(ca) I.F.A. tierra y libertad #333 - Confederalismo democrático

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Wed Apr 13 08:28:42 CEST 2016


Cuando recibimos noticias de la resistencia kurda en Kobane y en los otros dos cantones 
autónomos en la región de Rojava, los vericuetos de la memoria, y de la conciencia, nos 
remiten a la guerra y la revolución españolas. Aquellas comunas igualitarias de Zaragoza, 
las dignas barricadas y la autogestión en Barcelona, el grito de Buenaventura Durruti en 
la defensa de Madrid: "Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones, y ese mundo está 
creciendo en este instante". ---- Encuentro varias semejanzas, que hacen al núcleo de los 
procesos de cambio: el pueblo armado, organizado en batallones populares; el papel 
destacado de las mujeres en todos los ámbitos y niveles de la acción colectiva; el 
autogobierno con amplia participación; el hecho de que estos cambios emergen durante una 
guerra, o sea, en una situación extremamente crítica para la supervivencia.

Hacia julio-agosto de 2012 el régimen sirio colapsó en Rojava, la región fronteriza con 
Turquía, cuando la primavera árabe iniciada en 2011 fue duramente reprimida por el 
gobierno de Bashar al-Ásad originando una guerra interna con apoyos regionales y globales. 
Las grandes potencias sostienen diversos grupos armados (en general integrados por 
mercenarios) que combaten contra el régimen sirio, apoyado a su vez por otras potencias.
El pueblo kurdo es la mayor nación sin Estado del mundo. Los casi 40 millones de kurdos 
viven en cuatro países: Siria, Iraq, Irán y Turquía. Ocupan un área de unos 400.00 
kilómetros cuadrados; casi 200.000 en el Kurdistán turco con unos 15 millones de 
habitantes, 125.000 en Irán con 13millones, 60.000 kilómetros cuadrados en Iraq ocho 
millones y unos 12.000 kilómetros cuadrados en Siria con algo más de dos millones de 
habitantes.
Los kurdos fueron víctimas de las potencias coloniales que a comienzos del siglo XX 
firmaron un acuerdo secreto para dividir el Imperio otomano. El 16 de mayo de 1916, en la 
fase final de la Primera Guerra Mundial, sir Mark Sykes representando a Gran Bretaña y 
François-GeorgesPicot representando a Francia acordaron la división del Oriente Medio una 
vez terminada la guerra y derrotado el Imperio otomano. Lo que hoy es Siria, Líbano y el 
sur de Turquía quedaron bajo dominio francés, en tanto lo que hoy es Jordania e Iraq fue 
asignado a la tutela británica.
En el mismo periodo se produjo la Declaración de Balfour (2 de noviembre de 1917) en la 
que el Reino Unido informaba de la decisión de apoyar la creación de "un hogar nacional 
judío" en Palestina. Se trató de una carta del ministro de Relaciones Exteriores 
británico, Arthur Balfour, al banquero Lionel Walter Rothschild, un líder de la comunidad 
judía en Gran Bretaña, para recabar el apoyo de la Federación Sionista de Gran Bretaña e 
Irlanda. Hasta hoy las viejas potencias, a las que se sumaron luego de 1945 los Estados 
Unidos y en menor medida la Unión Soviética, juegan un papel dominante en Medio Oriente 
teniendo prioridad para intervenir en sus antiguas colonias.
Aunque el acuerdo Sykes-Picot fracasó en lo relativo a su aplicación en Turquía, donde 
Kemal Atatürk encabezó la guerra de independencia, el resto del tratado se aplicó en la 
forma concebida por los imperios coloniales, aseguró la dominación francesa y británica 
pero también generó las condiciones de los actuales conflictos. El Estado kemalista 
prohibió el uso del vocablo Kurdistán, así como su idioma. Los kurdos se dispersaron por 
toda Turquía ya que su tierra fue expropiada mediante el "Acta de Residencia Forzada" de 
1930. Al pueblo kurdo se lo consideró como "turcos montañeses", o sea, turcos con rasgos 
particulares por su hábitat montañoso.
En el norte de Siria, durante la guerra civil se formaron las milicias armadas Unidades de 
Protección del Pueblo (YPG) bajo el mandato del Comité Supremo Kurdo para controlar las 
zonas habitadas por kurdos. En julio de 2012, las YPG capturaron la ciudad de Kobane, y 
una decena de otras ciudades, donde el Partido de la Unión Democrática (PYD) y el Consejo 
Nacional Kurdo (KNC), iniciaron una administración conjunta. Sólo dos ciudades importantes 
de mayoría kurda, Hasaka y Qamishli, siguieron bajo control del gobierno de Damasco.
