(ca) anarkismo.net: En contra del Dios-Emperador: las ejecuciones de anarquistas en el Japón (1911) by Stefan Anarkowic Traducción de José Antonio Gutiérrez D.

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Thu Jan 14 16:44:53 CET 2016


El siguiente folleto es parte del intento de recuperación de la memoria histórica que en 
anarkismo.net hemos venido realizando sobre el anarquismo en el Lejano Oriente, 
particularmente en China, Japón y Corea. Este folleto, trata de uno de los momentos más 
traumáticos en la historia del movimiento libertario nipón: la ejecución de 12 
anarquistas, en 1911, en un caso conocido como "el caso de Alta Traición". Entre las 
víctimas de esta ejecución masiva, estaba el anarquista japonés Kôtoku Shûsui, dinamizador 
del movimiento obrero y uno de los fundadores del movimiento libertario en el Japón. Los 
anarquistas fueron acusados de haber complotado para asesinar al Emperador Meiji (cuyo 
nombre real era Mutsuhito). Este emperador había presidido la notable modernización 
autoritaria del país, que en algunas décadas, se convirtió en una potencia industrial y un 
país capitalista de avanzada, a la vez que se mantenían formas arcaicas de Estado, un 
imperio donde el emperador era a la vez Dios. Eso convertía a cualquier forma de 
disidencia en una blasfemia y un acto contra la deidad. El precio de esta modernización 
autoritaria, se pagó en sangre por parte del campesinado y los obreros japoneses.

Dentro de esa transición y acentuación de la explotación de las masas populares, es que 
surgió el movimiento socialista y el anarquismo en el Japón. Este documento, retrata la 
lucha titánica librada por un puñado de mujeres y hombres que en esas condiciones 
totalmente adversas, libraron una batalla frontal en contra del Dios-Emperador y la 
opresión inimaginable sufrida por las clases populares. Tras su ejecución, el mensaje de 
estos revolucionarios, se convirtió en un movimiento que enfrentó heroicamente la 
arremetida reaccionaria que, eventualmente, llevó al Japón a convertirse en un país 
fascista y de un imperialismo extraordinariamente agresivo. Este artículo, se suma a uno 
anterior sobre este mismo caso de “Alta Traición”, escrito por Hippolyte Havel y publicado 
en la revista anarquista de EEUU Mother Earth (Vol. V, No. 12, Febrero 1911).

Este folleto, hasta ahora solamente disponible en inglés, fue publicado originalmente por 
la Kate Sharpley Library (K.S.L.) en Londres en 1994 (re-impreso en 2002), y nuevamente 
republicado por Black Powder Press en el 2009. Ahora lo compartimos por primera vez en 
castellano.

Traducción e introducción:
José Antonio Gutiérrez D.
Enero 2016

En contra del Dios-Emperador

Stefan Anarkowic

Taigyaku Jiken: “El caso de Alta Traición”

El 18 de Enero de 1911 se escuchó en una corte japonesa el grito de “Museifu Shugi Banzai” 
(¡Viva la Anarquía!). Quien gritaba era Kanno Suga, una de los 26 acusados, de los cuales 
24 serían condenados a la horca, mientras los otros dos recibían condenas de 8 y 11 años 
respectivamente. Respondía así a la pena capital que sobre ella caía. Los acusados fueron 
condenados por conspirar para asesinar al emperador japonés, caso que fue conocido como el 
“Caso de Alta Traición” (Taigyaku Jiken).

Una serie de audiencias preliminares al juicio comenzaron el 10 de Diciembre: los acusados 
fueron permitidos una oportunidad para entregar su visión, y todos los testigos de la 
defensa fueron rechazados por el juez. Cuando el juicio comenzó fue de carácter secreto, 
lo cual impidió a los acusados utilizarar el banquillo de los acusados como plataforma 
desde la cual predicar sus ideas, y así prevenir que se convirtieran en mártires o figuras 
públicas; además, desde la perspectiva de Yamagata Arimoto, el arquitecto de la teoría 
conspirativa del Estado, la sola idea de un juicio público representaba un insulto hacia 
el trono. El fiscal, Hiranuma Kiichiro (del cual veremos muchas cosas más adelante, junto 
con Yamagata) revisó foja tras foja de evidencia, y dictó la pena capital el 25 de 
Diciembre de 1910. Los abogados defensores tuvieron tan sólo tres días para presentar el 
caso de todos los acusados, entre el 27 y el 29 de Diciembre. La decisión de los jueces 
fue unánime.

La protesta y las manifestaciones internacionales que se sucedieron en Europa y 
Norteamérica[1] fueron tales que el 19 de Enero doce de los condenados vieron sus penas 
conmutadas por cárcel de por vida, según un decreto imperial. Sin embargo, a las 8 am el 
24 de Enero de 1911, once de los condenados fueron ahorcados; Kanno Suga fue ahorcada al 
día siguiente, mientras gritó desde el cadalso “¡Banzai!”. Aquellos que recibieron cadena 
perpetua sufrieron una disciplina brutal: Takagi Kennei murió en la prisión de Chiba en 
1914 y Okabayashi Toramatsu enloqueció en la prisión de Nagasaki; otros intentaron suicidarse.

Los nombres de aquellos asesinados por la ley, son: Kotoku Shusui; Kanno Suga; Morichika 
Umpei, antiguo editor del Osaka Heimin Shimbun; Niimura Tadoa, campesino y periodista 
autodidacta; Myashita Takichi, obrero fabril; Furakawa Rikisaku, jardinero; Okumiya 
Tateyuki, activista veterano del movimiento por los derechos populares; Oishi Seinosuku, 
doctor de Kotoku; Naruishi Heishiro, tendero; Matsuo Uita, periodista; Niimi Uichiro, 
periodista; y Uchiyama Gudo, sacerdote Zen. Sus edades fluctuaban entre los 55 años de 
Okumiya, Oishi que tenía 45, Kotoku que tenía 41, y Niimura y Furukawa, que tenían 25 y 28 
años respectivamente[2].

Se ha argumentado que lo que el gobierno “ha hecho para manufacturar esta conspiración fue 
mezclar tres casos, completamente diferentes, esperando de esta manera dar un golpe al 
movimiento que éste no olvidaría. Estos tres casos eran, uno, el verdadero ‘grupo de 
asesinato’, el cual involucraba a cuatro personas; por otra parte, estaban las acciones 
editoriales clandestinas de Uchiyama Gudo; y por otra, estaba la relación médica y 
personal entre Kotoku y el doctor Oishi Seinosuku, quien una vez se juntó con Morichika 
Umpei a discutir la ‘naturaleza de la revolución japonesa’. Ninguno de los protagonistas 
de estos tres casos sabía lo que hacían los otros, y no hubo ninguna conspiración excepto 
en la mente de ciertos políticos reaccionarios”[3]. ¿Cuáles fueron, entonces, los eventos 
de esa época?

El 25 de Mayo de 1910, Miyashita Takichi, Niimura Tadao, Nitta Toru y Furukawa Rikisaka, 
fueron arrestados luego que la policía encontrara un depósito con materiales para elaborar 
explosivos, los cuales habían sido obtenidos por Miyashita. Kanno Suga ya estab en prisión 
desde el 18 de Mayo, al no pagar una onerosa multa por violar la ley de censura, por lo 
cual no había necesidad de arrestarla. Kotoku fue arrestado el 1º de Junio y enviado a la 
prisión de Ichigaya en Tokio. Esto conllevó a más arrestos, interrogatorios y torturas, 
literalmente, para cientos de anarquistas y socialistas. De los interrogatorios previos al 
juicio y de los testimonios del juicio, resulta evidente que el gobierno podría haber 
realizado los arrestos mucho antes, pero que los retrasaron a fin de “incriminar” a la 
mayor cantidad posible de personas[4].

