(ca) Augusto César Sandino: un hombre libre

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Mon Jun 9 02:15:38 CEST 2008


Cuando he tratado de sistematizar mi reflexión sobre el significado del
anarquismo, vuelvo, una y otra vez, a la imagen recurrente, del
descubrirse "anarquista".  En mi propia vida fue así: profesando aún, el
credo "marxista", fui calificado de anarquista, por el estalinista (en
aquella época, actualmente columnista de La Nazión) director de la escuela
universitaria donde estudiaba.  El calificativo, despectivo, según aquel
señor, vino a propósito de mi rebeldía permanente y mi individualidad (no
egoísmo).

Con el tiempo, comencé a leer libros de anarquistas (Bakunin, Kropotkin,
Malatesta y otros), descubriendo, hasta ese momento, que toda mi vida
había sido anarquista, incluso cuando fui militante de partidos del
marxismo-leninismo religioso.  En ese momento, me pude explicar por qué
había chocado siempre contra las dirigencias y contra las órdenes de
arriba.  Por eso es que sostengo que la mayoría de las y los artistas y
escritores(as), que lo sean de verdad (que dejan rastros de sangre, sudor,
líquidos seminales, orines, mierda, lágrimas, en su obra) y no mercaderes
del "arte", son, por definición, anarquistas, si no de pensamiento, de
hacer.  Por eso, también, creo que debemos rescatar para el anarquismo
aquellas figuras, que lo han practicado aunque no lo hayan teorizado.  Y
es que esa es la virtud – y el defecto, según otros y otras – del
anarquismo, filosofía que se ha hecho más en el andar, en el hacer, que en
un escritorio, financiado por un mecenas o por una fundación.  Porque el
anarquismo es aquel gesto existencial que le dice NO al poder, sea cual
sea éste.

Por eso quiero rescatar la figura de Augusto César Sandino, quien junto
con aquel otro anárquico de las letras, Rubén Darío, son las figuras
destacadas de la hermosa tierra de los lagos, Nicaragua.  Creo que no peco
de abusivo, por las siguientes razones e intuiciones:   Sandino, durante
un tiempo, trabajó en Tampico, México, "(...) que era el Tampico del
petróleo, de las doctrinas anarcosindicalistas, del socialismo galopante
de la revolución bolchevique, del agrarismo mexicano de Zapata."[1]

Debemos recordar que el "agrarismo" de Zapata es de raigambre anarquista y
que la bandera del anarcosindicalismo es la bandera roja y negra.  Cuando
Sandino regresa a Nicaragua, a demostrar con su coraje, que ni él, ni
todos los nicaragüenses eran unos vendepatrias, como le dijeron en México,
según el relato del escritor Sergio Ramírez; se encuentra en medio de una
guerra civil que enfrenta a liberales (con la divisa roja en el sombrero)
y a conservadores (con la divisa verde).  Sandino escoge la bandera roja y
negra:  "(...) la bandera enarbolada desde entonces en sus filas, de
colores rojo y negro, con la inscripción Libertad o Muerte."[2] 
Presiento, en la escogencia de la bandera, la escogencia de la insumisión
al poder.

Cuando en un momento, el general oligarca Moncada (que luego sería
presidente de Nicaragua) enfrenta a Sandino, ocurre lo siguiente:
"(...) Moncada interrogó acremente un día de tantos a Sandino en reclamo:
-          Y a usted, ¿quién lo hizo general?
-          Mis hombres, señor – respondería él, humilde pero firmemente."[3]

Es necesario decirlo, e insistir en esto, Sandino nunca pretendió, ni tuvo
entre sus objetivos, la toma del poder, su lucha fue por la expulsión de
los marines del Imperio de su tierra, meta que de alguna manera logró
(porque los gringos se fueron), pero de otra manera no (porque los gringos
dejaron, en su reemplazo, la Guardia Nacional con Somoza al frente)

Creo que hay muchas semejanzas entre la vida y el hacer de Sandino y de
Zapata, ambos, líderes naturales del campesinado, imagen de la rebeldía en
América Latina, por lo que voy a presentar para su posterior
profundización y discusión, algunas de las coincidencias que me parecen
relevantes, entre estos dos grandes rebeldes.

          I.    El origen campesino: Zapata nace en Anenecuilco, en el
estado de Morelos, en una comunidad agraria.  Sandino nace en
Niquinohomo, también en una comunidad agraria.  Ambos tienen, en
la infancia, dolorosas experiencias de la injusticia,
relacionadas con el sistema de tenencia de tierra.  Zapata, a
los 9 años vio llorar a su padre, porque la autoridad se había
adueñado de las tierras comunales de su pueblo.  Sandino: "De
acuerdo con aquel mismo sistema feudal vigente en Centroamérica
a lo largo del siglo XX y como rémora de los anteriores, los
campesinos podían obtener de sus empleadores adelantos por
cuenta de su trabajo futuro, y redimir aquella deuda con las
horas de labor que el patrón fijaba; al no poder cumplir, por
causa de enfermedad, por ejemplo, iban a la cárcel.  Cuando
Sandino tenía nueve años y antes de pasar a la casa paterna, su
madre fue tomada prisionera por una deuda de esa naturaleza; y
es
 también costumbre que los niños tengan que ir con sus padres a la cárcel
si no hay quien vea por ellos.   Allí en el calabozo, vería él como su
madre, embarazada, se desangraba por causa de un aborto; así, su infancia
maduraría entre interrogantes sobre la verdad de la justicia."[4]

        II.    El tipo de liderazgo de ambos, un liderazgo natural, nunca
político, nunca impuesto, nunca promovido por nadie, el que la
gente escoge y sigue.  El líder que predica con el ejemplo, el
líder que es el más sacrificado, que le pone el pecho a las balas,
uno más en la "tropa".  Ambos con el recelo y el rechazo campesino
a la ciudad y al Estado, siempre regresando a sus tierras.