Meses después, en enero de 2013, los cantones Jazira, Kobane y Efrin proclamaron su 
autonomía. Son tres pequeñas unidades territoriales en la frontera con Turquía, unas 
decenas de miles de habitantes en total, donde conviven diversos grupos étnicos y 
religiosos, rodeados por el ejército turco y el Estado Islámico. Son tres enclaves no 
contiguos, separados por cientos de kilómetros y miles de hombres armados que quieren 
destruirlos.
***
Los movimientos y los partidos de izquierda en Turquía nacieron en la década de 1970, en 
respuesta a los crímenes del Estado turco a sus 30 nacionalidades, porque los turcos son 
minoría en Turquía, un país de 70 millones poblado por alrededor de 15 millones de kurdos, 
además de asirios, griegos, armenios, gitanos… Pero esa izquierda aún no tenía respuesta 
para esas "minorías".
En 1978 se crea el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), de orientación 
marxista-leninista, con el objetivo de formar un Kurdistán independiente. La lucha del 
pueblo kurdo venía creciendo desde 1973, y la formación del partido fue la consecuencia de 
ese largo proceso de autoafirmación de las comunidades del Kurdistán. El golpe de Estado 
de 1980 (con apoyo de la OTAN y Estados Unidos, su aliado estratégico que tiene bases 
militares contra Rusia) se propuso frenar este proceso, reprimir tanto a los kurdos como a 
las demás "minorías", así como a la izquierda y a los nuevos movimientos.
La mayoría de los dirigentes del PKK se refugiaron en los campos palestinos en Líbano, en 
el valle de la Bekaa, y establecieron alianzas con el Frente Popular para la Liberación de 
Palestina, dirigido por George Habash. Allí recibieron entrenamiento y participaron en la 
lucha del pueblo palestino, en la que cayeron más de 300 militantes kurdos, que fueron 
muertos o encarcelados.
En 1984 el PKK lanzó la lucha armada en Kurdistán porque consideraba que bajo la dictadura 
no había otra forma de acción posible. El PKK recoge la larga resistencia kurda: entre 
1920 y 1940 hubo 27 revueltas contra el poder truco. Con la derrota de la insurrección de 
Dersim en 1938 se completó la ocupación del Kurdistán turco y comenzó un largo periodo de 
asimilación a través de las escuelas y la prohibición de hablar kurdo.
Durante la guerra iniciada por el PKK hubo 5.000 mil asesinatos extrajudiciales, varios 
miles de kurdos fueron encarcelados y cientos de pueblos rurales fueron destruidos. El 
partido ganó amplios apoyos, no sólo entre los kurdos sino entre otros pueblos afectados 
por el poder turco, como los armenios.
El viraje del PKK comenzó a principios de la década de 1990, cuando cayó el socialismo 
real. Este hecho provocó un debate interno sobre los caminos a seguir en la nueva 
situación internacional. Y ese debate interno cuajó en la preparación del sexto congreso, 
que llevó al PKK a adoptar, en 1998, una nueva estrategia llamada "confederalismo 
democrático", que llevó a la organización a abandonar el marxismo-leninismo y el objetivo 
de crear un Estado-nación kurdo.
Para el Estado turco, para los Estados Unidos y para Israel (pero también para las 
burocracias árabes dominantes) la transformación del PKK es un desafío inédito. Hasta ese 
momento se trataba de una guerrilla nacionalista que se enfrentaba al ejército en remotas 
montañas. Pero a partir de la adopción del confederalismo democrático, el PKK pasa a tener 
un proyecto más amplio que involucra a múltiples actores y refleja los cambios en las 
sociedades de Oriente Medio. A raíz de este viraje comenzó a tener relaciones con las 
luchas de los pueblos oprimidos de toda la región.
La propuesta de confederalismo democrático recoge, por un lado, los cambios demográficos 
de la población kurda. De los 13 millones de habitantes de Estambul, seis millones son 
kurdos, cuatro millones emigraron a Europa, lo que hace que la mayor parte de los kurdos 
ya no vivan en el Kurdistán. Por lo tanto, la lucha principal ya no es nacional sino social.
