(ca) La organización política anarquista en el Chile de los años 50

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Sun May 3 12:13:30 CEST 2009


"Llegara el día, dijo un compañero en tierras chilenas, en que por
las alamedas caminara sonriente el hombre nuevo de América.

ese mismo día bailaremos sobre nuestras banderas negras con el
entusiasmo que guarda la gran festividad humana."

(Luis Heredia, zapatero, militante anarquista)

1- Introducción

Afortunadamente durante los últimos años ha surgido un gran interés por
parte de la historiografía de introducirse al estudio del anarquismo en
Chile, cosa que sin duda ha llevado a una revalorización del movimiento
libertario, tanto en su teoría como en su práctica.

Durante muchos periodos el anarquismo se ha considerado muerto, no solo en
los discursos de la elite, sino que también para el resto de la izquierda
chilena, sin embargo la idea libertaria la encontramos desde finales del
siglo XIX, hasta el día de hoy, con mayores o menores grados de
organización, con mayor o menor influencia en los sectores populares, y
esto no hace más que ratificar la importancia de su estudio, cosa que la
historiografía actual ha comprendido y valorado.

El movimiento libertario de los años 50, al igual que el de principios de
siglo y el de la actualidad, no es un movimiento homogéneo, ya que esta
compuesto por una serie de grupos que se diferencian unos de otros
principalmente en sus estrategias y tácticas. A grandes rasgos todos estos
grupos se pueden encerrar dentro de dos vertientes principales con grandes
puntos de divergencia, pero también con posiciones en común. Estas dos
corrientes son: el anarquismo de raíz individualista, y el anarquismo
societario o social.

Ambas corrientes comparten principalmente el rechazo al Estado, la
opresión y la sociedad capitalista y se diferencian en cómo llegar a estos
objetivos, acerca del uso o no de la violencia, organización o
espontaneidad, el uso del sindicato como herramienta de lucha, entre
otros.

Los libertarios del periodo a estudiar en su mayoría se inclinaban a la
construcción de organización social, y se agrupaban fundamentalmente en la
Federación Anarquista Internacional (FAI-Chile), organización de carácter
especifico en donde confluían todas las corrientes que simpatizaban con
las ideas libertarias. Al interior de la FAI encontramos individualistas,
anarco-comunistas, anarcosindicalistas y sindicalistas revolucionarios.

Al mismo tiempo existían dos organizaciones a nivel sindical, una
compuesta por los anarcosindicalistas, que tenían tendencias mas puristas
dentro del anarquismo, partidarios de privilegiar la organización y la
labor doctrinaria de los libertarios dentro de los sindicatos que debían
reivindicarse como anarquistas (reunidos en la Agrupación
Anarcosindicalista); y por otro lado los sindicalistas revolucionarios
(organizados en torno al Movimiento Sindical Revolucionario), que veían al
sindicato como una organización para la acción reivindicativa y
revolucionaria contra el capitalismo y el Estado, plantean que los
anarquistas deben propiciar al sindicato como la organización
revolucionaria por excelencia. Así, asignaban un programa “político” a los
sindicatos, fundiendo las labores respectivas de una organización de
masas, con las de la organización política. Ambas posturas veían al
sindicato como la célula básica sobre la que se construirá la nueva
sociedad post-estatal.

En definitiva podemos hablar de un movimiento libertario, que difiere en
sus tácticas y en el que se debaten diferentes posturas teóricas, pero que
ha sido construido y alimentado por las corrientes sociales a favor de la
organización.

El estudio del movimiento libertario de los años 50 y su relación con el
movimiento obrero, nos entregan una serie de elementos que creemos
importantes rescatar, para contribuir a la búsqueda de estrategias
revolucionarias para los desafíos del presente, y es aquí donde radica
nuestra principal motivación para realizar la investigación.[2]

Es importante resaltar la importancia que tuvo la práctica política
libertaria y las diferentes estrategias desarrolladas por las corrientes
que componían el movimiento libertario de los 50, ya que estas sin duda
influyen en la mayor autonomía, combatividad y decisión, que caracterizó a
gran parte del movimiento obrero de los 50.

La década del 50 estuvo marcada por los intentos de una parte del
movimiento obrero, de conducir a los sectores populares hacia el camino de
la unidad revolucionaria y a popularizar la idea de la acción directa,
optando por el camino de lo que Trotsky definió como la “revolución
permanente”, frente a la estrategia de lograr en primer lugar una
“revolución democrático-burguesa”, para luego pasar a la “revolución
socialista”.