Existe consenso en que Kanno, Miyashita, Niimura, y probablemente otros dos o tres 
acusados, estuvieron de hecho involucrados en un complot. De hecho, los tres habían 
sorteado el 17 de Mayo quien arrojaría la primera bomba; Kanno había ganado el sorteo y 
sería quien atentaría en Agosto, después de salir de la prisión. Kotoku se convirtió en el 
“punto de conexión” entre todos los acusados. La parte acusadora alegó que Kotoku había 
enseñado a Miyashita a fabricar bombas, información que él mismo habría recibido de 
Okumiya Kenshi y sus amigos, todos quienes habían tomado parte activa en el “Movimiento 
por los Derechos Populares” en el 1880[5]. Kotoku había comentado un artículo de Oishi en 
el Shakai Shimbun (Noticias Sociales) en Julio de 1907, y luego de eso se habían hecho 
amigos. Durante un viaje de Nakamura a Tokio, en Julio de 1908, tras terminar su 
traducción de “La Conquista del Pan” de Kropotkin (la cual fue publicada de manera 
clandestina en Enero de 1909), pasó a ver a Oishi. Oishi se alarmó tanto por el estado 
físico de Kotoku, que que le recomendó, en su condición de doctor, un mes de reposo 
absoluto. Kotoku se negó y prosiguió, yendo a visitar a Uchiyama en Hakone. Éste tenía una 
de las varias imprentas clandestinas y había publicado, clandestinamente, entre otras 
cosas, el folleto del anarquista alemán Arnold Roller “La Huelga General Social” en 1907. 
Este folleto[6] había sido obtenido por Kotoku cuando estuvo en San Francisco en 1906, 
donde terminó por convertirse al anarquismo por la influencia personal de Albert Johnson, 
y por los escritos de Kropotkin. Este folleto, junto con la noción de acción directa de 
Kotoku que emanaba de su anarquismo, pavimentó el camino al anarcosindicalismo en el 
Japón. Fue publicado en el Shorai no Keizan Shoshiki (El Sistema Económico del Futuro)[7].

La policía misma estaba en conocimiento de que no eran más de cinco individuos los que 
estaban involucrados en el complot: Kanno, Kotoku, Miyashita, Niimura y Furakawa[8]. 
Furakawa se había salido algunos meses antes de Mayo de él, y según el testimonio de Kanno 
durante el juicio, Kotoku no solamente había rechazado el complot el Enero previo (1910), 
sino que esa primavera, ni siquiera se atrevieron a mencionarlo frente a él, para que no 
les diera un “sermón en reproche”[9]. Sin embargo, la pena capital era obligatoria aún 
para quienes desearan el daño al emperador japonés. En un sentido técnico, por tanto, los 
cinco podían ser considerados culpables; pero esto no era el caso de los otros 21 
acusados, y claramente eximía de responsabilidad a los otros cientos de arrestados, 
encarcelados y torturados. Parte del diario de la prisión de Kanno, que fue descubierto en 
la década del 1950, escrito entre el juicio y su asesinato, absuelve a todos los otros 
inculpados: “¡Oh, mis pobres camaradas y amigos! La mayoría de ellos han sido inculpados 
de manera infeliz por un plan ideado por 5 ó 6 personas. Dado al hecho de que nos 
conocían, se han visto forzados al martirologio”[10].

Las actas del juicio no fueron hechas públicas sino hasta medio siglo después, en 1963, y 
aún entonces, sólo de manera parcial. Con ellas, se pudo comporbar de manera fehaciente 
que este caso fue una conspiración del Estado. Se desprende de ellas que “las 
implicaciones tras el juicio, fueron dirigidas al corazón de todos los que entretenían 
simpatías con las ideas radicales. Kotoku y los otros acusados, habían sido ahorcados por 
el ‘intento’ de hacer daño al emperador. En otras palabras, fue por sus ideas que habían 
sido enjuiciados, y los intelectuales radicales fueron al mismo tiempo desconcertados y 
escarmentados. Solamente un lustro más tarde el movimiento anarquista y los movimientos 
socialistas en el Japón se habrían repuesto de este amargo golpe. Mientras, en el período 
conocido como el ‘invierno del socialismo’, el movimiento socialista desapareció por 
completo”[11].

El Mito del Emperador

Para entender por qué este puñado de personas adoptó este curso para desarrollar la 
acción, debemos comprender las condiciones sociales y políticas de ese entonces, y de esta 
manera, debemos conocer los métodos cobardes y bárbaros que la clase dominante japonesa 
utilizó para suprimir el descontento. Hasta ahora, hemos mostrado cómo el Estado japonés 
utilizó de manera deliberada el incidente conocido como Taigyaku Jiken para ciertos 
propósitos –arresto, tortura, asesinato e intimidación- y para esto nos basamos en 
documentos entregados por el mismo Estado japonés: las actas del juicio. Sin embargo, esto 
no es suficiente para entender por qué unos pocos individuos buscaron asesinar a una 
persona (a un emperador); ni por qué tal política fue considerada necesaria; ni tampoco, 
si había otras vías de acción disponibles.

Miyashita Takichi era un operario en una industria textil en Akeshina, en la prefectura de 
Nagano, a tres horas en tren de Tokio. Tras haber concluido su educación primaria, 
aprendió el manejo de las máquinas mientras trabajaba en varias fábricas. En Enero de 1907 
conoció al Heimin Shimbun(El Periódico de las Masas) y visitó a Kotoku, quien era su 
director. En 1908, Uchiyama Gudo publicó un artículo titulado “Nyugoku Kinen, Museifu 
Kyosan” (En conmemoración de los presos del comunismo anárquico), con motivo de la 
sentencia en contra de los acusados por el Akahata Jiken (El incidente de la bandera roja) 
–el cual será discutido más adelante. En este artículo, Uchiyama expresa su desprecio por 
el emperador, entre otras personas: “son unas garrapatas chupasangres –el emperador, los 
ricos, los terratenientes”. Myashita se había convertido al anarquismo después de haber 
leído las publicaciones clandestinas de Uchiyama, el Heimin Shimbun, el Kinsei 
Museifushugi (El anarquismo moderno) de Kemuriyama Sentaro, publicado en 1902, y después 
de oír a Morichika Umpei hablar de los orígenes sanguinarios de la familia imperial.

Miyashita había hecho no pocos intentos de organizar a sus compañeros de trabajo, pero se 
desilusionó cuando cada huelga que organizaba era suprimida de la manera más violenta por 
la policía. Además, mientras sus compañeros de trabajo estaban de acuerdo con él en cuanto 
a las injusticias del gobierno, sentía que había un muro impenetrable de superstición en 
torno a la figura del emperador. Esto resultó evidente el 10 de Noviembre de 1908, cuando 
el emperador iba a pasar en tren por la estación de Obu. Él se puso a distribuir el 
folleto de Uchiyama y a discutirlo, para darse cuenta que no sólo cualquier crítica al 
emperador era rechazada de antemano, sino que cuando la policía dio la orden que nadie 
trabajara en los campos adyacentes, los campesinos y los obreros acataron gustosamente la 
orden. Desde este momento, él se resolvió a asesinar al emperador, para acabar con el mito 
de la divinidad imperial.

El 13 de Noviembre de 1908, Miyashita escribió a Morichika expresando sus convicciones de 
que el emperador debía ser asesinado para que el socialismo pudiera progresar en el Japón. 
Morichika mostró esta carta a Kotoku. El 13 de Febrero de 1909 Miyashita visitó a Kotoku, 
alojándose en las oficinas del Heiminsha, donde expresó una vez más su convicción de que 
el emperador debía ser eliminado, siendo la mejor manera para conseguirlo “la elaboración 
de bombas… para ser arrojadas al carro imperial”[12]. Kotoku estuvo de acuerdo con el 
razonamiento de Miyashita en lo relativo al emperador, y añadió que: “tales medidas serán, 
sin lugar a dudas, necesarias; desde ahora surgirán individuos que se asegurarán que tales 
medidas sean llevadas a efecto”[13]. Miyashita escribió a Kotoku el 25 de Mayo de 1909, 
detallando lo avanzado de sus actividades para la elaboración de bombas, a la vez que 
confirmaba su disposición a “morir por la causa”. A comienzos de Junio, visitó las 
oficinas del Heiminsha nuevamente y discutió sus ideas sobre cómo llevar a efecto el 
asesinato con Kotoku y con Kanno Suga. Kotoku recomendó a Niimura y a Furakawa como dos 
personas de la más plena confianza y de “ideas firmes”. El último de ellos, había conocido 
a Niimura el Febrero pasado, durante una visita al Heiminsha, y Miyashita dio a conocer 
sus ideas sobre el asesinato a Niimura, quien estuvo inmediatamente de acuerdo.