Numerosos periodistas y militantes occidentales atribuyen la adopción del confederalismo 
democrático a la prisión de Abdullah Ocalan y a la influencia de Murray Bookchin, 
historiador y ambientalista fundador de la ecología social. No está de más decir que se 
trata de una visión colonial. Otros hablan del "giro libertario" del PKK. Y son legión los 
que creen que se trata de un maquillaje de un partido estalinista para cosechar más apoyos 
en Occidente.
Por el contrario, el pueblo kurdo, al igual que los indígenas latinoamericanos, está 
nucleado en torno a comunidades campesinas que marcan su identidad y su cultura. Tiene una 
larga y fecunda historia que es su principal referencia cultural y política. La actual 
propuesta está anclada en la recuperación de las tradiciones de la Mesopotamia porque 
consideran que la civilización no empezó con los griegos, ni la Revolución francesa es el 
punto de arranque de las luchas por la emancipación.
La nueva orientación del PKK provocó la furibunda reacción de Estados Unidos y sus 
aliados, que decidieron adjetivarlo como "terrorista" y perseguir a su dirigente, Abdullah 
Ocalan, que se encontraba en Siria y fue expulsado hacia Rusia por presión de Turquía. El 
gobierno ruso tampoco lo toleró y lo expulsó a Italia. Cuando se dirigía a Sudáfrica, 
Ocalan fue secuestrado en Kenia por el servicio secreto israelí (Mossad) y entregado a 
Turquía. El presidente del PKK fue condenado a cadena perpetua, luego de que le conmutaran 
la pena de muerte, y está confinado en solitario en una isla en el Mar de Mármara.
El PKK comenzó a ser un problema para el imperialismo porque ahora tiene una propuesta 
para todos los pueblos de Oriente Medio. El confederalismo democrático realiza cuatro 
críticas al Estado-nación. La primera es que cualquier Estado, sea capitalista o 
socialista, se basa en la dominación de una clase minoritaria sobre las clases populares. 
Además supone la dominación de un grupo étnico o religioso sobre los otros, como sucede en 
todos los Estados. La tercera cuestión es todo Estado se apoya en el patriarcado, la 
dominación de hombres sobre mujeres. En cuarto lugar, el Estado necesita para sostenerse 
una sociedad productivista que destruye a la madre tierra. Los kurdos autonomistas dicen 
que no se puede terminar con el capitalismo sin eliminar el Estado, y que no podemos 
librarnos del Estado sin librarnos del patriarcado.
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Cuando el conflicto entre la oposición y el gobierno de Damasco se convirtió en guerra 
abierta, la población kurda no apoyó a ninguno de los bandos y buscó su propio camino, a 
través del autogobierno. En ese momento, encontró que el confederalismo democrático es la 
mejor forma de convivencia en una región donde el 80 por ciento son kurdos y el 20 por 
ciento pertenecen a otros grupos étnicos.
Los tres cantones de la zona de Rojava, que se denominan comunidades autónomas 
democráticas: Efrin, Jazira y Kobane, son una confederación de kurdos, árabes, arameos, 
turcómanos, armenios y chechenos. Redactaron una Constitución, que se difundió en octubre 
de 2014, que denominan Carta Constitucional de Rojava. El preámbulo "proclama un nuevo 
contrato social, basado en la convivencia y el entendimiento mutuo y la paz entre todos 
los hilos de la sociedad. Protege los derechos humanos y las libertades fundamentales, y 
reafirma el derecho de los pueblos a la libre determinación".
Las Unidades de Protección Popular (YPC) son la única fuerza militar de los tres cantones, 
con el mandato de proteger y defender la seguridad de las comunidades autónomas y sus 
pueblos. Formaron el Movimiento por una Sociedad Democrática (Tevgera Civaka Demokratîk, 
conocido por su apócope Tev-Dem), que es el verdadero promotor de los cambios. Entre ellos 
la creación de las Unidades de Protección de Mujeres (YPJ) que cuentan con 10.000 
integrantes que juegan un papel decisivo en la defensa de Rojava. Así como la Asayish, una 
fuerza policial para el control de las zonas autónomas con unos 4.000 integrantes, un 
cuarto de las cuales son mujeres. Esta "policía" no quiere que la llamen de esa manera, 
porque dicen que ellos no sirven al Estado sino a la sociedad.
Los mandos de esos cuerpos armados son elegidos y además del uso de las armas y la 
disciplina militar, aprenden la historia del Kurdistán, ética, meditación y la cultura 
popular. La nueva administración (la anterior colapsó en 2012), es gobernada por las 
comunas o municipios en base a consejos de barrio abiertos y semanales, que tienen a su 
cargo sus propias unidades de autodefensa, además de consejos dedicados a economía, 
educación, salud, servicios públicos, jóvenes y mujeres. Los cantones cuentan con un 
consejo al que asisten los delegados elegidos en cada barrio.
