(ca) 29 de septiembre, una oportunidad y un desafío

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Thu Sep 23 17:48:39 CEST 2010


El Estado español es, de cuantos componen la Unión Europea, uno de los
que afronta una de las situaciones económicas más difíciles. La crisis
está siendo particularmente intensa y persistente y sus efectos se
están dejando notar en el crecimiento del déficit de las cuentas
públicas, en el deterioro de las condiciones de vida y de trabajo de
las grandes mayorías y en la destrucción acelerada de puestos de
trabajo, comenzando por el sector que alimentó durante los años de
bonanza el espejismo de un crecimiento sin fin, la Construcción, y
extendiéndose de ahí al conjunto de la estructura económica.----Las
medidas de ajuste presentadas o previstas por el gobierno y sus
asesores para llenar las arcas del Estado y estimular la economía
hacen cargar todo su peso sobre las clases populares, en forma de
bajada de salarios, impuestos sobre el consumo, reducción de las
pensiones, recortes en las prestaciones por desempleo, privatizaciones
y trabas a la organización de los trabajadores (como más facilidades
para el despido y restricciones a la contratación colectiva).

Con el objetivo de hacer frente con eficacia a estas medidas
antipopulares, desde el sindicalismo más combativo se lleva exigiendo
la convocatoria de una huelga general desde que se desencadenó la
crisis, pero debido a su falta de implantación fuera de determinados
sectores productivos y territorios, esta voluntad no se ha podido
materializar y ha desembocado en el seguimiento de la huelga general
convocada finalmente para el próximo 29 de septiembre por CCOO y UGT,
únicas organizaciones sindicales con capacidad de declararla con una
mínima capacidad de éxito a nivel estatal, a pesar de su creciente
descrédito entre los trabajadores, su escasa afiliación, la
hipertrofia de sus aparatos y su extrema burocratización.

De hecho, se duda incluso de la capacidad del movimiento sindical en
su conjunto, sumados CCOO, UGT y el sindicalismo combativo (organizado
en su inmensa mayoría fuera de estas dos confederaciones) de paralizar
el país, dado que el sector con unos niveles de sindicación más altos,
con mayor estabilidad en el empleo y que acababa de sufrir una
agresión gubernamental directa (el mayor recorte salarial desde hacía
décadas), la función pública, apenas secundó la huelga sectorial
convocada para el 8 de junio pasado. Ni siquiera la mayoría de los
afiliados sindicales acudieron a la huelga y sus organizaciones no les
sancionaron por esquiroles.

La ofensiva cultural y social de la derecha y sus valores, que ha ido
pareja al desarme ideológico y organizativo de la clase trabajadora y
de la izquierda (un fenómeno no sólo español sino muy generalizado en
Europa) y el miedo al despido en un contexto de desempleo real cercano
al 20% de la población activa, son factores que juegan en contra no
sólo del éxito de la próxima huelga general, sino también de una
revitalización a corto o medio plazo del movimiento popular.

La izquierda en general y los libertarios en particular tenemos un
largo trecho por delante para recomponer las organizaciones y la
cultura solidaria y de clase de los de abajo, para empezar debemos
trabajar para romper con el sectarismo y la miopía política de
nuestras capillas, ser capaces de converger y consolidar referentes
organizativos más allá de nuestros feudos particulares, capaces de
convertirse en alternativa a los ojos de las clases populares y de
revertir la desmoralización, el desencanto y el individualismo que
crecen como hongos en un caldo de cultivo propicio.

Es muy importante, como primer paso, que esta Huelga General sea un
éxito y el 29 de septiembre haya en los lugares de trabajo y en las
calles una contestación lo más multitudinaria posible a las políticas
del gobierno de Zapatero, que sólo benefician a la banca y a la
patronal y le hacen el juego a la reacción más dura, organizada en el
Partido Popular, que capitalizará políticamente la bancarrota de un
Partido Socialista que, en un ejercicio suicida de “responsabilidad de
Estado”, está dinamitando su base social tradicional y entregándola en
brazos de los herederos del franquismo que, por cierto, como no podía
ser de otra manera, se oponen tanto al gobierno (dentro de una
estrategia de desgaste) como a la huelga.

Si la huelga fracasa, el fracaso no será sólo de quienes la mayoría de
la opinión pública percibe como convocantes, CCOO y UGT, sino de toda
la clase. No hundirá ni desacreditará aún más a CCOO y UGT ante los
trabajadores, hundirá y desmoralizará todavía más a los
trabajadores... y eso siempre lo aprovecha la patronal y el
sindicalismo más servil y menos digno de ese nombre.

Por el contrario, en la medida en que la huelga triunfe, ese triunfo
será de los trabajadores, ya que supondrá una demostración de la
fuerza que reside en nuestra unión y por tanto un avance para nuestra
conciencia y niveles organizativos. Por tanto, no será un triunfo para
el sindicalismo burocrático y conciliador sino para el combativo y de
clase. Tenemos una oportunidad y un desafío por delante, actuemos en
consecuencia.

Manu García
22 de septiembre de 2010
http://www.alasbarricadas.org/


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