(ca) El poder del petróleo, o el capitalismo en estado puro

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Thu Jun 12 22:52:21 CEST 2008


Tras el primer impulso de la revolución industrial con
la extracción del carbón, el capitalismo se ha ido
extendiendo y reproduciendo gracias en el último siglo
y medio al uso y abuso del petróleo y sus derivados,
siendo las empresas petroleras las primeras grandes
multinacionales que coaligadas con los estados
occidentales han ido marcando a sangre y fuego el mapa
de las fronteras, las guerras abiertas y encubiertas,
el desarrollo del resto de la producción industrial
(automoción, máquinas-herramientas, químicas,
farmaceúticas) y hasta las conciencias de falsa
libertad e independencia con la "democratización" del
automóvil, con sus consecuencias directas en la rápida
transformación de los paisajes humanos y naturales
atravesados por las mayores infraestructuras que la
historia de la humanidad haya conocido nunca.

Sin exagerar, podemos decir que pétroleo y capitalismo
multinacional se dan la mano desde un principio. Los
múltiples intereses financieros e industriales
vinculados directa o indirectamente al petróleo, bien
como fuente de energía bien como materia prima para
incontables productos derivados (plásticos y fibras
artificiales con las que convivimos como si fueran
algo que hubiera existido siempre), conforman el
entramado científico-militar-industrial-financiero-político más
complejo y enrevesado del capitalismo actual. Hasta
tal punto es así que los estados productores de
petróleo consideran los datos de previsión de sus
reservas como secreto de estado.

Lo dicho, sin embargo, no es ninguna novedad que
muchos no supiéramos desde hace tiempo. La novedad es
que el uso despilfarrador de los combustibles fósiles
coloca a la humanidad y al planeta que habitamos en
una bomba de relojería, por su efecto directo en el
cambio climático, que está obligando al propio
capitalismo y a sus estados a dilucidar cómo seguir
produciendo los huevos de oro (sus beneficios) usando
menos gallinas (petróleo) al tiempo que nos persuadan
(sutilmente o por la fuerza) de la virtud de la
competitividad, del libre mercado y de la explotación
de casi todos los seres humanos por una minoría. La
novedad estriba en que tanto por el previsible
agotamiento de las reservas de oro negro a medio plazo
(algunos pronostican el año 2025 como fecha de este
apocalipsis) como por los perversos efectos
medioambientales que está provocando su uso (no
olvidemos que la actividad petrolera es una de las
industrias que mayores impactos negativos produce en
el ambiente y en las comunidades locales asentadas en
su área de influencia), el capitalismo realmente
existente se ve en el brete de cómo asegurar su
continuidad expansiva, su acumulación permanente de
beneficios para unos pocos.

En este contexto tiene un especial significado que las
élites del oro negro se reúnan en el Congreso Mundial
del Petróleo, y que lo hagan en Madrid a finales de
este mes de junio. Y por ello mismo es una
responsabilidad política y moral el que la
Confederación General del Trabajo, junto con las demás
fuerzas críticas y anticapitalistas agrupadas en el
ESAP (Encuentro Social Alternativo al Petróleo),
sepamos dar una respuesta social combativa frente a un
evento de tales características, pensado, además para
"lavar la cara" al negocio petrolero. Y lo hagamos
denunciando e informando, por ejemplo, sobre el
ignominioso papel que cumple una de “nuestras” más
preclaras multinacionales, Repsol YPF, allí donde se
instala (especialmente en tierras de los pueblos
sudamericanos): violación de derechos humanos de los
pueblos indígenas, corrupción política, impacto
ambiental en los ecosistemas
 No es que sea la
multinacional petrolera más grande, ni siquiera la más
peligrosa, pero es la multinacional surgida en el
estado español que funciona como todas las
multinacionales del capitalismo globalizado: buscando
el máximo beneficio para unos pocos inversores y
empresarios a costa de deteriorar el medio ambiente y
los derechos de las personas.

Tiene especial significado este Congreso del Oro Negro
porque entramos en una de las cíclicas crisis
económicas del capitalismo, que suelen venir
acompañadas siempre por una subida desorbitada del
crudo en los mercados internacionales. Y querrán
vendernos como siempre que la crisis es cosa de todos
y todas, sobre todo de los explotados que tienen que
esforzarse para producir más y mejor por menos
salarios y derechos para poder paliar y salir de la
susodicha crisis.

Y sin embargo ésta su crisis, la crisis de los
explotadores, la crisis de sus estructuras, de sus
decisiones, de su opulencia, de su despilfarro, de su
irracional racionalidad, de su competitividad, de sus
beneficios. Dejar claro este punto es tarea también de
la CGT y de las demás organizaciones y colectivos
participantes en el ESAP con ocasión de este Congreso
de los Petrodólares, combatir su discurso del miedo
con la necesidad de organizarse para el conflicto, y
desenmascarar que la lógica del capital no tiene nada
que ver con la lógica de la vida, de satisfacer las
necesidades materiales y culturales de todos los seres
humanos, la libertad real y el derecho de todas y
todos a decidir por nosotros mismos. El Congreso
Mundial del Petróleo constituye una estupenda ocasión
para gritarles bien alto y a la cara: ¡No más sangre
por petróleo!

Editorial de "Rojo y negro" 214




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