Niimura se decidió a visitar a Kotoku en Febrero, después de que Kotoku saliera de la 
prisión de Maebashi por violar las leyes de prensa con su periódico socialista Tohoku 
Hyoron. Sin trabajo, se alojó en las oficinas del Heiminsha, hasta que Kotoku le consiguió 
un trabajo en la farmacia de Oishi, en Shingu. Miyashita le escribió en Junio de 1909, 
diciendo que había comenzado a experimentar en la elaboración de explosivos. Había 
obtenido dos libras de sandáraca de un amigo, con el pretexto de refinar acero a partir 
del hierro. Tras consultar una enciclopedia y de conversar con un amigo que trabajaba en 
una fábrica de explosivos, se dio cuenta que diez partes de clorato de potasio y cinco 
partes de monosulfuro de arsénico, podían provocar una explosión poderosa. Sin embargo, 
estos químicos eran difíciles de obtener, y conciente de que había agotado el límite de 
aprovisionamiento seguro, escribió a Niimura que le consiguiera más materiales.

En Julio o Agosto, consiguió 1 libra de clorato de potasio a través de una farmacia, y en 
Septiembre, se consiguió un molino para moler la sandáraca a través de un amigo de Niimura 
(el hermano mayor de Niimura, quien no estaba al tanto de nada de esto, pero que había 
echado el ojo a Miyashita durante una de estas actividades, recibió ocho años de cárcel). 
Un compañero de la fábrica de Miyashita, Milita Yasura, ayudó a elaborar unas cinco latas 
de zinc de aproximadamente 2,38 por 1,19 de diámetro, por lo cual Milita recibió diez años 
de prisión.

Durante las primeras semanas de Septiembre de 1909, Kanno, Kotoku y Niimura discutieron la 
mejor manera de asesinar al emperador. Niimura, entusiasmado, visitó inmediatamente a 
Miyashita para contarle de esto, solamente para darse cuenta que los experimentos de éste 
habían sido infructuosos. Se necesitaban de más químicos y en lo posible, hablar con 
alguien que haya hecho una bomba exitosa. Niimura comentó esto a Kotoku; pero no fue sino 
hasta que Okumiya Tateyuki, de casualidad, visitó a Kanno en la oficina del Heiminsha, a 
mediados de Octubre, que Kotoku pensó seriamente sobre los pedidos de Miyashita.

Okumiya había estado involucrado en el “Movimiento por los Derechos Populares” cuando 
joven, donde se utilizaron explosivos en varias ocasiones, con lo cual Kotoku intuyó que 
algo debía saber sobre ellos. Él dijo no saber nada, pero conocía una persona que había 
fabricado las bombas utilizadas en el Incidente de Osaka y se comprometió a preguntarle. 
Okumiya facilitó entonces una nueva fórmula química con detalles sobre su uso, los cuales 
fueron entregados con celeridad de Kotoku a Miyashita a través de Niimura. Con esa nueva 
fórmula, una explosión exitosa tuvo lugar en las montañas cerca de Matsumoto, el 3 de 
Noviembre de 1909. Irónicamente, el ruido de la explosión de Miyashita fue ahogado por el 
ruido de los fuegos artificiales que conmemoraban ese día el natalicio del emperador[14].

Era, entonces, evidente que el sistema del emperador-dios era universalmente aceptado en 
el Japón. Las penurias de los campesinos y obreros eran vistas como necesarias para la 
mayor gloria del dios en el palacio imperial. La analogía con el cristianismo, donde el 
sufrimiento en esta vida será recompensado en la otra vida, no puede pasar desapercibida. 
Más adelante volveremos a esta cuestión, pero Miyashita, quien había sido influido por los 
populistas rusos y su compromiso con el regicidio, claramente no creía en nada de esto. 
Había leído sobre los populistas en el libro de Sentaro, y las similitudes entre la 
autocracia feudal de ambos países se le hacía bastante clara.

Más aún, parecía existir una aceptación generalizada que el anarquismo (y el socialismo) 
japonés pasaría por una fase de “terrorismo” (de actos individuales), principalmente 
debido a la severidad de la represión (terrorista) del Estado. Arahata Kanson, en Yanaka 
Mura Metsubo Shi (Historia de la destrucción del poblado de Yanaka) publicado en Agosto de 
1907, el cual trata de la contaminación del poblado de Yanaka por los desperdicios de la 
mina de cobre de Ashio, y de la lucha de los pobladores por ser compensados, la cual fue 
enfrentada con engaños y represión por parte del Estado, dice que: “Miremos hacia el día 
que, con certeza ha de venir, en el cual cobremos nuestra venganza, usando exactamente los 
mismos métodos que ellos han usado en contra del poblado de Yanaka”[15].

Kotoku, en una carta a Albert Johnson, también creía que una fase “terrorista” sucedería: 
“Japón ya ha producido socialdemócratas y anarco-comunistas, ahora producirá muchos 
partidarios de la acción directa, anti-militaristas, partidarios de la huelga general e 
incluso, terroristas”[16]. Sin embargo, esta creencia, o predicción, no prueba su 
culpabilidad; ni tampoco es prueba de su complicidad en un complot para asesinar a nadie. 
El caso de la parte acusadora, convirtió a Kotoku en el centro de las actividades, el 
“punto de enlace”, lo que en realidad se traduce como culpabilidad por asociación. Es 
cierto que Kotoku conocía personalmente a Miyashita desde Febrero de 1908; a Oishi desde 
Julio de 1907, quien era su médico de cabecera; a Uchiyama Gudo, quien no sólo era su 
amigo sino la persona que imprimía clandestinamente muchas de sus obras; a Niimura Tadao y 
a Furakawa Rikisaku, ambos miembros del Heiminsha; y también conocía a Kanno Suga, quien 
había trabajado con Kotoku en labores editoriales, a la vez que vivía con él, siendo su 
amante. Con certeza que el complot fue discutido en las oficinas del Heiminsha en el 
distrito de Sendagaya en Tokio, y Kotoku, quien volvió a abrir el antiguo Heiminsha, se 
había convertido en un polo de atracción al ser uno de los pocos militantes radicales que 
no estaban en prisión y que aún estaba dispuesto a defender públicamente sus ideas. En ese 
sentido, Kotoku era visto, frecuentemente como un mentor por los anarquistas y los 
socialistas; pero era visto, también, como un cabecilla por parte del Estado. Es esta 
diferencia de percepciones la que costaría a Kotoku, y a varios más, su vida; además, las 
políticas represivas del Estado japonés, que imponía onerosas multas y términos en cárcel 
a cualquiera que hablara demasiado, hicieron que Kotoku y los otros fueran de los “pocos 
que quedaban fuera”. También le costó la vida la reacción de algunos anarquistas a la 
represión y al sistema imperial.

¿Por qué Kotoku?

Los gobernantes del Japón tenían también razones personales para ensañarse con Kotoku, una 
especie de vendetta con la cual silenciarlo. Seis años antes de asesinarlo, el Heimin 
Shimbun había sido finalmente suprimido por “ofensas a la moral pública”, al haber 
publicado una traducción al japonés del “Manifiesto del Partido Comunista” de Marx y 
Engels. El periódico hacía parte del movimiento contra la guerra, en momentos en que la 
guerra ruso-japonesa destruía innecesariamente miles de vidas. Kotoku y Nishikawa Kojiro, 
los editores del periódico, recibieron sentencias de cinco años y siete meses de cárcel 
respectivamente, y sus imprentas fueron confiscadas. Kotoku pasó de Febrero a Julio de 
1905 en la prisión de Sugamo, donde leyó el libro de Kropotkin “Campos, Fábricas y 
Talleres”, junto a otra literatura anarquista y anti religiosa. El 10 de Agosto de 1905, 
en una carta a Albert Johnson, dice que: “De hecho, yo fui (a la prisión de Sugamo) siendo 
un socialista marxista, y salí convertido en un anarquista radical”[17]. Aún cuando la 
inmediatez de esta afirmación pueda ser puesta en duda[18], es cierto que sus ideas 
estaban en un estado fluído y que muy pronto su conversión tuvo lugar.

