(ca) Anarquistas Gran Canaria Federación: Entrevista al compa Ruymán - Fuentes: Revista Maxín y Kaos en la Red Por Fran Pérez

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Tue Apr 5 13:06:29 CEST 2016


El último número de la recién estrenada y gallega Revista Maxín se centra en gran medida 
en el tratamiento de la represión. Una entrevista muy interesante es la realizada a 
Ruymán, miembro de la FAGC torturado por la Guardia Civil y promotor de la Comunidad La 
Esperanza, una experiencia anarquista. ---- Háblanos un poco de tu trayectoria como 
activista ---- Desde la adolescencia he estado implicado en la militancia y siempre desde 
la barricada anarquista. Desde el primer grupo de afinidad allá por los 14 años hasta la 
militancia sindical a principios del 2000. Me he implicado en la lucha social en distintos 
frentes, desde las reivindicaciones de la población migrante (tema prioritario en las 
islas) hasta las movilizaciones contra la guerra de Irak. Participé activamente en el 15M 
y estuve en uno de los colectivos que fundó la FAGC. Actualmente me implicó, desde esta 
misma federación, en el tema de la vivienda desde hace 5 años.

¿Qué actividades realiza la FAGC en el tema de la vivienda?

La FAGC desarrolla en el tema de la vivienda una actividad integral. En primer lugar ha 
abierto el abanico de las plataformas tradicionales: no sólo se encarga de asuntos de 
hipotecas, sino que aborda la situación de los inquilinos y de los indigentes. Los más 
afectados en el tema de la vivienda y, paradójicamente, los más olvidados. Participamos en 
parar desahucios, pero no sólo contemplamos la asesoría legal, la negociación, y los 
piquetes anti desahucios convencionales. Usamos lo que yo llamo: métodos mecánicos 
(apuntalar puertas, clavarlas al marco, usar cuñas, inutilizar escaleras, levantar 
barricadas), que permiten que grupos poco numerosos puedan hacer frente a un desahucio. 
Además, por si el desahucio no pudiera detenerse (aún no nos ha pasado) o los afectados no 
contemplaran la vía de la resistencia, también trabajamos en el “plan B” (ocupación y 
realojo). Con este procedimiento hemos expropiado centenares de inmuebles realojando a más 
de un millar de personas. Actualmente hemos puesto en funcionamiento la Oficina de 
Expropiación Popular para dotar a este trabajo de una estrategia revolucionaria de 
socialización vecinal de recursos. Hemos iniciado la ocupación más grande del Estado (la 
Comunidad “La Esperanza”), una Huelga de Alquileres inédita en el Estado en el siglo XXI 
(táctica que queremos seguir implementando) y nos implicamos en general en cualquier abuso 
habitacional (como el intento de desalojo de 80 familias por parte del Ayuntamiento en el 
municipio de santa Lucía de Tirajana).

¿Cómo funciona la Comunidad La Esperanza?

Su modelo era asambleario, autogestionario, horizontal, autónomo y acéfalo. Todos los 
asuntos que afectaban al común se resolvían en asamblea. Esta designaba a su vez 
comisiones para afrontar el trabajo (Realojo, Mantenimiento, Talleres, Solidaridad, 
Huerto, Tesorería). Los vecinos que podían pagaban 25 euros mensuales para costear las 
cubas de agua, los que no tenían recursos aportaban lo que podían o trabajo. La idea era 
aportar según las posibilidades y recibir según las necesidades. Los problemas vecinales 
debían resolverse de forma directa, entre los interesados, y de no ser posible se acababan 
llevando a asamblea. Esa era la teoría, que llevada a la práctica demostró que el modelo 
libertario (lejos de las utopías) era, a niveles de gestión y economía, funcional y muy 
práctico. Sin embargo, sólo significaba mejorar la vida material de la gente; el proceso 
individual de desarrollo es más complejo y no se solventa con pan y techo. Fue una 
experiencia, aún inconclusa, de las que marcan una vida. Viví allí 2 años. Actualmente nos 
hemos desvinculado para dejar que los vecinos exploren sin influencias externas sus 
propios caminos. Algún compañero de la FAGC sigue viviendo en la Comunidad y colabora a 
título individual.