La fundación de la CUT fue un intento concreto de lograr la unidad dentro
de una central sindical de carácter revolucionario, la cual estaría
caracterizada por la autonomía de clase, libre de toda tutela de los
partidos políticos; una declaración de principios de corte
anticapitalista; y métodos de lucha abiertamente influenciados por la idea
de la acción directa. Si bien se fracaso en este intento, por la
hegemonizacion de los partidos políticos, los sectores de intención
revolucionaria (anarquistas, trotskistas, y leninistas, principalmente
aquellos comunistas y socialistas descolgados de sus partidos) se dieron
cuenta que la unidad revolucionaria podía dar resultados tangibles, como
lo demostró el paro del 7 de Julio de 1955, en donde se estuvo a un paso
de que la CUT tomara el control del país. Sin duda es aquí en donde se
inicia un largo camino de unidad revolucionaria que desembocara finalmente
en la conformación de instancias como el Movimiento de Fuerzas
Revolucionarias (fundado en 1961) o el Movimiento de Izquierda
revolucionaria (fundado en 1965).[3]

Creemos fundamental destacar el papel importante que juega el movimiento
libertario durante la década del 50, principalmente en lo que respecta a
la promoción al interior del movimiento obrero, de los aspectos
fundamentales de la cultura política libertaria, principalmente en lo que
respecta a la autonomía e independencia de clase y al fomento de la acción
directa. Pero por sobre todo le otorgamos un papel preponderante al cambio
de estrategia que se da al interior del movimiento libertario a mediados
de la década del 40, en donde se busca insertar al anarquismo mucho mas en
las masas, a través de una practica política mas pragmática y flexible,
que se propone ser constante auspiciador de la unidad de los sectores
revolucionarios. Esta nueva estrategia propiciada por los sindicalistas
revolucionarios, cuya principal figura era Ernesto Miranda, empieza a dar
resultados concretos a partir de la década del 50, lo que veremos a lo
largo de la investigación.

Esta estrategia que surge desde el movimiento libertario y que se une a la
acción de otras tendencias políticas al interior del movimiento obrero, es
lo que hace que la década del 50, esté marcada por el repunte de la acción
reivindicativa y revolucionaria de los trabajadores.

En el siguiente artículo pretendemos dar un vistazo a las principales
organizaciones anarquistas de la década del 50 que impulsaron una política
libertaria, principalmente a través del análisis de algunas de sus
declaraciones de principios y de las resoluciones de sus congresos, a los
cuales pudimos acceder a partir de la revisión de la poca prensa ácrata de
la época.


2- La Federación Anarquista Internacional.


La organización especifica de los libertarios de los 50, era la Federación
Anarquista internacional (FAI-Chile). Esta era una organización de corte
más bien intelectual, donde primaba la búsqueda de los principios
anarquistas, y lo fundamental era la coherencia en relación a los
principios.[4] La FAI, fiel a sus postulados libertarios, era capaz de
integrar a todas las corrientes libertarias a pesar de sus diferencias
estratégicas y tácticas, dando la libertad y el espacio para que cada una
de estas defendiera sus posturas teóricas, gracias a su estructura de tipo
federativo, bajo el principio de unidad en la acción, pero con libertad de
pensamiento.

La FAI nace en el verano de 1942 y esta compuesta en sus inicios por
anarquistas específicos, algunos anarcosindicalistas, y por refugiados de
la CNT española. Entre los personajes más destacados que componen la FAI
encontramos a Félix López, Pedro Nolasco Arratia, Miguel Rojas, Vicencio
Cienfuegos, Lain Diez y los españoles Francisco y Cosme Paule.[5]

