(ca) Rojava: Construyendo Democracia sin Estado Por Dilar Dirik

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Mon Apr 25 09:52:35 CEST 2016


“Cuando vino gente por primera vez a nuestra casa hace unos años a preguntar si nuestra 
familia querría participar en las comunas, les tiré piedras para que se fueran” ríe 
Bushra, una joven mujer de Tirbespiye, Rojava. Madre de dos hijos, pertenece a una secta 
religiosa ultra-conservadora. Antes, no se le permitía abandonar su casa y solía cubrir 
todo su cuerpo excepto sus ojos. ---- “Ahora moldeo activamente mi propia comunidad”, dice 
orgullosa con una radiante sonrisa. “La gente viene a mí en busca de soluciones para 
problemas sociales. Pero en aquel entonces, si me hubieras preguntado, no habría sabido el 
significado de “consejo” ni qué hace la gente en las asambleas”. ---- Hoy, a lo largo y 
ancho del planeta, la gente recurre a formas alternativas de organización autónoma para 
dar otra vez significado a sus vidas, para reflejar el deseo de la creatividad humana de 
expresarse libremente. Estos colectivos, comunas, cooperativas y movimientos de base 
pueden ser entendidos como mecanismos de autodefensa del pueblo frente a la intrusión del 
capitalismo, el patriarcado y el estado.

Al mismo tiempo, muchos pueblos, culturas y comunidades indígenas que han sufrido la 
exclusión y la marginalización han protegido sus tradiciones comunitarias hasta el día de 
hoy. Es llamativo que las comunidades que han protegido su existencia frente al cambiante 
orden mundial que les rodea sean descritas con frecuencia en términos negativos, como 
“carentes” de algo – especialmente, de un estado. Las tendencias positivistas y 
deterministas que predominan en la historiografía actual describen dichas comunidades como 
inusuales, incivilizadas y retrógradas. La estatización se asume como una consecuencia 
inevitable de la civilización y la modernidad; un paso natural dentro del progreso lineal 
de la historia.

Sin duda hay diferencias genealógicas y ontológicas entre las comunas revolucionarias 
“modernas” y las comunidades naturales y orgánicas. Las primeras se desarrollan 
principalmente entre círculos radicales dentro de la sociedad capitalista como 
insurgencias contra el sistema dominante, mientras que las segundas suponen una amenaza a 
los poderes hegemónicos con su mera supervivencia. Aun así, no podemos decir que estas 
comunas orgánicas estén despolitizadas, opuestas a las comunas metropolitanas y sus 
políticas intencionadas.

Siglos, e incluso milenios de resistencia contra el orden mundial son de hecho actos muy 
radicales de resistencia. Para estas comunidades, relativamente intactas de las corrientes 
mundiales debido a sus características, geografía natural o resistencia activa, las 
políticas comunales son simplemente una parte natural del mundo. Por esto tanta gente en 
Rojava, por ejemplo, donde una transformación social radical está ocurriendo ahora mismo, 
se refiere a su revolución como “un retorno a nuestra naturaleza” o “la recuperación de 
nuestra ética social.”

A lo largo de la historia, los kurdos han sufrido todo tipo de denegaciones, opresión, 
destrucción, genocidio y asimilación. Fueron excluidos del orden estatista en dos frentes: 
no solo se les negó su propio estado, fueron simultáneamente excluidos de lo mecanismo 
estatales que les rodeaban. Esta experiencia de no-estatización ayudó también a proteger 
muchos valores y éticas sociales, así como un sentimiento comunitario – especialmente en 
las zonas rurales y montañosas lejos de las ciudades.

Hoy en día, los pueblos alevís kurdos en particular se caracterizan por procesos de 
resolución de conflictos y rituales de reconciliación para disputas sociales basados en la 
ética y el perdón en beneficio de la comunidad. Pero mientras esta forma de vida es 
bastante común en Kurdistán, hay también un nuevo esfuerzo consciente para establecer un 
sistema político centrado en valores comunales – el Confederalismo Democrático, construido 
a través de la autonomía democrática con las comunas como centro.

CONFEDERALISMO DEMOCRÁTICO EN ROJAVA

El Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), como muchos movimientos de liberación 
nacional, inicialmente pensaba que la creación de un estado independiente sería la 
solución a la violencia y la opresión. Sin embargo, con el cambio de paradigma que hubo 
tras el colapso de la Unión Soviética, el movimiento empezó a desarrollar tanto la 
autocrítica como la crítica a las políticas socialistas de la época, que estaban muy 
centradas en aumentar el poder estatal. A finales de los 90 el PKK, bajo el liderazgo de 
Adbullah Öcalan, empezó a articular una alternativa al estado-nación y al socialismo de 
estado.

