(ca) Lo que quiere Putin de Europa (it)

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Tue Jan 9 14:53:40 CET 2007


El asesinato de la periodista Anna Politkóvskaya, que iba a publicar
inminentes informaciones sobre atrocidades cometidas por Rusia en
Chechenia, y el asesinato por ingestión de polonio radiactivo de
Litvinenko, ex-espía del KGB, han puesto en el candelero al presidente
ruso Putin, ex-jefe del KGB.

Desde la desaparición del bloque comunista se ha dado carta blanca a las
grandes multinacionales para apoderarse del mundo. Sus interlocutores son
un puñado de países que intentan hacerse con todo el pastel a toda costa.
Los recursos energéticos son ansiados por todos y quien controla la
energía puede controlar el mundo. Putin, conocedor de este hecho, y con un
gran aliado como China, ha tomado la decisión de enfrentarse a Europa, que
necesita imperiosamente su gas.

Explicando parte de todo esto presentamos un artículo aparecido con fecha
30 de noviembre de 2006 en la web (http://www.comidad.org) del grupo
anarquista italiano COMIDAD, adherido a la Federazione Anarchica Italiana
(FAI).

Redacción "CNT"

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En los pasados días las primeras páginas y comentarios de la mayoría de
los periódicos han estado ocupadas por el caso del presunto envenenamiento
por polonio de un ex-espía ruso. El presunto asesinato ha sido atribuido
al presidente ruso Putin, desde hace un tiempo  desacreditado por los
media "occidentales", al punto de estar catalogado entre los dictadores
locos que juegan con la energía nuclear. El caso es claramente un montaje
con sugerencias demasiado conocidas, dado que el envenenamiento con
polonio radioactivo sugiere indirectamente una amenaza nuclear rusa.
Todo esto en un plan de relanzamiento de la OTAN, oficialmente con  una
función anti-rusa, y que prevé también la potenciación de las actuales
bases, entre ellas la del Véneto.

Los motivos por los que Putin no es querido más son bastante evidentes, y
los derechos humanos en Rusia y Chechenia no tienen nada que ver. Putin se
ha convertido desde hace tiempo en una temible competencia de las
multinacionales angloamericanas de la energía, ha comenzado a formar
cárteles y a comerciar por sí solo, además ha transformado las ex
provincias del imperio soviético en colonias comerciales similares a las
que los Estados Unidos tienen en América Latina. Ucrania, cuando formaba
parte de la Unión Soviética, recibía el metano prácticamente gratis,
mientras que ahora debe pagarlo a precios exorbitantes.

Liberándose del imperio, Rusia ha podido ejercer un colonialismo comercial
que le permite exprimir al máximo su posición de superproductor de
materias primas. El aspecto farsante del caso es que ahora muchas de estas
provincias del ex imperio soviético han entrado en la órbita americana,
son hostiles al ex-amo ruso, pero dependen de él mucho más, sufriendo una
explotación que antes no sufrían.

Un dato curioso es que, desde que ha caído en desgracia a los ojos de los
opinadores "occidentales", Putin se ha convertido en un hijo predilecto de
sectores de la derecha de corte fascista y católica, que esperan encontrar
en él a una posible salvador para los europeos que quieren liberarse del
dominio americano ejercitado bajo el paraguas propagandístico del llamado
Occidente. Estos católico-fascistas que han descubierto la falsedad del
Occidente están fuera del tiempo, porque los europeos ya no son más
interlocutores políticos, como mucho son unos interlocutores del engaño.
El euro – que debería haber sido el anti-dólar – se ha quedado en una mera
operación de  colonialismo interno en Europa de parte del Banco Central
alemán.

