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Wed Jun 18 13:03:53 CEST 2008


El triunfo del NO en Irlanda es clara muestra de la falta de legitimidad
popular del proyecto europeo, impulsado por los tecnócratas de Bruselas y
las trasnacionales agrupadas en el cartel capitalista de ERT. Este rechazo
por parte de el país con los más altos índices de aprobación y popularidad
de la UE, demuestra que es necesaria otra clase de unidad europea, una
unidad real de los pueblos. Además, el divorcio existente entre la opinión
popular y la de sus "representantes" demuestra la crisis de la democracia
representativa y la actualidad de la democracia directa.

Contra (casi) todos los pronósticos de la élite política, el Tratado de
Lisboa fue rechazado en referéndum en Irlanda. Con más de un 50% de
participación electoral, el No se impuso con un margen categórico, por un
53% de los votantes. Esto fue un verdadero balde de agua fría para la
élite irlandesa y europea. Y no dudamos que también ha sido una alegría
para la inmensa mayoría de ciudadanos europeos que se vieron negados de la
posibilidad de votar el Tratado, por una Unión cada vez más poco
democrática y burocrática.

Se había recurrido a todos los medios para presionar al electorado por un
voto de respaldo a Lisboa: terrorismo mediático que preveía toda clase de
catástrofes apocalípticas sobre la economía y la sociedad si el referéndum
era rechazado; ostracismo de la Unión Europea; empapelamiento de la ciudad
y saturación de los espacios radiales y televisivos llamando a votar a
favor. Los medios de prensa, en lugar de informar de manera tan imparcial
como fuera posible, optaron por una entusiasta y desvergonzada adhesión
por la ratificación. Se probó todo, se hizo de todo para inducir a que se
votara el Si. Todo, salvo una cosa: ofrecer argumentos convincentes.

Vote Sí, vote a ojos cerrados


La propaganda a favor de Lisboa se hizo tarde para evitar el debate y no
entregaba argumentos de peso para respaldar el Tratado, girando apenas en
torno a lugares comunes, consignas trilladas y mensajes vacíos de todo
contenido: "Si a Europa", "Por más trabajos, Si", "Estemos en el corazón
de Europa", "Bueno para Irlanda y bueno para Europa", etc... La propaganda
del Si, aparte de infundir miedo sobre el electorado con inminentes
catástrofes si el electorado no "se portaba bien", también trató de
confundir al electorado de un país en el cual la Unión Europea tiene uno
de los niveles más altos de aceptación, haciendo creer que Tratado de
Lisboa y Unión Europea eran sinónimos. El "No" sería, según ellos, un "No"
a Europa...

Lo cierto es que la campaña del Si fue incapaz de entregar argumentos
convincentes porque no los tenían: no pudieron demostrarle al ciudadano
promedio de la república qué beneficios podría traerles este Tratado, o en
qué medida podría significar un avance para los intereses del conjunto de
la sociedad, para los derechos sociales, para una mayor participación y
democracia. Esta clase de debate fue, a toda costa, evitada por el
gobierno y por toda la élite política pues sabían bien que la llevaban de
perder. Entonces su apuesta fue el voto de confianza: en los carteles
llamando a votar Si figuraban los políticos de los principales partidos:
laboristas, Fine Gael, Fianna Fáil, Progressive Democrats. Al lado de sus
caras con sonrisas estiradas y fingidas, el llamado al voto respaldo.

Algunos fueron un poco más lejos en la defensa del voto de confianza. Un
par de días antes del referéndum, en el derechista Irish Times, el
caricaturista Martin Turner dibujaba una viñeta en la que se veían un par
de personajes: uno decía "Voy a votar No en el referéndum porque no
entiendo el Tratado de Lisboa". A su lado, otro personaje decía "Yo no me
voy a comprar un vehículo, pues no entiendo la manera en que funciona un
motor". El mensaje era que no hacía falta conocer el Tratado ni
entenderlo, la confianza en los "grandes hombres que guían los destinos de
la nación" bastaba. No se molestarían en explicar cómo funciona el motor,
sino que demandaban que se confiara en el mecánico. Pero se olvidan que la
política funciona de manera diferente a un motor. La sociedad no es
gobernada por las leyes de la física ni de la química. En sociedad existen
alternativas sociales y el pueblo tiene derecho a saber el por qué de los
procesos políticos que le toca vivir. Si el campo del Si fue incapaz de
dar argumentos a favor de su opción (y sobre ellos recaía el peso del onus
probandi), es natural que los votantes hayan desconfiado del "mecánico".

Todo el espectro de la política oficial-parlamentaria (salvo el partido
republicano Sinn Féin y algunos diputados independientes) se había
posicionado por la ratificación de Lisboa. Y sin embargo, el pueblo votó
en contra de la opinión del 94% de los representantes electos, con lo cual
quedó claro el rechazo del pueblo irlandés a la política tradicional de
este país y su distancia de ella, así como la distancia entre la
ciudadanía y los medios oficiales, que fueron militantes a favor del Si. Y
es que, en verdad, si uno ve a gente como John Gormley (verde), Eamon
Gilmore (laborista), Bertie Ahern (Fianna Fáil, ex-primer ministro que
tuvo hace poco que renunciar por corrupto), Enda Kenny (Fine Gael), de la
mano con los insufribles Progressive Democrats (ultra-neoliberales),
llamando a votar por el Si, uno tiene derecho a sospechar qué es lo que se
está tejiendo...