Estudiando la historia de Kusdistán y de Oriente Medio, así como la naturaleza del poder, 
el actual sistema económico y cuestiones ecológicas, Öcalan concluyó que la razón por la 
que la humanidad tiene un “problema de libertad” no es la ausencia de estado sino la 
emergencia del mismo. En un intento por subvertir la dominación del sistema que se ha 
institucionalizado a lo largo y ancho del planeta en los últimos 5000 años como una 
síntesis de patriarcado, capitalismo y estado-nación, este paradigma alternativo está 
basado justo en lo opuesto – liberación de la mujer, ecología y democracia de base.

El Confederalismo Democrático es un modelo social, político y económico de 
autoadministración de los diferentes pueblos, liderado por mujeres y jóvenes. Intenta 
expresar los deseos populares viendo la democracia más como un método que como un 
objetivo. Es democracia sin estado.

Mientras propone nuevas estructuras para establecer un sistema político consciente, el 
Confederalismo Democrático se basa también en formas de organización milenarias que aún 
perviven entre las comunidades de Kurdistán y de otros lugares. Este modelo puede parecer 
imposible para nuestra imaginación contemporánea, pero resuena realmente bien con los 
deseos de emancipación de los pueblos de la región. Aunque el sistema ha sido implementado 
en Bakur (Kudistán del Norte) durante años, siempre rodeado de la represión estatal turca, 
ha sido en Rojava (Kurdistán del Oeste) donde una oportunidad histórica ha permitido poner 
el Confederalismo Democrático en práctica.

El sistema pone a la “Autonomía democrática” en su centro: la gente se organiza 
directamente en comunas y forma consejos. En Rojava, este proceso es dinamizado por el 
Tev-Dem, el movimiento por la sociedad democrática. La comuna está compuesta por un barrio 
conscientemente autoorganizado y constituye el aspecto más esencial y radical de la 
práctica democrática. Tiene comités que tratan diferentes temas como la paz o la justicia, 
economía, seguridad, educación, mujer, juventud y servicios sociales.

Las comunas envían delegados electos a los consejos. Los consejos de la comuna envían 
delegados a los distritos, los consejos de distrito envían delegados a las ciudades, etc… 
Cada comuna es autónoma, pero están vinculadas entre sí mediante una estructura confederal 
que tiene como objetivos la coordinación y la defensa de unos principios comunes. Solo 
cuando algo no puede ser resuelto en las bases, o cuando algún asunto no concierne a los 
consejos de menor nivel, se delega a los niveles superiores.

Mientras que las comunas son las áreas para la resolución de problemas y la organización 
de la vida cotidiana, los consejos desarrollan planes de acción y políticas para la 
cohesión y la coordinación. Al inicio de la revolución y en las zonas recién liberadas, 
las asambleas tenían que instaurar los consejos populares primero y sólo después 
comenzaron a desarrollar las estructuras organizativas de base más descentralizados en 
forma de comunas.

Las comunas trabajan hacia una sociedad “político-moral” compuesta por individuos 
conscientes que sepan cómo resolver problemas sociales y que se preocupen por el 
autogobierno cotidiano como una responsabilidad común, en lugar de someterse a élites 
burocráticas. Todo esto se basa en la participación voluntaria y libre del pueblo, en 
lugar de en la coerción y el estado de derecho.

Por supuesto, es difícil elevar la conciencia de la sociedad en un periodo corto de 
tiempo, especialmente en condiciones de guerra, embargos, mentalidades interiorizadas y 
estructuras despóticas antiguas que han sido profundamente institucionalizada y pueden dar 
lugar a abusos de poder y modos de pensar apolíticos. Un sistema de educación alternativa, 
organizada a través de academias, tiene como objetivo promover una mentalidad social 
saludable, mientras que la auto-organización, mediante la movilización en todos los 
ámbitos de la vida, reproduce una sociedad consciente.

Las mujeres y los jóvenes se organizan de forma autónoma y encarnan las dinámicas sociales 
que se inclinan naturalmente hacia más democracia y menos jerarquía. Se posicionan “a la 
izquierda” del modelo de autonomía democrática y formulan nuevas formas de producción y 
reproducción del conocimiento.

