(ca) FAI, Tierra y Libertad #368 - Mi cuerpo no es mío (it)

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Mie Mar 13 09:29:42 CET 2019


El cuerpo de la mujer es un lugar público, y así también es el mío. Por mucho que pueda 
parecer absurdo, mi cuerpo no me pertenece. ---- No es solo mío, pertenece al Estado, a 
Dios, a la familia. Pertenece a la comunidad, a la nación, a entidades colectivas y 
superiores a mí. Por eso no puedo disponer de él como quiera: hay leyes, normas de 
conducta moral y religiosa, reglas que sancionan qué puedo hacer y de qué manera, y qué me 
está prohibido. ---- Mi cuerpo es, en caso necesario, normalizado, atravesado, tocado, 
expuesto, menospreciado, juzgado, valorado, violado, ignorado, instrumentalizado. ---- 
También mi cuerpo es un campo de batalla. Sobre él se combaten muchas guerras: represivas 
y de seguridad, económicas, por la grandeza de la nación, contra las migraciones, por la 
continuación de la raza, de religión y de dominación cultural, de colonización y conquista.
Mi cuerpo es tan solo una pieza de un mosaico de antiguas y consolidadas jerarquías 
patriarcales que quieren autoconservarse. Mi cuerpo está en la base de una pirámide de 
poder y la equilibra.
Mi piel, mis órganos y sus funciones, las necesidades de mi cuerpo no son solo mías, 
tienen un valor colectivo, social, cultural, político. Y si no fuese una mala mujer, una 
traidora a la nación, una egoísta, lo comprendería. Comprendería que ser madre es una 
experiencia que importa a la comunidad, a la raza, a la patria y no solo a mí. Entendería 
que el matrimonio tradicional es el justo núcleo de una sociedad regulada en la que vale 
la pena vivir, donde los lazos familiares de sangre son la única ligazón. Entendería 
también el motivo por el que mi cuerpo no puede ser solamente mío.

¿Cuándo pueden hablar las mujeres?
Resulta cómico. Mi cuerpo es un lugar público, pero hay cosas que tienen que ver con él de 
las que no puedo hablar en público. O al menos, no fácilmente. Y no sin consecuencias.
Hay argumentos que tienen que ver con mi cuerpo que solo puedo afrontar de una manera 
determinada, de una manera justa.
El sexo, por ejemplo. Mi cuerpo es constantemente sexualizado, pero no puedo hablar 
libremente de sexo, ni puedo informarme abiertamente sobre el tema, ni existen programas 
de educación sexual que sean públicos y gratuitos.
Se me consiente hablar de sexo solo en relación con la reproducción. No me está permitido 
hablar públicamente de placer sexual, de preferencias, de experimentaciones, de 
homosexualidad, de transexualidad. Porque del sexo yo, una mujer, seré siempre objeto y 
nunca sujeto. Porque es verdad, el cuerpo de la mujer está híper sexualizado, pero sin 
embargo el sexo siempre es pecado. Y mostrar demasiada curiosidad por este tema es cosa de 
putas.
Ni siquiera se me consiente hablar completamente de reproducción. Puedo afrontar el tema, 
es cierto, pero solo si estoy inmersa en una relación heterosexual, y mejor si estoy 
encuadrada en la institución matrimonial. Si por el contrario trato de discutir de 
monogenitoridad o de homogenitoridad, es mejor que me calle. Porque la sociedad no quiere 
reconocer esas posibilidades ya que la religión no las ha previsto.
Además yo, una mujer, puedo hablar de reproducción solo si voy a llevar hasta el final mi 
embarazo, porque esto es lo que se espera de mí. De otra manera soy una asesina, una 
sicaria que resuelve los problemas matando; viviré siempre marcada por el complejo de 
culpa. Y esta vergüenza será mejor que no se la cuente a nadie.
Hablar de maternidad, por el contrario, me está permitido. Pero únicamente si la reconozco 
como el horizonte de mi vida, como la única característica que determina cómo soy y que da 
sentido a mi existencia. Si no es así, si no quiero tener hijos, significa que he 
traicionado ese instinto ancestral que hay dentro de mí, con el que he nacido.
Sí, puedo hablar de maternidad, pero exclusivamente de manera positiva. No puedo mostrarme 
descontenta, alimentar dudas, no puedo decir que sufro o que me canso. No se me permite 
decir que eso no era lo que esperaba, que si volviera atrás no lo haría.
No puedo exteriorizar estos sentimientos porque no obtendré apoyos, porque las otras 
mujeres como yo no han encontrado las palabras y el valor para expresarlo, y si hablase 
estaría sola. Sería una mala madre que no ama a sus propios hijos. Desnaturalizada, contra 
natura.

La importancia de las palabras
Es importante comprender qué es lo que está permitido o prohibido decir, a quién se 
concede pensar, los argumentos que podemos afrontar públicamente. Nos da la posibilidad de 
comprender a dónde hemos llegado. ¿Cuánto camino tenemos por delante?
La patriarcal es la dominación más longeva de la historia, y durante milenios se ha 
alimentado y reforzado con el silencio de las mujeres. Y es así como ha seguido creciendo. 
Se ha consolidado, sedimentado y así ha llegado hasta nosotros.
En el arco de la historia, muchas han aceptado pasivamente, sin hablar, su situación de 
subalternas, perpetuándola así durante siglos. Afortunadamente, ha habido también periodos 
de ruptura en que las mujeres han tomado la palabra y se han confrontado entre ellas. Han 
compartido sus propias historias y dado nombre a lo que les importaba, a lo que querían o 
no querían más. Después se han puesto en marcha.
Todavía hoy la dinámica del silencio existe y es activa. Muchas mujeres no dicen, no 
cuentan, están calladas, porque hay cosas de las que es mejor no hablar. Porque hay 
hombres que no quieren que hablen.
Pero para que haya acciones, primero debe haber palabras. Si no tenemos la palabra para 
describir determinados actos, conceptos, pensamientos, ideas o necesidades, no solo no es 
posible expresarlos, sino que ni siquiera se pueden comprender realmente.
Por ello es fundamental que las mujeres comiencen a hablar, a poner palabras allí donde 
hay silencios. Que comiencen a decir lo suyo en voz alta, incluso cuando no está permitido 
o no es aceptado socialmente.
Si el patriarcado se nutre de silencio, hablemos. Empezando por nuestras relaciones, en la 
vida cotidiana. Hablemos más y de todo. Hablemos más fuerte.

Carlotta Pedrazzini

https://www.nodo50.org/tierraylibertad/368articulo2.html


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