La construcción de este entramado de poder fue posible gracias al trabajo del Tev-Dem, una 
gran coalición de grupos entre los que figuran partidos como el PYD (Partido de la Unión 
Democrática), cooperativas, grupos de jóvenes y de mujeres, centros culturales y 
academias. En base a los principios de autogobierno, la nueva administración tomó en sus 
manos las tierras estatales (llanuras dedicadas al monocultivo de trigo) y las entregó a 
las cooperativas creadas que están intentando diversificar la producción de alimentos. 
Siguen extrayendo algo de petróleo que refinan para las necesidades locales.
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La creación de comunas autogestionadas se produce en plena guerra, algo que desconcierta a 
algunos, como se desprende de los reportajes publicados en Europa donde se preguntan: ¿Por 
qué no iniciaron ese proceso tan interesante en una situación normal, no cuando están 
siendo asesinados por cientos por los militares, y de modo muy particular por el genocida 
Estado Islámico?
Como suele suceder, la pregunta devela la forma de pensar de quien la formula. La 
respuesta es que no hubiera podido suceder en otro momento. La historia de las 
revoluciones así lo enseña. Todas nacieron en medio de guerras, cuando la supervivencia de 
la humanidad estaba en riesgo, cuando era necesario organizarse junto a otros y otras para 
darle cierta continuidad a la vida. Las revoluciones nacen de la necesidad, no de las 
biblias (y poco importa si esas biblias son marxistas, anarquistas, cristianas o 
socialdemócratas).
La Revolución española, la rusa y la china, entre muchas otras, la creatividad humana 
colectiva a la que llamamos revolución, no son opciones filosóficas sino producto de la 
necesidad.
Pero hay otro dato fundamental. Si el poder del Estado sirio no hubiera colapsado en 
Rojava, dejando amplios territorios rurales y urbanos a merced de los mercenarios del 
Estado Islámico (de los ejércitos turco y sirio, y de las diversas milicias que guerrean 
para adueñarse del petróleo,) la autogestión hubiera sido un sueño de filósofos 
desvelados. Al colapsar el Estado, el capitalismo y el patriarcado quedaron expuestos. El 
Estado es el escudero de explotaciones y opresiones. Sin su concurso, tienen enormes 
dificultades para reproducirse.
No existe, empero, determinismo. Los kurdos del norte de Siria no encontraron las tesis 
del confederalismo democrático del PKK por casualidad. Hay una práctica previa, mucho más 
importante que las tesis de Ocalan, aunque éstas son realmente valiosas porque las 
inspiran. Las ideas no son las que cambian el mundo, sino la actividad humana colectiva, 
impregnada a menudo de jirones de esas ideas.
No deberíamos caer en la trampa colonial de creer que el texto y la palabra, como las que 
impusieron los colonizadores españoles en América, sean la clave de cambio alguno. En 
contra de lo que creen muchos, las ideologías son mucho menos decisivas que la actividad 
social colectiva. Mucho antes de la experiencia autónoma de Rojava, los militantes del PKK 
y del Tev-Dem impulsaron una amplia articulación conocida como Congreso de la Sociedad 
Democrática, donde se articulan más de 500 organizaciones sociales, sindicatos y partidos.
Cuando sobrevienen catástrofes naturales y sociales, y colapsa la vida cotidiana, los 
pueblos echan mano de la memoria de sus experiencias colectivas acumuladas en sus vidas, 
algo que podemos llamar cultura política o modos de hacer codificados como costumbres o 
hábitos. Si sólo conocen una cultura, la hegemónica, jerárquica, patriarcal, caudillista, 
estatista-capitalista, no podrán salir de la heteronomía. Pero si han mantenido vidas sus 
tradiciones comunitarias, autónomas, no capitalistas, no patriarcales, por pequeños que 
hayan sido esos espacios y tiempos en los que las practicaron, la historia puede pegar un 
giro.
Por eso, lo importante en los periodos "normales" no es cuánta gente está involucrada en 
esas formas de hacer que llamamos "alternativas". Lo decisivo es que existan, que un 
sector activo y dinámico, aunque sea minoritario, las practique y difunda. En nuestra 
sociedad todos saben que hay formas más sanas de alimentarse, modos no alopáticos ni 
mercantilizados de cuidar la salud, espacios no tan mercantiles como el shopping y los 
supermercados, formas de vida diferentes y pequeñas organizaciones que las sustentan. 