Hoy en día, el movimiento de liberación kurdo divide el poder por igual entre mujeres y 
hombres, de Qandil a Qamishli a París. La idea detrás del principio de la co-presidencia 
es a la vez simbólico y práctico -descentraliza el poder y promueve la búsqueda de 
consenso, mientras que simboliza la armonía entre el hombre y la mujer. Sólo las mujeres 
tienen el derecho de elegir la mujer co-presidente, mientras que el co-presidente de sexo 
masculino es elegido por hombres y mujeres. Las mujeres organizan sus propias estructuras, 
más fuertes y más conscientes ideológicamente, para establecer la confederación de las 
mujeres, a partir de comunas autónomas de mujeres.

EL PRINCIPIO DE LA NACIÓN DEMOCRÁTICA

Otro principio importante articulado por Öcalan es el de la “nación democrática”. A 
diferencia de la doctrina monista del Estado-nación, que se justifica a través de un mito 
chauvinista, este concepto prevé una sociedad basada en un contrato social común y unos 
principios éticos fundamentales, como la igualdad de género. Por lo tanto, todos los 
individuos, grupos e identidades y tendencias étnicas, religiosas, lingüísticas y de 
género pueden expresarse libremente y añadir diversidad a esta nación expansiva, basada en 
la ética con el fin de asegurar su democratización. Cuanto más diversa sea la nación, más 
fuerte será su democracia. Los diferentes grupos y secciones también se encargan de la 
democratización de sí mismos desde dentro.

En Rojava, kurdos, árabes, cristianos siríacos, armenios, turcomanos y chechenos tratan de 
crear una nueva vida juntos. La misma lógica subyace en el proyecto del Partido 
Democrático de los Pueblos, o HDP, en la frontera con Turquía. El HDP unió a todas las 
comunidades de Mesopotamia y Anatolia bajo el paraguas de la “unidad libre” en la nación 
democrática.

Entre sus parlamentarios hay kurdos, turcos, armenios, árabes, asirios, musulmanes, 
alevís, cristianos y yazidis. Es el partido con la mayor diversidad de todo el Parlamento 
turco. En contraste con el monopolismo de la ideología del Estado-nación, el concepto de 
la nación democrática sirve como mecanismo de autodefensa ideológica de diversos pueblos.


Aunque muchas comunidades diferentes participan activamente en la revolución de Rojava, 
aun prevalecen resentimientos del pasado. Confederaciones tribales enteras de árabes 
expresaron su apoyo unilateral de la administración, pero en algunas partes hay árabes que 
mantienen sus sospechas. Documentos de los servicios secretos revelan que ya en la década 
de 1960, el partido Baath de Siria hizo planes altamente sofisticados para enfrentar 
diferentes comunidades entre sí, especialmente en Cizire. Además de las tensiones 
preexistentes, fuerzas externas avivan e instrumentalizan los conflictos entre las 
diferentes comunidades según sus propias agendas. El establecimiento de la unidad entre 
los diferentes grupos étnicos y religiosos de Siria, y de Medio Oriente en general, haría 
más difícil de dividir y gobernar la región.

Uno de los miembros árabes de la administración de Rojava explicó por qué este modelo 
democrático cuenta con tan poco apoyo de lo establecido así como de los grupos políticos 
de reciente formación en la región y más allá:

“El sistema de autonomía democrática en nuestros tres cantones sacude y trastorna todo el 
mundo debido a que el sistema capitalista no quiere ni libertad y ni democracia para 
Oriente Medio, a pesar de todas sus pretensiones. Es por eso que todo el mundo ataca 
Rojava. Las diferentes formas de Estado ejemplificadas por la República Árabe Siria de 
Assad y el Estado Islámico son las dos caras de la misma moneda, ya que niegan y destruyen 
el diverso mosaico de nuestra región. Pero cada vez más los árabes desde el resto de Siria 
vienen a Rojava para aprender acerca de la autonomía democrática porque ven una 
perspectiva de libertad aquí.”

UNA VISIÓN POLÍTICA Y ECONÓMICA ALTERNATIVA

El eficaz sistema de auto-organización, combinado en cierta medida con el embargo, que 
hizo necesarias la autosuficiencia y la creatividad, salvó a Rojava de la corrupción 
económica a través de mentalidades capitalistas o de explotaciones externas. Sin embargo, 
con el fin de defender los valores revolucionarios más allá de la guerra, se requiere una 
visión económica calibrada para una economía socialmente justa, ecológica y feminista, que 
pueda sostener una población empobrecida y traumatizada.

¿Cómo involucrar a la gente rica, que no se preocupa por las cooperativas, y evitar ser 
acusado de autoritarismo? ¿Cómo organizar principios emancipatorios y liberacionistas en 
la urgencia de la guerra y de una economía de supervivencia?¿ Cómo descentralizar la 
economía asegurando al mismo tiempo la justicia y la cohesión revolucionaria? Para la 
gente de Rojava, la respuesta está en la educación.

