contexto de guerra 
inminente con un país vecino con él que comparte 822 km (510 millas) de frontera, la 
tensión – agravada por la presencia militar americana - es extremadamente crítica para el 
pueblo turco en su conjunto. Es sobre esta tela de fondo que se debe evaluar la situación, 
aún más crítica, del pueblo kurdo.

Mientras el HDP tiene afiliados en toda Turquía, existe también un partido específicamente 
kurdo, el Partido de las Regiones Democráticas (DBP por sus siglas en turco) que 
representa 103 municipios, todos legales, oficiales, cuyos alcaldes y alcaldesas como sus 
asambleas son elegidas por el pueblo en elecciones democráticas. Sin embargo, el DBP, que 
defiende el socialismo democrático, no puede presentar candidatos en las elecciones por lo 
que los electores que lo apoyan votan por el Partido Democrático de los Pueblos o HDP, que 
funciona así como un partido “paraguas” o un frente de partidos. El pueblo kurdo ve a los 
elegidos del HDP por votos kurdos como sus representantes legales, pero ésta legitimidad 
no ha logrado cambiar las políticas del Estado turco hacia los kurdos.

El gobierno sigue con creces su política de represión violenta del pueblo kurdo. Desde su 
fundación en 1923, la República de Turquía no se ha comportado como una res publica, sino 
más bien como un estado represor de todas las minorías étnicas que viven en su territorio. 
Dentro de éstas, la “minoría” kurda, con casi un quinto de la población del país, ha sido 
particularmente afectada. Desde 1923 a la fecha, el Estado turco ha implementado políticas 
represivas en el Kurdistán norte. Entre 1927 y 1952, gobernó la región kurda mediante 
inspectores generales y bajo una ley de emergencia, levantada entre 1952 y 1980, período 
en él que Turquía sufrió tres golpes de Estado, en 1960, 1971 y 1980. Entre 1984 y 2002, 
se impuso otra vez el estado de emergencia al Kurdistán norte.

Entre 2012 y 2015, tuvieron lugar “diálogos de paz” y negociaciones entre el Estado turco 
y el PKK y, el 28 de febrero de 2015, se proclamaron los Acuerdos de Dolmabahçe para la 
Democratización de Turquía y la Resolución de la Cuestión Kurda. Sin embargo, en marzo 
2015, el presidente de la llamada República de Turquia, Erdogan, interrumpió las 
negociaciones de Paz y desconoció los Acuerdos de Dolmabahçe. Desde entonces, el Kurdistán 
es otra vez el teatro de violencia y de represión política y militar en un país que se 
está volviendo un verdadero polvorín.

Con el desconocimiento de los Acuerdos de Dolmabahçe, se perdió el ámbito de dialogo entre 
los dos campos. El 7 de Julio, tuvieron lugar elecciones generales en las que el Partido 
Democrático de los Pueblos (HDP), con una propuesta de democratización de Turquía 
inspirada en el proyecto de confederalismo democrático propuesto por Abdullah Öcalan, 
logró obtener 80 diputad at s en la Asamblea General (parlamento), con lo que el AKP, el 
partido gubernamental, perdió su mayoría en el parlamento. Pero ni Erdogan ni su partido 
aceptaron los resultados de las elecciones y, en una actitud golpista, paralizaron la 
política en Turquía mediante la promulgación de una Ley para las Operaciones Militares 
contra el PKK y la decisión simultánea de convocar a nuevas elecciones para el 1ero de 
Noviembre 2015. En estas nuevas elecciones, el AKP recuperó la mayoría relativa con un 
porcentaje de 49% mientras que el HDP entraba a la Asamblea General (parlamento) con un 
poco menos de 11% de los sufragios.

Desde el 24 de julio 2015, el Estado turco está atacando al pueblo kurdo en todos los 
espacios, tratando de imponer obediencia y subordinación a los kurdos demócratas en todo 
el país. Actualmente, el gobierno sigue imponiendo el "toque de queda" en distritos y 
ciudades por períodos de diez, quince días y a veces un mes. Acusa a los kurdos de dividir 
el país mediante su promulgación de auto-gobiernos y de autonomía democrática.

III. A manera de conclusión: ¿cómo apoyar la difícil construcción de una “democracia desde 
abajo”?

La situación de los kurdos, que se reparten entre cuatro naciones medio-orientales y una 
diáspora importante, se parece a la de los pueblos originarios, indígenas o nativos de 
otros países. Como muchos de ellos, los kurdos, cuyos ancestros, emparentados con los 
persas y los medos, ya se reportan en Medio Oriente miles de años atrás, fueron 
sucesivamente invasores e invadidos. Otros ancestros de ellos fueron parte de las hordas 
llamadas “kurganas”, “iránicas” o “arias” que invadieron el norte de la India y la “Vieja 
Europa” durante el segundo milenio antes de la era cristiana y les impusieron sus lenguas 
– llamadas indoeuropeas -, sus instituciones, el cultivo del trigo, el caballo, el 
patriarcado y parte de sus mitos. Los que permanecieron en lo que es ahora el Kurdistán 
norte fueron invadidos, a principio de la era cristiana, por grupos emparentados con los 
hunos y ancestros de los turcos modernos.

Las disputas sobre “quien llegó primero” y “quien conquistó a quien” tienen hoy poco 
sentido político. El recuerdo de ésta historia mal documentada de la que se tienen 
principalmente testimonios lingüísticos – por ejemplo los evidentes parentescos entre los 
idiomas iraní, sanscrito, kurdo y, digamos, gaelico, español, ruso o alemán - permite 
principalmente desmentir el calificativo de “turcos de la montaña” con él que el Estado 
turco pretende denominar a los kurdos. Permite también entender porqué los kurdos nunca 
tuvieron su propio Estado-Nación: en los tiempos de la génesis de esta forma política 
relativamente reciente, los kurdos eran parte de imperios dominados por grupos étnicos 
diferentes.

Parte del genio político de los kurdos contemporáneos consiste en no reivindicar la forma 
Estado-Nación en un momento en que esta forma, falsamente considerada como universal e 
inevitable, se encuentra en una crisis evidente y es una de las principales causas de 
violencia entre y en los pueblos, la principal, de acuerdo al pensador hindú Ashis Nandy. 
De ahí su capacidad – comparable a la de los indígenas de México – de proponer formas de 
organización política novedosas y liberadoras. Una forma de apoyarlos es perseguir su 
reflexión política en nuestros propios contextos. Deben existir otras formas, que 
invitamos a los lectores a encontrar.

http://www.anarkismo.net/article/28963


More information about the A-infos-ca mailing list