La Comunidad Esperanza funciona de un modo que podemos denominar ya anarquista. ¿Cómo 
responde la gente a esto desde un punto de vista ideológico? Un prejuicio falso es que el 
anarquismo no es posible de llevarse a cabo. ¿Se aprende teoría de la praxis? ¿Se ha 
conseguido que gente que iba a ser desahuciada por el banco se conciencie y posicione 
activamente contra el capitalismo?

La anarquía sí puede llevarse a cabo, pero para esto hace falta que se cumpla una premisa 
básica: que quienes la lleven a cabo sean los no anarquistas (y muchas veces no tienen 
necesidad siquiera de darle ese nombre). La anarquía se lleva a la práctica cuando se 
libera de los dominios de los anarquistas, cuando estos le sueltan la correa y la dejan 
correr libre por la calle. La gente no asume ni lo bonito, ni lo hermoso, ni lo romántico, 
y a veces ni siquiera lo correcto; asumen lo práctico y eficiente. La forma de llevar la 
anarquía a la gente es necesariamente la práctica. De discursos, panfletos y discursos 
nadie aprende nada; sólo la propaganda por el hecho mete prácticas anarquistas en la 
cabeza de la gente. Ideológicamente para muchos es un choque llegar a un enclave donde ya 
no hay que competir, sino colaborar; donde hace falta la opinión de todos para tomar una 
medida o llegar a un acuerdo; donde no se potencia el racismo, el machismo o el maltrato 
animal; donde para resolver un conflicto no se delega en denuncias, jueces o policía, sino 
donde las dos partes en conflicto deben abordarlo preferiblemente sin intermediarios y 
sólo en casos extremos con colaboración colectiva; donde no prima el dinero o la ganancia 
sino el actuar con altruismo.

Pero con eso y todo (y no lo digo por la Esperanza sino por otras experiencias 
comunitarias que he vivido en estos años de lucha por la vivienda), no hay que ser 
ingenuo: la anarquía rodeada de capitalismo es un proyecto bonito, pero si no se irradia 
hacia fuera y crece tiene la misma duración que un espejismo. Por otra parte, la gente 
puede vivir de forma libertaria, incluso comportarse así llevada por la inercia inicial, 
por el entusiasmo de los primeros meses, pero seguir pensando de forma capitalista. Muchos 
pueden aprovechar un modelo que da todo y exige muy poco (esfuerzo y compromiso a lo sumo) 
para medrar y para explotar la solidaridad ajena. Una forma de vida que tiende a la 
gratuidad, garantizando techo, suministros básicos y alimentos, puede servir, sino se ha 
producido simultáneamente un cambio personal, para que alguien que con unos ingresos 
mínimos era un paria en la sociedad capitalista, pueda acumular e ir haciéndose con un 
capital en un enclave libertario. Al final la anarquía, si se mantiene alejada del 
conflicto y sólo tiende a la estabilidad, puede servir para que una persona atesore unos 
recursos que le permitan volver a su tren de vida capitalista y consumista y hasta que 
incluso le posibilite explotar a los que no han iniciado este proceso porque no han podido 
o querido. Esa es una gran lección de futuro.

Hablas de que para conseguir que triunfe hay que expandir estas prácticas. ¿Qué líneas 
estáis siguiendo para conseguirlo, o por dónde crees que se podría tirar?

Hemos descubierto que sin generar un conflicto abierto con las instituciones y el sistema 
capitalista, la estabilidad mata cualquier proyecto por resolutivo que parezca. Nuestra 
idea es arrebatarle estos inmuebles a las entidades bancarias y a la administración como 
un acto de expropiación colectiva, como una forma de quitarles recursos públicos y empezar 
a gestionarlos nosotros, los vecinos. Hasta que lleguemos a gestionar los recursos 
(vivienda, suministro acuífero y eléctrico, tierras cultivables), de barrios o pueblos 
enteros. Parece un acto de guerra, pero no son más que los cimientos de una revolución 
basada en la autogestión de recursos públicos que debemos empezar a controlar de forma 
directa.