“¿Qué significa para usted la ecología?” Pregunta una mujer, en la academia de las mujeres 
de Ishtar en Rimelan, a sus compañeras en una habitación decorada con fotos de mujeres 
como Sakine Cans?z y Rosa Luxemburgo. Una mujer mayor con tatuajes tradicionales en sus 
manos y la cara responde: “Para mí, ser madre significa ser ecológica. Vivir en armonía 
con la comunidad y la naturaleza. Las madres saben mejor cómo mantener y organizar esta 
armonía.“ Tal vez es la cuestión ecológica la que más claramente ilustra el dilema de 
Rojava de tener grandes principios e intenciones y voluntad de sacrificio, mientras que a 
menudo carece de las condiciones para poner en práctica estos ideales. Por razones obvias, 
la supervivencia a menudo tiene prioridad sobre el ecologismo.

Por el momento, al menos, es posible hablar de un sistema dual de transición en el que la 
autoadministración democrática de Rojava establece los principios revolucionarios y 
ecológicos, en medio de la guerra y la realpolitik, mientras que el movimiento de base 
organiza la población de abajo. A nivel cantonal, especialmente con respecto a las 
cuestiones relacionadas con las políticas extranjeras, las prácticas no-revolucionarios o 
centralistas son hasta cierto punto inevitables, sobre todo porque Rojava está política y 
económicamente entre la espada y la pared. Es al sistema de autonomía democrática que 
surge de la bases a lo que la gente en general se refiere cuando habla de la “revolución 
de Rojava”.

La dinámica de descentralización de la organización de base, sobre todo en los municipios, 
incluso sirve como una oposición interna a los cantones y facilita la democratización de 
estos últimos, que, debido a su complicada geografía política –limitados por los partidos 
no revolucionarios y otros grupos– puede tender hacia una concentración de poder (aunque 
los cantones, como son actualmente, siguen siendo mucho más descentralizados y 
democráticos que los estados ordinarios).

Mucho más importante que los mecanismos exactos a través de los cuales se expresa la 
voluntad popular, es el significado y el impacto de la autonomía democrática en la gente 
misma. Si tuviera que describir la “democracia radical”, pensaría en especial en personas 
de clase obrera, mujeres a veces analfabetas que decidieron organizarse en comunas en los 
barrios y que ahora hacen que la política cobre vida. Risas y juegos de niños, gallinas 
cacareando y el ruido de sillas de plástico componen la melodía de la escena en la que se 
toman las decisiones sobre las horas de electricidad mientras disputas vecinales tienen 
lugar. También hay que destacar que las estructuras funcionan mejor en áreas rurales y 
pequeños barrios que en las ciudades grandes y complejas, donde se necesita un mayor 
esfuerzo para involucrar a la gente. En este caso, el poder pertenece a personas que nunca 
tuvieron nada y que ahora escriben su propia historia.

“¿Quieres ver nuestros vegetales?” Qadifa, una mujer Yazidi mayor me pregunta en un centro 
de Yekîtiya Star, el movimiento de mujeres. Ella parece tener poco interés en explicar el 
nuevo sistema, pero está dispuesta a mostrar sus frutos en su lugar. Continuamos nuestra 
conversación sobre las transformaciones de la vida cotidiana en Kurdistán sirio, mientras 
comíamos deliciosos tomates de una cooperativa de mujeres en el patio trasero.

La autodeterminación en Rojava se está viviendo en el aquí y el ahora, en la práctica 
cotidiana. Miles de mujeres como Qadifa, mujeres previamente marginados, invisibles y sin 
voz, ahora asumen posiciones de liderazgo y moldean la sociedad. Hoy en día, por las 
mañanas, pueden por primera vez cosechar sus propios tomates de la tierra que fue 
colonizada por el estado durante décadas, mientras que toman el papel de juezas en los 
tribunales populares por la tarde.

Muchas familias se dedican plenamente a la revolución ahora; especialmente aquellas que 
perdieron a sus seres queridos. Muchos hogares familiares comienzan lentamente a funcionar 
como casas populares (“mala gel”) que coordinan las necesidades de la población: la gente 
entra en la casa del otro con sus hijos para criticar o discutir o sugerir ideas sobre 
cómo mejorar sus nuevas vidas. Las sobremesas han cambiado. Asuntos sociales se vuelven 
literalmente sociales, al convertirse en una responsabilidad de todos. Todos los miembros 
de la comunidad se convierten en un líder.

