(ca) [Estado español] Movimientos sociales y elecciones

a-infos-ca at ainfos.ca a-infos-ca at ainfos.ca
Thu Jun 5 16:29:12 CEST 2008


El debate que acertadamente se ha abierto en las páginas de DIAGONAL no es
nuevo, ni se va cerrar próximamente con un gran acuerdo entre las
distintas visiones existentes en el disperso mundo de eso que se ha dado
en llamar la izquierda alternativa. Después de cada cita electoral, donde
la izquierda –lo que está más allá de la socialdemocracia, para
entendernos, al menos de entrada– no sólo sufre un retroceso en los
resultados, sino que se ve inmersa en una nueva crisis que le va restando
argumentos y credibilidad, suelen producirse los habituales llamamientos a
la reflexión y a la refundición de esa alternativa que, uniendo a todos
los sectores extraparlamentarios, sea capaz de ofrecer un programa
transformador a la sociedad.

Voluntariosas

Mal comienzo, por tanto, que las iniciativas por una izquierda plural y
alternativa surjan como desesperada estrategia para entrar en unas
instituciones –parlamentos, diputaciones, gobiernos autonómicos,
ayuntamientos, etc.– cuando ya se ha visto reiteradamente que el
electorado no suele contar con esas candidaturas tan voluntariosas como
condenadas al fracaso.

Y digo mal comienzo por dos razones. La primera porque dichas iniciativas
no son consecuencia de la reflexión y el debate, sino de la necesidad de
sumar ideas y proyectos que seguramente no han acercado lo necesario sus
posiciones ni vencido las típicas y tópicas ansias de poder, aunque el
poder que repartir sea tan raquítico como lograr alguna alcaldía o ser
fuerza bisagra en un par de autonomías. Por eso seguramente han fracaso
todas las izquierdas unidas, las coaliciones de verdes, rojas y violetas o
esas candidaturas la mar de autónomas.

La otra razón es mucho más ideológica y hasta lógica. Por muchas ganas que
la mayoría de grupos de la izquierda extraparlamentaria y algunos
militantes de los movimientos sociales tengan de fundar algo grande y
novedoso, que ilusione a la gente activa y luchadora y la arrastre hasta
las urnas, es evidente que no todo lo que se mueve al margen de la
política institucional es susceptible de ser encuadrado en un partido o
movimiento cuyo objetivo más real no es otro que entrar a formar parte de
los diferentes órganos de poder –sí, ya sé que de forma crítica y
participativa, pero esas mismas fueron las promesas de los Verdes en
Alemania, y ¡hay que ver en lo que han acabado !–. En este país tenemos
dos ejemplos claros de movilizaciones en las que algunos han visto un
enorme vivero de votos : las de los ‘80 contra la OTAN y el rechazo
generalizado a la invasión de Iraq.

Manipulaciones

Si nos vamos un poco más atrás en las páginas no escritas –pero
ilustrativas–, de nuestra memoria histórica reciente, veremos multitud de
ocasiones en que cuando un movimiento espontáneo y participativo alcanzaba
fuerza y protagonismo en la sociedad, siempre había algún partido que
intentaba sacar su tajada.

A partir de ahí las manipulaciones, desmovilizaciones y desencantos
estaban servidos. Así sucedió y así lo podemos explicar los que ya
peinamos venerables canas con las originales Comisiones Obreras, con el
movimiento vecinal de los años ‘70, con parte del ecologismo y con
cualquier iniciativa popular en la que los políticos –parlamentarios o no–
han visto la posibilidad de erigirse como guías y portavoces.
Personalmente me parece legítimo que quienes creen en la política
parlamentaria intenten salvar sus históricas y, en algunos casos,
mezquinas diferencias, de tal forma que todos estos grupos e
individualidades puedan concurrir en listas unitarias a las elecciones que
deseen. Seguramente ese acuerdo supondría una bocanada de aire fresco para
el apolillado panorama político nacional, y una oportunidad de que miles
de electores pudieran dejar de tener el corazón ‘partío’ entre dos
candidaturas –PP y PSOE– cada día más parecidas.

En lo que no puedo estar de acuerdo, como veterano y resabiado militante
del mundillo libertario, es en que cada vez que se propone esa aplazada
refundición de la izquierda más roja y más de todo, se esté pensando en
incluir en ella no sólo a los partidos y grupos políticos, sino muy
especialmente a los movimientos sociales, que –digámoslo claro– son los
que tienen la militancia más activa, las ideas más frescas y la simpatía
de amplios sectores de la población.

Refractarios

Y es que, desde siempre, existe la falsa creencia de que los movimientos,
las luchas autónomas y autogestionarias, son unas manifestaciones
originales e incluso positivas, pero tienen el defecto de que suelen
carecer de una dirección, de un núcleo dirigente que los guíe. Esta visión
es de un marxismo de lo más ortodoxo, pero lamentablemente suele afectar
también a grupos que dicen haber superado ya esa etapa del materialismo
histórico, y hasta critican al viejo PCUS. De ahí a creerse los elegidos
para conducir a esos movimientos tan simpáticos por el buen camino sólo
hay un paso
 y me da la impresión de que alguna gente ya lo ha dado. Lo
peor que le puede ocurrir a una experiencia tan plural, tan dinámica, tan
cambiante como los movimientos sociales es que se intente encorsetarlos y
conducirlos a una aventura tan arriesgada y de tan dudoso éxito como la
vía del parlamentarismo. Sobre todo cuando una parte significativa de la
gente que trabaja y sostiene todas esas luchas y movimientos es bastante
refractaria a todo tipo de políticas electoralistas. Si de verdad se
quiere potenciar toda la riqueza que encierran los movimientos sociales,
lo mejor que se puede hacer es apoyarlos ; participar de sus proyectos y
luchas, convivir y experimentar sus ideas y nuevas formas de vida, dejando
cada cual su militancia política para cuando se reúne con sus camaradas de
célula o como quiera que se llamen ahora esos círculos políticos.

Si la izquierda alternativa quiere conseguir votantes, los tiene que
buscar entre la gente que vota ; que vota, pero que está cansada de tener
que votar siempre a los mismos que ya le han traicionado varias veces.
Pero hay un amplio sector de gentes que sentimos un cierto recelo hacia
las urnas, porque en lo que creemos es en la acción directa, en la lucha
de cada día, en la capacidad revolucionaria de los pequeños cambios, de
las pequeñas victorias ; en la autogestión de los espacios. Desde la
óptica libertaria no se comparte esa ilusión por el voto, pero respetamos
que haya gente que todavía cree en su discutible utilidad. Podemos
trabajar en las luchas en las que coincidimos. Lo que ya no compartimos ni
nos parece ético es que se quiera aprovechar el potencial de lo
alternativo con fines partidistas.

Antonio Pérez Collado del Ateneo Libertario "Al Margen" (Valencia).

Publicado en Diagonal nº79




More information about the A-infos-ca mailing list