La Comunidad La Esperanza, y si tienes otro punto de vista corrígeme, ha sabido aprovechar 
una demanda obrera que es necesario cubrir como es la lucha contra los desahucios, para 
transformar la sociedad e ir más allá haciendo un pequeño frente al capitalismo. A la luz 
de estos resultados, ¿qué opinión te merece la forma en que se organiza frecuentemente la 
lucha contra los desahucios (como el ejemplo de la PAH)?

No tengo muchos datos de cómo funciona la PAH en el resto del Estado porque sólo conozco 
en profundidad a la de la isla, pero sí puedo hablarte de algunas apreciaciones 
personales. Me parece que es una suerte que se mantenga la autonomía en cada localidad, lo 
cual ha permitido que muchas PAH’s y sus Obras Sociales desarrollen una actividad 
meritoria recuperando inmuebles y desarrollando una práctica muchas veces trufada de tics 
libertarios (no en vano muchos libertarios participan en dichas plataformas). Reconociendo 
eso, también he de señalar otras cosas. Me parece que en muchas partes se ha establecido 
como un intento de recuperar el estatus de las llamadas “clases medias”, las víctimas de 
la “pobreza sobrevenida” (usando la jerga de Podemos), ignorando completamente a las 
personas que ya vivían en precario antes de la crisis y que en toda su vida no han 
conocido nada más que pobreza. Se implican con la gente que ha perdido poder adquisitivo, 
pero no detecto la misma implicación con los que llevan décadas sin techo o ni siquiera 
son capaces de pagar los alquileres más bajos. Su batería de medidas tiende a eso. Su ILP 
y la Dación en Pago van en esa dirección. Una preocupación desmedida porque los 
hipotecados se liberen de sus deudas aunque eso suponga perder voluntariamente sus 
viviendas: eso es sólo una opción para quien no tiene la casa que entrega como única 
salida habitacional; para el resto, dormir en el banco de un parque pero sintiéndose libre 
de deudas no parece una opción. Esa mentalidad desconoce la realidad de los barrios, donde 
la mayoría de la población vive sobre endeudada, incluida en listas de morosos y lleva 
años sobreviviendo de la economía en B y sin interés ni esperanzas de acceder al crédito. 
Personas que mueren con deudas que saben que no van a poder o querer pagar porque llevan 
décadas en la insolvencia, en barrios dónde el 70% de los vecinos están en paro (como pasa 
en muchos sitios de Gran Canaria) y que necesitan otras alternativas que no pasan por 
volverlos a integrar a una legalidad que ya los estafó y que sólo les puede ofrecer perder 
lo poco que tienen. Pasa por una organización popular que tienda a recuperar recursos al 
margen de tratar de saldar deudas que sólo pueden pagarse a costa de una indigencia integral.

Reivindicar una amnistía hipotecaria o arrendataria (como los ricos se dieron una fiscal) 
sería más interesante que cualquier medida que tienda a dejar a la gente sin hogar pero 
fiduciariamente saneados. La miopía de no ver más allá del alquiler social, sin ver sus 
contraprestaciones, parte de la misma mentalidad. La FAGC ha redactado documentos en esa 
línea cuando se lo han reclamado los vecinos, pero no ha sido nunca parte de su estrategia 
ideal ni objetivos finales. Cuando reclamamos un alquiler social al 30% de los ingresos 
hemos de meter en nuestros cálculos a las personas con ingresos 0. Además los alquileres 
sociales rondan por sistema (al menos el archipiélago) los 350 euros. El precio de un 
alquiler convencional prácticamente. La gente celebra el alquiler social como una victoria 
y no se dan cuenta de las consecuencias. El ayuntamiento suele dar una ayuda a ese 
alquiler social de 300 euros, permitiendo al inquilino pagar sólo 50 euros mensuales (sin 
el agua y luz incluida). Esto es asumible mientras dura la ayuda al alquiler, pero cuando 
la ayuda se acaba a los meses las familias se encuentran con un alquiler de 350 euros que 
son incapaces de pagar, siendo expulsadas de sus casas al primer mes de impago. No en vano 
nadie desahucia más en la isla que los gestores privados del parque de vivienda pública. 
Un alto porcentaje de los casos de desahucios que atendemos son desahuciados por impago de 
alquiler social.