Cuando sobrevengan situaciones dramáticas, algunas de esas experiencias se van a 
multiplicar, como sucedió tantas veces.
Rojava es la doble consecuencia de la guerra civil siria y del extenso trabajo del PKK y 
de otras organizaciones kurdas. Lo notable es que un partido de raíz marxista-leninista 
haya sido capaz de promover un viraje de tal envergadura. No encontró en las tesis 
anarquistas su inspiración, sino en las tradiciones libertarias del pueblo kurdo. 
Inspirarse en las tradiciones comunitarias y libertarias que albergan todos los pueblos, 
es un buen antídoto contra dogmatismos de todo tipo.
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Es evidente que hay ciertas similitudes entre las revoluciones zapatista y kurda. ¿Habrá 
habido algún encuentro secreto entre Marcos y Ocalan? ¿Entre los comandantes del EZLN y 
los del PKK? Existe toda una bibliografía que hace de las conspiraciones el hilo conductor 
de las luchas sociales, que tiene similar fuerza que la mirada ideológica. Ambas no 
comprenden el dato fundamental: la historia la hacen los pueblos, con sus luchas, pero 
también con sus consentimientos. La confrontación cambia el mundo tanto como la 
conciliación, aunque nuestra iconografía militante acostumbre posarse sólo en los actos 
heroicos, por más esporádicos y azarosos que hayan sido en la historia.
Creo que lo común entre una y otra experiencia son las raíces, es el viaje hacia lo más 
profundo de los pueblos. El subcomandante Marcos llegó con un pequeño grupo de militantes 
guevaristas derrotados a la selva Lacandona y allí no tuvo otro camino que "rendirse" a la 
lógica de las comunidades. Un conocido relato explica que el cuadrado de su teoría 
política salió abollado del contacto con los seres humanos reales y que, gracias a esas 
abolladuras, pudo comenzar a rodar por las comunidades hasta convertirse en un círculo. O 
algo similar.
Lo común entre ambos procesos es el empeño en cambiar el mundo y comprender que los modos 
heredados no son los más adecuados. Que la gente sabe y que podemos confiar en ella. Que 
no sabemos tanto y que debemos aprender de otros y otras de abajo. Ellos son nuestros 
maestros. Una ética de la humildad, de la disposición de hacer juntos y no de imponer lo 
que llevamos en las alforjas.
No es muy importante si en un lugar se llaman juntas de buen gobierno y en el otro son 
consejos locales y de cantón. En ambos casos, se puede apreciar un traslado del centro de 
gravedad a los pueblos organizados y la confianza en que esos pueblos son los sujetos 
capaces de hacer lo que hay que hacer. ¿Qué? Lo que esos pueblos decidan, en cada momento, 
según sus convicciones.
***
Es imposible saber de antemano el futuro de la revolución kurda. En medio de una guerra 
atroz, en la que están directamente implicadas grandes potencias, feroces dictaduras y 
grupos terroristas, le será muy difícil sobrevivir a tanta destrucción. Los recientes 
ataques de Turquía y del Estado Islámico pueden ser una muestra de lo que depare el futuro 
inmediato. En todo caso, lo que han hecho hasta ahora es suficiente para levantar el mayor 
entusiasmo, la mayor admiración, la más amplia solidaridad en cada rincón del planeta de 
los oprimidos.

Los grandes procesos históricos deben ser reflexionados por las intenciones, no por la 
pragmática medida de los resultados. Por eso Rojava merece toda nuestra atención, todo 
nuestro apoyo y la disposición de ánimo de aprender, que es lo poco que podemos hacer a 
distancia. Estamos atravesando un periodo particular de la historia, muy similar al de las 
dos guerras mundiales, cuando varios imperios fueron desguazados, cuando sobrevinieron las 
grandes revoluciones, pero también el reparto de los restos de esos imperios entre las 
potencias coloniales.

Mirando retrospectivamente, Eric Hobsbawm resaltaba la importancia de la Revolución 
española, convertida en un frente de batalla central contra el fascismo. Fue, en su 
opinión, la causa más noble del siglo pasado, como señala en su Historia del siglo XX: 
"Para muchos de los que hemos sobrevivido es la única causa política que, incluso 
retrospectivamente, nos parece tan pura y convincente como en 1936". Es lo mejor que puede 
decirse de una revolución.

Raúl Zibechi

http://www.nodo50.org/tierraylibertad/333articulo7.html


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