Durante los años 50, la FAI se convirtió en el lugar de encuentro de la
diversidad anarquista, lo que conllevó a que se dieran una serie de pugnas
en su interior, reflejando las diferencias que se dan entre las distintas
corrientes que componen el movimiento libertario. Por ejemplo, el sector
intelectual empezó a ver con recelo a los sindicalistas. Principalmente,
los elementos más ortodoxos criticaban la labor de los militantes
sindicalistas, porque siempre estaban más pendientes de la labor
reivindicativa y economicista, que de la labor doctrinaria al interior de
los gremios. Por otro lado, los sindicalistas empezaron a criticar el
carácter elitista que empieza a tomar la FAI, la cual pretende conducir a
la totalidad del movimiento libertario. “La FAI se había convertido, por
condición personal de esta gente, (los intelectuales) en una elite
solamente y no tenia ningún accionar. Los gremios por lo menos tenían su
lucha reivindicativa, todavía salían a las calles y todavía hacían huelgas
(
) eso para mi, era estar mas cerca de lo libertario.”[6]

Por otro lado existen fuertes disputas ideológicas entre los
anarcosindicalistas y los sindicalistas revolucionarios. Estas se dan
principalmente por la diferente visión que tienen ambas corrientes
respecto al rol del sindicato y también por sus diferencias tácticas al
interior de la CUT. Esta pugna se identifica claramente a principios de
1955, a raíz del pacto que firma el MSR con el Partido Socialista Popular
al interior de la CUT, para acelerar una salida revolucionaria a la crisis
económica y social por la que atravesaba el país. Este pacto es
inmediatamente criticado por los intelectuales y por los
anarcosindicalistas mas dogmáticos, ya que para ellos el grupo cutchista
(MSR), había faltado a los principios básicos del anarquismo al firmar un
pacto con un partido político, “
todo militante sedicente anarquista que
participe en tal pacto político, falta a los principios y a la doctrina
del anarquismo y, por lo tanto, se coloca automáticamente fuera del
movimiento libertario”[7]. Es interesante el hecho de que a pesar de estas
fuertes disputas, la FAI, a través de sus congresos nacionales, dotaba a
gran parte del movimiento libertario de una acción común, sustentada en
acuerdos y resoluciones que creaban una suerte de plataforma de lucha, la
cual era apoyada por las diversas corrientes en la medida de lo posible.

Al respecto tenemos información del segundo congreso nacional en el cual
se acuerda, “que los anarcosindicalistas dentro de la CUT, están dentro de
esa organización sindical representando a sus respectivos gremios con el
propósito de orientarla en una acción revolucionaria, sustrayéndola a la
tutela de los partidos políticos de toda especie que la manejan.”[8]“Entre
los medios adecuados para promover la causa del anarquismo, debemos
recurrir fuera de la propaganda impresa y oral, a los diversos métodos de
acción directa, excluyendo la acción parlamentaria y la intervención del
Estado. Estos métodos deben incluir los métodos no violentos de la
desobediencia civil, como la objeción de conciencia en caso de guerra, la
resistencia al servicio militar, etc.”[9]

Mayor información pudimos recabar del Tercer Congreso Nacional de la FAI,
realizado el 8. 9 y 10 de abril de 1955 en el local de la FOIC, “
con
extraordinaria concurrencia de delegados de diversos puntos del país.”[10]
La idea de este congreso era rescatar “el fondo común de intuiciones y
experiencias, individuales y colectivas, que bastan para suministrarnos
los criterios informativos de nuestras apreciaciones.”[11] Con esto se
buscaba crear una acción común del anarquismo para enfrentar el momento
histórico que se estaba viviendo, dejando de lado los dogmatismos para
darle preferencia al análisis concreto y realista de la realidad, para
intentar generar una estrategia conjunta. Sin embargo veremos que esto no
fue posible, ya que si bien se coincidía en los temas que tenían que ver
con el análisis de la realidad político-social, al momento de plantear
estrategias para el momento, era imposible un consenso.

En el proyecto de temario del tercer congreso, se le da gran énfasis a las
discusiones que tienen que ver con la evaluación de la actuación del
movimiento libertario dentro de los últimos acontecimientos ocurridos
dentro del movimiento obrero, especialmente dentro de la CUT. Además se ve
la necesidad de analizar el actual momento del movimiento libertario,
sobre todo lo que tiene que ver con la crisis que había a nivel de
militancia y de influencia política a nivel nacional; y al mismo tiempo
con las pugnas en su interior, dadas principalmente por la actuación
política dentro de la CUT de las diferentes corrientes libertarias. A
continuación presentamos algunos pasajes del Proyecto de Temario del
Tercer Congreso, elaborado por el Consejo Nacional provisorio en diciembre
de 1954:


"
PROYECTO DE TEMARIO PARA EL CONGRESO


1.- Crisis del movimiento anarquista en Chile.

a) Para el resurgimiento del movimiento anarquista en Chile, ¿cabe la
revisión de los principios en que se basan las concepciones del
anarquismo? b) En relación al punto anterior, ¿es el anarquismo como
concepción filosófica y doctrinaria el que ha hecho crisis o son las
tácticas las que lo han desvirtuado en la práctica?