Fue mientras estaba en prisión que se comenzaron a manifestar los comienzos de una 
tuberculosis intestinal, y debido a que el Heiminsha estaba atravesando dificultades 
económicas bastante graves, y debido a que su otra publicación reciente, Chokugen 
(“Diálogo Directo”), había sido prohibida, es que manifestó su intención de salir del 
país. El 14 de Noviembre de 1905 se embarcó con destino a Seattle en los Estados Unidos, 
donde se encontró con Iwasa Sakutaro –quien más tarde sería otro anarquista influyente- 
quien lo llevó a San Francisco. Ahí conoció en persona a Albert Johnson, a miembros de la 
IWW, y al equipo de “Mother Earth” (Madre Tierra), así como a miembros de una rama local 
del Heiminsha. Entre los radicales de Oakland, donde se hizo muy conocido, se reunía con 
socialistas de todos los pelajes y ayudó a organizar a los estudiantes e inmigrantes en un 
Shakai Kakumeito (Partido Social Revolucionario). Al poco tiempo, aparecía una revista 
bilingüe llamada Kakumei (Revolución).

Su familiarización con la acción directa como guía hacia la Huelga General, la brutalidad 
policial y su desencanto con la “democracia” paralamentaria norteamericana, así como su 
experiencia del apoyo mutuo y de una economía desmonetarizada durante el terremoto de San 
Francisco de 1906, fueron todos factores que lo convencieron de la viabilidad del 
Comunismo Anárquico. El 5 de Junio de aquel año, se embarcó de regreso al Japón para 
ayudar con las labores del periódico del recientemente formado Nihon Shakaito (Partido 
Socialista Japonés).

Ese partido obtuvo su reconocimiento legal en Febrero de 1906 y las explosiones de 
descontento social posteriores a la guerra fueron otro acicate que estimuló su regreso. El 
programa de este partido, sin embargo, era eminentemente parlamentarista: “Socialismo en 
los márgenes permitidos por la ley”. Cuando se le invitó a hablar a una conferencia el 28 
de Junio, su charla versó sobre “La Marea Mundial del Movimiento Revolucionario”, en la 
cual denunció al electoralismo, a los “tibios reformistas” y propugnó por la acción 
directa con miras a la Huelga General y la Revolución Social. Esto llevó a la escisión, 
pero el precario estado de salud de Kotoku lo forzó a retirarse a reposar a Nakamure. 
Exactamente lo que los amos del Japón temían que ocurriera, fue lo que ocurrió por fin: 
las ideas “peligrosas” de Occidente, llegaron a las costas japonesas,

Durante su ausencia, los parlamentaristas trataron de ganar terreno, pero un plan para 
aumentar las tarifas del tranvía de Tokio en Abril, en época de recesión, llevó a que 
miles de personas, espontáneamente, marchasen hacia los edificios de la compañía y 
atacaran oficinas del gobierno, rompiendo los ventanales de los automóviles que 
encontraban a su paso. En Septiembre, el aumento se introdujo de manera silenciosa y se 
organizó un boicot contra éste. A Kotoku se le pidió que volviera a Tokio para referirse a 
esta ola de descontento en el periódico. El 5 de Enero de 1907 apareció el Heimin Shimbun, 
que vendió 30.000 copias en su primera edición. La policía, alarmada, llamó a una reunión 
de jefes de policía locales, a quienes también les escandalizaba la publicación de Kakumei 
en Oakland, que en su edición de Diciembre de 1906 prometía derrocar a los “Mikados, reyes 
y presidentes”. Esto había provocado un escándalo en California y consternación en el 
Japón. El vínculo entre ambas iniciativas era Kotoku.

El 4 de Febrero, 3.600 campesinos atacaron la minera de cobre Ashio por la contaminación 
de su región; casi destruyeron la mina y todos sus equipos. Solamente se logró aplastar la 
rebelión con el apoyo de 6.000 tropas de fusileros y sables. Al día siguiente, Kotoku 
publicaba en el Heimin Shimbun, en portada, un artículo titulado Yoga Shiso no Henka (“Mi 
cambio de parecer –sobre el sufragio universal”). Este era un claro manifiesto por la 
acción directa, por el comunismo anárquico y por la Revolución Social, basado en las ideas 
de “La Conquista del Pan” de Kropotkin[19]. La conferencia del partido del 17 de Febrero 
de 1907, presenció los furiosos ataques de Kotoku contra el parlamentarismo, cuyas 
posiciones ganaron 22 votos, con 2 votos en contra. Entonces, se aprobó una moción 
“legalista” con una mayoría de 6 votos, pero ya que proponía “elevar la conciencia de 
clase de los obreros y ayudarles a forjar lazos solidarios”, mantenía un énfasis 
militante. Más de la tercera parte de los delegados aceptaban el anarcosindicalismo, y 
Kotoku consiguió derogar la cláusula del partido del programa que versaba sobre “los 
márgenes permitidos por la ley”. Este repudio a la legalidad, en momentos de agitación 
obrera, llevó a que Yamagata Aritomo declarase ilegal al Nihon Shakaito el 22 de Febrero, 
y que se condujeran acciones legales en contra del órgano del partido por reproducir el 
artículo de Kotoku, así como el informe de la conferencia. El periódico finalmente cesó de 
publicarse el día 14 de Abril, tras 75 ediciones, ya que varios de sus editores estaban en 
prisión y el resto estaban divididos. En cosa de dos meses, el Osaka (más tarde Nihon) 
Heimin Shimbun se convirtió en el vocero de los partidarios de la acción directa, bajo la 
dirección de Morichika Umpei, hasta su clausura en Mayo de 1908.

El faccionalismo pronto degeneró en calumnias mutuas y en asociaciones rivales: los 
partidarios de la acción directa se reunían en la Kinyo Kai (Sociedad del Viernes) y los 
reformistas en la Doshi Kai (Sociedad de Camaradas). Kotoku volvió a Tokio desde las 
termas de Yugawara en otoño y ayudó a a la formación de la Kinyo Kai. En Septiembre, se 
mudó a Tosa para terminar traducciones de Roller y Kropotkin que había comenzado en 
Yugawara, pero principalmente para hacer una gira en las poblaciones locales para 
resucitar el espíritu de rebelión de hacía cuarenta años, cuando se produjeron cambios 
revolucionarios: el cambio de emperador y de era, de Tokugawa a Meiji, cambio que abrió a 
Japón a las influencias occidentales.

Una Carta Abierta

El 3 de Noviembre de 1907, en California, en el día del natalicio del emperador, una 
“Carta Abierta a Mutsuhito, Emperador del Japón, de Parte de los Anarquistas Terroristas”, 
escrita en japonés, fue clavada en la puerta del consulado japonés en San Francisco. Este 
folleto, Ansatshugi (Terrorismo), fue traducido al inglés, francés y alemán y ampliamente 
difundido.

Era un ataque abierto al emperador en todos los sentidos. Al emperador se le llamaba en el 
documento sokka, una forma neutral y, por lo mismo, altamente irrespetuosa de decir “tú”, 
así como también se le llamaba por su nombre, lo cual, por convención, jamás debía ser el 
caso. Rechazaba el dogma oficial de que era descendiente de los dioses, y decía que, al 
igual que el resto de las personas, era descendiente de los primates. Al igual que sus 
ancestros, había llegado al poder por medios “perversos”, era un “asesino premeditado” y 
un “carnicero” que había esclavizado al pueblo japonés. Reclamaba la necesidad del paso de 
la propaganda al asesinato, tal cual había ocurrido en Francia y en Rusia (en esa época) y 
que esta no era una amenaza sin bases.

“¡Mutsuhito, pobre Mutsuhito! Tu vida casi se acaba. Las bombas te rodean y están a punto 
de explotar. Este es tu adiós.