Eso en cuanto a diferencias tácticas. A otros niveles, la instrumentalización política que 
se ha hecho en muchos sitios de dichas plataformas, bien utilizándolas como trampolín 
político (como el caso de Barcelona o de las islas), bien usándolas como marcas blancas de 
partidos políticos (de IU a Podemos, o aquí Nueva Canarias) es otro elemento a considerar. 
Cuando existe un problema social acuciante como es el tema de la vivienda, un tema en el 
que alternativas radicales como el anarquismo han estado implicadas desde siempre (aunque 
haciendo autocrítica, cada vez más en los últimos años con aspiración autocomplaciente y 
sin desarrollar una actividad que revertiera en la gente de a pie), y surge una 
organización que donde hay un polvorín social a punto de estallar pone toallas húmedas y 
enfría los ánimos, redirigiendo la actividad combativa hacia el camino de la concertación 
y la resolución legalista, se hace difícil no encontrar analogías con la 
institucionalización de los movimientos sociales.

Conste que digo todo esto con el máximo respeto a los activistas individuales y a su labor 
para luchar contra los abusos financieros, pero también con la máxima desconfianza hacia 
las organizaciones que se juntan con los partidos y se dejan arrastrar por la política 
parlamentaria.

Es notorio también que estáis consiguiendo llevar a la práctica experiencias anarquistas 
de un modo no armado. ¿Crees que es posible llevar a cabo el anarquismo a gran escala sin 
recurrir a la lucha armada, o que incluso esta es perjudicial? ¿Y no ha habido represión 
policial al propio funcionamiento de la comuna, independientemente de tu caso? [Entrevista 
realizada dos días antes de la orden de desalojo a la Comunidad La Esperanza]

Se me hace difícil hablar de violencia cuando veo desahucios a golpes de ariete y 
porrazos, suicidios por desesperación, niños caquéxicos con enfermedades del s. XIX, 
cuando condenan a la gente a 40 años de cárcel sin pestañearse o cuando a mí mismo me han 
estrangulado y golpeado en comisaría. La gente señala al que tira una piedra y mira con 
tranquilidad a personas que pasean por nuestras calles con pistolas y porras al cinto. 
Cuando las personas insensibles ante tanta fuerza bruta y sangre derramada me hablan de 
violencia no puedo evitar una sonrisa irónica. ¿La lucha armada? Mis armas son los 
taladros, las cizallas, las palancas, los pelacables y los puntales. Herramientas de 
obrero. Sólo oigo lo de la lucha armada en las fanfarronadas cibernéticas; verla la veo 
todos los días por la tele en Siria, Irak, o dónde el primer mundo haya decidido ahora ir 
a aliviarse el vientre. Decía Louise Michel que “la revolución se hará cuando quiera el 
pueblo y no cuando le convenga a la policía”. Me suscribo a sus palabras. Ni condeno la 
desesperación y la rabia confundiendo la piedra con el misil, ni tampoco veo nada práctico 
en caer en la demonización fácil o en el martirologio voluntario del que tiene prisa por 
ahogarse en su propia sangre. Nunca me ha gustado la violencia y menos aún su 
mitificación; pero eso me parece precisamente un motivo para enfrentarse al Estado y a sus 
lacayos armados y no uno para condenar a los que acaban siendo víctimas de su propia angustia.

Sobre la represión a la Comunidad, sí. Han denunciado a varios vecinos y cursados varías 
denuncias falsas que se han saldado con multas por vía administrativa (la Guardia Civil 
irrumpió en la Comunidad a identificar a varios vecinos, entre ellos a mí, la gente les 
afeó la entrada y ellos se inventaron que casi los linchan). Pero su mentalidad jerárquica 
no les permite concebir una estructura sin líder, así que casi toda su represión se ha 
centrado en el que acabo saliendo en los medios cumpliendo lo encomendado por los propios 
vecinos: un servidor.

Dices que la policía te tortura. Háblanos de eso. ¿Cómo es que te detienen, en qué 
situación y con qué pretexto? ¿Qué ocurre después de la detención?