2.- El anarquismo y el movimiento obrero.

a) ¿Qué relación debe guardar el movimiento libertario con el movimiento
obrero?

b) ¿Es ventajosa la coexistencia de grupos anarquistas, federados o no, y
de organizaciones de composición obrera homogénea de finalidad anarquista?
¿Hay lugar para dos movimientos, uno especifico del anarquismo y otro de
tendencia clasista obrera? c) ¿Debe o no la FAI conservar su
representación en la Central Única de Trabajadores? ”[12]

En este congreso se aprobaron numerosos acuerdos y resoluciones, siendo
los más importantes los que se refieren a política sindical, en donde “El
tercer congreso acuerda reiterar una vez mas sus principios y doctrina
anarquista contrarios a la intromisión política burocrática en los
sindicatos, a los que nuestro movimiento les atribuye la misión de renovar
la sociedad, transformándola en el sentido de terminar con las injusticias
sociales y establecer un régimen mas justo y humano, que permita a todos
los hombres desenvolverse libremente en lo moral, intelectual y
económico.”[13]

Además se hace un análisis sobre la situación política que vivía el pais
en ese momento, por ejemplo, “a) Que la actual crisis política nacional es
propia de la naturaleza del Estado y del capitalismo (
), y afecta al
pueblo agravando su explotación y miseria y poniendo en peligro su
libertad, como lo demuestran la carestía de la vida, la inflación y las
leyes represivas. b) Que la oposición política al gobierno, en la que
están coludidos tanto los partidos tradicionales de la derecha como los
partidos marxistas, solo pretenden perpetuar el régimen de la propiedad
privada, de los medios de producción y de las instituciones autoritarias,
el militarismo, la iglesia y la masonería. c) Que el actual gobierno, como
todos los gobiernos productos del sufragio universal, para los anarquistas
no representa la voluntad popular, sino las maniobras de los partidos
políticos, el cohecho, la ignorancia y la subordinación de los votantes a
las jerarquías de sus partidos o de las sectas de autoridad nacional o
internacional.”[14]

No nos fue posible establecer hasta cuando exactamente duro el trabajo de
la FAI. Sabemos que en los 60 siguió teniendo actividad. Incluso en esta
década se produce el quiebre definitivo, en donde el sector sindicalista
revolucionario opta por alejarse del trabajo de la organización, debido a
la segregación hecha por los intelectuales hacia los sindicalistas, como
cuenta Jorge Orellana del gremio de la imprenta, “Pero en la FAI ocurrió
una situación muy especial. La gente intelectualizada empieza a dejar de
lado a los compañeros trabajadores; y yo, siendo uno de los mejores
componentes intelectuales de mi gremio por mi formación, me encuentro mas
arraigado en este otro extremo, en el lado gremial. Entonces me duele esa
situación a mí, porque si nuestro pensamiento es tan libertario y se
empieza a cuestionar la formación de la gente; me produjo un trauma
bastante fuerte. Entonces yo dije: no, yo vuelvo a los gremios, vacío
todas mis fuerzas y energías en los gremios para formar un ente
libertario, pero que no esté conducido por la FAI (
) Y nos vinimos de la
FAI todos los grandes representantes de los gremios: Ramón Domínguez del
estuco, Ernesto Miranda, Madrid de los ladrilleros y el que habla.”[15]


3- El Sindicalismo Libertario


Existían dos organizaciones que reunían a la gran mayoría de los
sindicalistas libertarios, la Agrupación Anarcosindicalista y el MSR.