3 de Noviembre, 1907.
Tu cumpleaños”[20]

Los orígenes de la carta fueron trazados hasta el Partido Social Revolucionario que Kotoku 
había ayudado a formar un año antes. Pese a que él negó cualquier vínculo con esta carta, 
y no existe evidencia que así lo demuestre, las palabras usadas y el sentimiento en ella, 
son sin lugar a dudas, suyos. Kotoku no podía ser responsabilizado de manera directa por 
ella; y los autores de la carta, Iwasa Sakutaro y Takemouchi Tetsugoro, tampoco podían ser 
deportados, pues ellos declararon haberse radicalizado en los EEUU, bajo la influencia del 
escritor Jack London, y por lo mismo, no eran “indeseables” al momento de ingresar al 
país. Por mucho que fuera el desagrado de las autoridades japonesas hacia Kotoku, desde 
este momento, se convirtió en odio abierto. Yamagata Aritomo llevó personalmente la carta 
al emperador, y es necesario mencionar que no fueron pocas las personas que renunciaron o 
se suicidaron por “fallar en su deber” al emperador. Por este ataque personal, alguien 
debía ser responsabilizado. Esa persona sería Kotoku.

Este caso cambió la actitud del gabinete de Saionji tanto hacia los anarquistas como hacia 
los socialistas, lo cual se tradujo en penas más severas y un creciente acoso policial. 
Durante una reunión de la Kinyo Kai (Sociedad del Viernes), el día 17 de Enero de 1908, 
observadores de la policía ordenaron que la reunión se suspendiera debido al tópico que se 
debatiría, la “Utopía” de Tomás Moro. Osugi Sakae, Sakai Toshihiko y Yamakawa Hitoshi 
ignoraron la orden y procedieron con la reunión. La policía la suspendió por la fuerza. 
Aquellos que se quedaron, reclamaron a la policía, luego se apagaron la luz y comenzó la 
pelea. Osugi se subió al techo y comenzó a protestar dirigiéndose a los transeúntes, hasta 
que fue controlado por la policía. Entonces, otros tomaron su lugar, siendo la respuesta 
policial idéntica: más brutalidad. Seis de ellos fueron detenidos en la comisaría local 
por unos 30 policías, pero, de manera inesperada, la muchedumbre del barrio intentó 
liberarlos mientras objetaban al comportamiento injustificado de la policía. Osugi recibió 
45 días de prisión, y los demás entre 30 y 60 días. Este evento es conocido como el Okuju 
Enzetsu Jiken (“Incidente de los discursos del techo”).

Para Yamagata y su pandilla militar, estas penas eran demasiado benevolentes y prepararon 
la caída de Saionji. Esa oportunidad llegó cuando la policía produjo el Akahata Jiken 
(“Incidente de la Bandera Roja”) del 22 de Junio de 1908. Ese día, hubo un acto de 
recibimiento de Yamaguchi Gizo (o Koken), quien salía de prisión, en el distrito Kanda, en 
Tokio. Ishikawa Sanshiro convocó a esta recepción con la esperanza de reconciliar las 
divisiones en el movimiento socialista. El 19 de Junio, sin embargo, cuando llegó 
Yamaguchi a Tokio, la facción de la Doshi Kai salió a su encuentro con banderas que decían 
“socialismo” y “revolución”, Al término de la reunión del 22 de Junio, Osugi, Arahata 
Kanson y otros, hicieron flamear banderas que decían “anarquismo”, “anarco-comunismo” y 
“revolución”. Comenzaron entonces a entonar canciones revolucionarias, y cuando los 
moderados se negaron a unírseles, tal como lo habían anticipado, salieron del salón hacia 
la calle, donde la policía, que les estaba esperando, les cayó encima. Durante una hora 
reinó la confusión y se libró una verdadera batalla; Sakai Toshihiko junto con Yamakowa 
Hitoshi, quienes originalmente no estaban involucrados en el incidente, terminaron por ser 
arrestados por querer mediar, junto a Osugi, Arahata y otros. Kanno Suga y Kamikawa 
Matsuko cruzaron la calle con dirección a la comisaría para ver qué había pasado a Osugi y 
Arahata, mientras eran detenidos. Cuando Kamikawa protestó, fueron amenazadas y empujadas 
por la policía. Kanno fue arrojada al suelo y la policía le impidió levantarse, mientras 
le torcían el brazo para mantenerla en el suelo. Luego fueron acarreadas a la comisaría 
donde se les reunió con Osuga Satoka, Kokurai Rei y los otros detenidos. Fueron luego 
subidos todos a carros policiales y llevados a la estación central de la policía; durante 
el trayecto, gritaban “¡Viva la anarquía!” y cantaban canciones revolucionarias.

Al llegar, mientras observaba los altos muros del edificio, Kanno dijo: “Entonces es aquí 
donde se encadena la libertad de de aquellos que como nosotros no han cometido crímen 
alguno”[21]. Los hombres fueron separados de las mujeres, pero no sin antes producirse un 
emotivo adiós, mientras los veteranos que ya habían estado e la cárcel aconsejaban a 
gritos a los otros cómo sobrevivir en la prisión. Todos fueron encarcelados durante dos 
meses a la espera del juicio, y la Kumamoto Hyoron (“La Revista de Kumamoto”), que visitó 
a las mujeres, reclamó que ellas estaban: “‘Enojadas con cosas que se les había hecho en 
prisión’ y deseosas de devolver la mano a los responsables después de ser liberadas”[22]. 
En la cárcel de los hombres, en tanto, inmediatamente reclamaron todos ser liberados, y a 
abuchear a la policía. Cuando la policía intentó hacerlos callar, estos fueron recibidos 
con copiosos escupitajos. Osugi y Arahata fueron sacados de su celda, desnudados, 
arrastrados desde los pies en el suelo de piedras, para luego ser golpeados y pateados. La 
policía se tranquilizó solamente después que Arahata quedó inconciente y cuando el ruido 
de las protestas en las celdas era insoportable. Se les devolvió entonces a su celda 
vestidos. Después, todos los presos reclamaron querer ir al baño. Cuando el permiso les 
fue negado, se pusieron a orinar a través de las barras, hasta que pronto el corredor 
parecía más bien una alcantarilla.

Sentencias contra el socialismo


Yamagata, a través del emperador, presionó a Saionji para que renunciara, lo cual se vio 
forzado a hacer el 4 de Julio de 1908. El General Katsura Taro, un protegido de Yamagata, 
encabezó el gabinete y anunció más prohibiciones. Los grupos socialistas que sobrevivían 
fueron suprimidos, la policía acosó las reuniones, todos los derechos de reunión y de 
libre expresión fueron restringidos. Katsura ordenó también que las cortes pasaran 
sentencias onerosas por el Akahata Jiken (“Incidente de la Bandera Roja”). El 29 de Agosto 
de 1908, en la corte, las declaraciones de los testigos de la parte acusadora fueron 
seriamente rebatidas por la defensa; y aquellos acusados que reclamaban, como Sakai, que 
solamente habían querido mediar, fueron ignorados. Osugi recibió 2 años y medio, más una 
multa de 25 yen; Sakai, Arahata, Yamakawa Hitoshi y otros, recibieron 2 años y casi todo 
el resto, un año. Kanno y Kamikawa, pese a haber admitido su simpatía por el anarquismo, 
fueron puestas en libertad sin multas ni más reclusión. Encima, la autoridad estaba 
indignada con un poema escrito en una pared de una de las celdas en chino. El poema 
exaltaba la ejecución del Rey durante la Revolución Francesa, lo cual fue considerado de 
“lesa majestad”. Se culpó de este poema a Sato Satura, pese a que él negó haberlo escrito, 
lo cual fue apoyado por los otros acusados, lo cual le valió 3 años tres cuartos de 
prisión. La severidad de las penas impactó a los acusados y provocó un rugido entre los 
asistentes. Cuando al rato se recuperaron de la impresión, se escucharon gritos de “¡Viva 
la Anarquía!” junto a canciones revolucionarias.