El No: muchas razones y muchas motivaciones
 pero el instinto correcto

Pero si bien sería incorrecto suponer que el triunfo del No se explica
solamente por las campañas impulsadas por una variopinta gama de grupos y
organizaciones de derecha a izquierda, también sería incorrecto restarles
importancia, como el gobierno está tratando de hacerlo. Estos grupos,
desde diversas e incluso contradictorias perspectivas, dieron argumentos
bastante más convincentes que aquellos entregados por sus adversarios...
El voto al No no fue sencillamente un "voto castigo", como los
descorazonados de Lisboa quisieran hacernos creer. El voto al No respondió
a tantas motivaciones como tantas fueron las razones argumentadas por las
diferentes campañas. Lo que sí es cierto es que el llamado voto
"Eurofóbico" es insignificante en Irlanda y que, en general, el instinto
popular estuvo en lo correcto en rechazar la centralización burocrática en
Bruselas y un proyecto de las élites, cocinado con las sobras recalentadas
de la Constitución rechazada en Francia y Holanda hace algunos años. No
eran pocos los que se preguntaban por qué se realizaba un referéndum para
un documento de semejante importancia tan sólo en Irlanda...

Si el instinto popular estuvo en lo correcto al rechazar el déficit
democrático de Lisboa, las reacciones arrogantes y profundamente hostiles
de las autoridades europeas a la manifestación soberana del pueblo
irlandés, no han hecho sino confirmar lo correcto que el pueblo irlandés
estuvo en decir No. Las pataletas en el continente han estado a la orden
del día: desde Sarkozy que insiste en ignorar el "incidente" irlandés y
avanzar como si nada, hasta el ministro alemán que sugirió indirectamente
excluir a Irlanda. Estas pataletas no deben ser tomadas sino como tales, y
no vale la pena darles mayor importancia que la que tienen. Pero son un
fiel testimonio del "valor" que el establishment político europeo otorga
al más sencillo de los derechos democráticos: "si el pueblo no vota lo que
nosotros queremos, lo ignoramos (en el mejor de los casos) o lo castigamos
(en el peor)".

Lo que sí está fuera de toda duda, es que los políticos europeos e
irlandeses no tendrán ni la estatura moral para aceptar el resultado, ni
la humildad para respetar esta opción, ni la inteligencia para comprender
su profundo significado: que el proceso que se está construyendo con la
Europa del Capital, y que se ha acelerado desde el Tratado de Maastricht
en adelante, carece completamente de legitimidad. Si no me creen, a ver si
se atreven a hacer referéndum en los otros países europeos para que vean
cómo les va...

Del instinto a la alternativa

La voz del pueblo de Irlanda debe servir para abrir espacios en los
movimientos sociales de Europa para repensar la clase de Unión que
queremos, si una construida artificialmente desde arriba, desde Bruselas,
o una que nazca orgánicamente desde todos los rincones, con participación
real a todos los niveles. Si queremos una Europa al servicio de unos
cuantos grandes capitalistas, o si queremos una Europa que construya su
economía de manera sustentable, al servicio de su pueblo y cuyos vínculos
económicos con el resto del mundo también sean construidos en base a la
solidaridad.

Sabemos que este "incidente" no va a detener a los arquitectos de la
Europa del Capital –son demasiados los intereses que hay de por medio.
Sabemos que la opinión de unos cuantos cientos de miles de personas
perdidas en una isla marginal en medio del Atlántico Norte no cambiará la
opinión ni de Barroso, ni de Mandelson, ni del poderoso lobby empresarial
de ERT. Si Shell hace lo que quiere por acá, bien podrá hacerlo la UE.
Incluso, ya algunos hablan de un posible nuevo referéndum, mostrando el
más absoluto desprecio por nuestra opinión. Pero queremos dejar en claro
que no es en Irlanda donde se necesita un nuevo referéndum, sino que es en
el resto de Europa donde éste debiera ser llevado a cabo, en todos los
países de la UE. Ellos no querrán hacerlo y querrán seguir avanzando con
su proyecto. Podrán hacerlo, pero ya no en nuestro nombre. Y eso quedó más
que claro el 12 de Junio en la apacible Irlanda.

Se hace imperativo que pensemos en qué clase de Europa queremos: con
Lisboa o sin Lisboa, la UE es anti-democrática, está al servicio de las
élites capitalistas y está construyendo ya un proyecto imperial que se
expresa en una serie de acuerdos de libre comercio con el tercer mundo,
como son los Acuerdos de Asociación en América Latina, y los EPAs en
África, Asia y el Caribe -sobre los cuales tampoco se nos consulta, por
cierto... Pensar en el proyecto, pensar en la alternativa, es de una
importancia del primer orden si no queremos estar eternamente reaccionando
a las maniobras de la élite europea. Si no damos este paso, las pequeñas
victorias del presente, serán las derrotas del mañana, ante un enemigo que
nunca baja la guardia.


José Antonio Gutiérrez D.
16 de Junio del 2008






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