Sobre la Agrupación Anarcosindicalista no pudimos recabar mayor
información de su fundación o participantes, de hecho son nombrados muy
pocas veces dentro de la prensa libertaria del momento. Tenemos certeza de
su existencia gracias a algunos artículos que son firmados por esta
agrupación. Además el militante libertario de la construcción Celso
Poblete aparece como orador dentro de la conmemoración de los 20 años de
la Revolución Española, a nombre de la Agrupación Anarcosindicalista.[16]

Por su parte, el Movimiento Sindicalista Revolucionario, surge a partir de
la necesidad de aglutinar a los elementos sindicales para generar una
acción común al interior de la CUT. Entre los personajes más destacados
que integraban este movimiento se encontraba Ernesto Miranda, Héctor
Duran, Ramón Domínguez, Augusto Zamora, entre otros; en su mayoría
integrantes del gremio del cuero y calzado y de la construcción. El
planteamiento fundamental de esta organización era, “
trasladar el tipo de
administración socio-económica llevada a cabo en sus respectivos gremios,
a niveles nacionales, en conjunto con las principales organizaciones
industriales del país. Estableciéndose claramente los objetivos finalistas
y revolucionarios en una central gremial que encauzara todo este proceso
mediante una sólida declaración de principios.”[17]

El sindicalismo libertario durante los 50 tuvo una serie de congresos, en
los cuales se planteaban las principales diferencias dentro de su seno. El
21, 22 y 23 de Agosto de 1954, se realiza el Congreso de Trabajadores
Sindicalistas, auspiciado principalmente por los sindicalistas
revolucionarios. A este congreso adhieren representantes de Arica,
Iquique, Antofagasta, Coquimbo, Atacama, Valparaíso, Sn. Fernando, Talca,
Chillan, Concepción, Temuco, Osorno y Magallanes. Entre estos se
encuentran 70 presidentes de sindicatos, 15 dirigentes de federaciones, 6
dirigentes provinciales y nacionales de la CUT.[18] En este congreso se
produce una fuerte pugna entre la FAI y el MSR.

Los temas más controvertidos del congreso giraron en torno a dos puntos,
los cuales lograron enardecer los ánimos. El primero se refería al
objetivo final de la lucha sindicalista que, para los más, se concentraba
en la “toma del poder económico”; el segundo planteaba la conveniencia o
inconveniencia de que los militantes anarquistas ejercieran cargos
representativos en organismos estatales, por ejemplo en la caja de
previsión.[19]

Durante el congreso la parte mayoritaria era representada por los
sindicalistas revolucionarios y los demás trabajadores sindicalistas, y la
minoritaria por los integrantes anarcosindicalistas de la FAI. Frente al
primer punto en discusión, “El punto de vista de la minoría puede
resumirse como sigue: el poder económico es inseparable del poder político
necesario para defenderlo y consolidarlo. Quien dice poder económico dice
por lo tanto dictadura o sea, imposición y violencia. Remplazar la
expresión TOMA DEL PODER ECONÓMICO por TOMA DE LA ECONOMÍA, alternativa
propuesta por los mayoritarios, no es sino un subterfugio (
) La
ADMINISTRACIÓN DE LA ECONOMÍA, alternativa de los minoritarios, se refiere
solo al manejo de cosas o al desempeño de funciones y excluye toda idea de
gobierno de los hombres.”[20]

A pesar de estas marcadas diferencias, los trabajadores libertarios sabían
que solo haciendo causa común al interior del sindicalismo libertario
tenían la posibilidad de generar una posición antagónica a la que
planteaba el marxismo y el social-cristianismo. Es así como en Julio de
1956 se hace un llamado a un Congreso Nacional del sindicalismo
libertario, el cual serviría para estrechar filas y tomar firmes
posiciones ante el capitalismo y la política demagógica.[21]La unidad del
movimiento libertario, pese a las discrepancias, se aprecia en el hecho de
que el congreso es convocado por la FAI, el MSR y la Agrupación
Anarcosindicalista, quienes forman un comité pro-congreso, que tiene la
misión de coordinar y estudiar la acción y las tácticas del futuro del
movimiento, frente a la inflación capitalista, frente a la CUT y a la
acción nefasta de los partidos políticos dentro del movimiento sindical
del país, como así mismo frente a la persecución gubernamental basadas en
leyes represivas.[22] La convocatoria al congreso planteaba lo siguiente:
“
hacemos un llamado a lo mas profundo de las conciencias de los
trabajadores de pensamiento libertario y simpatizantes del país, para que
por sobre todas las cosas estrechen y cohesionen las filas de sus
respectivas organizaciones (
), que marcara el principio de una era de
mayor entendimiento entre los compañeros de Chile. (
) el momento es
propicio para nuestra acción reparadora en todos los aspectos. La
corrupción capitalista ya ha llegado a extremos inverosímiles, teniendo
como un reflejo fatal el hambre y la miseria entre la clase trabajadora
desorientada y traicionada por los partidos políticos llamados de clase
(
) que el próximo congreso a realizarse sea todo un exponente del deseo y
de la voluntad de todos los sindicalistas libertarios de Chile de
fortalecer y engrandecer el movimiento para la consecución de nuestros
fines revolucionarios y emancipadores. ¡Compañeros, manos a la obra!"[23]