Para Osugi, el único “consuelo” era que su pena de 1 año y medio que se le había dado por 
otro incidente, el “Incidente del Tranvía”, sería concurrente. Llegó a la prisión de Chiba 
en Septiembre de 1908, tras haber pasado tres meses detenido, y finalmente fue liberado e 
Noviembre de 1910. Esto le salvó la vida a Osugi: no pudo ser implicado en el Taigyaku 
Jiken (“El caso de Alta Traición”). También salvó las vidas de Sakai, Yamakawa y de 
Arahata, pero Kanno, quien fue liberada, fue posteriormente ahorcada. Todos fueron 
interrogados sobre el asunto mientras estaban en prisión, la fiscalía insistiendo en que 
la conspiración había sido planificada con cuatro ó cinco años de antelación, para que de 
esta manera se les pudiera implicar –esto, sumado al hecho de que algunos de los 
conspiradores nombraron a Osugi. Éste fue interrogado solamente una vez sobre el asunto, 
pero los carceleros lo trataron con mucha cautela con posterioridad y le negaron el 
derecho a dos visitas y cartas al mes, lo cual le preocupó sobremanera. En la cárcel se 
encontró, de hecho, con los acusados por el Taigyaku Jiken pero solamente se atrevía a 
hablar mediante susurros con Kotoku, el cual, al estar parcialmente sordo, no le podía 
escuchar.

Como ya hemos mencionado, Kotoku, después de enterarse del “Incidente de la Bandera Roja”, 
terminó rápidamente sus traducciones de Kropotkin antes de retornar a Tokio el 21 de Junio 
de 1908 para reactivar el Heiminsha, pasando a ver a Oishi y a Gudo en su camino. Pese a 
que no participó de estos eventos, su presencia no pasó desapercibida para las autoridades 
japonesas. Desde el incidente de la “Carta Abierta” (Noviembre de 1907), su casa en 
Nakamura estaba bajo cuidadosa vigilancia, de manera tan meticulosa, que el neogicio 
familiar de sake comenzó a declinar. Tras el “Incidente de la Bandera Roja” y de la 
inauguración de las nuevas políticas represivas de Katsuar, la vigilancia sobre Kotoku se 
incrementó: “…su casa era vigilada por cuatro policías, dos delante y dos detrás. Todo 
aquel que le visitara, debía darles su nombre, y luego éste también era seguido por un 
detective”.[23]

La policía armó una carpa en un terreno adyacente al Heiminsha e interrogaba a todo aquel 
que visitara la oficina, y a su vez, también se oles hacía seguimiento posterior. Kotoku 
escribió “Durante el tiempo que pasé en Tokio, la policía me seguía en todo momento. Todos 
mis asuntos y movimientos eran interferidos de la manera más ilegal y cobarde por parte de 
ellos, que se me hizo imposible ganarme la vida”[24]. El propósito de esto “no era 
meramente vigilar a los socialistas, sino que hacérles la vida imposible… Pocas personas 
darían trabajo a hombres y mujeres que eran seguidos de manera ostensible por agentes de 
policía y así redujeron a muchos socialistas a la más miserable pobreza”[25]. Además, “la 
policía se pavoneaba de que, si se trataba de controlar al movimiento socialista, no se 
sentían forzados a respetar la Constitución y circulaba ampliamente el rumor de que se 
había dado una directiva al Ejército en todo el país, a comienzos de 1907, según la cual 
se les llamaba a prepararse para ‘destruir al movimiento socialista de raíz’”[26].

Pese a que la represión estatal había aumentado con Katsura desde Julio de 1908, el 
siguiente testimonio, extraido del Shakai Shimbun (“Semanario Socialista”) del 26 de Abril 
de 1908, titulado “Intimidación, la vía para suprimir al movimiento socialista”, es 
bastante revelador:

“La policía entonces acude a donde los empleadores y les llama a prohibir al Shakai 
Shimbun. Los empleadores obedecen de buena gana y ordenan a sus obreros no leer ese 
periódico y les amenazan con despido si desobedecen la orden. Ha habido varios casos de 
despido de obreros por leer el Shakain Shimbun o por haber recibido una carta de nuestro 
director. Si nuestros editores visitan la casa de algún obrero, son seguidos por la 
policía, y el obrero es examinado como si se tratase de un criminal. En las avenidas en 
donde se vende nuestro periódico o nuestros libros, la policía merodea, tomando nombres de 
agentes de ventas y su lugar de residencia. De esta manera, la autoridad está tratando de 
matar al movimiento y, sobre todo, de boicotear al Shakai Shimbun”[27]

Respecto a Kotoku, en esta época, estaba intentando trabajar con el Heiminsha. Ese verano, 
Kanno era la secretaria del periódico y se desarrolló una relación amorosa entre ambos. 
Esto tuvo más de una consecuencia. Kanno había declarado en la prisión ser la “esposa 
legal” de Arahata, lo cual dio la impresión de que tanto Kanno como Kotoku habían 
traicionado a Arahata, quien estaba cumpliendo una condena de dos años por el “Incidente 
de la Bandera Roja”. Ambos recibieron bastantes críticas por esto entre el movimiento 
anarquista y socialista. Kanno insistió en que esto fue una estratagema para obtener el 
derecho a visitar a los presos y que Arahata estaba plenamente al tanto de todo, y que su 
relación había terminado antes de que comenzara el juicio. Kanno siempre se mantuvo leal a 
los compañeros en prisión. De hecho, este compromiso con los presos los puso en el ojo del 
acoso policial. Kotoku también comenzó a recibir críticas por su falta de liderazgo, 
particularmente cuando había sido colocado en una especie de pedestal como un mentor: al 
parecer no estaba satisfaciendo las expectativas de ciertas personas. Esto los aisló a 
ambos ideológica y socialmente.

La militancia de Kanno, sin lugar a dudas, era una fuente de inspiración para Kotoku, y 
las ideas de éste sobre la acción directa eran, ciertamente, atractivas para ella también. 
Esta mezcla de elementos, sumado a la represión brutal del Estado, podían hacer que la 
idea de asesinar al Emperador-deidad pareciera una buena idea. Hay también otro factor de 
mucha importancia a considerar: ambos estaban concientes de que estaban muriendo de 
tuberculosis y que no les quedaba mucho tiempo de vida. Kanno adquirió la terrible 
enfermedad mientras cuidaba a su hermana Kanno Hide. En Diciembre de 1906, Kanno Suga y 
Hide se fueron a vivir a Tokio, donde Suga consiguió un trabajo en el Mainichi Denpo (“El 
Diario Telégrafo”). También escribía para el Sekai Fujin (“Mujer del Mundo”), un periódico 
feminista, que apareció por primera vez el 1º de Enero de 1907. Además, reuniones para 
conmemorar el primer número del Heimin Shimbun eran sostenidas en su hogar. En Febrero, 
sin ebargo, la condición de su hermana había empeorado notablemente; y del 9 al 21 de 
Febrero ella y Arahata, con quien vivía, observaban con impotencia cómo se le escapaba la 
vida del cuerpo. Hide murió de 21 años, y fue sepultada en el templo Seishunji a las 6 am 
“sin sacerdotes budistas ni chintoístas; sin flores ni banderas. [Fue una ceremonia de] 
sentimiento puro”[28].

Casi al final, Arahata y Kanno buscaron obtener atención para Hide en un hospital, pero 
con escasos 40 yen, este esfuerzo de último minuto no habría servido para nada. Tras su 
muerte, Kanno tomó un permiso en su trabajo y fue a las termas medicinales de Ito para 
descansar y reflexionar. Ella misma ya había sido diagnosticada positiva, y estando 
completamente exhausta por los cuidados a Hide, su enfermedad empeoró mucho. Cuando volvió 
a Tokio, a fines del verano de 1907, volvió a trabajar en el Mainichi Denpo, para así 
obtener un salario. Se resintió mucho con la muerte de su hermana, y se comenzó a 
distanciar, política y personalmente, de Arahata. Pasaba la mayor parte del tiempo en la 
comunidad socialista, especialmente con la familia Sakai: Sakai Toshihiko, Nobuaka Tameko 
(su esposa) y sus hijos.