Me detienen con la excusa de identificarme, pero su verdadera intención era intimidarme 
para que abandonara la lucha social. Me encontraba en una parada de guagua cercana a la 
Comunidad para ir a trabajar cuando un coche común se detiene delante mía. De él se bajan 
2 personas que afirman ser guardias civiles y me piden el DNI. Aducen que mi cara no se 
corresponde con la foto del documento (una estupidez) y me empujan dentro del coche. Un 
autentico secuestro. Me llevan al cuartelillo donde empiezan los insultos y las 
descalificaciones (el más significativo que estaba “llenando el municipio de gentuza”). Al 
ver que no me afectan sus tácticas y que respondo a ese tipo de exabruptos diciendo que 
gentuza son los poderosos a los que ellos defienden, empiezan los golpes y las 
estrangulaciones. El verme escupiendo sangre y el oírme pedir el habeas corpus fue lo 
único que les hizo desistir. Estoy convencido de que fue la necesidad de justificar mi 
detención y mis lesiones lo que les motivó a denunciarme por atentado a la autoridad (un 
delito posterior a mi detención). Aunque en un primer momento el juez instructor consideró 
que debía tramitarse como una falta de desobediencia y no como un delito de atentado, la 
Guardia Civil recurrió obsesionada con que me cayeran penas de cárcel.

Por ello actualmente me encuentro a espera de varias resoluciones judiciales y expuesto a 
una petición por parte de la acusación particular (la propia Guardia Civil) de varios años 
de cárcel por el citado delito de atentado a la autoridad. Lo único positivo es que los 
tribunales han acusado de oficio al guardia civil que me torturó atendiendo a lo declarado 
por mí. No tengo mucha confianza en esto, y creo que no tendrá mucho recorrido dicha 
imputación de oficio, pero espero que al menos se les quiten las ganas de seguir 
recurriendo y yo pueda tener algo más de margen para seguir trabajando.

Estás lejos de ser el único caso de tortura policial. ¿Has percibido en tu experiencia de 
abuso policial que se trata de algo generalizado? Es decir, ¿has percibido complicidad de 
la Guardia Civil como tal?

Por supuesto. Hablamos de cuerpos militarizados, castrenses, con una estructura que, 
aunque no se trate de un cuerpo específicamente militar como la Guardia Civil, se basan 
principalmente en la jerarquía, el mando único, la uniformidad conductual, la obediencia y 
la falta de criterio personal. Ninguna atrocidad se comete sin consentimiento de un mando 
superior, sin su permisividad o sin la complicidad de la estructura y el cuerpo entero. 
Sí, en todos esos organismos, por mucho espíritu corporativo que haya, es posible que 
pueda haber cabida para la individualidad; pero si la hay será para distanciarse de la 
mayoría y no seguir su línea brutal y no para reproducir lo que gregariamente se establece 
como norma (y si hay consecuencia se debería abandonar el cuerpo, porque siempre está la 
opción de mendigar, robar o estudiar antes de ejercer de policía).

Es gente armada y basan su poder en infundir miedo a la población, y a su vez obedecen 
porque experimentan el mismo miedo hacia sus superiores. Su misión, para ser buenos 
policías, es no pensar por si mismos, no cuestionar y no discutir ordenes. Cualquier rasgo 
de sadismo, falta de empatía, carencia de escrúpulos, será bienvenido porque es 
imprescindible para realizar su trabajo. ¿Qué clase de persona es la que arroja de su casa 
a un bebé en brazos de su madre? Justamente la que acabo de describir, personas sin 
problemas de conciencia ante el cumplimiento de una orden. Disfrutar de su trabajo es sólo 
un plus de efectividad. Lo que decía Hugo Bäll de los soldados es aplicable a los 
policías: “un soldado que comienza a pensar casi a dejado de serlo”.

En base a lo dicho, es más que improbable que un ataque represivo contra un anarquista 
concreto sea un rapto de exceso de celo individual y no el acatamiento de una orden bien 
definida, medida por organismos que transcienden de los simples agentes.

La lucha es dura y desgasta mucho, tanto en tiempo como en esfuerzo. ¿Cómo se siente 
alguien que lleva luchando años por construir un mundo de convivencia y justo, es 
torturado por la policía, y aún por encima se le piden años de cárcel, señalado a menudo, 
si bien hay gente que muestra solidaridad, por el dedo social y los medios como terrorista 
y un peligro para la sociedad?