Este afán unitario se da también luego del retiro de los
anarcosindicalistas de la CUT, lo que provoca que el movimiento deba aunar
posturas para no caer en el aislacionismo político, fortaleciendo la
estrategia de posicionar el sindicalismo libre (de la tutela de los
partidos políticos y el Estado) como un referente que uniera y
representara a vastos sectores de la clase trabajadora. Es así, como los
días 18, 19 y 20 de Noviembre de 1958, se efectúa la primera Conferencia
Regional del Movimiento Anarcosindicalista, la cual contó con
participantes de Santiago y de provincias.[24] En esta conferencia el
movimiento adoptó una posición sindical, la cual se enmarcaba como la
táctica a seguir luego de retirarse de la CUT y del intento fallido del
Comité de Recuperación Sindical. En este congreso también se efectúa un
análisis acabado de la realidad y del contexto que se estaba viviendo. La
declaración luego de la conferencia plantea lo siguiente: “Que la
organización sindical, siendo una herramienta de defensa de sus intereses
inmediatos, es también una herramienta para su propia liberación; y por lo
tanto la organización sindical debe ser la expresión social y
revolucionaria de los trabajadores.

La Conferencia Regional del Anarcosindicalismo, acuerda:

No respaldar a ninguna de las dos directivas sindicales, CUT y
recuperacionistas; y luchar desde el seno de los gremios, defendiendo su
unidad interna, a través de una amplia campaña de divulgación de la
finalidad revolucionaria y emancipadora del sindicalismo; para que sean
los propios trabajadores quienes rectifiquen la desviación sindical,
mediante la coordinación de las organizaciones que estén de acuerdo con
estos postulados.”[25]

Esta conferencia tiene la importancia de que se estructura una Dirección
Nacional del movimiento que tenia la misión de dar pronto cumplimiento a
la organización de las conferencias regionales del norte y del sur, como
del próximo Congreso Nacional. Esta directiva quedó conformada por Juan
segundo Montoya, Juan Barría, Pedro Nolasco Arratia, Ernesto Miranda,
Edmundo Méndez, Celso Poblete y Samuel Vilches.[26]

En general, tanto la Agrupación Anarcosindicalista como el MSR buscaron a
pesar de las diferencias tácticas, de privilegiar la unidad del
sindicalismo libertario, lo cual era posible gracias a que compartían una
cultura política libertaria, que les permitía afrontar de manera conjunta
las coyunturas que se iban desarrollando. Si bien al interior del
movimiento se producen grandes pugnas, con ataques de uno y otro lado a
través de la prensa libertaria, al momento de enfrentarse a las demás
tendencias políticas presentes al interior del movimiento obrero, los
libertarios buscaban la unidad y la propaganda conjunta, con el fin de
propagar las ideas libertarias de la mejor manera, al interior de la clase
trabajadora.


4- Conclusión.


Uno de los grandes desafíos actuales del movimiento popular, es la
búsqueda de las estrategias adecuadas para poder rearticularse y recuperar
su capacidad de movilización. Por un lado la izquierda electoral mantiene
su estrategia de crear una fuerza política capaz de entusiasmar a las
masas, a través de un discurso de integración a la institucionalidad
política, de profundización de la democracia y de justicia social; la cual
no ha dado muchos resultados, aunque si se nota un repunte de su acción.
Por otro lado la izquierda que sigue optando por la “vía revolucionaria” y
por un cambio radical del orden capitalista, no ha sido capaz de instalar
en el debate nacional una alternativa viable para lograr sus pretensiones,
debido principalmente a la incapacidad de generar una plataforma de lucha
que logre reunir a todos los sectores de intención revolucionaria.