Tameko, con quien entabló una gran amistad, se había involucrado con el Heimin Shimbun en 
Mayo de 1905, después de oír a Matsuoka dar una charla sobre a nombre del grupo socialista 
de mujeres, titulada “La Misión Actual de la Mujer Socialista”. Las oficinas del Heiminsha 
eran utilizadas los sábados por la tarde para las reuniones de las mujeres, donde se 
ofrecían charlas, comida y compañía. Aparte de los artículos sobre la cuestión de la mujer 
que escribían y que se difundían en varias publicaciones socialistas de la época, Tameko y 
Matsuoka estimulaban a todo el mundo en la oficina del Heiminsha a utilizar una forma 
neutral de lenguaje que eliminara la distinción verbal de clase y sexo.

En la mira del Estado


Durante este período, desde fines del verano de 1907 hasta su propio arresto en el 
“Incidente de la Bandera Roja” en Junio de 1908, ella atendió a todos los debates que 
había en los círculos socialistas sobre la cuestión de la acción directa o el 
parlamentarismo. Como ella dijo e las cortes, en Agosto de 1908, era simpatizante del 
anarquismo. Su hermana murió de tuberculosis, hecho que la afectó profundamente, y ella 
también estaba muriendo de lo mismo. Había mucho malestar social entre las masas, que iba 
desde huelgas, principalmente en Ashio, así como la rebelión de los Tranvías e Tokio; 
encima de esto, las políticas represivas del Estado hacia los anarquistas, socialistas y 
las feministas, a quienes conocía personalmente, azuzaban su sentimiento contrario a la 
injusticia social. Ella misma había pasado dos meses en prisión sin haber cometido crimen 
alguno, fue tratada de manera brutal estando detenida, fue finalmente absuelta de culpa 
pero su enfermedad había empeorado con la prisión, y había perdido su trabajo en el 
Mainichi Denpo, quienes se negaron a contratar a una persona bajo constante vigilancia 
policial. Ahora estaba en la mira del Estado y ella sabía que seguiría estándolo debido a 
sus opiniones y a su lealtad con los compañeros presos.

Pese a las horrendas condiciones bajo las que vivían Kanno y Kotoku, junto a la maliciosa 
campaña de rumores sobre su relación que permeaba los círculos radicales, la cual terminó 
por aislarlos, intentaron, una vez más, producir un nuevo periódico. El 25 de Mayo de 
1909, publicaron el Jiiyu Shiso (“Pensamiento Libre”), pero fue inmediatamente clausurado. 
Kanno recibió una multa de 140 yen y Kotoku de 70 yen, el día 10 de Agosto, por un 
artículo que defendía la destrucción de la familia. El 1º de Septiembre, Kanno fue 
sorprendida mientras distribuía ilegalmente un segundo número, y fue multada a pagar la 
astronómica suma de 400 yen. Además, a fines de Mayo de 1909, el Templo Rinsenji en 
Hakone, fue invadido por la policía. Descubrieron en él, doce cartuchos de dinamita, 
cuatro paquetes de amongelatina, unas cuantas mechas y bastante literatura anarquista. 
Uchiyama, con cinco o seis “hombres sin temor a la muerte” esperaban dar muerte al 
Emperador con estos explosivos. Seis días más tarde, el 29 de Mayo, Uchiyama fue arrestado 
al regresar a Hakone. Fue imputado por la posesión ilegal de explosivos, así como tambien 
por violar la Ley de Prensa y Publicaciones. Fue declarado culpable y condenado a doce 
años de cárcel. Luego fue reprocesado y ahorcado en el Taigyaku Jiken.

Uchiyama era miembro de la secta Soto, a la cual pertenecía el Templo Rinsenji, y estaba 
muy alarmado por el estado calamitoso de los campesinos pobres en las localidades 
montañosas donde oficiaba. Su interés en el socialismo comenzó con la lectura del Shin 
Sekai de Yano Fumio, y en 1905 se encontró con Kotoku en el hospital Kato Tokijiro en 
Odawara. Es entonces cuando tomó en serio su interés en la actividad revolucionaria. 
Uchiyama viajó a Tokio en Septiembre de 1908 para consultar con Kotoku sobre las ideas de 
Kropotkin, a la vez que conseguía material para comenzar una prensa clandestina en Hakone. 
Kotoku le tradujo oralmente pasajes del texto de Roller “La Huelga General Social”, para 
así explicar cómo podían concretarse las ideas anarco-comunistas de Kropotkin. Uchiyama, 
convencido de los principios del Comunismo Anárquico, y de la estrategia del 
Anarcosindicalismo, así como impresionado por la habilidad de Kotoku para conseguirla el 
equipo que necesitaba para iniciar sus actividades de prensa, retornó a Hakone. Ahí, 
rápidamente editó el folleto de Roller, publicado en japonés con el nombre de Shorai no 
Keizan Shoshiki (“El Sistema Económico del Futuro”). Subsecuentemente, publicó más literatura.

Atentado Explosivo


En Septiembre comenzaron las discusiones en las oficinas del Heiminsha sobre la 
realización de un atentado. Hacia Octubre, la salud de Kanno estaba muy deteriorada, tosía 
mucha sangre, y sufrió de una crisis. Noviembre fue el mes en que ocurrió la primera 
explosión exitosa de Miyashita, y para el Año Nuevo practicaron arrojando latas.

Kanno estaba completamente favor del asesinato del emperador, y Niimura sugirió que ella 
podía actuar tal cual Sofía Perovskaya, quien había atentado contra el Zar ruso Alejandro 
II. Kotoku, aunque simpatizaba con este plan, fue alertado por Koizumi Shanshin del 
peligro inminente en el que se encontraban todos, especialmente tras el arresto de 
Uchiyama. Kotoku, conciente de la inminencia de su propia muerte por tuberculosis, “se 
daba cuenta de que tenía apenas unos cuantos años más de vida; y dada esta situación, 
estaba dispuesto a hacer ‘todo’ por la revolución… ahora estaba ingresando al ‘campo de 
batalla’, y estaba plenamente dispuesto a morir, ya fuera de ‘enfermedad’ o por la 
‘sentencia de muerte’, en los próximos años”[29]. Sin embargo, Niimura, Koizumi y Matsui 
Hakken lo persuadieron de no involucrarse directamente en el atentado, sino que pusiera al 
servicio del movimiento su talento literario, el cual era considerable. Koizumi aún llegó 
a sugerir a Kotoku que se dedicara, por un tiempo, a escribir historia, para que el Estado 
cesara la persecusión en su contra y en contra de Kanno. Exhausto tras años de luchar 
contra el Estado japonés, sentía como si estuviera “luchando contra todo el Japón”, y 
consideró irse junto a Kanno a vivir al campo, quizás a su aldea nativa en Kochi, para 
morir en paz. Su preocupación por la frágil salud de Kanno, y su anhelo de liberarse del 
acoso policial y de los rumores maliciosos, así como de los ataques del movimiento 
socialista y de la prensa capitalista de Tokio, así como sus dudas personales sobre el 
atentado, todo esto lo tentaba a tomar esa decisión.

Koizumi, en Marzo, se acercó a Hosono Jiro, miembro de la cámara baja del parlamento, 
quien conocía personalmente a Kotoku y quien gozaba de gran riqueza, para que accediera a 
financiar a Kotoku por los años venideros. La apuesta era que Kotoku abandonase las 
actividades radicales y escribiera historia, no política. Hosono y Matsui se reunieron 
también con Hirata Tosuke, Ministro del Interior del gabinete de Katsura, y le comentaron 
que Kotoku había cambiado de parecer, que ellos daban fe de esto, y que su talento sería, 
de ahora en adelante, para beneficio de la nación. También sugirieron a Hirata que el 
gobierno podría ayudar en este sentido relajando la presión que mantenía sobre Kotoku. 
Acto seguido, Hosono y Koizumi visitaron varias veces al comisionado de policía, Kamei 
Eizaburo, quien era un buen amigo de Hosono. Sus visitas estaban destinadas a arreglar la 
cooperación de la policía en este asunto, relajando las restricciones que pesaban sobre 
Kotoku. Esto solamente podría ser hecho, empero, si Kotoku “colaboraba”.