Mentiría si no dijera que he mordido el barro, que he estado agotado física y 
emocionalmente. Han sido años muy duros y no exagero si digo que a veces creía que no iba 
a salir entero. La gente que me conoce y me quiere sabe de lo que hablo. Han sido años en 
los que he estado militando 24 horas al día, porque vivía en el mismo sitio donde 
desarrollaba mi actividad social. A veces pensé que no lo conseguiría. Pero todo lo 
vivido, incluso lo más duro, las decepciones, las delaciones de la misma gente a los que 
uno ha ayudado, las espantadas ante la represión de muchos compañeros y cosas similares, 
han servido para medir mi capacidad, los límites de mis propias fuerzas y también los de 
mis referentes teóricos, los de mis propias ideas. La anarquía no es un juego, es un duro 
aprendizaje que exige una gran capacidad de resiliencia y que desgraciadamente se 
construye con muchas derrotas personales y, si hay suerte, con alguna victoria colectiva.

Ahora tengo la idea de que hay que ser como el metal y templarse con los golpes. Es como 
atravesar un río y darse cuenta a mitad de camino de que no se hace pie y de que hay mucha 
corriente. Seguir nadando es peligroso, pero ya estás demasiado lejos de la orilla de la 
que saliste como para volverte atrás. Recuerdo mucho una anécdota de Durruti que 
representa mi actual estado de ánimo. Después de haberse librado de la pena de muerte en 
Francia por intentar atentar contra Alfonso XIII le preguntaron los periodistas, cuando 
aún estaba en prisión, que qué haría al recobrar la libertad y él dijo: “seguir dónde lo 
dejé”. Pues en ese estamos. Pase lo que pase, más tarde o más temprano, seguiré donde lo dejé.

Y sobre esto, hay gente que está siendo condenada tras años luchando y se va sola a la 
cárcel. Existe una falta importante de empatía. ¿Qué importancia crees que tiene la 
solidaridad?

Creo que hemos de derribar todas las capillitas que dividen y subdividen al movimiento; no 
en tendencias, o corrientes de pensamiento, lo cual es sano, sino en verdaderos 
monasterios de clausura de los que sólo se sale excomulgado y no se puede entrar sin 
permisos de los padres y madres superioras. Hay líneas rojas que nos deberían de obligar a 
ignorar todas y cada una de nuestras cuitas y diferencias y nos deberían de forzar a hacer 
un frente común: la principal es la represión. Cuando un compañero cae la gente debería de 
olvidarse de si pertenece a tal grupo, de si no es de mi cuerda, de si me criticó en aquel 
artículo, y poner cuestiones superiores, como la libertad ajena y el apoyo mutuo, en 
primer orden. No puede ser que una persona omnívora o partidaria de experimentar con 
drogas no apoye a un activista vegano y militante anti drogas porque sus ideas no concuerden.

No expido carnets para saber si esa insolidaridad es o no compatible con las “sagradas 
esencias anarquistas”, pero si puedo opinar que quien eso hace es ruin, mezquino y 
miserable, y no es más mi compañero que la persona que con ideas autoritarias al menos 
difunde la causa del represaliado y se solidariza con él. He visto como puede apoyarse 
mediáticamente a compañeros cuya reivindicación es cómoda y agradable, implicándose al 
100% en su puesta en libertad, y como compañeros que se exponen a 40 años de prisión son 
casi defendidos con la nariz tapada, de puntillas, porque su retórica ha podido resultar 
inadecuada o porque han podido opinar sobre cuestiones represivas de forma desafortunada. 
Sinceramente me dan igual las excusas que se esgriman para no apoyar a alguien. Creo que 
es imposible pedir la empatía de la sociedad si antes no somos capaces de empatizar 
nosotros mismos con nuestros propios compañeros. En ese sentido creo que en la represión 
todas deberíamos asumir esta máxima de Albert Libertad: “todas las leyes son malvadas, 
todos los juicios son inicuos, todos los jueces son malos, todos los condenados son 
inocentes”.

Entrevista realizada para la Revista Maxín, disponible en gallego en revistamaxin.net/maxin2

http://www.anarquistasgc.net/2016/03/entrevista-al-compa-ruyman.html


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