Consideramos que es necesario instalar ciertas ideas-fuerza que permitan
desarrollar dentro del movimiento popular, aspectos programáticos que sean
construidos a partir de las reales necesidades de los sectores populares.
Estas ideas-fuerza giran en torno a un proceso de socialización del poder
político, y es aquí donde las ideas libertarias toman gran importancia. Es
fundamental la esencia libertaria de la construcción política, para que
las organizaciones y los partidos que se consideren revolucionarios,
tengan como objetivo principal orientar, conducir y educar al movimiento
popular, pero no como a una orquesta; las revoluciones las hacen las
masas, el papel de las organizaciones políticas esta en orientar la
construcción político-programática y dotarla de sustento teórico, si bien
es irremplazable en el actual orden de cosas, debe apuntar a elevar los
niveles de desarrollo de conciencia para que la implementación del poder
popular sea real.

El estudio del movimiento libertario de los años 50 y su relación con el
movimiento obrero, nos entregan una serie de elementos que creemos
importantes rescatar, para contribuir a la búsqueda de estrategias
revolucionarias para los desafíos del presente. Estos elementos serán
rescatados en esta conclusión.

A diferencia de lo que postulan la mayoría de los historiadores que han
estudiado el anarquismo chileno, los cuales nos hablan de un anarquismo
reacio a la organización y sin proyecciones políticas, nuestra
investigación pretende romper con este mito. El nivel de seriedad con que
los libertarios enfrentaban sus congresos nacionales, dan cuenta del
intento de dotar al movimiento de una línea programática común, con
estrategias y tácticas que apunten a insertar las ideas libertarias dentro
del movimiento obrero, para contrarrestar la hegemonía de los partidos
políticos. Este elemento da cuenta de la existencia de un movimiento
libertario organizado, con una cultura política libertaria común, con
líneas programáticas comunes, con predominio de ideas societales, más que
individualista; pero en donde al mismo tiempo, las diferentes corrientes
libertarias tenían practicas políticas diferentes, sobre todo a nivel de
tácticas, unas con mayor efectividad a nivel político que otras, pero que
en definitiva son las que no permiten una acción ciento por ciento
conjunta del anarquismo. Podríamos decir que tanto individualistas, como
anarcosindicalistas, tienen como objetivo final la sociedad anárquica,
pero que sus diferencias giran en torno a como encarar el movimiento y la
revolución.

Si bien el movimiento libertario de la década del 50, no logró consolidar
el proyecto de sociedad al cual aspiraba, quizás porque sus propuestas
requerían altos grados de conciencia y organización, cuestiones que ni el
pueblo ni ellos poseían aun, sí logró impregnar con sus principios, que
son parte de una cultura política libertaria que se venia desarrollando
desde principios del siglo XX, el ideario político del movimiento obrero
chileno, sobre todo durante la primera mitad de la década del 50, poniendo
de manifiesto una serie de elementos como: autonomía, combatividad,
solidaridad y principalmente el énfasis en la gestión sindical basada en
la acción directa.

El predominio de las tendencias unitarias al interior del movimiento
libertario durante el periodo estudiado, las cuales empiezan a aflorar
desde mediados de la década del 40, hacen que el anarquismo salga de la
burbuja en que se encontraba luego de la acción de la dictadura de Ibáñez
y logre insertarse nuevamente en las masas obreras, quizás no
cuantitativamente, pero si en cuanto a la importancia que empiezan a tomar
algunas ideas-fuerza del ideario anarquista lo que se materializa por
ejemplo en la influencia del anarquismo en el Congreso Constituyente de la
CUT. El movimiento libertario logró constituirse en una corriente más
menos organizada y con algunos grados de peso social.

En síntesis, podemos concluir que el anarquismo se transformo en una
alternativa de politización popular. Fue capaz de formular un discurso
propio y supo articularse y organizarse con los sectores de intención
revolucionaria que existían dentro del movimiento obrero y popular, siendo
un gran aporte en la consolidación de la izquierda revolucionaria.

A nivel interno fue capaz de trazar algunas líneas programáticas comunes
caracterizadas por el rechazo a la institucionalidad burguesa, por la
negación del Estado y del sistema económico capitalista y por el impulso
de la acción directa; elementos que en todo momento se intentó insertar en
el ideario del movimiento popular de los 50.

Victor Venegas V.
Noviembre, 2008.

Ver notas en http://www.anarkismo.net/article/12826




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