El hecho es que los europeos desde hace un siglo no hacen más política con
los ojos en un mapa, sino siguiendo las abstracciones ideológicas de la
propaganda americana. Es así que los europeos, desde la Primera Guerra
Mundial, han consentido hacer de árbitro a unos países geopolíticamente
poco fiables como Gran Bretaña y, más aún, Estados Unidos, que se valen de
sus posiciones de aislamiento geográfico para desestabilizar el planeta
sin el riesgo de tener invasiones. Para Estados Unidos perder una guerra
solo significa retirarse del país que han agredido, pero no deben temer a
su vez de las verdaderas agresiones en su territorio porque ningún país
tendría los medios para hacerlo. Los rusos han tardado ochenta años para
comprenderlo, pero al final lo han hecho, y en efecto su política exterior
ha abandonado completamente toda preocupación de estabilidad y de
equilibrio internacional.

Putin es diferente a Stalin, a Breznev o a Gorbachov, porque ya no se pone
ningún objetivo de contención sobre la aventura del engaño y del crimen de
Estados Unidos, deja hacer, o lo que es lo mismo se lo facilita. Putin es
un famoso experto de yudo, y se aprovecha de los movimientos del
adversario para llevar a cabo sus propios intereses. Mientras Gorbachov
impidió en 1991 la invasión de Irak dando asistencia de misiles a Saddam
Hussein, Putin en su lugar ha dejado invadir y  ocupar Irak en el 2003,
porque así habría podido aventajarse del aumento de los precios del
petróleo debido a la desestabilización del área de Oriente Medio.

Frente a la puesta en escena del 11 de septiembre, Putin ha decidido tener
también él un 11 de septiembre (la tragedia de la escuela de Beslan), para
transformar propagandísticamente la rebelión chechena en terrorismo
islámico.

En tiempos de Breznev, la casta militar rusa fingía dar verosimilitud a la
amenaza de la OTAN para aumentar desmesuradamente su propio poder y sus
propios privilegios; pero ahora manda el KGB (oficialmente disuelto, pero
más en forma que nunca), y la OTAN es tomada por lo que es, un instrumento
de amenaza y de ocupación para los pequeños países y, sobre todo, para los
llamados aliados de los Estados Unidos.

Putin no tiene ni siquiera más necesidad del aparato industrial  europeo,
porque tiene a China. Sin embargo son los europeos los que necesitan el
metano ruso. Putin es el único jefe de estado extranjero que ha tomado en
serio a Berlusconi, porque en él no se había esperado encontrar a un
interlocutor político, sino solo á un mediador de negocios.

Los católico-fascistas deben darse cuenta de que el Occidente nunca ha
existido, Europa no existe más, y no desde hoy. Europa se ha sacrificado
al occidentalismo, esto es, al mito de la superioridad racial anglosajona,
de la que Mussolini y Hitler eran convencidos defensores(se puede leer en
el "Mein Kampf").

Mussolini en 1936, tras la conquista de Etiopia, se encontraba aislado y
cercado por el Imperio Británico, por eso nadie más que Mussolini habría
debido ver como tácticamente favorable a una España roja que metiese en
crisis el colonialismo británico y a su control del Estrecho de Gibraltar.
Sin embargo Mussolini desangró a Italia en una cruzada  anticomunista en
España, que solo favorecía los intereses de Gran Bretaña, privando así al
ejército italiano de los medios necesarios para combatir al ejército
británico en África.

Hay cosas que Giampaolo Pansa (escritor y periodista social-liberal
italiano) no dice – ¿y para qué debería hacerlo? Al fín y al cabo le pagan
por esto -, pero los "chicos de Salò" nunca han estado ocupados por
Mussolini para resistir a los angloamericanos, sino, de repente, para dar
la caza a los rojos, y la Resistencia que aún ni había nacido.
Hay la sospecha de que el enamoramiento que los católico-fascistas tienen
por Putin es debido a que no es un ruso típico, sino un ruso
americanizado, que imita la irresponsabilidad de Estados Unidos y Gran
Bretaña.

Traducción: E. Rosell

Extraído del número de enero de 2007 del periódico "CNT"




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