A mediados de Marzo, tras promesas de cooperación de la policía y del gobierno, se acordó 
una reunión en Kojimachi entre Kotoku, Koizumi, Hosono y un representante del Ministerio 
del Interior. Hosono llamó abiertamente a Kotoku a que se “retractara”; y Koizumi le 
sugirió que se alejara del movimiento socialista por un par de años, para que pudiera 
escribir la historia del período Sengoku (y del final del período Ashikaga). Dieron a 
entender también que, de hacer esto, se le podrían hacer llegar varios miles de yen a 
través de Hosono y Koizumi. De acceder a esto, sería conveniente además que Kotoku 
abandonara Tokio por un tiempo, quizás a su lugar de descanso favorito, la Residencial 
Tennoya, en Yugawara. Kotoku mostró un cierto interés, y Koizumi intentó convencer a Kanno 
del plan. El 22 de Marzo, cerraron el Heiminsha y ambos se dirigieron a Yugawara. Durante 
las semanas siguientes, Kotoku trabajó en una historia del período Sengoku y cesó el acoso 
policial.

Sin embargo, no fue éste un tiempo de felicidad, y las “promesas” de dinero no se 
materializaron. Además, Kanno no tenía ninguna clase de reservas y quería morir en la 
lucha. Aceptó responsabilidad por las multas del caso de Jiyu Shiso, pues sabía que la 
salud de Kotoku no aguantaría otra temporada en prisión. Cuando abandonó Yugawara con 
destino a la prisión, ambos sabían que su relación había terminado.

En el camino a la prisión, se juntó con los otros compañeros para discutir los planes 
relativos al atentado, decidiéndose que no se haría ningún atentado hasta que ella fuera 
liberada de la prisión en un plazo de tres meses y medio. Ella se alarmó por la falta de 
seguridad, principalmente de parte de Miyashita, pero aún estaba comprometida con el plan. 
Ella había sido escogida, mediante un concurso entre los partícipes del atentado, para 
arrojar la bomba apenas saliera de prisión en Agosto de 1910.

Con honestidad, Kotoku cumplió con sus obligaciones. Su talento literario fue utilizado 
para el servicio del movimiento anarquista. Su última obra, Kirisuto Massatsu Ron 
(Deshaciéndonos de Cristo) era, en sus propias palabras, “…un libro en el cual intento 
afirmar que Cristo jamás existió, sino que fue un mito; que el orígen de la cristiandad se 
encuentra en la mitología pagana, y que la mayor parte de la Biblia es una falsificación”[30].

Esto lo dijo en su última carta a Albert Johnson y era, en efecto, mucho más que un ataque 
al cristianismo: el extendía la necesidad de deshacerse del cristianismo al sistema del 
Emperador-deidad también, pero en términos intelectuales. Para comprender todo esto, 
debemos tener en cuenta que la introducción y la influencia que tuvo el cristianismo en el 
Japón desde la era Meiji (1868). Obviamente, era una noción occidental, y se enquistó 
fuertemente en el movimiento socialista de la época (el cual también era una noción 
occidental) que Kotoku había sido testigo del sutil control que ejercía sobre la gente. 
Por ejemplo, una vez que él intentó reunir a un núcleo fiable de militantes estando en los 
EEUU, él se dio cuenta con sorpresa que eran todos cristianos. Esta situación era aún peor 
en el Japón, donde no solamente había un movimiento cristiano, sino que además un 
autodenominado movimiento socialista-cristiano[31]. Este ataque en contra del cristianismo 
estaba en línea con su noción anarquista de “Ni Dios Ni Amo”, y constituía en un ataque en 
contra de todos los mitos, incluyendo el mito del Emperador-deidad. Gran parte de la 
investigación para este libro, fue realizada en la biblioteca de San Francisco durante su 
estadía ahí. También debemos recordar que en prisión (1905), antes de su viaje, estaba 
leyendo dos tipos de literatura: Anarquista y Anti-Religiosa. Además, había recibido mucha 
literatura anti-religiosa por parte de su amigo anarquista, Albert Johnson, quien era un 
ateo militante. Irónicamente, cuando fue arrestado el 1º de Junio de 1910, se encontraba a 
punto de tomar un tren con destino a Tokio, en busca de algún editor que publicara su 
libro. Miyashita, Kanno y los otros habían tratado de asesinar al Emperador; Kotoku estaba 
asesinando la idea misma del Emperador.

[1] La publicación Mother Earth, asociada a Emma Goldman, inmediatamente impulsó una 
campaña de protesta junto a otras publicaciones socialistas. Aparentemente, “hasta el 
London Times se tomó la molestia de murmurar con aprehensión ante el veredicto”. 
“Museifushugi: the Revolutionary Idea in Japan”, V. García & Wat Tyler, p.77
[2] J. Crump, “The Origins of Socialist Thought in Japan”, p.317.
[3] V. García & W. Tyler, op.cit., p.76
[4] Shioida Shobei & Watanabe Junzo, (eds), “Hiroku Taigyaku Jiken”, citado en Sharon 
Slevers “Flowers in Salt: the Beginnings of Feminist Consciousness in Modern Japan” p.223, 
n.40.
[5] J. Crump, op.cit., p.315
[6] J. Crump, op.cit., pp.242-250 para ver la importancia del folleto de A. Roller. Ver 
también el capítulo 8, “Kotoku Shusui and the American connection”.
[7] “Taigyaku Jiken Arubamu, comp. Kotoku Shusui zenshu henshu iinkai” (1972) pp. 130-133. 
Citado en Slevers, op.cit., p.222.
[8] V. García & W. Tyler, op.cit., p.74
[9] S. Slevers, op.cit., p.157
[10] Kanno Sugano, traducido por Y. Hashimoto y publicado en la revista Libertaire, vol.6, 
No.11 (Nov. 1975), citado en V.García y W. Tyler, op.cit., p.76.
[11] V. García & W. Tyler, op.cit., p.78
[12] Shioda Shobei & Watanabe Junzo (eds.), Hiroku Taigyaku Jiken, vol.1, p.126, citado en 
F. Notehelfer, “Kotoku Shusui: Portrait of a Japanese Radical”, p.170.
[13] Ibid, p.127, citado en Notehelfer, ibid., p.170
[14] Ver “Rebellion and Democracy in Meiji Japan: A Study of Commoners in the Popular 
Rights Movement”, por Roger Bowen.
[15] Arahata Kanson, “Yanaka Village”, p.17; citado en J. Crump, op.cit., p.30
[16] “Letter to Albert Johnson, 6th December, 1907”. En Shioida Shobei (ed.) “The Diaries 
and Letters of Kotoku Shusui”, traducido por J. Crump, ibid., p.308
[17] J. Crump, ibid., p.138
[18] Hay en J. Crump, ibid., capítulo 8, “Kotoku Shusui and the American Connection”, una 
excelente discusión sobre la “conversión” de Kotoku y sus razones, basada en su 
experiencia en los EEUU con el socialismo, los IWW y el anarquismo.
[19] Traducido por completo en J. Crump, ibid., Apéndice B.
[20] J. Crump, ibid., p.205
[21] S. Slevers, op.cit., p.154
[22] S. Slevers, op.cit., pp.154-155
[23] Katayama Sen, “The Labour Movement in Japan”, Chicago, 1918, pp.132-135; citado en 
Slevers, ibid., p.221, n.26.
[24] Carta de Kotoku a Albert Johnson, 11 de Abril 1910, citada en J. Crump, op.cit., p.306
[25] J. Crump, ibid., p.306
[26] J. Crump, ibid., p.306. La cita es de Ishikawa Kyokuzan (Sanshiro) y de Kotoku Shusui 
“Nihon Shakaishugi Shi” (Historia del Socialismo en Japón), en “Meiji Bunku Zenshu” (Obras 
Escogidas sobre la Cultura del Período Meiji), Tokio, 1929, Vol.21, p.370
[27] Citado en J.Crump, ibid., pp.303-304
[28] Arahata Kanson, “Hitosuji no michi”, p.153, 1954; citado en S. Slevers, op.cit., p.152
[29] Shioida Shobei, op.cit., p.171
[30] Citado en V. García & W. Tyler, op.cit., p.74
[31] Para una discussion sobre este asunto, ver J. Crump, op.cit., capítulos 4 y 11.

Edición de K.S.L. (1994, 2002)

Edición de Black Powder Press (2009)

http://www.anarkismo.net/article/28952


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