La lenta transición de toma de decisiones sociales es fruto de los esfuerzos para 
construir una nueva sociedad político-moral. Para las personas de los países capitalistas 
avanzados esta forma directa de responsabilizarse de la propia vida puede dar miedo a 
veces, especialmente cuando las cosas importantes como la justicia, la educación y la 
seguridad están ahora en manos de personas como uno mismo, en lugar de ser entregadas a 
los anónimos aparatos del estado.

EL LEGADO DE RESISTENCIA DE LA COMUNA

Una noche me encuentro sentado cerca de Tell Mozan, una vez el hogar de Urkesh, antigua 
capital de 6.000 años de antigüedad de los hurritas. Muy cerca se encuentra la frontera 
entre Siria y Turquía, de menos de un siglo de antigüedad. Mientras bebo té con Meryem, 
una comandante femenina de Kobane, vemos las luces de la ciudad de Mardin en Kurdistán del 
norte, al otro lado de la frontera.

“Luchamos en nombre de la comunidad, de los oprimidos, de todas las mujeres, para las 
páginas no escritas de la historia”, dice ella. Meryem es una de las muchas mujeres que se 
reunieron con Abdullah Öcalan en su juventud, cuando llegó a Rojava en los 80. Como miles 
de mujeres, en una búsqueda de la justicia más allá de su propia vida, un día decidió 
convertirse en un luchadora por la libertad en esta región que es al mismo tiempo el hogar 
de miles de muertes por honor y de miles de diosas, adoradas en todas las formas y tamaños .

Lo que atrajo a los movimientos anti-sistema de todo el mundo a la resistencia histórica 
en Kobane fueron quizás las muchas maneras en las que la defensa de la ciudad reflejó una 
corriente milenaria de lucha humana; las formas en que se sacó a la luz los rasgos 
universales que resonaban con los imaginarios colectivos de un mundo diferente. Muchas 
comparaciones se hicieron con la Comuna de París, la batalla de Stalingrado, la Guerra 
Civil española, y otros míticos ejemplos de la resistencia popular.

En los zigurats de Sumeria, complejos de templos enormes en la antigua Mesopotamia, muchos 
mecanismos jerárquicos comenzaron a ser institucionalizado por primera vez: el 
patriarcado, el estado, la esclavitud, el ejército permanente y la propiedad privada, el 
comienzo de la sociedad de clases formalizado. Esta época provocó una fractura social de 
largo alcance que se caracteriza por la pérdida de la condición social de las mujeres y el 
aumento de la del macho dominante, especialmente el sacerdote masculino, que se hizo con 
el monopolio del conocimiento. Pero también es donde Amargi, la primera palabra para el 
concepto de libertad, literalmente “el retorno a la madre”, surgió en torno a 2.300 años aC.

Öcalan propone la idea de dos civilizaciones: afirma que hacia el final de la edad 
neolítica con la subida de las estructuras jerárquicas en la antigua Sumeria una 
civilización se desarrolló en base a la jerarquía, la violencia, el sometimiento y 
monopolismo-la “corriente principal” o “civilización dominante”. Por el contrario, lo que 
él llama “civilización democrática” representa las luchas históricas de los marginados, 
los oprimidos, los pobres y los excluidos, especialmente las mujeres. Por lo tanto, el 
Confederalismo Democrático es un producto político y una manifestación de esta antigua 
civilización democrática.

El modelo de autonomía democrática que ha dado lugar, a su vez, no es solamente una 
perspectiva prometedora para una solución pacífica y justa a los conflictos traumáticos de 
la región; en muchos sentidos, el surgimiento de la revolución Rojava ilustra cómo la 
autonomía democrática en realidad puede ser la única manera de sobrevivir. En este 
sentido, la comuna revolucionaria es un patrimonio histórico, una fuente de la memoria 
colectiva de las fuerzas de la democracia en todo el mundo, y un mecanismo consciente de 
autodefensa contra el sistema estatal. Lleva un legado milenario y se manifiesta en formas 
novedosas hoy.

Lo que une a los momentos históricos de la resistencia humana y el deseo de otro mundo, 
desde los primeros luchadores por la libertad de la historia a la comuna de París, desde 
el levantamiento de los zapatistas a las plazas de la libertad en Rojava, es el poder 
irrompible para atreverse a imaginar. Es el valor de creer que la opresión no es el 
destino. Es la expresión del antiguo deseo de la humanidad de verse a si misma libre.

Bijî komunên me! Vive la commune!


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