(ca) [España] El otro balance de la Reforma Laboral

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Sat Jan 6 18:56:04 CET 2007


Esta semana el Ministerio de Trabajo ha dado a conocer los datos sobre
contratación y paro referidos a 2006, haciendo el balance de la última
reforma laboral de julio del año pasado.
Las cifras, tal como han sido "producidas" por el gobierno y las han
mostrado los medios de comunicación tienen un aspecto más impresionante
que real. Además, los datos más relevantes sobre la situación real
desaparecen en el discurso "socialista".

Si sólo aplicáramos nuestra atención a las cifras que nos han dado, habría
que admitir que ha aumentado bastante la contratación indefinida. Pero no
sirve quedarse sólo con este dato. Deberíamos recordar primero que
representó la citada reforma, y segundo, observar en profundidad los
números presentados a bombo y platillo.

El cacareado aumento de los contratos indefinidos viene propiciado, en
parte, por el tirón de la economía que están provocando el auge de la
construcción y de los servicios (es decir, la especulación del ladrillo y
el consumismo con el que vivimos) y en parte merced a las subvenciones
ofrecidas a los empresarios en la reforma, que amplió considerablemente
los colectivos de trabajadores que podían ser empleados mediante el
contrato indefinido cuya indemnización en caso de despido improcedente fue
rebajado de 45 días de salario por año trabajado a 33 días. Es decir, que
tiene un pie de barro y el otro financiado por el estado.

Muchas veces desde CNT hemos criticado que el estado tenga que cargar con
los gastos empresariales (en este contrato indefinido se bonifica el 25%
de la cotización empresarial a la seguridad social) como condición para
que la patronal contrate a los trabajadores. Pero no es solo eso. El
contrato del que se vanagloria el gobierno representa para los empresarios
un abaratamiento del coste del despido en un tercio de su importe. O sea
que, si queremos trabajar, tiene que ser perdiendo derechos.

Pues bien, aunque el ministro nos decía que por primera vez se han hecho
más de 2 millones de contratos indefinidos en un año, también habría que
tener en cuenta que el total de contratos realizados en 2006 ha sido de
18.526.772, es decir, que se han realizado más de 16 millones de contratos
temporales. Temporalidad, por otra parte, que es la que se pretendía
reducir con el abaratamiento de los despidos, y que como veremos luego, se
mantiene prácticamente en sus mismos niveles.

De ese total de 2.177.245 contratos indefinidos en 2006, algo más de
700.000 se acogen al programa de bonificaciones y el resto, son
indefinidos ordinarios. Y de hecho, esta es la cantidad de contratos que
ha aumentado respecto a 2005, en que se firmaron algo más de un millón y
medio.

La reforma se nos vendió en su momento como una muy valiosa mejora para
los colectivos de trabajadores más desfavorecidos, que iban a ver así
propiciada su entrada en el "mercado" de trabajo. No obstante, sólo en el
26% de estos contratos bonificados se ha empleado a personas de estos
colectivos (mujeres, un 10.3%, jóvenes hasta 30 años 7.29%, más de 45 años
un 5.16%, discapacitados 3.04%). El porcentaje restante, el 73% de estos
contratos los han firmado trabajadores que cambiaban su trabajo temporal
por este nuevo indefinido barato.

Hay que decir que cuando un trabajador pasa de contrato temporal a
indefinido, el empresario que contrata mantiene todas las bonificaciones
que percibía por el temporal y las añade a las que percibe por el
indefinido. Pero este nuevo contrato estrella pierde sus bonificaciones a
los dos años de haberse suscrito; a partir de ese momento, el empresario
puede proceder al despido del trabajador abonándole 20 días por año
trabajado y 33 en el caso de que sea considerado improcedente (en el caso
en que el trabajador despedido demanda, que no son todos ni mucho menos).
Es decir, este contrato no representa un cambio sustancial en la situación
del trabajador que tenía uno temporal (el carácter fijo del contrato viene
dado por la dificultad del empresario para rescindirlo a su voluntad) sino
que tan solo cambia de nombre.

La noticia de que la contratación indefinida aumenta un 45% respecto a
2005 es golosa. Pero, aunque no se dice, también es cierto que si en
diciembre de 2005 este tipo de contratación representaba el 8.16% del
total de contratos realizados, la media obtenida en 2006 en todo el estado
no llega al 12%. Y si hablamos de Andalucia, la cifra se queda en un pobre
6% del total.