       III.    El Ejército Libertador del Sur y el Ejército Defensor de la
Soberanía Nacional de Nicaragua, siempre fueron más milicias
campesinas, que ejércitos propiamente dichos.  Sus integrantes, por
mucho tiempo, eran simultáneamente, "soldados" y campesinos (es
decir, seguían cuidando sus cultivos)  Ambos "ejércitos", por
diversas razones, utilizaron la táctica de la guerra de guerrillas.
 Dice Pancho Villa:  "Recuerdo también que uno de aquellos
periodistas americanos que venían conmigo se nos acercó durante la
comida para que juntos le contestáramos sus preguntas.  Y yo le
dije lo que pensaba del desarrollo que los hombres del Norte
habíamos dado a nuestra Revolución; pero Emiliano Zapata,
respondiendo a la misma pregunta, le expresó frases muy diferentes
de las mías.  Le dijo él:
-          Señor, declare usted a los lectores de los periódicos de los
Estados Unidos que esta Revolución del Sur se ha consumado sin más ayuda
que la de nuestras montañas.  Nuestras armas son las que hemos recogido en
nuestro territorio; nuestro parque, el que nos deparaba nuestra tierra, o
el que fabricaban nuestras manos; nuestra moneda, la plata que sacábamos
de nuestras minas o el dinero que quitábamos a nuestros enemigos.  Por lo
cual se ve, señor, que no hay ningún ánimo revolucionario más mexicano,
que este que representamos los hombres revolucionarios del Sur.
Eso dijo él delante de mí.  Pero yo no me sentí herido por las referidas
palabras, masque fuera verdad que en el Norte nosotros habíamos hecho la
guerra con armas y parque comprados en los Estados Unidos y con dinero de
papel, que imprimíamos en nuestras imprentas, no con la plata que
sacáramos de las minas."[5]  Lo mismo se puede decir del "pequeño ejército
loco" (como lo llamó la poetisa Gabriela Mistral) de Sandino en Las
Segovias, según el relato de Sergio Ramírez, que incluye la famosa
anécdota de la recuperación de armas y municiones, lanzadas al mar, en
Puerto Cabezas, con la colaboración de las prostitutas del puerto (páginas
27 y 28 del libro de dicho autor citado).

      IV.    En el sur de México, Zapata impulsó una revolución donde las
pequeñas comunidades se auto-organizaron, las plantaciones de caña y
los ingenios continuaron funcionando normalmente, sin patrones, pues
los latifundistas habían huido.  Desapareció la policía estatal y
los jefes zapatistas no podían imponer su voluntad.  El trabajo
agrario se organizó según los usos y las costumbres de cada pueblo. 
Una verdadera revolución anarquista de cooperación.  En el norte de
Nicaragua, cuando los marines se retiraron y Sandino depuso las
armas, este impulsó con los miembros de su "ejército" un proyecto de
cooperativas; proyecto truncado por la traición de Somoza.

       V.    Ambos asesinados de manera traicionera y artera, crímenes
ordenados desde el poder.

No encuentro grandes diferencias entre "Tierra y Libertad" y "Patria y
Libertad", ni importantes diferencias entre las ligas armadas de
comunidades que ambos rebeldes alentaron y dirigieron.  Sí es abismal la
diferencia entre sus supuestos herederos: el Ejército Zapatista de
Liberación Nacional y el Frente Sandinista de Liberación Nacional.  El
Zapatista, un movimiento político, social, fiel al pensamiento y al hacer
de Zapata, anclado en las comunidades indígenas de Chiapas; el FSLN, una
pandilla de desvergonzados que llegaron al poder a enriquecerse y a vender
a Nicaragua, y hoy lo siguen haciendo, traicionando todos los ideales de
Augusto César Sandino.  Por favor, cambien de nombre, no arrastren el
nombre de Sandino, por su ruta de abyección y envilecimiento.  Los
anarquistas latinoamericanos debemos comenzar a recuperar la figura de
este gran rebelde campesino y colocarla, como se merece, junto a Zapata.
Augusto César Sandino, un hombre libre.

Jorge Castillo Arias

Equipo de la Revista La Libertad
Centro de Estudios Anarquistas Germinal

Notas:

[1]Ramírez, Sergio.  El muchacho de Niquinohomo.   Managua:  Editorial
Vanguardia, 1988, p. 22.
[2]Ver Ramírez, op. cit., p. 29.
[3]Ibid., p. 29.
[4]Ver Ramírez, op. cit., pp. 24, 25.
[5]Guzmán, Martín Luis.  Memorias de Pancho Villa.   México: Compañía
General de Ediciones S. A., undécima edición, 1968, pp.727, 728.




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