Incluso la reducción de la temporalidad, debe ser estudiada con
detenimiento, puesto que la cifra dada por el gobierno es que se reduce un
3,8 puntos, pero si nos fijamos en el número total de trabajadores, el
dato pierde mucho brillo. Según los datos del propio Ministerio de
Trabajo, en diciembre de 2005 había unos 12.400.000 trabajadores de los
cuales, 4.316.000 tenían trabajo temporal y 8.020.000 tenían contrato
indefinido. En diciembre de 2006, el total de trabajadores era de
13.200.000, siendo 4.480.000 contratados temporales y 8.699.000
indefinidos. Es decir, en 2005 la temporalidad era de 34.8% y en 2006 del
34%. Es decir, hay unos 700.000 trabajadores más que en 2005 con contrato
indefinido, pero casi 200.000 más con contrato temporal.

-------La situación en Córdoba-----------

Si hay pocas razones para sentir satisfacción por estos datos, la
situación en Córdoba es bastante peor. Aunque el incremento de la famosa
contratación indefinida ha sido del 55,5% respecto del año anterior, la
letra pequeña nos dice que tan sólo el 4,5% de los contratos realizados en
Córdoba ha sido de este tipo. Es decir, la contratación temporal sigue
siendo, al igual que en años anteriores, masiva. De hecho Córdoba es la
tercera provincia del estado con más temporalidad.

En 2006 se firmaron en Córdoba 447.719 contratos, lo que representa un
6,9% más que en 2005. De este total, 427.591 fueron contratos temporales.
Respecto de 2005, la contratación temporal creció en Córdoba un 5,4% (o
sea, que creció más que la indefinida, que lo hizo en un 4,5%).

-------¿Satisfacción?-----------

Por tanto, no habría que echar las campanas al vuelo y por más de una
razón. Primero, porque los miles de millones que se han dejado de percibir
por parte de la administración al subvencionar la contratación y por parte
de los trabajadores al ver recortada su indemnización por despido, no
consiguen que los empresarios dejen de utilizar los contratos temporales,
cuya inmensa mayoría representa un fraude de ley, ya que se emplean para
cubrir tareas permanentes y estables de la empresa y no circunstanciales.
Y segundo, porque el supuesto "empleo estable" que se consigue se hace
rebajando los derechos de los trabajadores que acceden a él, por lo que
estamos ante una ficción lingüística más que otra cosa.

Mucho más decente hubiera sido que el ministro hubiera dedicado algún
titular a denunciar el empleo sumergido que al que nos vemos abocados una
gran parte de los trabajadores y trabajadoras si queremos empezar a
trabajar. O la práctica inexistencia de derechos laborales en la pequeña y
mediana empresa, en las que para conservar el puesto de trabajo hay que
aceptar cualquier condición impuesta por la empresa. También podría haber
reparado en el fraude, también masivo, en que se ha convertido el contrato
a tiempo parcial, en el que lo único parcial es el sueldo, pero en el que
se suele trabajar jornada completa. Quizá debiera haber hecho hincapié en
la falta de libertad sindical que se vive en las empresas, cuyo ejemplo
más claro tenemos en Mercadona. Tal vez, si hablamos de calidad en el
empleo no hubiera estado mal decir que las ETT hicieron durante el año
pasado más de 2,5 millones de contratos de puesta a disposición y llevaron
a cabo la cesión de más de 2 millones de trabajadores. Y por supuesto, no
debería haber olvidado que entre enero y octubre de 2006 murieron en
accidente de trabajo o in itinere 1.161 personas. Debería haber recordado
que el conjunto de accidentes con baja laboral subió un 4% respecto a 2005
(un 5% para los accidentes in itinere) y los que no dieron lugar a una
baja laboral se elevaron en un 6,8%. Por el contrario, y simultáneamente,
(¿tal vez fruto de la magnífica acción de las mutuas?) las enfermedades
profesionales reconocidas bajaron respecto a 2005, en más de un 22%.

En cualquier caso, lo que si queda claro después de escuchar a los
políticos y sus logros, es el radical divorcio entre la realidad y el
discurso, un divorcio que se apoya ciertamente en el desinterés y la
desorganización de la clase obrera, pero que también se nutre de la
desvergüenza de nuestros representantes. La clase dirigente (políticos,
gran empresa, sindicatos mayoritarios) exponen un cuadro que bien poco
tiene que ver con la situación real de los trabajadores. Ojalá sepamos
darnos cuenta. Y cuanto antes.

Nota:
Todas las cifras y datos han sido extraídos de las estadísticas del
Ministerio de Trabajo, Boletín de Estadísticas mensuales de diciembre de
2006 y Resumen de últimos datos publicadas en su página web
http://www.mtas.es/estadisticas/es/index.htm

CNT DE CÓRDOBA



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